El sabio matemático y teólogo don Pedro Sánchez Ciruelo, canónigo de Salamanca, nombrado por el Cardenal Cisneros profesor de Teología de Alcalá, y más tarde preceptor del joven príncipe Felipe, dio lugar al dicho popular “sabes más que el profesor Ciruelo”. La cita nada tiene que ver con Zapatero, es obvio, pero ha ido unida, por mera aproximación del nombre, a otro dicho “el maestro Ciruela, que no sabía leer y puso escuela” que se refiere a quienes quieren enseñar algo que no saben. Muchos han investigado quién fue este maestro Ciruela, que acaso era un maestro de Siruela (Badajoz). En todo caso este dicho sí tiene que ver con Zapatero que ha puesto escuela bajo su magisterio nada menos que en Europa sobre asuntos en los que ha demostrado un profundo, aunque nunca reconocido, desconocimiento. Se desveló el misterio: el maestro Ciruela es Zapatero.
Después de una fuerte y varia preparación artillera por parte de la prensa europea de todos los colores que no le dedicó precisamente piropos, Zapatero se enfrentaba con el examen del Parlamento Europeo en su presentación como presidente de turno de la Unión Europea en las singulares circunstancias de su presidencia tras el Tratado de Lisboa. Con un presidente efectivo de la Unión, el belga Herman van Rompuy, y una superministra para Exteriores y Seguridad, la británica Catherine Ashton. O sea que es lo que en Europa se ha llamado “presidencia amputada” o “presidencia secundaria”. De los casi ochocientos parlamentarios europeos asistieron a la sesión poco más de ciento cincuenta. La expectación ante las propuestas de Zapatero no era como para tirar cohetes. Cuando pasó ese trámite Sarkozy al inaugurar el semestre de la presidencia de turno francesa, la asistencia de europarlamentarios fue tres veces mayor. Algunos diputados socialistas españoles ni asistieron, y López Garrido, sentado detrás de Zapatero y por ello bien visible, entre sopor y sopor, aguantó como un jabato.
Zapatero, en el contexto de un discurso vaporoso, en la línea de aquello de que “la tierra es del viento”, como le es habitual, instó a los europarlamentarios a apoyar su supuesto programa para Europa. Entre otras propuestas habló del necesario estímulo fiscal, de la consecución de un pacto social, de la lucha contra el paro, y de la reactivación económica. El maestro Ciruela. Resulta que Zapatero es el campeón de la subida de impuestos, el campeón del paro, el campeón de la crisis económica, y ha sido incapaz en España de sacar adelante un pacto social. Con un paro doble que la media europea, sin atender ninguno de los consejos de los organismos internacionales y de la propia Unión Europea para afrontar la crisis económica y tomando medidas contrarias a las que debería tomar, Zapatero se atreve a dar consejos.
Ya se lo dijeron varios de los eurodiputados intervinientes que, además, le pidieron que arreglara su casa antes de señalar como arreglar la ajena. Los eurodiputados españoles del Partido Popular se manifestaron en el Parlamento Europeo a favor de la intervención de Zapatero. Había un pacto de apoyo a la presidencia española. ¿Qué habrán pensado los eurodiputados de otros países pero del grupo parlamentario al que pertenece el Partido Popular que manifestaron su perplejidad ante las vaporosas propuestas de Zapatero? Aunque no habrá un solo español que piense que si la situación hubiese sido a la inversa Zapatero hubiese respetado el pacto. Este Zapatero es el mismo que cuando encabezaba la oposición al Gobierno de Aznar y propuso el pacto antiterrorista, sondeaba ya la posibilidad de negociar con ETA. Y este Zapatero es el mismo que cuando encabezaba la oposición al Gobierno de Aznar, acudió a Bruselas para cercenar la financiación del Plan Hidrológico Nacional. No es de fiar.
No es menor la ingenuidad de creer en el pacto sobre Educación. Lo primero que hizo Zapatero fue arrasar la legislación educativa del Gobierno del Partido Popular. Y ahora cuando ven las consecuencias tocan las trompetas de un consenso. Lo que han conseguido de momento los socialistas es hacer aparecer a Rajoy como alguien que ha dado marcha atrás en su compromiso de acabar con la Educación para la Ciudadanía, no porque sea cierto sino porque mienten. No se pueden emplear actitudes de caballeros con tahúres del Mississippi. Hacen trampas para ganar y, además, dejan a los contrarios por tontos.
No menos ridículo ha hecho Zapatero en la cumbre de Davos donde también los economistas asistentes le han puesto pinto. Él ha asegurado que España es un país serio que cumplirá sus compromisos y que en breve alcanzará un crecimiento del 3%. Más de uno tuvo que ausentarse al “risorium”. España cumplía sus compromisos pero antes de que llegara Zapatero a la Moncloa.
He “debutado” en una de esas tertulias televisivas tan de moda; mi experiencia como tertuliano era sólo radiofónica, ya que hace años pasé un par de temporadas en “La Ventana”, de Sardá, en la SER. La tertulia es una fórmula atractiva en un tiempo en que todo es opinable y todos quieren encauzar sus opiniones. Cuando yo era joven las tertulias eran en los cafés, y la tertulia se había convertido en un género literario. Ahora es algo así como un fenómeno de masas o poco menos.
En mi primera experiencia como tertuliano en televisión me sorprendí, esta vez desde dentro, de la afirmación de uno de mis compañeros de opiniones, aunque no coincidentes. El profesor Roberto Centeno aseguró, en medio del debate de uno de los temas, que Mariano Rajoy no tiene categoría política para ser presidente del Gobierno. En un hombre inteligente estos deslices son menos comprensibles.
De Mariano Rajoy se pueden decir muchas cosas buenas y menos buenas como de todo el mundo. Es lento en sus decisiones, o lo parece, y a veces por ello los temas se complican y se pudren. Actúa “a la gallega”, o sea que casi nunca se sabe si sube o baja. Cosas así pueden decirse de Rajoy, pero lo que no se puede afirmar desde el rigor es que no tiene categoría política para ejercer la presidencia del Gobierno. Es de los políticos más experimentados de España y, desde luego, su formación no admite resquicios.
Un hombre que a los 24 años se convirtió en el registrador de la propiedad más joven de España, que en política ha sido concejal, diputado autonómico, presidente de Diputación, vicepresidente de un Gobierno autonómico, ministro de seis carteras: dos veces de Presidencia, de Administraciones Públicas, de Educación y Cultura, de Interior, y ministro-Portavoz del Gobierno y, además, vicepresidente primero del Gobierno, no parece que pueda ser tildado de inexperto ni de necesitar más categoría que la que tiene para presidir el Gobierno de España. De hecho cuando llegue a la Moncloa se convertirá en su inquilino con más recorrido previo. Sus antecesores le quedan lejos en experiencia.
Suárez había sido gobernador civil de Segovia, director general de RTVE, vicesecretario del Movimiento con Franco y luego ministro secretario general del Movimiento con Carlos Arias. Calvo Sotelo, procurador en las Cortes franquistas, ministro de Comercio con Arias Navarro, de Relaciones con la Comunidad Económica Europea y vicepresidente del Gobierno para Asuntos Económicos con Suárez. Felipe González, lógicamente, tenía su carrera política escrita en la oposición dentro del PSOE, y luego fue diputado cuando el “clan de la tortilla” copó el PSOE en el Congreso de Suresnes. Aznar debió su ascenso a su buena gestión en la presidencia de la Junta de Castilla y León y a su labor al frente de la oposición. Zapatero fue en su día el diputado socialista más joven, pero no había destacado en nada, era un “diputado botón”, hasta que Trinidad Jiménez convocó la merendola que creó la corriente que le llevaría a la secretaría general del PSOE. Zapatero no había ejercido ninguna función gestora ni a nivel local, ni regional, ni nacional. Se estrenó en Moncloa. Y, la verdad, se nota.
Mientras, el maestro Ciruela sigue sin saber leer y poniendo escuela. Aunque le permitieran copiar en los exámenes, como en la Universidad de Sevilla, el suspenso es desgraciadamente seguro. Zapatero ya pasó una vez de curso en 2008 con muchos suspensos pero no había crisis económica o, mejor, él la ocultaba. Y, además, los cantos de sirena acaban cansando a fuerza de desentonar.
PD- 1) He visitado estos días pasados el campo de concentración de Auschwitz en el 65 aniversario de su liberación. Los 20º bajo cero no helaban más el corazón que lo que allí puede verse. El recuerdo de una calculada ceremonia del horror. Un superviviente, que ingresó en el campo con catorce años, nos relató a los diputados, senadores y europarlamentarios lo que allí vivió y penó. De escalofrío y de vergüenza para cualquier ser humano. De aquel millón trescientas mil personas que pasaron por Auschwitz murieron un millón cien mil. Oskar Schindler, el de la “lista”, fue el ángel bueno de Auschwitz. El doctor Josef Mengele, el ángel exterminador.
2) Al fin parece que el Comité de Derechos y Garantías del PP se pronunciará sobre las sanciones a Manuel Cobo y Ricardo Costa. Se ha filtrado que se propondrá un año de suspensión para cada uno de los dos expedientados, lo que es notoriamente injusto porque los dos casos son distintos. Costa dijo públicamente que seguía siendo secretario general del PP en Valencia tras una reunión del órgano de dirección cuyo acta no recogía su cese. Era más un error – ¿de quién?- que una grave falta. El caso de Cobo, considerado falta grave, se enmarca en unas declaraciones públicas e impresas con insultos zafios a la presidenta regional del PP que es su presidenta, y acusaciones a otros dirigentes de su partido. No se retractó sino todo lo contrario. En un Comité Ejecutivo posterior mantuvo sus declaraciones y desveló que temía por su vida y la de su familia. Una memez si no supusiera, además, una grave desmesura. Lo insólito es que Costa fuese obligado a dejar sus cargos en el partido y Cobo los mantenga. El alcalde ha declarado que aunque la sanción sea firme Cobo seguirá ejerciendo de portavoz del Grupo Municipal. Se entendería, en todo caso, su continuidad como primer teniente de alcalde –lo de vicealcalde es una excentricidad- porque es un cometido que puede ejercer un independiente, pero sorprende que pueda ser portavoz de un partido quien está suspendido de militancia, lo que supone que no cuenta con la confianza de la organización. En cualquier otro municipio no se entendería. ¿Por qué en Madrid debe entenderse? Además Cobo pertenece al Comité Ejecutivo Nacional, lo que habría de suponerle más prudencia y menos nervios. Lo último que ha dicho: “Todos los militantes deben estar a las órdenes de la legítima autoridad de nuestro partido”. De acuerdo. Cobo es militante del PP de Madrid y su legítima autoridad es la presidenta del PP de Madrid, Esperanza Aguirre. ¿Por qué no predica con el ejemplo? También ha dicho Cobo que no ve motivo para dejar sus tareas “administrativas”. ¿Considera que ser portavoz del grupo municipal que gobierna el Ayuntamiento de Madrid es una tarea administrativa? Vaya por Dios.







