El presidente Zapatero acaba 2009 como su annus horribilis, el peor desde que en 2004 llegase a la Moncloa. Cuatro crisis internacionales han jalonado las últimas semanas: el secuestro del Alakrana, la detención de cuatro guardias civiles en Gibraltar, la huelga de hambre de Aminatu Haidar y el secuestro de tres cooperantes en Mauritania. Los tres primeros episodios están resueltos, y el cuarto permanece abierto.
Pero ¿cómo se resolvieron esos tres sucesos sobre los que el Gobierno ha pasado página rápidamente? Pues mal para el prestigio y los intereses de España.
En el caso del Alakrana el Gobierno pactó con los secuestradores que no son otra cosa que terroristas; se les pagó un alto rescate, más alto que el que ellos mismos habían planteado en un principio. Y el más cándido podría preguntarse ¿si se iba a pagar el rescate por qué no se hizo el primer día? España se hubiese ahorrado el bochorno de dar órdenes y contraórdenes a la Armada y de trasladar a Madrid, por orden directa de la vicepresidenta Fernández de la Vega, a dos de los terroristas capturados por infantes de Marina, lo que dificultó y alargó la resolución del secuestro. El hecho mismo de crear un gabinete de crisis en Moncloa, presidido por la vicepresidenta primera del Gobierno, colocaba a los secuestradores a un nivel de interlocución que atentaba contra la dignidad de España y que no tenía antecedente en casos similares que afectaron a otros países. España paga y los demás, como Estados Unidos o Francia, intervienen, desarman y apresan a los secuestradores. Dos fragatas, con apoyo aéreo, recibieron primero la orden de no intervenir y luego la de disparar a no dar. El almirante jefe del Estado Mayor de la Armada, Manuel Rebollo, lo dejó muy claro: “Las fragatas estaban listas para cualquier cometido que se nos hubiera ordenado”. Pero no se les ordenó. Ni neutralizar a los piratas ni recuperar el rescate, como hizo la Armada francesa pocos meses antes.
La detención de cuatro números de la Guardia Civil que entraron en Gibraltar persiguiendo a unos presuntos narcotraficantes se resolvió con una llamada telefónica del ministro Rubalcaba que pidió disculpas al ministro principal de Gibraltar, Peter Caruana, que se despachó a gusto en sus adjetivos contra España. Gibraltar no tiene reconocidas aguas propias, y España no trató nunca de país a país con el llamado Gobierno gibraltareño. Hasta en la cumbre Gibraltar-Gran Bretaña-España del pasado julio, Moratinos se reunió con Caruana en la Roca, pero con la presencia del ministro de Asuntos Exteriores de Gran Bretaña, Miliband. Se rompía una política española de trescientos años, sostenida por todos los regímenes -monárquicos, republicanos, dictatoriales- pero, al menos, la presencia del ministro británico mantenía la ficción de la relación bilateral de siempre entre España y la colonia, si se consideraba generosamente a Caruana como un invitado en su propia casa, que por cierto es la nuestra. Rubalcaba rompió la baraja al llamar directamente a Caruana, porque lo acorde con la política exterior española desde el siglo XVIII hubiese sido llamar al ministro británico ya que Gibraltar es su colonia. Además un convenio de hace años faculta a las fuerzas de seguridad española a aproximarse a la Roca en actos de persecución de malhechores, pero no hubo aviso previo.
La huelga de hambre de la activista saharaui Aminatu Haidar en el aeropuerto de Lanzarote duró más de un mes. El primer error del Gobierno fue admitir a Haidar en Lanzarote sin documentación válida de ingreso en nuestro país. El segundo error fue readmitirla cuando, tras abandonar Lanzarote, el avión que la llevaba no fue autorizado por las autoridades marroquíes a aterrizar en El Aaiún. Tenía documento de viaje para su salida de España, pero carecía de documento alguno para una nueva entrada. El Gobierno cargó la culpa sobre la policía, pero luego se supo que la policía aeroportuaria había recibido órdenes del Gobierno, como no podía ser de otra manera. A ningún funcionario policial se le ocurre tomar esa decisión sin órdenes concretas de la cadena de mando política. La intervención de Sarkozi, que está en todas las salsas, el pacto con Marruecos, y la errónea declaración del Gobierno español reconociendo implícitamente la soberanía marroquí en El Sahara, reconocimiento que la diplomacia de España nunca había hecho, consiguieron que Haidar regresase a su casa, por cierto para atacar la decisión de España. Detrás de todo estaba, además, un acuerdo entre la Unión Europea y Marruecos sobre la exportación de tomates marroquíes a Europa en perjuicio de la agricultura española.
Sobre los tres cooperantes españoles secuestrados en Mauritania poco se sabe. Se dice que están en Malí, y acaso por ello quien mediará con los terroristas de Al Qaeda en el Magreb Islámico, en nombre del Gobierno español, será el presidente malíense Amadou Toumani. Otra vez Zapatero negocia con terroristas. Nadie dudará que de lo que se trata es de pagar el rescate que pidan los secuestradores. El Gobierno español es bizcochable y su imagen de debilidad es clamorosamente comentada en la prensa internacional. Pero el Gobierno puede enfrentarse a otro problema, porque la organización terrorista que tiene en su poder a nuestros compatriotas suele no conformarse con unos millones de euros; acostumbra a exigir la liberación de islamistas radicales, y en las cárceles españolas hay casi setenta islamistas presos. Ojalá el desenlace del secuestro llegue pronto y lesionando lo menos posible la maltrecha dignidad internacional de España, aunque el daño ya esté hecho.
Hay otros muchos ejemplos para considerar este 2009 como un annus horribilis para Zapatero, aunque él crea que le favorecen en el medio plazo. Desde la aprobación de la nueva ley del aborto a las últimas encuestas conocidas que dan como perdedor al PSOE si ahora hubiese elecciones, pasando por la floración de consultas soberanistas en Cataluña, o la llamada batalla de los crucifijos. Y como fondo la crisis económica descontrolada, porque Zapatero escucha a Cándido Méndez, que debe ser economista secreto, y no a varios Premios Nobel de Economía ni a las más relevantes instituciones económicas del mundo.
Si a usted, amigo lector, no le gusta la carne no la come, si no es católico practicante no acude a actos religiosos, si no es aficionado a los toros no asiste a festejos taurinos…Pero si usted es progresista de catón no se limitará a ese ejercicio de la libertad sino que si no le gusta la carne la prohibirá por ley, si no es católico practicante prohibirá por ley los símbolos y manifestaciones más profundas de esa Fe, y si no es aficionado a los toros se sacará de la manga una prohibición. Decía no recuerdo quién que en una dictadura todo lo que no está prohibido es obligatorio, y llevamos camino de eso. La estrategia del Gobierno de Zapatero ha sido y es dividir a los españoles. Con la religión, con el aborto, con la memoria del pasado, y hasta con los toros.
La nueva ley del aborto, aprobada ya en el Congreso de los Diputados y tramitándose en el Senado, es un despropósito sin demanda social alguna que, además, no figuraba en el programa electoral del PSOE. El cambio sustancial es que la ley ahora vigente despenaliza el aborto en determinados supuestos, y la nueva ley considera el aborto como un derecho de la mujer ignorando el derecho del no nacido y vulnerando así una conocida sentencia del Tribunal Constitucional. Es curioso, o algo peor, que los mismos que defienden a los indefensos toros de lidia no se corten un pelo en su defensa del aborto.
El 17 de octubre de 2005 apareció en El Mundo una noticia de la que copio un párrafo: “El juzgado de lo Penal número 19 de Madrid ha absuelto a tres militares acusados de la muerte de un embrión de águila imperial ibérico en la sierra de Hoyo de Manzanares, cuando realizaban unas maniobras por las que la pareja reproductora abandonó el nido y se interrumpió la incubación del huevo. La acusación particular solicitó para los tres militares dos años de prisión o una multa de 7.300 euros”. Los militares se libraron de la condena porque no se pudo constatar que la causa de la muerte del huevo fuera culpa suya. Tuvieron suerte esos soldados porque se les hubiese caído el pelo por la muerte de un embrión…de águila. Mientras, a los embriones humanos que los maten con la ley en la mano. Somos víctimas de la frivolidad de un claro exponente de la LOGSE, la incompetente Bibiana Aído, que compartía risas y abrazos con sus compañeras de Gobierno cuando la nueva ley salió adelante en el Congreso de los Diputados. Un bochorno. Debe ser que da mucha risa esa defensa del tal derecho de la mujer…
Los puntos de la nueva ley más jaleados por los partidarios de ese asesinato de inocentes que es el aborto, son: Educación sexual en el colegio, teoría y práctica del aborto en las carreras de Medicina y Enfermería, control y listas negras de quienes opten por la objeción, anticonceptivos financiados por el Gobierno (con un coste de unos cien millones de euros al año), aborto libre hasta las 22 semanas.
Las consultas soberanistas prêt-à-porter que han aflorado como setas en Cataluña han desmentido a Zapatero que cuando se convocó la primera en Arenys de Munt predijo que ese tipo de iniciativas no tendrían continuidad. Como pitoniso el presidente que gozamos no tiene precio. Unos meses después de aquélla, otras 166 localidades catalanes consultaban en unas urnas de atrezzo sobre una hipotética Cataluña independiente. Votaron menos de un 30% de los convocados aunque la manga ancha para la participación era generosa. La consulta en sí misma era una trampa y una falacia ya que venía a preguntarse si se deseaba una Cataluña independiente “sí o sí”, porque es obvio que la consulta no servía para nada y quienes estaban en desacuerdo con ella no iban a votar.
Además la pregunta de la tal consulta era falaz porque inquiría la opinión sobre una Cataluña independiente dentro de la Unión Europea y lo primero que le ocurriría a ese fantasmal estado catalán independiente de España es que no estaría en la Unión Europea ni, claro, en el territorio euro, y dada la unanimidad necesaria para estarlo, aparte de otras condiciones que no cumpliría, tendría que tener su moneda y subsistir por sus medios. Propongo al ex-ministro de Zapatero Montilla, tan nacionalista él, la creación del carodín como moneda catalana. Pero no hay que tomarse demasiado a broma un tema que es serio y que, pasito a pasito, va creando un clima por más que sea de momento onírico. Zapatero es un irresponsable al mirar para otro lado en asuntos de Estado, sobre todo cuando atañen a la unidad nacional. ¿Para qué incluye la Constitución el artículo 155?
La llamada batalla de los crucifijos es otro despropósito engordado por el PSOE gracias a su pacto con ERC en la proposición no de ley para retirar los crucifijos de los colegios, y no sólo de los públicos, según demostró el pintoresco diputado de ERC Joan Tardá documento firmado poe el PSOE en ristre. Zapatero anunció que la medida se tomaría en una futura Ley de Libertad Religiosa que piensa perpetrar, en una nueva división de los españoles nacida de su incansable estro. ¿Van a retirar la Cruz de la Victoria del escudo y bandera de Asturias? ¿Y la Cruz de San Jorge del escudo del C.F. Barcelona? ¿Desmochará las espadañas de las iglesias y las torres de las catedrales de sus cruces? ¿La nueva Ley prohibirá el Rocío y las procesiones de Semana Santa con sus cruces alzadas? Este presidente nuestro no para, no se da descanso, siempre pensando y pensando en beneficio de la paz y, sobre todo, de la paz-ciencia de los españoles.
Las encuestas dan más de un 5% de ventaja al Partido Popular sobre el PSOE si ahora se celebrasen elecciones, que es la mayor diferencia entre los dos partidos desde 2004. Hay que tener en cuenta la experiencia de que el Partido Popular supera siempre las previsiones de voto de las encuestas, como por ejemplo en las elecciones de 2000. Ninguna encuesta daba la mayoría absoluta al Partido Popular que luego consiguió. De modo que al presidente se le tendría que congelar su eterna sonrisa, que a menudo es ya mueca.
Zapatero es el presidente de Gobierno que más desconfianza suscita en los ciudadanos desde 1994, según una encuesta del CIS del pasado noviembre. El 72,3% de los españoles tiene poca o ninguna confianza en el presidente. Ni González ni Aznar tuvieron un índice tan negativo. Y esa es otra mala noticia para la Moncloa.
Este annus horribilis termina, además, con todas las previsiones económicas de Zapatero incumplidas. ¿Dónde quedó aquel anuncio de que la crisis tocaría fondo en marzo de 2009? Seguramente en la vecindad optimista de los brotes verdes. A principios de año el Gobierno reconoció ya la crisis, luego fue definida como la madre de todas las crisis, y en octubre se aseguró que la economía remontaba. Pasamos de la mayor crisis conocida a la crisis más corta. Pero desgraciadamente no era cierto. Zapatero es un mentiroso convulsivo. Ha conseguido algo notable: miente incluso cuando dice la verdad. Porque es su verdad, no la verdad verdadera. Pero él encantado de haberse conocido. Los cuatro millones de parados, que son casi cinco sin la aplicación del maquillaje zapateril, seguro que no están encantados con esa gestión de la crisis de la que tanto él como su cuadrilla están tan orgullosos.







