Mi memoria de un hombre de Estado

27 enero 2012 by

Escribo cuando se ha enfriado suficientemente en mi ánimo el mazazo de la muerte de Manuel Fraga que no por esperada me ha sobrecogido menos. La política y el pensamiento españoles tenían en este hombre una permanente referencia desde hace muchos años. Era uno de esos personajes que produce todo menos indiferencia. Podía ser un ser tierno, cercano, afable, y una persona áspera, cortante, de verbo rompedor. Siempre he pensado que esos cambios de carácter, fugaces pero tremendos, eran en el fondo una latente timidez.

Conocí a Manuel Fraga cuando él tenía 39 años y yo 17. No hace mucho me lo preguntó en el Senado: “¿Desde cuándo nos conocemos?”. Se lo dije. “Yo era joven pero tú eras un niño”, contestó. Aquel “niño” no dejó de ser un admirador de Fraga desde el primer momento. Como persona con experiencias ricas y diversas, como  hombre multifacético, culto sin trampa ni cartón, erudito y lleno de sabidurías. No era posible sacar un tema de conversación sobre el que él no tuviera conocimientos amplios e ideas concretas y rigurosas desde una erudición apabullante. No atesoraba una cultura montada al aire sino una cultura sólida. Su equipaje intelectual no era bisutería sino oro fino de muchos quilates.

Mantuve desde mis 17 años la relación con Fraga. Antes y después de ser ministro por primera vez. Y desde su paso, tras su cese como ministro en 1969, por la dirección general de la empresa “El Águila” hasta nuestra coincidencia en el Senado. Él, que había pasado por el Congreso de los Diputados, por el Parlamento de Galicia y por el Parlamento Europeo, me confesó un día en Santiago, camino del restaurante Vilas,  que su tía Amadora, a la que adoraba, se dolía de que no hubiese sido senador, que a ella debía parecerle muy importante. Al final lo fue, aunque no logró ver cumplido uno de sus deseos: la reforma de la Cámara Alta para que ejerza su papel constitucional. 

Como diplomático era dado a las formas. Durante su etapa de embajador en Londres me había autorizado el tuteo, que siempre se me hacía difícil. No eran muchos los que tuvieron el privilegio de tutearle. Siempre fue “Don Manuel” o “el patrón”. En un viaje a Santiago, siendo él Presidente de la Xunta, Alberto Ruíz-Gallardón portavoz en el Senado y yo portavoz-adjunto, todos le trataban de usted y yo procuré emplear términos ambiguos porque se me hacía embarazoso ser el único de los presentes que le tuteaba.

Uno de los primeros recuerdos de mi relación con Fraga va unido a Carl Schmitt, el célebre jurista alemán. Me lo  presentó Fraga en el Instituto de Estudios Políticos y me dedicó una edición de su libro Teoría de la Constitución; se fue la luz y Schmitt firmó bajo una vela que sostenía Fraga. Aprovechando mi recuerdo de esa anécdota en un periódico, alguien anotó sagazmente en un digital que la invitación del Instituto de Estudios Políticos a Schmitt demostraba que Fraga era partidario del nazismo porque Schmitt ejerció sus saberes universitarios en la Alemania que le tocó vivir y  no hizo ascos al sistema. Es como si Albert Speer, arquitecto en el periodo nazi y luego ministro de Armamento, juzgado en Nurenberg, no fuese reconocido, pese a ello, como valioso arquitecto, al que todavía se dedican  tesis doctorales en el mundo. Prestó también sus servicios en un determinado momento de su país. Esa fue una etapa terrible y bárbara que debe ser condenada por todo ser cabal, pero ni la obra jurídica de Schmitt ni la obra arquitectónica de Speer  pueden ser reducidas a sus servicios en un sistema deplorable. Schmitt fue un gran jurista y Speer un gran arquitecto. No sería objetivo ni razonable negarlo. Pero para atacar a Fraga, incluso postmortem, cualquier pretexto es válido y que el profesor español reconociese a Schmitt como un maestro del Derecho parece que es buen soporte. Pero todas las opiniones son respetables, y esa como cualquiera otra, aunque sea un error.

Fraga fue nombrado ministro de Información y Turismo creo que al año siguiente de aquel encuentro en el Instituto de Estadios Políticos. Desde la insolencia casi adolescente un grupo de amigos entre los que estaban José Miguel Ullán, Eduardo Barrenechea, ya fallecidos, y el de mejor pluma del grupo, Martín Prieto, fundamos una revista literaria que no pasó del quinto o sexto número: “Nuevo Surco”. No teníamos un duro, como correspondía, y Martín Prieto y yo fuimos a ver a Fraga al que, como he contado, yo ya conocía. Nos recibió en su despacho del Ministerio, nos escuchó probablemente con mayor atención de la que nuestra aventura literaria merecía,  y nos encaminó a Carlos Robles Piquer que era el director general competente al caso. El resultado fue que Robles Piquer ayudó con unas monedas la endeble supervivencia de la revistilla. Lo ha contado Martín Prieto estos días en su periódico.  Fraga creía en los jóvenes que tenían ideas, tomaban iniciativas y, en suma, no eran ociosos. 

Unos años después de su llegada al Ministerio  me fichó como asesor de su Gabinete. Salí por mi voluntad al tiempo que él (entonces los asesores no cesaban necesariamente con los ministros), cuando fue fulminado en la amplia crisis de Gobierno de octubre de 1969 que ganaron por goleada los llamados tecnócratas en detrimento de quienes entonces aparecían como aperturistas. La “bestia negra” para los inmovilistas dentro del grupo de los aperturistas era Fraga. Hay que medirlo en el panorama de entonces; no se puede entender la situación desde la realidad que vivimos hoy. Por ello no me ha sorprendido demasiado la empanada mental de no pocas comparecencias juveniles en las redes sociales limitándose a fustigar a un falso Fraga convertido por la manipulación o la información parcial en una especie de dinosaurio de extrema derecha, precisamente esa extrema derecha que le intentó anular tantas veces y  alguna vez casi lo consiguió. Casi.

En aquellos años de trabajo en el Ministerio, en el edificio que ahora cobija el de Defensa, aprendí muchas cosas en un tiempo de ley de prensa, boom turístico, bikinis incluidos, y preparación de la “operación Príncipe”, y cuajé una amistad sin fisuras con una de las personas más interesantes que he tratado, Gabriel Elorriaga, que tanto me enseñó, con el que habría de coincidir mucho más tarde en el Senado y durante decenios en experiencias de la vida. Incluso volvimos a trabajar juntos despues del Ministerio. Siendo yo director de una editorial y Elorriaga gobernador cesante de Tenerife, perdedor en un apaño de los inmovilistas, tuve la fortuna de que aceptase ser presidente de su Consejo Editorial. Luego volvimos a colaborar. Siendo Elorriaga director de “30 Dias” quiso que yo fuese subdirector. Una amistad estrecha y continuada.

Fui de los primeros (y escasos) lectores, en su texto original, de las célebres declaraciones del entonces Príncipe don Juan Carlos al director de la Agencia EFE, Carlos Mendo,  publicadas el 6 de enero de 1969, que supondrían nada menos que el pistoletazo de salida de una carrera que culminaría el 22 de julio de aquel año con la designación como sucesor de don Juan Carlos a título de Rey. El texto a máquina que firmaría ese gran periodista y gran amigo que fue Carlos Mendo tenía, que yo recuerde, mínimas correcciones de la mano del entonces Príncipe. Pese a la boca sellada de Elorriaga, que nunca ha hablado de ello, siempre he creído que el texto de las declaraciones lo escribió él aunque lo firmara Mendo, y desde luego pensé y pienso que el motor de la “operación Príncipe” en aquel importante episodio fue Fraga. Otro relevante servicio en el diseño del futuro.

Años después de cesar como ministro, Fraga me recibió varias veces como comensal en Londres siendo embajador, cuando preparaba su regreso a España. Al poco de llegar, muerto Franco y ya proclamado Rey Juan Carlos, fue nombrado vicepresidente del Gobierno y ministro entonces de Gobernación, etapa en la que también le traté con asiduidad. Asistí a su primera conferencia en Areneros marcando su camino, “Teoría del centro”, y le acompañé, primero desde fuera y luego desde la militancia, en su gran fundación política que, en una inteligente senda de asimilaciones e incorporaciones,  culminó en el Partido Popular.

En su etapa como ministro de Información y Turismo, entre tantas iniciativas que no tenían relación directa con su Departamento, Fraga promovió la sección española de la Academie Belgo-Espagnole d’Histoire, con sede en Bruselas. Junto a Fortuné Koller, historiador y tratadista belga del Toison de Oro, constituyó la Academia en España de la que luego fue presidente y hasta su muerte presidente de honor por acertado designio de su presidente actual, el doctor Ceballos-Escalera. Desde el primer momento quiso contar conmigo para la Academia por mi vinculación con Bélgica y mis aficiones históricas entonces primerizas. El homenaje a un compañero, el veterano abogado José Antonio Dávila,  fue la última ocasión en que Fraga asistió a un acto de la Corporación.

Haber colaborado con él a través del tiempo, haber formado parte de aquellos inolvidables maitines con Robles Piquer, Rato, Aznar, Calero, Ruíz-Gallardón, Baón, Beotas y otros históricos, haber presidido una Comisión Nacional de Cultura irrepetible, con personalidades de primera: Gregorio Marañón Moya, José García Nieto, Juan de Ávalos, Rafael de la Hoz Arderíus, Luis Cervera Vera, Carlos Murciano, Francisco Garfias, José Manuel González Torga, Alfonso Ceballos-Escalera, entre otros, son experiencias impagables. Recuerdo un almuerzo a tres: Fraga, Rafael de la Hoz, que venía de una reunión de la Unión Internacional de Arquitectos que presidía, y yo, que me sentía como un cura de aldea entre dos cardenales. Apenas me sorprendió el enorme conocimiento que demostró Fraga sobre la historia y los nuevos retos de la arquitectura. Por cierto, uno de los temas de la conversación fue Albert Speer porque se acababa de celebrar en no recuerdo qué país un encuentro de arquitectos sobre su obra. Los dos conocían sus interesantes Memorias que yo me apresuré a leer.

En la historia del centro-derecha en España el nombre de Manuel Fraga ocupa un lugar de honor. Asumió la construcción de una opción conservadora, a la europea, capaz de aglutinar mayorías suficientes de Gobierno. El intento anterior, la CEDA, fue desmochado por la guerra civil y sólo un hombre con tesón, instinto, principios y voluntad iba a ser capaz de culminar aquella frustración de la preguerra. El papel de Fraga en la formulación de una opción conservadora viable en la instauración de Juan Carlos I es equiparable al papel de Cánovas en la restauración de Alfonso XII. Los dos, Fraga y Cánovas, eran hombres de la cultura, del pensamiento, y al tiempo hombres de acción. Gracias al genio de Fraga, a su temple, a su decisión y a su intuición, el Partido Popular es hoy lo que es. Convirtió una realidad política fragmentada y cainita en una formación unida y de Gobierno. Por encima de cierto anecdotario falso y de tanta leyenda manipulada, la trayectoria pública de Fraga evidencia su servicio al Estado y a los españoles desde un realismo centrado. Nunca dejó de estar abierto al consenso, pero siempre fue fiel a sus valores y a sus principios.

Con motivo de su muerte Santiago Carrillo ha recordado “su valentía” porque presentó una conferencia suya en el Club Siglo XXI, en 1978, con lo que aquel acto representó entonces. Lo cierto es que Carrillo y Fraga jugaron un importante papel en la transición, respondiendo a una responsabilidad histórica. El líder comunista al incorporar la bandera nacional a sus mítines (recordemos que aquella bandera hasta la Ley de Símbolos de 1981 era la del águila de San Juan, por más que algunos incultos o interesados repitan que la bandera con ese escudo es “preconstitucional”) y al aceptar la Monarquía, lo que supuso una apuesta no radical en una izquierda que se había presentado durante años como el radicalismo sumo. Y Fraga, que había comenzado su vida política en el franquismo, al encauzar a un amplio centro-derecha que hizo inviable en España una extrema derecha como las que existen en otros países europeos. Es cierto que después cierta izquierda volvió al radicalismo, saltando sobre la transición, gracias al desnortado Zapatero.

Su personalidad fue tan rica que admite luces y sombras. Como todos los hombres eminentes Fraga tiene su leyenda. Se le atribuyen hechos que nunca protagonizó y frases que nunca pronunció. Es el anecdotario.

En estos días he vuelto a leer que a Fraga se le atribuye el triste desenlace de los sucesos de Vitoria (3 de marzo de 1976), siendo ministro de Gobernación; pero no se aclara que Fraga se encontraba en Alemania y el ministro encargado de su cartera, al que le tocó decidir, era alguien de cuyo nombre no quiero acordarme. Algo similar puede decirse de los cruentos enfrentamientos en Montejurra (9 de mayo de 1976), fecha en la que Fraga estaba de viaje oficial en Venezuela, y, obviamente, otro ministro, de cuyo nombre tampoco quiero acordarme, estaba encargado de la cartera de Gobernación. En ambas ocasiones Fraga a su regresó a España asumió lo hecho o lo deshecho en su ausencia, mientras no faltaron quienes miraban para otro lado. Él era así y nunca huyó de asumir responsabilidades, por amargas que fuesen, le correspondiesen realmente o no.

En cuanto a la frase “La calle es mía”, atribuida a Fraga y  reiterada por algunos con  motivo de su muerte, nunca la pronunció tal cual. Y no quiero decir que Fraga, con su fuerte carácter, no hubiese podido pronunciarla en el sentido de “la calle es del Gobierno, la calle es del Estado, la calle no es de quien la ocupe vulnerando la ley”.  La frase “la calle es mía” no salió de sus labios.

Muere con Manuel Fraga un hombre honrado, un intelectual de una pieza, un político con principios, un académico riguroso. Muere, en definitiva, un hombre de bien. Sus más de ochenta libros, algunos fundamentales como sus estudios sobre Saavedra Fajardo, Cánovas o Balmes, sobre el sistema político inglés o el estadounidense, o el clásico La crisis del Estado, acreditan su dedicación y su altura intelectual.

Personalmente le debo torrentes de gratitud. Recibí de él numerosas pruebas de afecto y conté siempre con su apoyo. Me aconsejó cuando se lo pedí y me aclaró algún tema oscuro en mis trabajos sobre el siglo XIX, periodo que conocía bien. Mientras escribía mi única novela, Memoria secreta del hermano Leviatán, en la que Cánovas, como personaje, juega el papel de soporte de la narración, Fraga me aportó luz sobre algunos aspectos de aquel estadista con el que se sentía en gran medida identificado. Nunca podré olvidar algunos viajes a Santiago, en medio de los avatares políticos, en los que siempre me escuchó, me atendió y me ayudó.  No supone menos emoción para mí recordar aquella tarde de 1989 en la que Fraga y García Nieto, dos  personajes fundamentales en mi vida, uno por su ejemplo político y el otro por su ejemplo poético,  presentaron al alimón mi libro Revelaciones, que acababa de recibir el premio Francisco de Quevedo. Ambos dijeron cosas que permanecerán guardadas siempre en el cofre de mi memoria.

Mirado con lupa durante tantos decenios nadie pudo acusar a Fraga de una deshonestidad. Era un hombre honrado y un probo servidor público. Coincido con Gregorio Peces-Barba, que le conocía bien, en que Fraga pasará a la historia como un hombre de Estado. Un gran hombre. Y es un privilegio y un honor haberle tratado. Descanse en paz en aquel Perbes de su Galicia, cerca de su modesta casa en la que me recibió alguna vez.

Déficit, cinismo y sorpresas

12 enero 2012 by

En una página, creo que de Conrad, un jovenzuelo derrochador malgasta una abultada bolsa de dineros que para cierta inversión le da su padre, y luego se queja y le acusa porque, a cuento de ese despilfarro, el progenitor se ve obligado a ser cicatero con sus hermanos. Dudo de que Carmen (antes Carme) Chacón haya leído a Conrad. Podría jugarme un pirulí a que tampoco Elena Valenciano ha leído a Conrad. Alonso, aunque lo escribo con menos convicción, pienso que  sí lo ha leído,  y Rubalcaba apostaría que también, aunque sus lecturas preferidas me pega que sean Maquiavelo y Fouché.

Desde que miembros del nuevo Gobierno desvelaron la falsedad del Gobierno anterior sobre las cifras reales de déficit, varios dirigentes socialistas salieron en tromba acusando a Rajoy de mentir porque repetidamente había anunciado que su Gobierno no subiría los impuestos. El más duro en las formas fue el propio Rubalcaba, apoteósico perdedor de las elecciones del 20 de noviembre y uno de los dos destapados candidatos al trono del PSOE en el Congreso Federal de febrero. Rubalcaba era vicepresidente de un Gobierno en el que se sentaba como vicepresidenta económica Elena Salgado, que había asegurado a la Unión Europea, y repetidamente en España, incluidas las sesiones del traspaso de poderes, que el déficit español sería de un 6%  a fin de año para así cumplir el compromiso europeo asumido por España. Esas eran las cifras dadas por el Gobierno socialista. Y eran falsas. Por algo parecido a esto fue intervenida Grecia, que mintió en las cifras que aportaba a la Unión Europea sobre su deuda y su déficit.

Después de comprobadas las cuentas, el déficit era a final de año del 8% y algún pico. La desviación entre lo anunciado por Salgado y la realidad es de un 33%, 20.000 millones más. Según el presidente del Gobierno, y coincide en la cifra la agencia de calificación de riesgos Moody’s,  España tendrá que hacer un ajuste de 40.000 millones de euros para cumplir su compromiso de déficit. El jovenzuelo derrochador del cuento es el Gobierno de Zapatero, el padre es el pueblo español que le entregó su bolsa en forma de impuestos y la despilfarró. Ahora, por la mano de un nuevo Gobierno, ese padre debe ser cicatero con los hermanos, que son los españoles, por la vía de los recortes y de la subida de impuestos. Y todo porque el jovenzuelo fue un manirroto.

En la sesión parlamentaria en la que se convalidó el Decreto-Ley de las primeras medidas de Rajoy para enjugar el déficit, el portavoz socialista para esta ocasión. José Antonio Alonso, repitió la misma cantinela de sus compañeros en los días anteriores: Rajoy había mentido y el anterior Gobierno no. Pero el PSOE, que comenzó la legislatura de 2008 negando la crisis y que desde entonces he falseado la realidad con “brotes verdes”  etcétera, tiene la misma credibilidad que Pinocho cuando se le alargaba la nariz: ninguna.

El primer argumento socialista para acusar a Rajoy de mentiroso es falaz porque se apuntala en una premisa indemostrable, en un juicio de intenciones: que Rajoy conocía los datos exactos del déficit y su intención era, ya desde antes de las elecciones, subir los impuestos. ¿Y cómo lo saben los dirigentes socialistas? Rajoy, pese a los antecedentes mentirosos del Gobierno de Zapatero ¿debía haber dado por hecho que las cifras que Salgado daba como buenas no sólo en repetidas declaraciones sino también a la Unión Europea en las reuniones del ECOFIN, y en las propias sesiones del traspaso de poderes eran falsas? ¿Es tal la consideración de mentirosos que tienen de ellos mismos los socialistas que entienden como natural que alguien deba suponer que siempre mienten? No es serio.

El segundo argumento es aún más chusco y parte de una manipulación temporal. Sostienen los socialistas que el grueso del déficit se debe a las Comunidades Autónomas, mayoritariamente gobernadas por el Partido Popular, de modo que las cifras dadas por Salgado se referían a la Administración Central, y eran ciertas, y las grandes culpables del déficit son las Comunidades Autónomas, o sea el Partido Popular. Burda manipulación. De un lado porque la entonces vicepresidenta económica del Gobierno no hizo distingo alguno ni troceó el déficit. Su falsa cifra de que el déficit a finales de 2011 sería del  6% se refería al déficit del Estado en su conjunto, porque por la mera suma de unas cifras y de otras las cuentas totales no saldrían. Es lo que Salgado anunció en la  Unión Europea, repetidamente en España y durante el traspaso de poderes. Y de otro lado porque la mayoría de las Comunidades Autónomas están gobernadas por el Partido Popular desde las elecciones del 22 de mayo de 2011, y en estricto sentido desde un mes después. ¿Piensan los socialistas que alguien puede creerse que el déficit se ha producido precisamente en los últimos seis meses? La trampa temporal es infumable. Sobre todo porque precisamente desde hace seis meses las Comunidades Autónomas gobernadas antes por los socialistas, como Castilla-La Mancha y Extremadura, han asumido unos drásticos planes de austeridad.

Lo que opina Rajoy de las subidas de impuestos es conocido. Lo acaba de declarar, una vez más, a la Agencia EFE. Ha subido temporal y excepcionalmente el IRPF, en valores según ingresos, obligado porque sus antecesores en el Gobierno habían mentido y han dejado a España en la ruina, y mira por donde son los mismos que ahora le acusan de tratar de remediar el entuerto. Así son las cosas. ¿Debía Rajoy hacer lo que Zapatero y  mirar para otro lado? Eso pudo hacerlo el ex–presidente mientras consumió la despensa que recibió llena en 2004, pero en 2010 tuvo que tomar las medidas que le dictabala Unión Europea, y las tomó mal, apostó por las que perjudicaban a los más débiles, y, además, eran insuficientes y no creía en ellas. Y hay que recordar una y otra vez  cuando se habla de déficit que una de las primeras medidas del Gobierno de Zapatero fue derogar la Ley de Equilibrio Presupuestario que obligaba a todas las Administraciones y que había conseguido equilibrar durante varios ejercicios las cuentas públicas. Y ahora los mismos que emprendieron un camino económicamente suicida, enmendando el que mantenía un fiel en la balanza de ingresos y gastos de las Administraciones Públicas son los mismos que se quejan del desastroso resultado de su frivolidad. Abrieron irresponsablemente el grifo del despilfarro, colocaron al enfermo en las últimas y ahora acusan al cirujano de excederse con el bisturí… Si no hubiesen negado la crisis y las medidas se hubiesen tomado dos años antes otro gallo nos cantaría.

En lugar de arrimar el hombro, cantinela que escuchamos tanto en el septenio socialista, el PSOE en la oposición esgrime su cinismo quejándose de las medicinas recetadas para la enfermedad que su Gobierno provocó, y votando en contra de las primeras medidas de choque. Es una irresponsabilidad que en este momento el PSOE juegue a posturas más acordes con partiditos “bonsais”, que saben que nunca tendrán la responsabilidad de Gobierno, porque un socialismo moderno, refundado, debería ser una alternativa cierta, responsable, y no una palanca de agitación. Pero ¿quién puede hablar de renovación del socialismo cuando su futuro llevará los nombres de Rubalcaba o de Chacón? ¿Quién encarnará el nuevo socialismo? ¿El hombre que negó el GAL, el del Faisán, el de “España merece un Gobierno que no mienta”? ¿La camaleónica mujer que de pronto descubre sus orígenes andaluces, pasa de ser Carme a ser Carmen, y olvida su apoyo a Rubianes (q.e.p.d), el payaso de la “puta España?

Otra acusación que recibió Rajoy de socialistas y afines fue que no había explicado personalmente en el Congreso de los Diputados las medidas tomadas. ¿Aún tiene alguien el chip de Zapatero y se lo adjudica a su sucesor? El ex–presidente era pródigo en afirmaciones y declaraciones parlamentarias supuestamente enjundiosas que luego se desmentían o se rectificaban. ¿Cuántas veces oímos a Zapatero asegurar que estábamos remontando la crisis? Rajoy es un tipo serio, y hablará ante el Parlamento tras el importante Consejo Europeo del día 30. Ya ha hecho declaraciones a la Agencia EFE, reproducidas por todos los medios de comunicación, y antes habían hablado quienes tenían que hablar: la vicepresidenta y los ministros de Economía y Hacienda. Y a mi juicio han hablado incluso demasiado. Por ejemplo fue prematuro que se hablase de “traspaso de poderes modélico”. El portavoz del Partido Popular en el Congreso, Alfonso Alonso, ha rectificado ya aquélla apresurada impresión: el traspaso de poderes fue un engaño.

Tras la sesión parlamentaria del pasado día 11 queda claro dónde está cada cual. La izquierda más y menos radical, algún partido pintoresco con representación unipersonal, el partido de Rosa Díez, y los nacionalistas vascos que se han echado al monte, votaron en contra. CiU, UPN y PP a favor. Ese es el panorama.

Y el dato más importante, y más alarmante, recién conocido que, por cierto, también siempre negó el anterior Gobierno, es que las cuentas de la Seguridad Social han concluido el año con un déficit del 0,6% cuando el Gobierno de Zapatero anunciaba un superávit del 0,4%. Una diferencia de miles de millones. Nueva mentira económica. Desde finales de los años 90 la Seguridad Social había registrado superávit. Otra trampa para elefantes del mandato de Zapatero que se cargó la garantía por Ley del incremento de pensiones, nacida del llamado Pacto de Toledo, y las congeló.

Pues resulta que Rubalcaba, que ha llevado al PSOE a sus peores resultados electorales desde las primeras elecciones democráticas, no habla nada de esto. Sólo se queja de quienes, de la manera más equilibrada posible,  tratan de ajustar las cuentas para cumplir el compromiso de llegar a un déficit del 4,4% al finalizar 2012. Y ese compromiso lo asumió el Gobierno de Zapatero, que ya no cumplió el techo del 6% de déficit fijado para finales de 2011. ¿Y dónde está Rubalcaba? En la sesión parlamentaria del día 11 ocupaba el primer escaño de la oposición ¿Por qué? Se anunció que no intervenía en el Pleno del Congreso ya que haberlo hecho hubiese supuesto una ventaja como candidato respecto a su oponente Chacón. ¿Y estar sentado a la cabecera de la oposición no visualiza una ventaja en el mismo sentido? Chacón es un ángel si no se han quejado.

En medio de esas cifras negras y de esas obligadas medidas que suponen duros sacrificios me han sorprendido al menos un par de cosas que nos deparó la actualidad.

Hay un tipo que responde al nombre de Jaime Rodrigues, portavoz municipal de Izquierda Unida en Las Rozas,  que ha tenido la ocurrencia de burlarse del agravamiento del estado de salud de Manuel Fraga, con la siguiente anotación en su cuenta de Twitter: “Hoy en mi casa se puede descorchar una botella de cava después de largos años de espera”. Si les digo la verdad no me sorprende demasiado teniendo en cuenta de dónde viene el autor de la infamia. Pero si eso se le ocurre escribirlo a un representante democrático del Partido Popular en un municipio refiriéndose a cualquier anciano dirigente comunista casero o foráneo, se hubiesen oído voces airadas pidiendo su dimisión. Lo dice el señor Rodrigues y no pasa nada. Cayo Lara, tan contento de haberse conocido, disfrutando de escaño y ocupado en buscar la desconocida salida a la crisis desde la izquierda, en la que no cree ni Hu Jintao, presidente del mayor partido comunista del mundo, no ha dicho ni pío sobre la ocurrencia del tal Rodrigues. A eso lo llamo yo equidistancia de apreciaciones. Desear la muerte o alegrarse de que pueda llegarle a alguien califica a su autor. Pobre diablillo Rodrigues, qué grasioso (con ese). Le deseo larga vida y que sea capaz de leer, no ya de escribir, alguna página de Fraga, por ejemplo de sus brillantes reflexiones sobre el sistema político de Gran Bretaña. Allí no pasan estas cosas. Acaso ocurren en Izquierda Unida por falta de ingleses. O por exceso de botarates.

Otra noticia que uno lee estupefacto es que según el CNI que, por cierto, debería remozarse ya, está en marcha una campaña para pedir el Premio Nobel de la Paz para Arnaldo Otegui. Vaya por Dios. Después del Collar de la Orden de Isabel la Católica (¡si la reina Isabel levantase la cabeza!) concedido a Zapatero, mi mayor perplejidad en cuanto a méritos premiales es ésta. Y hay que decir que lo de condecorar a los miembros del Gobierno saliente es una tradición que se repite siempre que llega un Gobierno nuevo. Sin embargo, lo de Otegui no tendría precedentes en estos pagos, aunque la verdad es que la pérdida de norte de la Fundación Nobel es notable. Aparte del pasmo que producen ciertos glorificados en otras disciplinas, algunos galardonados con el Nobel de la Paz tuvieron un pasado más que cercano a actividades terroristas, como Menahem Begin y Yaser Arafat. Este último fue homenajeado por Otegui en 2004, unos días después de su muerte, en su célebre discurso del velódromo de Anoeta. Otegui no ha hecho nada para merecer el Nobel y lo que merece según la Justicia  es estar donde está: en la cárcel.

A ver si, a tanto la firma, Pérez Esquivel, premio Nobel de la Paz, pero del cupo memo, y Kofi Annan, el invitado principal en el guiñol de Ayete, apoyan la petición. El aval que no le faltará al presunto Nobel Otegui será el de Zapatero, por mera coherencia. En 2006 le llamó  “hombre de paz” y aclaró que “ha hecho un discurso por la paz, por abrir una etapa distinta en Euskadi”. Caray, Zapatero va a resultar un precursor. Y con tanto lujo de apoyos ya veo a don Arnaldo con una rama de olivo, que es lo que dijo Arafat que llevaba en la mano en su conocida intervención en la Asamblea de la ONU en 1974. Al cinto llevaba el revólver. Supongo que por si había que disparar a  la paloma de la paz, porque los tipos con esas biografías son fáciles de gatillo y disparan contra todo lo que se mueve con la misma facilidad con que en las pelis del Oeste los villanos disparan hasta contra el pianista.

Con Conrad al inicio de estas línas y, como fondo, con  Collodi, autor de Pinocho, colorín colorado este cuento  se ha acabado.  

                                                

Cambios en Cibeles, vuelve Rubalcaba y otros sobresaltos

31 diciembre 2011 by

Hace siglo y medio o dos siglos hablar de cambios en Cibeles hubiese tenido como referencia el Palacio de Buenavista, antiguo palacio de Alba, luego de Godoy y más tarde sede del Ministerio de la Guerra; allí, sobre un sofá, recostaron a Prim tras el atentado de la calle del Turco que le costaría la vida. Hoy hablar de cambios en Cibeles es hablar de relevo en el Ayuntamiento, ubicado gracias a Gallardón en el espléndido marco del antiguo palacio de Comunicaciones, lugar en el que ondeó la primera bandera republicana en el bullicioso 14 de abril.

Ana Botella se convirtió en alcaldesa de Madrid al acceder Alberto Ruíz-Gallardón al Ministerio de Justicia. Los socialistas se apresuraron a mostrar su descontento porque, según ellos, Botella no había sido votada por los madrileños y porque Gallardón no había cumplido su mandato. Ambos argumentos son falaces. Que los esgrima, por ejemplo, Tomás Gómez es curioso. Él aseguró que completaría su mandato municipal en Parla, luego lo abandonó, y dejó como alcalde a José María Fraile, que iba en su lista electoral lo mismo que Ana Botella iba en la de Gallardón. Por no hablar de las huidas de Trinidad Jiménez y de Miguel Sebastián tras fracasar estruendosamente en su intento de ganar la Alcaldía. El alcalde es elegido por los concejales. Y eso ha ocurrido. La legitimidad y legalidad del acceso de Botella a la Alcaldía son impecables.

Ana Botella es funcionaria  del Cuerpo Superior de Administradores del Estado,  con una oposición brillantemente ganada que, por cierto, llegó a la militancia política antes que su marido, José María Aznar. Lleva ocho años de gestión municipal en responsabilidades destacadas y ha demostrado prudencia y buen tino. Es obvio que llevará a la Alcaldía sus propios modos, su estilo, que no serán los de su antecesor, pero el proyecto es el mismo y se centra en el programa electoral con el que los populares ganaron ampliamente las elecciones municipales en Madrid.

Gallardón ha sido un eficaz alcalde, ha transformado Madrid. Es un jurista reconocido y un político brillante. Cuando algunos juzgan su gestión, y en este caso son machacones los socialistas, se detienen en la deuda municipal, que es importante. Pero los ciudadanos que circulan por los túneles de la M-30o que visitan Madrid Río valoran estas obras, como tantas otras, y consideran la deuda lo que es:  inversión. En nuestro tiempo las distancias se miden en minutos, no en kilómetros. ¿Cuántos minutos han ganado los madrileños en su sueño o en sus gestiones gracias a esa emblemática iniciativa de los túneles? Cuando desde el PSOE, por ejemplo, se hace hincapié en la deuda de Madrid se olvida intencionadamente, pongo por caso, la deuda de 625 millones de euros de Alcorcón, o la de 175 millones de euros de Aranjuez, cuatro veces el presupuesto anual del Ayuntamiento, la mayor deuda por habitante de la Comunidad, o  la bancarrota de Parla. ¿Y qué obras útiles para los ciudadanos han hecho los regidores socialistas en esos municipios o en otros también gravemente endeudados? Ninguna. No invertían, despilfarraban.

El cambio en la Alcaldía ha supuesto la renovación de titulares en algunas responsabilidades municipales. La noticia más relevante, por su unión desde hace años al ya ex-alcalde, es la salida de la política municipal de Manuel Cobo, un político de primera. Se entiende la emoción de su despedida. Pero, a mi juicio, no debió desvelar que el nuevo ministro de Justicia le había ofrecido la secretaría de Estado de Justicia para a renglón seguido afirmar que no la aceptó porque no tenía el perfil requerido para desempeñarla. De un lado, esa confesión deja en mal lugar al ministro, un reconocido jurista, que al parecer había ofrecido un cargo de fuerte contenido técnico-jurídico a alguien que, él mismo, no se veía con el perfil adecuado. De otro lado, el magistrado Fernando Román, nombrado secretario de Estado por decisión personal de Rajoy, podría mosquearse al ser plato de segunda mesa tras el proclamado rechazo de Cobo. Estas cosas es mejor no airearlas. Es un desliz, por otro lado comprensible dadas las circunstancias, en un avezado político como lo es el hasta ahora vice-alcalde, que se incorpora a IFEMA como coordinador de gestión, cometido que entiendo como un puente hacia otras responsabilidades de Gobierno, que él merece por su acreditada capacidad. El nombramiento de Cobo en IFEMA es una prueba de que Esperanza Aguirre, como ella misma dijo, no es rencorosa.

También sale del Ayuntamiento la delegada de las Artes, Alicia Moreno, que no es concejala. Colaboradora de Gallardón ya en sus tiempos de Presidente dela Comunidad, es una mujer eficaz, independiente, o sea no afiliada al Partido Popular, algo así como el cupo “progre” o verso suelto. Aún se recuerda su participación en manifestaciones del “no a la guerra” durante el Gobierno de Aznar; su encaje con Ana Botella no hubiese sido fácil.

La  nueva alcaldesa formó su equipo. El nuevo vice-alcalde es Miguel Ángel Villanueva, con fama de buen gestor; hombre muy ligado a Gallardón. Ana Botella asciende, además, a Concha Dancausa, muy cercana a ella, para Hacienda, y rebaja la responsabilidad de Paz González, que era presidenta del Pleno, responsable ahora de Urbanismo. Fernando Villalonga, diplomático, que fue secretario de Estado con Aznar y era cónsul general en Nueva York, se encarga de la delegación de las Artes. Pedro Calvo permanece aunque cambia de funciones al asumir Economía y Empleo, mientras Antonio de Guindos, que era segundo de Botella, asciende a responsable de Medio Ambiente y Movilidad, y Dolores Navarro se incorpora a Asuntos Sociales. Un equipo de Gobierno más reducido que el de Gallardón, y con caras nuevas. Y ya, a trabajar.

Coincidiendo con el nombramiento de los segundos niveles del Gobierno de Rajoy y con los cambios en el Ayuntamiento, Rubalcaba ha hecho pública su candidatura a secretario general del PSOE en el Congreso Federal del próximo febrero. Ha dicho que tiene ideas y ganas. El bueno de Rubalcaba lleva diciendo eso desde hace muchos años. Como soy veterano conservo cierta “memoria histórica”. Ya lo dijo cuando, casi en la prehistoria, se produjeron las cuitas entre “guerristas” y “renovadores”. Y lo repitió cuando la ocasión lo hizo conveniente. La última vez, ya penúltima, durante la campaña electoral. Ahora Rubalcaba a sus ideas y ganas incorpora una novedad: se muestra partidario de las “primarias” que él arrumbó siempre que pudo. Al parecer, ya no puede.

Los plazos para presentar candidaturas al Congreso Federal socialista son ya muy cortos, y acaso por ello se multiplican las voces dentro del PSOE pidiendo que la convocatoria se retrase, pero eso no parece probable porque la intención de celebrarlo en febrero va ligada a las vísperas de las elecciones andaluzas (como el Congreso Nacional del Partido Popular, también en febrero y también en Sevilla). Carme Chacón sigue su camino hacia la proclamación de su candidatura, pero sus pasos son más pausados que los de Rubalcaba. Desde fuera, parece que el antiguo vicepresidente y ministro de Educación, Presidencia e Interior en Gobiernos de González y de Zapatero, tiene más posibilidades de alzarse con la secretaría general si sólo se confronta con la ex-ministra de Defensa.

Rubalcaba dio una clave diferencial cuando afirmó que entiende el PSOE como un “partido nacional que diga las mismas cosas en toda España”, y Chacón es más PSC que PSOE, si puede hablarse en rigor de diferencias. Sin embargo, fue Zapatero el que abrió la espita del Estatuto de Cataluña y entonces y después Rubalcaba no dijo ni pío. Pero ahora para el candidato a secretario general todas las armas dialécticas valen. Está en campaña. Otra vez.

Por un futuro despejado del PSOE quiero suponer que aparecerán más candidatos a la secretaría general. Si la renovación socialista, que debería ser refundación,  tiene en su catálogo sólo a Chacón y a Rubalcaba están listos. Los dos son el pasado. Una, reticente a gritar “Viva España” y otro saludando puño en alto a sus colegas. Naftalina. Para conseguir credibilidad y representar algo novedoso y atractivo haría falta un nuevo rostro y un nuevo estilo, que se apuntase a la socialdemocracia y no al viejo socialismo. Todos los barones regionales en liza el 22 de mayo perdieron las elecciones y ahora el banquillo que se preveía repleto está vacío. El sucesor de Zapatero en Ferraz será con bastante probabilidad un perdedor, aunque ya se habla del alcalde de Toledo, que ganó sus elecciones. Buscando con un candil, a lo Diógenes, los ojeadores del PSOE han dado con un ganador, además patrocinado por el incombustible Bono.

Rubalcaba ya pasó el Rubicón de entrar en liza y pronto lo hará Chacón. Y… no se sabe más. Por ahora  no hay más nombres. Hoy por hoy el PSOE sigue en la política del retrovisor. A ver qué ocurre cuando mire al frente.

En el capítulo de los sobresaltos se han movido dos importantes fichas judiciales. El Tribunal Supremo ha decidido investigar al ex-ministro Blanco por su supuesta relación con la “operación Campeón”. Blanco es todavía diputado por Lugo y vicesecretario general del PSOE. Al ex-ministro una juez de Lugo, aquella fiscalía, la fiscalía del Supremo y la sala competente del Alto Tribunal le consideran supuestamente implicado en un delito de tráfico de influencias, entre otros. Y un juez  de Palma de Mallorca ha citado a declarar el próximo día 25 de febrero a Iñaki Urdangarin, yerno del Rey, como imputado. La fiscalía Anticorrupción sostiene que Urdangarin y su socio Diego Torres podrían haber cometido los delitos de malversación, fraude, falsedad y prevaricación. La verdad es que el último delito no lo entiendo ya que la prevaricación se refiere a las acciones de una autoridad o funcionario público y Urdangarín no lo es.  Blanco se ha congratulado del inicio de las investigaciones porque así podrá demostrar su inocencia y el abogado del duque consorte de Palma se ha dolido de que los medios de comunicación estén haciendo un juicio paralelo desde hace mes y medio; una declaración a mi juicio poco inteligente y poco oportuna.

En ambos casos, el de Blanco y el de Urdangarin, hay que invocar -y respetar- la presunción de inocencia y quedar a la espera de la investigación en un caso y de la declaración ante el juez y posteriores actuaciones, de haberlas, en el otro. Según opiniones de algunos juristas los dos asuntos pintan más o menos mal. Pero el inicio de un procedimiento (un imputado no es un procesado ni un condenado, aunque haya gente que confunda los términos) no supone conclusiones. Una cosa es lo publicado y otra lo que se pruebe. Lo que sí conocemos ya en el caso de Urdangarin, el más mediático por motivos obvios, es la impecable reacción de la Casa Real, y del propio Rey. Y a partir de aquí que la Justicia siga su camino sin que se prejuzgue nada en asuntos que sólo conciernen a sus protagonistas.

En este contexto resulta oportuno alabar la transparencia de la Zarzuela que ha hecho públicas las cuentas de la Casa Real, sueldos incluidos, sin tener obligación legal de hacerlo. Según las cifras comparativas con el resto de las Monarquías europeas y algunas Presidencias de Repúblicas, la Monarquía española es la más austera, la que menos cuesta. A cada español le supone 19 céntimos anuales.

El mito de que la Monarquía es más costosa para el ciudadano que la República es una de esas leyendas urbanas que se trasladan de unos a otros sin cifras que avalen su rigor. Me recuerda otro mito que tuvimos que padecer el verano pasado: los costes  que supondría para el erario público la Jornada Mundial de la Juventud convocada por el Papa Benedicto XVI en Madrid  (agosto de 2011). Colectivos de ateos y librepensadores (sic), indignados, otras asociaciones de parecido signo y algún cura trabucaire se manifestaron en Madrid preocupados por aquel supuesto enorme gasto. Ejercieron incluso la violencia al exigir en la calle el ahorro del dinero público que, por cierto, en aquella época se repartía a manos llenas porque España era el paraíso de las subvenciones.

Un estudio elaborado por la prestigiosa PriceWaterhouseCoopers aclaró que la Jornada Mundial de la Juventud supuso un ingreso de 476 millones de dólares, de los cuales unos 37 millones ingresaron al Estado por concepto del Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA). Según el informe que se presentó el 30 de noviembre, el 90 por ciento de los 476 millones se quedaron en Madrid y el resto se dividió entre las ciudades que participaron en la Jornada dentro de su preparación. Los sectores más beneficiados fueron la hostelería, el comercico minoritario y el transporte terrestre. Además la JMJ permitió la creación de 4.589 empleos, 2.894 de ellos en Madrid. PriceWaterhouseCoopers basó sus cálculos en el gasto directo realizado por la organización de la JMJ y en cifras de la contabilidad autonómica y nacional a través del Instituto de Estadística de la Comunidad de Madrid y el Instituto Nacional de Estadística (INE). Es decir que, además, de sus beneficios espirituales, inmedibles, la JMJ fue una buena palanca económica en un tiempo de crisis. Los ateos, etcétera, se equivocaron.

Algo parecido ocurre, en su dimensión, con el coste de las Monarquías respecto a las Repúblicas, y más en nuestra Monarquía: se habla comúnmente de oídas, sin cifras, desde el mito de ignorantes, sesgados o irreconciliables. Luego, cuando se conocen los datos, resulta que la Monarquía española es la más barata de Europa y desde luego cuesta menos a los ciudadanos  que las Repúblicas de nuestro ámbito. Hay que ir pinchando globos.

¡Feliz 2012!

Casi todo es ya Economía

23 diciembre 2011 by

César González-Ruano, uno de los monstruos del articulismo español de todos los tiempos, murió por estas fechas, exactamente el 15 de diciembre, en 1965. Me había honrado con su amistad y gracias a sus buenos oficios, siendo yo un bebé en las letras y casi un muchacho en la vida, me dieron una sección en el semanario “Desarrollo”, una de las primeras publicaciones de contenido económico. Nuestros artículos aparecían en la misma página. Cuando murió titulé mi artículo necrológico: “Para César todo era economía”. Y era cierto. César había vivido toda su vida haciendo números para poder sustentarse, más bien que mal, de su pluma. Al conocer la composición del Gobierno pensé en aquel artículo. En el Ejecutivo de Rajoy todo, o casi todo, es economía; son económicas las carteras que lo son directamente y varias de las que normalmente no están consideradas como tales.  

Los dos ministerios económicos por antonomasia están en manos de dos expertos, De Guindos y Montoro, y a Hacienda se une Administraciones Públicas para tratar de que se aprieten el cinturón y se saneen las Comunidades Autónomas y los Ayuntamientos. Montoro sabrá hacerlo. En otros ministerios también planea la economía, como en Asuntos Exteriores; no es casual que se ponga la política exterior en manos de García Margallo, un economista con gran experiencia europea; Empleo, con la economista Báñez al frente; Industria, Energía y Turismo, regido por Soria, con formación económica; y Agricultura y Medio Ambiente, con Arias Cañete, abogado del Estado también con gran experiencia económica. Para Rajoy casi todo es ya economía. La ocasión lo impone.

El propio presidente se reserva la coordinación de la política económica al ejercerla Presidencia de la Comisión Delegada del Gobierno para Asuntos Económicos que en otros Gabinetes presidía el vicepresidente o el ministro de Economía. Rajoy es el más experimentado del Gobierno, ya que ha sido ministro de Administraciones Públicas, de Educación y Cultura, de Interior, de Presidencia (dos veces), portavoz del Gobierno y vicepresidente, además de concejal, presidente de Diputación y vicepresidente de la Junta de Galicia.

A Fomento, el mayor departamento inversor, llega Ana Pastor, médico, una mujer sólida y experimentada en la AdministraciónPública, cuya gestión dela Sanidad en tiempos de Aznar fue comúnmente elogiada. Ana Mato, politóloga y socióloga, es nombrada ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, lo que supone un premio a la lealtad y a la eficacia en el entorno de Rajoy, y a Educación y Cultura accede Wert, un sociólogo de amplia experiencia, sin duda una de las sorpresas del Gabinete. Ruíz-Gallardón, fiscal, jurista reconocido y político de raza, llega al ministerio de Justicia y con ello alcanza una de las ilusiones de su vida: ser ministro, aún a costa de descabezar el Ayuntamiento de Madrid a pocos meses de las elecciones municipales. Lo malo de los recambios es las incógnitas que abren.

Morenés, de formación jurídica y empresarial, que ya fue secretario de Estado con el ministro Eduardo Serra, un gran ministro, es el encargado de Defensa; nada que ver con la pintoresca Carme Chacón. Se dice que el nombre de Eduardo Serra se lo dio el Rey a Aznar en 1996, porque el ministro que figuraba en la lista primitiva era Arias Salgado. El Rey, jefe supremo de las Fuerzas Armadas, hizo valer entonces esta condición, no baladí. Los mentideros aseguran ahora que el nombre de Morenés es sugerencia del Rey. En todo caso, el perfil del nuevo ministro es impecable y tiene mucho que ver también con la economía; es un hombre de empresa para un departamento que tendrá que cuadrar sus números sin levantar ampollas.

Fernández Díaz, ingeniero industrial, es, sobre todo, una buena persona, que no es pequeña cosa, además de un político con larga trayectoria. Se habló de él para la presidencia del Congreso, luego sonó para la Embajada ante la Santa Sede y, al final, ocupa el siempre difícil ministerio de Interior. Es un valor del entorno de Rajoy, leal y eficaz en lo que le ha ido encomendando, y era previsible que no quedase defraudado.

La principal apuesta de Rajoy en su Gabinete es Soraya Sáenz de Santamaría, abogada del Estado, vicepresidenta única, ministra de Presidencia y portavoz del Gobierno. Una trilogía de aúpa para los tiempos que corren. Es curioso que ella, Báñez, Ana Mato y Wert sean los ministros sin experiencia de gestión pública. Soraya se ha revelado como una gran parlamentaria pero ahora tendrá que enfrentarse a la toma de decisiones. Equipaje tienen los cuatro citados para acertar. A la cartera de Soraya se incorpora el CNI, “la Casa”, o sea los espías, y eso aumenta notablemente su poder.

En su conjunto es el Gobierno más experimentado de la democracia, y con una formación profesional importante. En él abundan los economistas del Estado, los abogados del Estado, los técnicos comerciales del Estado y los catedráticos, y además muchos de sus miembros son poliglotas. Como corresponde a la solidez que requiere el tiempo que vivimos. Y el tiempo difícil que vamos a vivir. Algún medio ha destacado, como sorprendiéndose, que Rajoy ha hecho un “Gobierno de leales”. ¿Y cómo no? Como todos los presidentes. Lo que ocurre es que los leales a Rajoy son, además, pesos pesados, y los leales a Zapatero a menudo eran sólo leales, sin peso alguno.

La reacción del PSOE, por boca del ex-profesor de esquí o empleado de estaciones de esquí, que no está claro el oficio que realmente ejerció, y ex-presidente del Gobierno de Aragón, Marcelino Iglesias, ahora mandamás en Ferraz, ha sido torticera, mentirosa. Deseó lo mejor al nuevo Gobierno, y a De Guindos que “tenga más éxitos al frente de la Economía de los que tuvo cuando fue representante de Lheman Brothers en Europa”. Falso. De Guindos representó a ese banco de inversiones en España y Portugal, no en Europa, y cuando estalló su crisis en Estados Unidos la filial que encabezaba De Guindos daba beneficios. Nada que achacarle al ahora ministro en aquella crisis; la gestión que dependió de él fue impecable. El manitas del esquí, que ya querría aproximar su curriculum a los de los miembros del nuevo Gobierno, tendría que haberse informado. Otro que desbarró fue “invictus” Gómez, pero es lo habitual en él; no hay que tomarlo en serio. El PSOE no tiene enmienda. La mentira y la manipulación van en su ADN.

Otro reproche del PSOE a Rajoy es no haber ajustado la composición de su Gobierno a la paridad hombres-mujeres. Las mujeres han dejado de ser ministras “de cuota”, y es una gran noticia. Las cuatro ministras de Rajoy lo son por su valía, por su experiencia, y por su formación. Atrás quedan los tiempos de Bibiana Aído, que pasó, por ser ahijada de quien era, de dirigir una agencia del flamenco en Andalucía, a ministra de España. O Leire Pajín, la hija de su madre. O Carme Chacón ¿por qué? Se dijo que porque a Zapatero le pareció mediático que la ministra de los militares fuese una mujer y además embarazada. O Trinidad Jiménez, ministra por haber convocado en su casa una merendola, el banderín de enganche para llevar al entonces incógnito diputado Zapatero a la secretaría general del PSOE, y acabó dirigiendo nada menos que la política exterior de España.

La apuesta del Partido Popular por la mujer no es de ahora. Aznar llevó a las presidencias del Congreso y del Senado a dos mujeres valiosas, Rudi y Aguirre, y parece que los socialistas lo han olvidado. Ellos han utilizado la paridad como un florero político. Y hay que ser más serios. 

Escribo cuando aún no se conoce más pedrea que la de la lotería de Navidad, porque la de los cargos de segundo y tercer nivel en el Gobierno se sabrá en los próximos Consejos de Ministros, y el día 30 se decidirán las primeras medidas correctoras de la situación económica. Un largo y espinoso camino para el que debemos estar preparados. Rajoy ha anunciado que no mentirá, o sea que no anunciará “brotes verdes” antes de tiempo y no enmascarará la realidad. Si miramos atrás es de agradecer. Los españoles estaremos dispuestos a afrontar sacrificios siempre que se nos explique el camino y que tengamos claro que habrá luz al final del túnel, una luz que ha de ser la creación de empleo, la gran tragedia nacional en la que nos ha metido el Gobierno del PSOE. Como nos metió antes de 1996.

Las cuarenta medidas que anunció Rajoy en su discurso de Investidura deberían alzar confianza y tranquilidad. Desde algunos medios se acusó a Rajoy de no concretar. No lo entiendo, salvo ceguera. Que Cayo Lara reiterase que son medias liberales no significa sino que no son las suyas. Está engolfado con esa “salida de la crisis por la izquierda” que nadie sabe que es, y en la que no cree ni Hu Jintao, primer secretario del Partido Comunista de China, la mayor organización comunista del mundo, que llamó a Zapatero en mayo de 2010 para que pusiera en marcha precisamente medidas liberales, las que le sugerían desde la Unión Europea. Es una lástima que el camarada Jintao no consultase al camarada Cayo Lara, que parece más cerca del “querido líder” Kim Jong-il, extinto presidente de Corea del Norte, y de su hijo  Kim Jong-un, “el gran sucesor”, en un entendimiento hermético y fracasado de la política.

Sobre la postura asumida por los diferentes Grupos Parlamentarios ante el plan de Rajoy para salir de la crisis, confieso que me sorprendió que Rosa Díez, que ella misma es su partido, se mostrase contraria y votase negativamente la investidura del ganador de las elecciones. Eso habrá abierto los ojos a algunos ingenuos del centro y de la derecha que dieron su voto a UPyD el 20 de noviembre. La cabra tira al monte y Rosa Díez a su antiguo partido, el PSOE, que abandonó sencillamente porque no se cumplieron sus ambiciones de ser Zapatero, o sea secretaria general socialista, en el célebre Congreso Federal en el que el ex-presidente ganó por nueve votos y Rosa Díez consiguió unos apoyos ridículos. A ella, que tanto se queja ahora de la ley electoral, y nunca lo hizo antes, le ha favorecido electoralmente el río revuelto, y pronostico que el globo se desinflará más pronto que tarde. Si escuchas a quienes han abandonado UPyD el partido es ella, pero también ella -su carácter, sus modos- es el problema.

Inmediatamente de constituirse las nuevas Cortes Generales Rosa Díez pidió formalmente que se ilegalizara Amaiur pero, como casi todo en ella, era una mera maniobra mediática porque sin haber pactado con nadie tal iniciativa, sin contar con los partidos mayoritarios, sin iniciar consenso alguno, la mediática solicitud era un brindis al sol. Rajoy ya ha anunciado que seguirá los pasos legales necesarios para ilegalizar a esa coalición que no es otra cosa que un antifaz de quienes tienen a los terroristas detrás. La contundencia de Rajoy con Amaiur en la Investidura, con las cartas que ya tiene el presidente del Gobierno, supone mucho más garantía que la proclamación vacía de Rosa Díez.

El “no” de CiU al programa de Rajoy contenido en su discurso de Investidura es relevante, y lo es no por lo que supone para CiU sino porque evidencia la fortaleza de Rajoy. Los nacionalistas catalanes votaron en contra ¿Y qué? Rajoy no se achicó. Marcó líneas rojas en la solidaridad y la cohesión territoriales. Se acabaron ya los chantajes. Durán Lleida está empecinado en conseguir “su” pacto fiscal, un nuevo paso hacia la desigualdad de los catalanes respecto al resto de los españoles. El voto negativo de Durán, que se apresuró casi en plancha a felicitar a Rajoy tras la votación que le aseguraba la presidencia del Gobierno, supone que este hábil político catalán, experto en pasteleos, no ha cambiado el chip. Su estrategia del palo y la zanahoria ya no valen nada.

Uno, que tiene memoria, no puede olvidar que al menos en una ocasión el voto de CiU, pilotado por Durán Lleida, salvó a un Zapatero contra las cuerdas que hubiese tenido que dimitir, como su colega y correligionario portugués José Sócrates, si hubiese sufrido entonces un grave revés parlamentario. Durán Lleida optó por atender a los intereses de su partido y no al interés nacional y con su salvavidas parlamentario a Zapatero alargó la agonía política del país, amparó el crecimiento del paro, y retrasó las soluciones a la crisis. Cuando cambie el chip, el pastelero Durán Lleida acaso empiece a entender que Rajoy es un hombre con memoria de elefante. Se le acabó el chollo a este político catalán que siempre ambicionó un ministerio pero que en horas cruciales eligió ser un político de aldea y no un político de dimensión nacional. Nada que ver con Cambó, por poner un ilustre ejemplo.

La abstención de Amaiur en la Investidura de Rajoy, que fue interpretada por ciertos voceros ultramontanos en clave de mano tendida a alguien como Rajoy con el que sabe que nunca se podrá entender y siempre le tendrá enfrente, se debió a algo más pedestre: los de Amaiur no se sienten “concernidos” con quién sea el presidente del Gobierno de España. Ellos están “fuera”; así de sencillo. No se consideran españoles pero, eso sí,  se apuntan a cobrar del dinero público, a ser diputados y senadores en el Congreso de los Diputados y en el Senado de España, y a gozar de todo lo que ello supone. Y todo con el cuajo que yo tendría si fuese diputado en Macedonia…Qué cosas.

Entre las medidas propuestas por el nuevo presidente para salir de la crisis y crear empleo, la principal es reducir en 16.500 millones el déficit público, con una primera ley de estabilidad presupuestaria que desarrollará la reciente reforma constitucional y con la inmediata prórroga de los Presupuestos del Estado, que el Gobierno de Zapatero dejó sin resolver. Culminación del proceso de reestructuración del sector financiero en los primeros seis meses de 2012, con un cambio del mapa bancario; todo ello indispensable para que fluya el crédito, y ligado a un nuevo sistema de supervisión y regulación del Banco de España. Proyecto de reforma laboral en el primer trimestre del año, con atención especial a un cambio en los convenios colectivos. Ayuda fiscal al empleo, apoyos fiscales a las pymes, una ley de ayuda a los emprendedores en el plazo de tres meses y modificación del pago del IVA para que autónomos y pymes lo paguen cuando se haya hecho efectivo el cobro de sus facturas. Reestructuración y supresión de organismos autónomos y otras entidades públicas. Actualización del poder adquisitivo de las pensiones en enero de 2012. Deducción por compra de vivienda….

Y así hasta cuarenta medidas que incluyen la Educación, la Sanidad, la Justicia, el Turismo, las televisiones públicas, la transparencia en la gestión, y una medida que ha pasado inadvertida pese a su calado:la Reforma de la ley de Subvenciones. No se han explicado sus mimbres pero es un hecho que España se ha convertido en el paraíso de las subvenciones. En alguna declaración previas al 20 de noviembre Rajoy se refirió a las subvenciones a sindicatos, patronal y partidos políticos.

Este reto es importante, dentro del entramado de subvenciones con los destinos más variopintos y estrambóticos. El Gobierno de Zapatero, ya en funciones, otorgó subvenciones por un valor superior a los cuatro mil millones de las antiguas pesetas, que supongo revisará el nuevo Gobierno. Sencillamente es una vergüenza porque un Gobierno en funciones sólo puede decidir sobre asuntos ordinarios y de trámite y en este ámbito no cuenta dejar comprometido al nuevo Ejecutivo con subvenciones a los amigos o afines. Entre tantas otras, subvenciones millonarias a la mal llamada “memoria histórica” y  a la “alianza de civilizaciones”, ambas ocurrencias decididas en su día para la mayor gloria del zapaterismo entonces rampante pero ya felizmente fenecido por la voluntad contundente de los españoles.

Ya hay equipo de Gobierno además de haber proyecto. Y ahora, a trabajar. Hay mucha ilusión y mucha esperanza sobre la maltrecha realidad nacional. No es cuestión de suerte ni de ocurrencias. Es cuestión de decisión y de rigor. El éxito será de todos.

Vencer a los muertos no es arriesgado y produce ganancias

11 diciembre 2011 by

Cuando el almirante Juan Bautista Aznar, último presidente de Gobierno con Alfonso XIII, asistía desde su cargo al derrumbamiento dela Monarquía, se pasaba las horas leyendo las aventuras de Rocambole, personaje creado por Ponsón du Terrail, desmesurado, inverosímil, desbordado, que dio carta de naturaleza al adjetivo “rocambolesco”. El despistado almirante Aznar no atendía a lo que se le venía encima sino que estaba en otra cosa, como quien hace “pic-nic” sobre un volcán.

Con una gestión que ha producido más de cinco millones de parados reales, los mayores recortes sociales conocidos en democracia y una alerta internacional sobre nuestro futuro económico gracias a su inacción o a sus acciones erróneas, el Gobierno en funciones de Zapatero ocupa sus esfuerzos en dejar como testamento político un asunto cerrado hace treinta y seis años, personificado en un hombre que ya está, para bien o para mal, en las amarillentas páginas de la  Historia y es naftalina: el general Franco, dictador que, por cierto, murió en la cama. Algo así como aquella lectura apasionada de las aventuras de Rocambole por el almirante Aznar cuando estaba cayendo el régimen al que servía desde una posición empingorotada y acaso inmerecida. 

El país está en ascuas, nuestro crédito internacional por el suelo, y el Gobierno, ya en funciones, que ha sido el responsable de tanto desaguisado, emplea su tiempo, una vez más, en mirar por el retrovisor.

Zapatero nombró, seis meses antes de las elecciones, una Comisión de Expertos para que aconsejase sobre el futuro del Valle de los Caídos. Ha creado este tipo de comisiones en sus años de Gobierno para amparar alguna de sus ocurrencias. Además, ¿expertos en qué? ¿En el Valle de los Caídos? ¿En basílicas pontificias? ¿En la dictadura?  ¿En  enterramientos? ¿En muertos?

El informe se hizo público tras las elecciones. Estos doce “hombres justos” decidieron convertir el Valle de los Caídos en un memorial laico; aconsejaron revisar el convenio con la Iglesia; expulsar a los benedictinos de la abadía, si se negaran a acatar el informe, sustituyéndolos por otros frailes; cambiar la actual fundación por un patronato y sacar de la basílica los restos de Franco que, por lo que se ha escrito, es la principal conclusión de los expertos. Eso aparece en el documento, o en declaraciones de miembros de la Comision. Tres de ellos discreparon y firmaron votos particulares.

El informe de los expertos no es vinculante, pero ya ha sido utilizado por los creadores de la Comisión, convencidos de que puede convertirse en una patata caliente para el futuro Gobierno de Rajoy. No le conocen. Parece que algunos quieren trasladar el enfrentamiento entre españoles reabierto por Zapatero más allá de su extinción política. Pobres.

El más lenguaraz entre los miembros de la Comisión fue el profesor Reyes Mate, cuyas ideas socialistas son conocidas; este ex eclesiástico ocupó cargos públicos durante los Gobiernos de González, y el Gobierno de Zapatero le premió con el Premio Nacional de Ensayo en 2009. En unas declaraciones de agencia señaló que “la comisión se planteó la posibilidad de dejar que el actual monumento, “fruto del deterioro”, se viniera abajo, algo que podría suponer “una metáfora” de “lo loco, lo absurdo de la propia construcción”, que pretendía ser “un monumento contra el tiempo pero que precisamente el tiempo lo llevó a la ruina”. Obviamente, si no se mantiene y repara, cualquier monumento acaba en ruinas. Reyes Mate no ha descubierto la pólvora, al menos en esta ocasión.

Esto me recuerda la intervención del trabucaire senador Anasagasti en un debate del Senado en el que se le ocurrió decir que “El Valle de los Caídos debería ser volado como se hizo con el puente sobre el río Kwai y la cancillería del Reich”. Tal cual. Además de un fundamentalista confeso, en la línea del fundador de su partido, el pintoresco Sabino Arana, Anasagasti es un talibán. ¿Qué diferencia hay entre el deseo del senador nacionalista y la destrucción por la dinamita y los disparos desde tanques de los históricos y monumentales budas de Bamiyán, que eran Patrimonio de la Humanidad?

El Partido Popular apostó, siempre que el tema produjo debate parlamentario, por su despolitización absoluta, que ya se decidió en la Ley de Memoria Histórica, pero cosa muy distinta es coincidir con el disparate jurídico de que el Gobierno, cualquier Gobierno, asuma competencias que no tiene. Por ejemplo, debe opinarla Iglesia, porque es una basílica pontificia, y para sacar a Franco de allí se debe contar con su familia. Y, además, hay diversas  normas que cumplir antes de crear ese “memorial laico”

Sobre la basílica y su historia se ha escrito bastante de oído. No es cierto, por ejemplo, que el Valle de los Caídos fuese construido para ser mausoleo de Franco, ya que el dictador tenía previsto ser enterrado en la iglesia aneja al palacio de El Pardo en una tumba, que ya existía, junto a la que habría de ocupar, y ocupa, su esposa. La decisión de enterrarle en esa basílica fue del Rey y del entonces presidente del Gobierno, Carlos Arias Navarro.

Tampoco es cierto que el Valle lo construyeran sólo presos políticos y que en la construcción murieran miles de estos presos, que eran auténticos esclavos, etcétera. En “Wikipedia” se informa: “Durante la construcción del monumento hasta 27.000 soldados republicanos perdieron la vida”. ¿De dónde habrá sacado la enciclopedia en la red este dato? Sin embargo, la maquinaria manipuladora de la Historia en parte ha tenido éxito. Muchos se lo creen.

Afortunadamente se conserva la documentación que avala la realidad. El monumento lo construyeron trabajadores libres y, en efecto, presos políticos y comunes que eran contratados por las empresas adjudicatarias de la obra. Los presos políticos fueron poco más de dos mil y al mismo tiempo no hubo nunca más de 700. No hubo presos políticos durante toda la obra. Los muertos por accidentes laborales, según referencias de la propia obra y los datos recogidos por el doctor Lasuín, que era un preso político que había servido en la Sanidad Militar del Ejército Popular de la República,  fue el médico de la construcción hasta su finalización, y  permaneció en Cuelgamuros cuando cumplió la condena,  se estiman entre 15 y 18 en los diecinueve años que duró la obra y constan documentalmente sus nombres y apellidos y cuántos de estos trabajadores eran libres, presos políticos o presos comunes. Toda muerte es lamentable pero es una siniestralidad moderada en una obra de esas características en la que la dinamita era artículo de uso masivo. Hubo varios enfermos de silicosis, mineros, que según el doctor ya llegaron con la enfermedad. Se anotaba cuidadosamente cada incidencia, y los fallecidos,  heridos  y enfermos eran trasladados a San Lorenzo de El Escorial donde se tomaba asiento de todo.

Todos los trabajadores, según categorías, presos políticos, presos comunes y libres, cobraban el mismo salario. Los presos, políticos y comunes, optaban por ir a trabajar a Cuelgamuros, porque redimían tres, cuatro o cinco días de condena (lo reglado en las prisiones eran dos días), según las épocas, por día trabajado. Se conservan cartas de presos políticos dirigidas a sus familiares pidiendo que las autoridades y los curas de sus pueblos avalaran sus solicitudes para ser admitidos en la obra. Muchos de ellos (se conoce el número exacto) se quedaron en la obra cuando cumplieron sus condenas, o tras el indulto masivo de 1949,  supongo que porque pensaban que con sus antecedentes penales encontrar otro trabajo no sería fácil en aquella época.

La iglesia de la Santa Cruz del Valle de los Caídos recibió el título de basílica en 1960 por decisión del Papa Juan XXIII. Es la segunda basílica mayor del mundo y la mayor basílica excavada. La cruz que corona el monte es la más alta del mundo:150 metros. Su arquitectura colosal, de Muguruza y Méndez, y sus esculturas de Juan de Ávalos, entre otras obras de arte de Espinós, Beovide, Zuloaga y Pedrós, hacen del Valle de los Caídos una obra singular.  Dejarla caer en la ruina o dinamitarla, como también pidió la Asociación de la Memoria Histórica, sencillamente es un disparate.

El monumento era uno de los más visitados, más que el Monasterio de El Escorial y que el Palacio Real de Madrid, hasta su primer cierre en noviembre de 2009 por orden del Patrimonio Nacional que se ocupaba del mantenimiento, suspendido unilateralmente. España se convirtió en el único país democrático que tuvo cerrada al culto una basílica por orden gubernamental. Es fama que el entonces Presidente del Patrimonio Nacional, el embajador Yago Pico de Coaña, dimitió ante tal aberración. Zapatero lo sustituyó por un amigo y correligionario, felizmente en el cargo.

Durante la visita a Madrid del Papa Benedicto XVI en agosto pasado, los ministros Ramón Jáuregui y  Trinidad Jiménez pidieron al Secretario de Estado del Vaticano, cardenal Tarsicio Bertone, que autorizase el cambio de la legislación sobre el Valle de los Caídos. Nada consiguieron.

El informe de la llamada Comisión de Expertos pide un gran acuerdo parlamentario sobre el futuro del Valle de los Caídos, lo que implica dejar entre las manos de Rajoy lo que ellos piensan será una patata caliente porque desde la izquierda se azuzará el asunto por medio de iniciativas en el Congreso de los Diputados y en el Senado, de modo que ese testamento político zapateril siga creando enfrentamientos. Pero los españoles tenemos demasiados problemas, y graves,  para volver la mirada a una guerra que a la mayoría, por mera cronología, les suena como a la generación de mi padre le sonarían las guerras carlistas. Mis  nietas no saben de Franco sino lo que aparece en los libros de texto, que no sé si es mucho o poco.

El ministro en funciones de Presidencia, Ramón Jáuregui, pidió que el nuevo Gobierno “no meta el informe en un cajón”. Pero Rajoy hará lo que su responsabilidad le demande; no está España para perder el tiempo, ni para gastar trece millones de euros, que es el presupuesto estimado por los “expertos” para hacer realidad sus propuestas.

Ya se ha encargado el Gobierno en funciones de conceder subvenciones por valor de 5,6 millones de euros (casi mil millones de pesetas) a su insistente “memoria histórica”. No creo que dar subvenciones esté entre los “asuntos ordinarios” que deba decidir un Gobierno en funciones, pero en todo caso la situación de la economía no está para esos dispendios. Claro que si no hubiese subvenciones ¿de qué iban a vivir las asociaciones de la memoria histórica, ligadas a partidos de izquierda y a sindicatos? Vencer a los muertos no es arriesgado y produce ganancias.

Si algún lector requiere más información sobre esas subvenciones, váyase al “B.O.E.”; verá la mínima parte de ellas que se destina a la búsqueda de victimas y el destino variopinto del dinero público que se emplea en congresos, cursos, seminarios, viajes…Supongo que el nuevo Gobierno solicitará los documentos pertinentes para justificar el destino de cada uno de los euros, muchos millones, recibidos desde que se iniciaron hace años las subvenciones a la llamada “memoria histórica”.  

El ex vicepresidente del Gobierno y ex vicesecretario general del PSOE Alfonso Guerra se ha metido en harina al considerar “lógico” que “los restos del dictador salgan del Valle de los Caídos”. Y dijo que consideraba que el Gobierno de Rajoy debería atender la petición porque si no lo hiciera demostraría “que hay un sentimiento de coincidencia con el pasado que a nadie se le ocurre que debiera existir en un Gobierno elegido democráticamente”.

Alfonso Guerra seguramente recordará aquella opinión de Felipe González: “Hay que asumir la propia historia…soy capaz de asumir la Historia de España…Franco…está ahí…Nunca se me ocurriría tumbar una estatua de Franco. Nunca. Me parece una estupidez eso de ir tumbando estatuas de Franco…Franco es ya Historia de España. No podemos borrar la Historia…Yo siempre he pensado que si alguien hubiera creído que era un mérito tirar a Franco del caballo, tenía que haberlo hecho cuando estaba vivo”.

En trece años largos de Gobiernos de González, en muchos de ellos con la vicepresidencia de Alfonso Guerra, no se elevó una voz ni se movió un papel sobre la transformación del Valle de los Caídos en un “memorial laico”, ni se retiró ninguna estatua del dictador. ¿Quiere eso decir que Guerra y González fueron franquistas por no hacerlo? Nada de eso. Según la declaración de Guerra si el Gobierno de Rajoy no lo hace “demostraría que hay un sentimiento de coincidencia con el pasado”. Los Gobiernos de González, al dejar el Valle de los Caídos con el estatus que lo recibieron y al no sacar de allí a Franco ¿demostraron un sentimiento de coincidencia con el pasado? Nadie podría ni remotamente pensarlo. Sencillamente miraron al futuro y no al pasado.

Bien sé que Guerra no cree lo que dice, pero lo que me sorprende en un hombre inteligente es que no haya reflexionado sobre la Historia y el paso del tiempo, y sobre la lección de las urnas, primero del 22 de mayo y luego del 20 de noviembre. Las invocaciones al pasado no mueven molino electoral. Con Rubalcaba de jefe de la oposición y la izquierda en la estrategia del retrovisor, Rajoy será feliz. Quieren dejarle una patata caliente y le van a dejar un zumo de frutas de lo más dulce. A pocos importará que el dictador permanezca bajo 1.500 kilos de granito, en la proximidad de 34.000 muertos de la guerra. Una guerra que terminó hace ya setenta y tres años y es cuestión de historiadores. Aunque la tengan muy presente los receptores de subvenciones. Por motivos obvios.

El Cid venció moros, ya muerto, atado a su caballo. Pero la Historia no recoge como victorias de los vivos las conseguidas sobre los muertos y bien muertos. Tenía razón Felipe González


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