El debate “decisivo”

8 diciembre 2015 by

Escribo en la madrugada y ya se conocen valoraciones de los medios de comunicación sobre el que ha sido presentado como el debate “decisivo” de esta campaña electoral entre Soraya Sáenz de Santamaría, Pedro Sánchez, Albert Rivera y Pablo Iglesias. Como soy veterano escribir este comentario me trae recuerdos de mi larga etapa como analista antes de pasar de la fila cero al escenario de la política. Me referiré, sobre todo, a las intervenciones de los aspirantes. Tuve un profesor que el primer día de clase nos decía que él sabía todo sobre la asignatura y nosotros debíamos aplicarnos para saber una pequeña parte de lo que él sabía. Soraya, además de responsabilidades anteriores, tras cuatro años como portavoz de la oposición y cuatro como vicepresidente del Gobierno, se sabe bien la asignatura. No es aspirante sino titular.

Sánchez fue diputado por Madrid en dos legislaturas por renuncia de sus titulares Pedro Solbes y Cristina Narbona, y ha ejercido como secretario general del PSOE desde julio de 2014, poco más de un año. Rivera trabajó en La Caixa y se convirtió en presidente de Ciudadanos en 2006. Ese año fue elegido diputado del Parlamento de Cataluña, reelegido hasta las últimas elecciones autonómicas. Iglesias, iniciado en política en IU, fue profesor interino de la Complutense; fundó Podemos en 2014 del que fue elegido secretario general. Se convirtió en tertuliano de diversas televisiones lo que favoreció su acceso a la política. Él mismo se reconoció iniciador de la campaña por móvil que promovió el acoso a sedes del PP en el día anterior a las elecciones generales de 2004 tras los atentados de Atocha. No es un timbre de orgullo haber vulnerado la jornada electoral. entonces Pablo estaba en la caspa no en la casta.

En los debates preelectorales los participantes suelen conformarse con salvar los muebles. En éste iban a ganar. Había que saber quién liderará la oposición en la próxima legislatura. Sánchez se juega su futuro político porque lo miran con catalejo desde Sevilla. No fue una sorpresa que entre las balas en la recámara de los aspirantes figurasen la corrupción como tema fuerte y la ausencia de Rajoy como tema de acompañamiento y múltiple referencia.

La vicepresidenta tenía clara su respuesta al último reproche: el PP es un partido con banquillo, un equipo, un partido que gobierna. No un partido de tirón unipersonal y de aluvión como Ciudadanos y Podemos. Rajoy podía estar viendo este debate desde un sillón y reservarse para el debate de siempre entre quien ostenta la Presidencia del Gobierno y quien aspira a ocuparla. Y ese debate será el próximo día 14. En anteriores elecciones nadie pidió que en debates de cuatro, cinco o seis líderes estuviese el Presidente del Gobierno. Nadie en serio podía esperar que Rajoy participase en ese debate con Rivera e Iglesias, porque el debate con Sánchez ya está cerrado y tiene fecha. Es como si un cardenal fuese a un debate con un par de obispos aunque fuesen aspirantes a llegar al Sacro Colegio Cardenalicio. Ni Rivera ni Iglesias están en el Congreso de los Diputados y sus partidos tampoco. Su resquemor por la ausencia de Rajoy fue una impostura, a mi juicio poco elegante, de cara a la galería.

En cuanto a la insistencia en el tema de la corrupción, la vicepresidenta estuvo amable, prudente, y creo que acertó. Le hubiese sido fácil a Soraya recordarle machaconamente a Sánchez los ERES o los cursos de formación en Andalucía, o la última legislatura de Felipe González con ministros en la cárcel, secretarios de Estado procesados, y hasta el director general de la Guardia Civil, la directora del BOE y cuatro presidentes de Comunidad Autónoma imputados o en prisión. Soraya solo se refirió de pasada a los ERES. Las maniobras socialistas para dificultar el enjuiciamiento de dos expresidentes del PSOE, Chaves y Griñán, y la presión a la juez Alaya, incluso con manifestaciones ante su juzgado, pasarán a la historia negra del acoso a la Justicia. Y Soraya no exhumó para Iglesias los casos Errejón o Monedero; sólo citó a este último, de pasada; siguió eludiendo la agresividad.

Pablo Iglesias estuvo en Pablo Iglesias, si bien en su versión moderada que es la que toca ante unas elecciones en las que puede entrar en la meta el cuarto de cuatro, pese a que ya tiene elegidos sus ministros de Defensa y de Justicia, el ex-general Rodríguez (situar a un militar en Defensa no ocurre desde la aprobación de la Constitución; vuelta a la vieja política) y la ex-juez Rosell (investigada por un presunto caso de corrupción). Pablo estuvo sobrado, como es habitual, en camisa, y hábil. No peca de humilde. Lanzó sus mensajes con firmeza y trató de arañar votos al PSOE. Citó a Carmena y a Kichi y dos veces a Colau afirmando que esas franquicias de Podemos ganaron las elecciones, y olvidó que gobiernan esas ciudades gracias, entre otros, al PSOE. Carmena tiene 20 de 57 concejales; Colau 11 de 41 y Kichi 8 de 27. Resaltó Pablo que Kichi ha pagado las deudas municipales, y mintió. Reproduzco el titular de una noticia del pasado día 9 de octubre: “La banca se niega a financiar más deuda y Hacienda podría reducir las transferencias al municipio para pagar a sus proveedores”.

A los fieles de Podemos probablemente les dará igual que Pablo no conociese que la Constitución incluye la Educación entre los derechos de los ciudadanos, que asegurase que en 1977 hubo un referéndum en Andalucía para decidir si los andaluces querían seguir en España (¡no había entonces Constitución!),  que hiciese una cita en un inglés propio de cualquier niño de  colegio , y que atribuyese a Churchill una conocida frase del economista y Premio Nobel de Economía Ronald Coase. Tras confundir en su anterior debate con Rivera el título de Kant “Crítica de la razón pura” al que se refirió como “Ética de la razón pura”, estos lapsus de Pablo Iglesias sobre filosofía, historia y constitucionalismo no deben sorprendernos. Lo chocante es que sea profesor interino de Ciencia Política. ¿Qué sabiduría traslada a sus alumnos?

Los fieles de Podemos se lo tragan todo porque a estas cosillas culturales parece que no les dan importancia.Seguro que nadie se carcajea de Pablo por su desconocimiento del idioma inglés y que no se reproducirá lo que se montó con aquello del cafelito en la Plaza Mayor de Ana Botella. Pablo quiere gobernar como si actuase permanentemente en un plató de televisión. Aunque su desconocimiento se derrame urbi et orbi en cuanto buscas lo subcutáneo; bajo el barniz.

El otro candidato televisivo, Albert Rivera, es un personaje que también va sobrado, aunque él con más presumibles asistencias electorales que Pablo. Soraya no apagó algunas de las chispas de sus fogosas propuestas;  ya he insistido que la vicepresidente mantenía amordazada la agresividad.

¿Qué es ese batiburrillo de convertir el Senado en una conferencia de Presidentes de Autonomías? El aspirante no tiene idea de la división de poderes Ejecutivo y  Legislativo. Citó el modelo alemán, pero está claro que no sabe lo que es el Bundesrat, que constitucionalmente no forma parte de Parlamento, ni creo que Albert sepa tampoco lo que es el Bundestag. Tiene una cierta empanada. Las Autonomías españolas no son los Estados Federados alemanes. Se mantuvo en la indefinición que le ha producido tantas adhesiones. Quien no se define puede poner huevos sin riesgo en todos los cestos, aunque cuando llegan unas elecciones las propuestas deben aclararse. Soraya se lo dijo hasta dos veces: “Una cosa es hablar y otra gobernar”. No sabía Albert ni que se habían aprobado leyes sobre transparencia y anticorrupción en el Congreso de los Diputados. Estuvo nervioso, vaporoso, y al menos dejó claro que no apoyaría ni a Sánchez ni a Rajoy. Algo es algo. ¿Y entonces?

Sánchez estuvo nervioso, los asistentes le secaban el sudor de la frente en los tiempos muertos, y actuó desde una posición a veces recelosa y casi siempre defensiva. Sin embargo atacó a Podemos, que es su competidor en la izquierda, y al PP que es su oponente. Parecía afectado por los sondeos y que estaba en una confrontación dialéctica para ver quién de los tres “colocados” será jefe de la oposición tras el día 20.

El secretario general del PSOE invocó el pacto antiterrorista. Soraya no quiso recordarle que mientras Zapatero firmaba ese pacto (se supo más tarde)  negociaba con ETA, y casi a la misma hora en que el entonces ya presidente del Gobierno aseguraba que ETA no atentaría más se produjo el atentado de la terminal de Barajas. No sabía la cuantía de las prestaciones por desempleo, ni siquiera pudo entrar con conocimiento en la vigente ley de Educación, y se cuidó mucho de no referirse al inicio de la crisis económica. Aseguró que el PSOE es la solución (en economía siempre fue el problema) y negó que fuese posible bajar impuestos, pero sin dar una cifra. Recuerdo que eso lo repetía Gómez en la Comunidad de Madrid y se bajaron una y otra vez. Los socialistas suben los impuestos, el PP los baja. Eso es lo que la experiencia demuestra, salvo cuando se encuentra con una deuda oculta de 30.000 millones de euros, como le ocurrió a Rajoy al llegar a la Moncloa.

Tampoco supo Sánchez rebatir las cifras de Soraya sobre creación de 1.500 empleos diarios cuando el PSOE destruyó 1.500 empleos cada día durante su Gobierno, y solo dijo que se creaba empleo precario; antes ninguno. Cuando  Sánchez habló de corrupción  olvidó decir que el PSOE no votó a favor ninguna de las leyes en pro de la transparencia y en contra de la corrupción que se han aprobado en el Parlamento durante la  legislatura recién concluida.

El debate me resultó interesante sin más sorpresas que las nebulosas de los aspirantes y los errores de Pablo en sus citas  incluso en dos idiomas. A mi juicio Sánchez perdió el debate. Estaba inseguro. Creo que con sus intervenciones cedió votos a Podemos. Rivera se mostró indefinido, trató de aparecer equidistante, y en lo que se definió le dio votos al PP porque rompió la falsa imagen que tanto le interesa a la izquierda (y a veces a él) de que Ciudadanos es una especie de palanca de apoyo al PP; no lo es. Los habituales votantes del PP deben tenerlo claro. Iglesias se mostró firme e impecable para sus seguidores que no valorarán sus lagunas. Quitó votos al PSOE. Soraya no quiso estar agresiva y se mostró serena y experimentada. Compárese el último minuto de cada contrincante, su mensaje final. Los tres aspirantes atacando al competidor y Soraya desde una reflexión en positivo sin atacar a nadie. Creo que el PP tras el debate ampliará sus votos y recibirá votos de Ciudadanos. A mi juicio, el debate lo han ganado Soraya por la derecha y Pablo por la izquierda. Soraya abriendo el abanico de su clientela y Pablo recuperando sus apoyos perdidos.

Durante todo el debate Sánchez podía repetirse para sí, como en una psicofonía,  las palabras de Susana Díaz descartando un pacto a tres, de perdedores: “Quien  gane las elecciones tiene que formar  Gobierno”. La enésima discrepancia entre la Presidenta de Andalucía ¿y su antecesor en Ferraz?

El hervor de Sánchez, Rivera e Iglesias y el general que sufrió tanto

9 noviembre 2015 by

Uno ha vivido lo suficiente, ay, para no creer en los Reyes Magos de Oriente que no sean los que manejan petrodólares de verdad. Jugar, como si fuese en serio, a un Monopoly político o económico no es otra cosa que un pasatiempo y no engaña a nadie. Cuando un camarero que probaba un nuevo tipo de sacacorchos vertió parte del contenido de una botella de champán francés sobre el impecable terno de Eugenio D’Ors, el filósofo pronunció aquella frase que se hizo famosa: “Los experimentos con gaseosa, joven”. Eso podría decirse ahora a Sánchez, Rivera e Iglesias cuando van desvelando sus propuestas para el 20-D. Son los máximos dirigentes del figurín; expertos en la teoría de la pasarela.

El primero está en la cúspide de un partido con solera y, por eso mismo, con tantas sombras como luces, aunque los socialistas sólo reconozcan sus luces; la vaciedad de Sánchez resulta más grave precisamente  por la historia que el PSOE tiene detrás. El segundo es un fenómeno de la comunicación, de la imagen. Rivera es como un huevo de Pascua: hermoso por fuera y vacío por dentro. El tercero, además de haber encontrado la fórmula para sentirse feliz con sólo la participación de un 13% de sus afiliados en su elección como candidato a la Presidencia del Gobierno, podría estar en el Libro Guinness de la pedantería y de la autosuficiencia, aunque a Iglesias en estas cualidades se le acerca bastante el anterior.

En estas vísperas electorales hay una cosa segura: que la cacareada teoría de las primarias con las que Sánchez, Rivera e Iglesias cansaban al personal no se cumplió. ¿A alguien le ha sorprendido que los consabidos dedazos hayan impuesto ya a candidatos que con más o menos ruido no han hecho felices a sus cuadros ni a las base de sus partidos? Creo en las primarias, y he sido y soy partidario de ellas, pero cada partido se debe a lo que marcan sus Estatutos. Proclamar la virtud de las primarias y meter a escoplo candidatos sin consultar con nadie, o consultando cuando ya se ha hecho pública la decisión imperial, es un engaño. Eso han hecho Sánchez con Irene Lozano, Rivera con Toni Cantó, e Iglesias con José Julio Rodríguez y parece que lo hará con Javier Pérez Royo que vuelve a sus orígenes de izquierdista radical tras asesorar a Zapatero sobre el Estatuto Catalán de 2006, qué éxito. ¿Qué sorpresas nos depararán las listas?

Rivera ha acudido al pie del monumento a la Constitución de Cádiz para presentar algunas propuestas. Me apuesto un pirulí a que el político equidistante, incoloro, inodoro e insípido, no ha leído “la Pepa” ni sería capaz de contestar a bote pronto quién redacto su Discurso Preliminar. Pero ese gesto teatral de postrarse ante el constitucionalismo gaditano como si fuese la Virgen de Lourdes es muy del estilo pasarela y parece más la petición de un milagro electoral que una afirmación de creencia en el futuro.

De las propuestas de Ciudadanos retengo la supresión del Senado convirtiéndolo en una conferencia de presidentes autonómicos con voto según la población, lo que convertiría en amos del cotarro a Madrid, Cataluña y Andalucía, además de suponer una intromisión del poder ejecutivo territorial en el poder legislativo nacional. La supresión del Consejo General del Poder Judicial, el órgano de gobierno de los jueces, que existe, con un rótulo u otro, en todos los Estados de Derecho; sería un mero cambio de nombres. Sobre la elección parlamentaria del Presidente del Tribunal Supremo no sería otra cosa que ponerlo en las manos de los partidos y de sus aparatos, que parece que es lo que se trataba de evitar en el ámbito de la Justicia. La prohibición del decreto-ley es una patochada excéntrica; debería saber Rivera que los decretos-leyes, legislación extraordinaria y urgente, deben ser revalidados por el Congreso de los Diputados en su más inmediata sesión. ¿Cree razonable la convocatoria de sesión parlamentaria en 72 horas cuando hay Plenos todas las semanas? La intervención decisiva, de hecho, del Parlamento en el nombramiento del Fiscal General del Estado, vuelve a poner en el ámbito de los partidos esa relevante figura. En cuanto al blindaje del modelo autonómico, ya lo propone el Partido Popular, y el modelo de nueva ley electoral de Ciudadanos es tan complejo que parece creado en un alambique. Hay que cambiar la Ley Electoral pero sin tratar de inventar la bombilla, que hace años que se inventó.

Sánchez se desautoriza a sí mismo tras cada propuesta que hace, o le desautorizan los barones de su partido, cuando no lo hace la vigilante Susana Díaz, que está al loro para después del 20-D hacerse con el santo y la limosna. Sánchez es improvisadamente vaporoso en sus promesas. Aún no sabemos qué quiere hacer realmente con la reforma constitucional, ni con la reforma laboral porque ha anunciado tantas cosas que todo es posible. Como cumpla sus compromisos con los ciudadanos con el mismo celo que los compromisos con Rajoy después de su reunión en Moncloa, estamos arreglados. Ha echado tanta agua al vino de lo que dijo allí que ya ni se sabe si mintió entonces o miente ahora. Además, en su afán de achacarle todos los aciertos al PSOE y todos los errores al PP, Sánchez aseguró que la ley del divorcio del Gobierno de Suárez la hizo el Gobierno de González y, como niño cogido en falta, se excusó: “Yo entonces tenía 9 años”. Ya saben: como Sánchez no había nacido en 1931 no tiene motivo para saber que hubo una República, y como ninguno de nosotros vivía en tiempos de Isabel y Fernando esos nombres no deben decirnos nada.

Iglesias no ha anunciado medidas aplicables ni coherentes con la situación de España y desde luego con las leyes. Lo que ofrece es un recorrido de la caspa a la casta, que es en lo que se está ocupando en los últimos tiempos al ver caer su buena estrella en los sondeos electorales. La estrategia del enmascaramiento. Más que sus propuesta han creado cierto revuelo sus fichajes y en especial el del antiguo Jefe del Estado Mayor de la Defensa, el general José Julio Rodríguez, que se precipitó un pelín en hacer pública su incorporación a Podemos sin haber cumplido el trámite oficial de su salida del Ejército. Llegó a JEMAD por decisión de Zapatero, lo que avala la calidad del personaje. Irá como número 2 de la candidatura por Zaragoza, con escasas posibilidades de salida si se cumpliesen los sondeos. Me cuentan que su decisión de ingresar en un partido antisistema se asienta en motivos muy personales que le habrían hecho sentirse rechazado por sus compañeros. No lo sé ni me importa.

Sobre el fichaje de Rodríguez me preocupan, sobre todo, dos cosas. La primera, lo que habrá sufrido este hombre escuchando sin queja durante su larga vida militar la “pachanga fachosa”, que es como llama al himno nacional su jefe Iglesias por mera ignorancia de la Historia; inclinándose sin protesta ante la bandera de España, que no es la bandera que querría para el país su jefe Iglesias; jurando (me gustaría comprobar en qué momento empezó a “prometer” y no “jurar”) cumplir la Constitución, de las tantas veces como habrá tenido que hacerlo por los muchos y altos destinos que ha ocupado, cuando su señorito se quiere cargar esa Constitución de la A a la Z. Qué vida de simulación y sufrimiento. Pobre hombre… Y la segunda preocupación es qué grado de conocimiento de información sensible posee este ciudadano que ahora es anti-OTAN y antes estuvo destinado en el cogollo de la organización de la defensa de Occidente. Por la debilidad del ciudadano Rodríguez a la hora de elegir partido hemos enviado a nuestros aliados malas señales sobre nuestra propia fiabilidad. Antes su Jefe Supremo era el Rey y ahora lo es Iglesias el de la coleta. Qué cosas. Si será bisoño Iglesias que ya nombra ministro de Defensa antes de cazar el oso. No creo que haya precedente. Ese problema no lo tiene Sánchez que desde la misma bisoñez anunció que suprimiría el Ministerio de Defensa. Iglesias, en la casta, volvería a la práctica franquista de llevar a un general, en este caso retirado, al Consejo de Ministros.

¿Veremos a Rodríguez con melena, con coleta o con la barba a lo Robinsón Crusoe? Ya lo hemos visto en camisola y vaqueros. Sin uniforme, sin banda, sin condecoraciones, de esa guisa de disfraz progre, se queda en poca cosa. Lo que sabíamos de él hasta ahora es que dejó escapar a una lancha con piratas somalíes que habían mantenido secuestrado durante 47 días al pesquero “Alakrana”,  cuando estaban bajo control de un helicóptero de la Armada que no recibió la orden de hundir la lancha y recuperar así los millones que les sirvió en bandeja el Gobierno de Zapatero. Pero ya declaró la ministra Chacón que el Ejército español era pacifista. Mis amigos marinos se cabrearon mucho entonces por el “buenismo” culpable del JEMAD. Los dispositivos de precisión de disparo del helicóptero Seahawk permitían volarle la cabeza a un pirata sin que llegase a saber de dónde procedía el disparo.

A Sánchez, a Rivera y a Iglesias les falta un hervor. Y el país no está para incertidumbres ni experimentos. Ya lo dijo el viejo y sabio D’Ors: “Los experimentos con gaseosa, joven”.

Más despropósitos municipales del populismo

19 septiembre 2015 by

Las leyes de Murphy casi nunca fallan. Probadlo y veréis. Muchos piensan que el tal Murphy nunca existió, pero sí. Era el capitán e ingeniero Ed Murphy de la Base Aérea de Muroc, California.  Corría el año 1949. Cuando unas piezas funcionaron mal por un pequeño error, dijo: “Si hay alguna manera de hacer las cosas mal, se hará”. De ahí parten las leyes que llevan su nombre. Muchas de ellas  son aplicables con toda justicia a las experiencias que nos han dejado los cien días de los gobiernos municipales “populistas”, pero señalo dos: “Cualquier situación por mala que sea es susceptible de empeorar” y “Es inútil hacer cualquier cosa a prueba de tontos porque los tontos son muy ingeniosos”.

Manuela Carmena, ay Carmena, sigue dando portadas; es un chollo para los periodistas. Lo último es, para no variar, acusar a los medios informativos de mentirosos. Su verdad es la única verdad, un tic que les sonaría bien a los autoritarios de vario cuño. No quiero comparar, Dios me libre, a la alcaldesa de Madrid con personajes autoritarios, pero lo cierto es que el control de los medios de comunicación y el monopolio de la verdad no son a simple vista características de un líder democrático.

Los conflictos de Carmena con la verdad se convierten en amnesia. Por ejemplo, en un almuerzo público dijo, de entrada y sin que nadie le preguntara: “Tranquilos no soy comunista, no lo fui nunca”. Supongo que Pablo Iglesias no la eligió para encabezar la candidatura “Ahora Madrid” por ser independiente sino, acaso, porque figuró en la lista electoral del PCE por Madrid en las elecciones de 1977; la encabezaba Santiago Carrillo. Carmena lo ha olvidado.

En el post anterior anuncié que me referiría a experiencias de los colegas de Carmena en algunas otras ciudades. Colau, de profesión “activista” (según su curriculum no tiene otra), quiere cambiar Barcelona a paso de carga. Encabezó la lista “Barcelona en común” y consiguió 11 concejales de 41; con esa mayoría gobierna gracias entre otros partidos al PSOE. En estos cien días ha atacado el turismo porque, a su parecer, hay muchos turistas en las Ramblas, lo que es una lata, y ha planteado soluciones: paralizar nuevos establecimientos hoteleros y decidir que los cruceros no tengan como puerto de escala Barcelona. Ha apeado, y con aparato mediático, un busto del Rey don Juan Carlos de la sala de plenos y no lo ha sustituido por una imagen del Rey don Felipe, por no insistir en que también ha arremetido contra la fiesta de toros.

Kichi, su colega de Cádiz por la candidatura “Con Cádiz si se pude”, que gobierna, entre otros apoyos, gracias al PSOE, me cae bien, cosa irrelevante por ser tan personal, porque nació en Róterdam y porque es licenciado en Historia y mi familia procede de Holanda y me encanta la investigación histórica. Ahí terminan las afinidades. Kichi se ha comprado un traje, asunto tan extraordinario que se ha convertido en noticia y ha merecido una foto, profusamente difundida; se diría que para él  comprar un traje y vestírselo supone rareza digna de perpetuarse, como cualquiera guarda su foto asomando la cabeza tras un panel pintado con una figura inverosímil en una caseta de feria. Ha sumado a su excentricidad fotográfica la declaración de que no pagará la deuda municipal, y acaso por ello escribió una carta solidarizándose con Tsipras el griego (no confundir con Zorba),  ha sustituido en su despacho la foto del Rey por la del anarquista Fermín Salvochea, efímero alcalde de Cádiz durante la Primera República, y retiró de la Plaza de Sevilla una gran bandera nacional. ¿Cuál será la bandera de este hombre?

El alcalde de Zaragoza, Santisteve, de otra franquicia de Podemos: “Zaragoza en Común”, que rige la ciudad gracias, entre otros, a los votos del PSOE, es también un innovador. Decidió cambiar el nombre del Pabellón de Deportes Príncipe Felipe por el de José Luis Abós, ex técnico del CAI Zaragoza, que podía haber tenido otro merecido reconocimiento. Dará cobijo en espacios municipales a actividades “pacifistas”; por ejemplo: en el Auditorio municipal se ha programado  un macroconcierto organizado por la Plataforma Anti-OTAN. En octubre se celebrará en España el ejercicio “Trident Juncture”, las más importantes maniobras de la OTAN desde la guerra fría; participarán 30.000 militares de 30 países. Uno de sus escenarios más destacados será Zaragoza, lo que ha movilizado a los Anti-OTAN, que suena muy antiguo.

En el concierto de protesta contra la Alianza Atlántica intervendrá, con el “nihil obstat” municipal, el grupo Berri Txarrak, que canta en euskera y que ha sido denunciado insistentemente por enaltecimiento del terrorismo. He aquí algunas perlas de las letras de sus canciones: “en un sistema en el que apalear “gudaris” está bien pagado, la tortura aparece en cualquier sitio”, “cogen a los presos, los dispersan y los devuelven apaleados; si matar un toro en la plaza es cultura, está claro: lo de los españoles es la tortura”, “la Policía y toda esa mierda” que “son el cáncer de este puto pueblo”. Consideran a los terroristas encarcelados “presos políticos vascos” y relatan como  “cada semana ella busca en el buzón la carta del hijo que tiene preso en España, pero en lugar de eso recibe una fría llamada: el hijo ha muerto con la soga al cuello”. Otro grupo que actuará, por la bondad del alcalde Santisteve, en el Auditorio municipal de Zaragoza es “Def con Dos”, cuyo vocalista permaneció detenido algunas horas en mayo  dentro de la llamada “operación Araña” contra el enaltecimiento del terrorismo. La nula simpatía del ciudadano-alcalde Santisteve a la milicia era conocida. Es el primer alcalde de Zaragoza que no acudió al solemne acto de entrega de despachos a los nuevos oficiales en la Academia General Militar.

Estos regidores populistas no se privan de nada en su viaje de la caspa a la casta; ni siquiera han rebajado sus sueldos como anunciaron a bombo y platillo. No se les conocen decisiones urgentes, rigurosas y eficaces para resolver los problemas de los ciudadanos que gobiernan, pero amontonan ocurrencias y  brindis a la galería. De eficacia, nada.

Cuando lleguen los Reyes Magos (aunque estos populistas sean republicanos) espero de su bondad que atiendan mi deseo y dejen en los zapatos (o zapatillas) de estos alcaldes sendos ejemplares de “Familia y vida cotidiana de una elite de poder. Los regidores madrileños en tiempos de Felipe II”, un interesante libro de Ana Guerrero Mayllo, que seguro entusiasmará a Kichi que por algo estudió Historia. La autora señala que aquellos alcaldes tenían escasas lecturas: “ni siquiera de obras relacionadas con el desempeño de sus funciones”. Eso de achacar a los regidores pocas lecturas es muy anterior a la llegada de Colau a su alcaldía. Señala Guerrero Mayllo que la primera preocupación de aquellos regidores a caballo entre los siglos XVI y XVII  era construir una “red endogámica que conformaba la oligarquía concejil madrileña” y que el poder municipal lo manejan algunas familias “de los Alba a los Éboli”, aderezados estos últimos por la princesa, que aparece en la investigación como una especie de Carmena con parche en un ojo. Ya sé: nada que ver. El consistorio de la época estaba manejado por familias: los Vargas, Mendoza, Barrionuevo, Vozmediano… Hoy en Barcelona las familias Colau y Pisarello y en Madrid las familia Carmena y Maestre.

El grito de entonces, repetido en sus palacios por la Éboli, incluso en los momentos peores de su regia persecución, era “¡Por el Rey!”. El grito de Rita Maestre, en una capilla y despechugada, fue “¡Arderéis como en el 36!”. Muy diferentes. El otro grito, el de la invocación monárquica, resultaría impensable en Carmena y su equipo. El primer gesto de rebeldía de la alcaldesa de Madrid respecto a la Monarquía fue presentarse con una especie de capacho a modo de bolso en la audiencia con el Rey. En cuestión de nepotismo municipal no hay tanto trecho entre los tiempos de Felipe II  y Felipe VI. Y en nuestro tiempo, además, con mal gusto. La Éboli era una exquisita. Se creyó en posesión de la verdad y acabó mal aunque se las hiciera pasar canutas hasta a Teresa de Cepeda. Y Carmena haciendo magdalenas. Qué gusto.

Cien días de nula gestión municipal y de ocurrencias

2 septiembre 2015 by

Nos acercamos a la cifra redonda de cien días trascurridos desde la constitución de los ayuntamientos tras las elecciones municipales del 24 de mayo. Con el apoyo del PSOE grupos radicales con distintos nombres que navegan alrededor de Podemos se hicieron con numerosos ayuntamientos, entre ellos varios emblemáticos: Madrid, Barcelona, Zaragoza, La Coruña y Cádiz, mientras en Valencia el regidor es de Compromís y Pamplona está gobernada por Bildu.  Cien días han sido considerados siempre como el periodo de gracia que se da a los nuevos mandatarios de las instituciones para macar su rumbo. Llega el momento de los balances.

En ninguno de los ayuntamientos mal llamados “populistas” -insisto: en ninguno- se han afrontado, con decisión o sin ella, los problemas de los ciudadanos, no se ha respondido a las demandas de la calle, no se ha actuado con rigor, con amplitud de miras queriendo representar a la mayoría de la población. Se ha optado por el sectarismo, sus mandatarios se han mirado el ombligo y han llegado a la peligrosa y errónea conclusión de que ellos representan sólo a quienes deben sus votos, ignorando y despreciando a los demás.

Uno de los lemas de la “revolución del 68” en París fue “prohibido prohibir”, y en esta nueva experiencia española de quienes se esperaba que fuesen los nietos del “68” el verbo que más se ha pronunciado ha sido precisamente “prohibir”.

Se han prohibido los toros, impidiendo el derecho de los ciudadanos a acudir a los espectáculos públicos que quieran (en algunos casos por el procedimiento de suprimir la ayuda económica municipal, como si los partidarios de los festejos taurinos no pagasen  sus impuestos como los demás ciudadanos).

Se ha prohibido a los concejales acudir como tales a procesiones y otras manifestaciones religiosas lo que es ilegal  (entre otros municipios en el municipio de Puzol, con el voto del PSOE y de Ciudadanos); se ha prohibido, variando su letra, un himno regional porque contenía una mención a España (también en Puzol y también es ilegal); en dos de los consistorios “populistas” se ha prohibido que figure una imagen del Rey (en Barcelona se apeó un busto de Don Juan Carlos y no se colocó un retrato de Felipe VI, y en Cádiz se sustituyó el retrato del Rey por el del alcalde anarquista durante la Primera República, Fermín Salvochea). En aquella pintoresca etapa de la efímera Primera República, Cartagena amenazó con declarar la guerra  a Murcia y la Armada cartagenera bombardeó Málaga para robar los fondos del Banco de España de aquella ciudad; espero que “Kichi” no declare la guerra a Jerez ni Colau bombardee Tarragona…

Se han prohibido banderas nacionales (en Cádiz se retiró una bandera de siete metros que presidía la plaza de Sevilla); y hasta se quiere prohibir la presencia de la Guardia Civil… En Alsasua, donde gobierna Geroa-Bai con importante presencia de Bildu, miembros de la Guardia Civil fueron acosados por simpatizantes de la fiesta anual “Guardia Civil fuera” cuando retiraban tres carrozas insultantes para la Benemérita; ante el acoso los guardias civiles optaron por abandonar el municipio.

Los ejemplos de prohibiciones son numerosos. No seguiré.

Los cien días negros de los nuevos ayuntamientos radicales, conformados gracias a la falta de rigor y sentido de Estado de un PSOE radicalizado y con un líder más inconsistente y desnortado que su antecesor, que ya es decir, además de prohibir acá y allá han esgrimido ocurrencias. Ya dijo Carmena que no tenía programa y sólo hacía sugerencias. Pues, tras zozobrar en algunos globos sondas, tampoco hace sugerencias; acosa con ocurrencias..

Escribiré en un próximo post sobre las ocurrencias de Colau en Barcelona o de “Kichi” en Cádiz. Hoy recordaré algunas ocurrencias de Carmena.

La alcaldesa propuso que cooperativas de madres de alumnos limpiaran los colegios para ahorrar, lo que pondría en la calle a los profesionales empleados en ese menester;  menos mal que se contuvo; temí que nos pidiese a los ciudadanos que limpiásemos las calles.

La alcaldesa apuntó que convertiría el Club de Campo en una graja-huerto, para abastecer, supongo que de aves y hortalizas, a quienes lo necesitasen. No debe conocer la obra de los comedores sociales e ignora, acaso, la labor de Cáritas Diocesana a lo largo y ancho de España incluida la ciudad de Madrid. Tampoco debe conocer el Club de Campo.

La alcaldesa autorizó la publicación de “Madrid V.O.-Versión Original”, que parecía destinado a ser una especie de versión purista de las actuaciones del Ayuntamiento que por lo visto los medios de comunicación, que deben ser tontos, no entendían a su gusto, o sea que los pérfidos medios de comunicación se equivocaban a propósito.

La alcaldesa -y ésta no es sólo una ocurrencia porque lo considero más grave- se propone legalizar la llamada “okupación” por el método de ceder edificios públicos a los “okupas”. Sería como legalizar el delito, como garantizar al ladrón que se pondrá a su alcance el material que constituiría objeto de sus robos, pagado por todos los ciudadanos, para que los randas no se sintieran desprotegidos y tristes. En cuanto al uso “cultural” de los edificios “okupados” el argumento es de traca. El Ayuntamiento cuenta con numerosos y bien dotados centros culturales que son los que deben preocupar a la alcaldesa y a su equipo. En el último edificio desalojado había decenas de cajas de cerveza y otros licores y ni un solo libro. Eso sí, algún concejal y algún diputado autonómico madrileño de Podemos jaleaban a los desalojados.

La alcaldesa anunció que cambiaría nombres en el callejero madrileño y en documento que ella debe conocer aparecen amenazadas de cambio de nombre, entre otras muchas, calles dedicadas hoy a escritores, pintores, arquitectos, escultores…que por su relevancia nacional e internacional supondría un desatino sustituir. Este esperpento del apeamiento de personajes incluidos en el callejero me recuerda que en la campaña anterior (ha habido varias) se pidió en Guadalajara que se sustituyese el nombre de la calle del Teniente Ruíz, creyéndolo un golpista, y acaso lo era, pero el Dos de Mayo de 1808.

¿Quitar del callejero los nombres de protagonistas de sublevaciones o pronunciamientos sangrientos? De acuerdo. Los siglos XIX y XX están por desgracia plagadas de sublevaciones y cuentan hasta cuatro guerras civiles. ¿Separaremos de nuestra nómina callejera a todos los golpistas? Perfecto. ¿A todos? ¿También a los de izquierda? Los hubo en la izquierda -los progresistas- del XIX y en la izquierda del XX. Prieto reconoció en una conferencia en Méjico su relevante participación en la sangrienta revolución de Asturias en 1934, y se mostró arrepentido por  ello. Largo Caballero no fue ajeno a aquel golpe y para conocer cuáles eran sus intenciones posteriores basta leer sus discursos electorales de la campaña para los comicios de febrero de 1936.

La confesión golpista de Prieto y la actitud de Largo Caballero quedaron reflejadas, palabra a palabra, en varios post de este blog y no voy a reproducirlos aquí, salvo que algún lector lo ponga en duda. Están publicadas en mis libros “La sonrisa de Robespierre” y “La caja china”, que recogen casi centenar y medio de estas entradas. Resulta que Prieto y Largo Caballero cuentan con monumentos en Madrid y nadie ha dicho ni pío porque es Historia, y como en su día aseguró Felipe González (la cita literal está también a disposición de los curiosos) todos debemos aceptar la Historia al completo, nos guste o no.

La alcaldesa anuncia ahora una “auditoría ciudadana” y una evaluación para saber si la deuda municipal es “legítima” (por cierto, no hay deudas ilegítimas), pero no dice que esa deuda se rebajó sustancialmente  durante los últimos años y que debe tenerse en cuenta lo que de la deuda haya sido inversión. ¿No estuvo bien gastado lo que se invirtió en los túneles de la M-30 o en Madrid Río? Que se les pregunte a los ciudadanos que se benefician cada día de esas obras. La alcaldesa debería saber que su planteamiento es ridículo, y no hay que hacer el ridículo mientras no sea obligatorio. Carmena tendría que desmentir al concejal de Economía, lo mismo que se ha visto obligada a desmentir a otros miembros de su equipo cuando han planteado ocurrencias demasiado absurdas. Cada vez que abandona el despacho, hacen pública una memez, como si las ocurrencias de ella misma no fuesen suficientes.

Las auditorías las hacen los interventores oficiales de las Instituciones o, si son externas, las empresas dedicadas a este menester. Anunciar una auditoría ciudadana (que coordinaría, según se ha dicho, una supuesta ideóloga de Podemos) es tan chocante como anunciar una “cirugía ciudadana”. Todos los ciudadanos a los quirófanos para efectuar intervenciones quirúrgicas. Aunque no descarto que también nuestra regidora tenga esa ocurrencia en cartera. Los economistas y auditores se tambalean de risa ante ese invento de la “auditoría ciudadana”. Se conoce que este asunto no lo ha consultado con  su sobrino político y mano de hierro municipal Luis Cueto Álvarez de Sotomayor, que los que le conocen de antes consideran sensato.

El último acto, por ahora, de esta antología del disparate es la polémica sobre las vacaciones de la alcaldesa. Resulta que, desde su leal saber y entender, decidió  tomarse un descanso. Normal. En lugar de utilizar su bonita casa de Ibiza (cuya foto circula profusamente en internet) alquiló una semana “Villa Isbila”, un casopolón en la parte noble de Zahara de los Atunes por 3.800 euros. A nadie le importa lo que haga la alcaldesa con su dinero, pero por no sé qué complejo indefinible –excusatio non petita– aclaró que sus familiares y ella sumaban ocho inquilinos y sólo pagó su parte, poco más de 600 euros. Pero eso es lo de menos. A nadie le compete cómo administra sus cuentas familiares la alcaldesa. Lo relevante es su inconsecuencia entre lo que predica y lo que hace.

Poco después terció en la polémica algún vocero de Podemos tuiteando que parecía sorprender a la derecha que “Manuela Carmena se pague las vacaciones de su bolsillo” sin que “la invite ningún lobby”. No comprendo cómo estos jóvenes podemitas insisten en el tuiteo después de tanta mala experiencia. Días después de aviso tan aleccionador la alcaldesa viajó a Buenos Aires para promocionar un libro y de paso completar sus jornadas de asueto. Iba a gastos pagados por cuenta de una empresa editorial. Nada que objetar.  Pero en este caso, cuando una empresas invita a Carmena parece que no hay nada que oponer. Otro sectarismo y otra inconsecuencia.

Y en medio de este caos ¿qué ha hecho la alcaldesa? ¿Se ha preocupado por los madrileños? ¿Ha tomado alguna decisión en beneficio de su interés general? No. Tajantemente no. Se ha quejado, ha rociado Madrid de ocurrencias, ha hecho el ridículo. Pero Madrid está sucio, este verano nadie acertó a descubrir aquellos centenares de niños hambrientos que anunció, las decisiones sobre desahucios siguen siendo cosa de los jueces (como debe ser), y no ha movido un músculo en beneficio de los desfavorecidos. Y así en todo. Proclamaciones, muchas; actuaciones rigurosas, ninguna. “Sic transit gloria mundi”.

Las tres “C”, el artículo 155 y el empleo

26 julio 2015 by

En la pobre realidad que nos toca vivir se han abierto paso con no poca fuerza tres iniciales C. La primera es de la alcaldesa Carmena, la segunda de la alcaldesa Colau y la tercera corresponde a la caspa. Probablemente el día menos pensado se habrá convertido en otra C: la casta, pero ahora es sencillamente caspa. Nuestra realidad nacional es a menudo casposa, hortera, soez, facilona, y produce vergüenza ajena.

Los ejemplos de las caspas de Carmena son incontables como las gotas del mar. No es preciso recordarlos porque son estruendosos. Las caspas de Colau llevan ese camino. El último disparate casposo de la alcaldesa de Barcelona: apear un busto del Rey emérito Juan Carlos I que presidía el salón municipal de sesiones. La explicación: que ella es republicana y que la Ciudad Condal tiene tradición republicana. No es cierto; que se lo digan a los históricos de la Lliga. Barcelona ha mantenido una relación extraordinaria con la Corona. Aunque fuese cierto (que no lo es) ese republicanismo ¿y qué? Colau convocó a los periodistas para que dieran fe de su hazaña porque del primer apeamiento no hubo testimonios. Metieron el busto en una caja de cartón, y ya está.

Alfred Bosch, diputado de ERC en el Congreso y responsable del Grupo de Concejales de su partido en Barcelona,  lo ha aclarado: “Peor habría sido que hubiesen reventado o roto el busto”. Y lo explica: “Queremos una Barcelona libre de Borbones”. En un país en el que el Rey se apellida Borbón es una pretensión chusca. Si uno quiere pasar un rato divertido  aconsejo leer una antología de declaraciones públicas de este pintoresco personaje. Lo peor es que él lo dice todo en serio. Y parece creérselo.

Casi al mismo tiempo Colau, de profesión activista (su biografía está vacía de otros  méritos) no aplaudió un discurso del Rey Felipe VI; la alcaldesa figuraba en la mesa presidencial del acto. Jugó con sus manos mientras los demás aplaudían las palabras del monarca. Al ciudadano ni le va ni le viene que esta señora sea republicana, monárquica, mormona o experta en papiroflexia. ¿Era una invitada especial al acto? Desde luego. ¿Y a qué debía su invitación? No por supuesto a ser una activista reconocida, condición que resulta tan irrelevante como ella misma, sino a que es alcaldesa de Barcelona. En esa condición representa cada día desde el amanecer al ocaso, a todos los barceloneses. Y a esa representación que ostenta se debe la tal Colau le guste o no. Aunque no creo que tenga peso político para que la Alcaldía se le suba a la cabeza porque gobierna la segunda ciudad de España con 11 concejales de un total de 41. No entiendo que Colau se consideré atea porque ella vive en sí misma un asombroso milagro.

Nuestra realidad nacional está llegando a un punto de no retorno en disparates. Ese punto en el que los misiles crucero ya no pueden ser desactivados. Supongo que no sólo son culpables sus protagonistas directos. En dos de nuestros problemas más preocupantes Zapatero tuvo una responsabilidad evidente. Dio alas al independentismo con aquella frasecita políticamente imbécil de que aceptaría el Estatuto de Cataluña que saliera del Parlamento catalán. Y destapó la indefensión  del Estado ante los vociferantes cuando consintió  la toma durante semanas de la Puerta del Sol y el acoso al Congreso de los Diputados considerando una gracieta juvenil lo que era un pulso a las Instituciones.  Todo vacío tiende a llenarse, y así estamos como estamos.

El sucesor de Zapatero al frente del PSOE, con menos talla política que su antecesor, aunque esto pudiera suponerse imposible, agravó todo. Dio más alas al independentismo proponiendo un cambio en la Constitución de modo que exige que toda España cambie sólo porque eso parece convenirle a una sola región. Tampoco ha concretado ese milagroso cambio constitucional. Y ha engordado hasta extremos de grave riesgo a aquellos muchachos del 15-M otorgando a sus minorías los apoyos socialistas necesarios para regir ayuntamientos como Madrid, Barcelona, Zaragoza, La Coruña, o Cádiz… Una irresponsabilidad que vamos a pagar cara todos los españoles.

Luego, otro Gobierno, el actual, confió en que el “problema catalán” se solucionaría con buenas maneras,  buen rollito y no sabemos bien qué acuerdos. Ya era tarde. Y creyó que el PSOE nunca apoyaría mayorías de perdedores con clara lesión de los intereses nacionales. Se equivocó. El resultado de las elecciones del pasado 24 de mayo ha abierto muchos ojos que estaban cerrados. Por fin parece que nuestros dirigentes se dan cuenta de que el pacto nacido en la transición, antes incluso de la Constitución,  se ha roto. Los dos principales partidos políticos no son ya garantía de estabilidad como pensaron los constituyentes porque uno de ellos, el PSOE, ha traicionado aquel pacto. La estrategia de aislar al PP supone la quiebra de las seguridades.

¿Cuál ha sido el error del Gobierno? Creo que los errores han sido al menos dos. Y de  bulto. El primero, no afrontar la reforma electoral, en su conjunto pero sobre todo en el ámbito local,  a principios de 2012, cuando llegó al Gobierno con  una mayoría absoluta sin precedentes. En aquel momento  Rubalcaba estaba abrasado, en su peor suelo de votos, y él mismo se había mostrado partidario de una reforma de las elecciones, al menos de las locales. El panorama del socialismo tras las generales del 20 de noviembre hacía  pensar en Ferraz que cualquier reforma beneficiaría su futuro. Y el segundo, no actuar con más contundencia en Cataluña. Es insólito que se haya llegado hasta aquí en un Estado de Derecho. Ahora el propio Gobierno recuerda que existe el artículo 155 de la Constitución.

El día 4 de diciembre de 2009 publiqué en este blog la entrada “El artículo 155”, recogida más tarde en mi libro “La sonrisa de Robeepierre” que tuvo dos ediciones en 2011. En él escribí: “Hay un artículo en la Constitución del que no se habla y ahora debería estar en boca de todos. De los juristas, de los políticos y de los ciudadanos. Es el artículo 155”. Y lo transcribía. El contenido de ese artículo constitucional reflejaba la anomalía en que se movía la Comunidad Autónoma de Cataluña y podía haberse aplicado con toda normalidad ya entonces. Y no digamos hoy, con todo lo que hemos vivido en seis años. No se aplicó, se apostó por el buen rollito y estamos infinitamente peor que entonces. Esa indefensión del Estado ante la rebelión chulesca de su representante constitucional en Cataluña, que es el propio Artur Mas, resulta inexplicable y, es obvio, tendrá sus responsables cuando la Historia, con mayúscula, juzgue este momento. Los  responsables tanto en el plano nacional como en el plano autonómico.

El Gobierno de la Nación tiene en sus manos responder a una situación impresentable. Además, aunque no se busque, puede ser una de las palancas más ciertas para dar un vuelco a las encuestas sobre el  resultado electoral de las próximas generales. Ser el partido ganador ya no garantiza -por primera vez- formar Gobierno. Volveríamos al “todos contra el PP”. España son muchas regiones, y la firmeza del Gobierno será juzgada en las urnas de toda España, no sólo en las urnas catalanas. Ya no es una fantasía creer que la locura y el mesianismo de un político mediocre, como lo es Mas, puedan llevarle a declarar la independencia de Cataluña por su cuenta. Con un PSOE capaz de todo por gobernar como sea y con quien sea, las decisiones del Gobierno ante problemas tan graves como el del rampante independentismo catalán, son trascendentales. Y no nos enfrentamos simplemente al hecho de perder el Gobierno. El momento es muy delicado. Esa pérdida llevaría hoy a la quiebra de la estabilidad, al retroceso económico, y a la vuelta atrás. Además de convertirnos, probablemente, en el hazmerreír de Europa. Un Gobierno Sánchez-Iglesias, o Sánchez gracias a Iglesias, resultaría letal para los intereses de España.

Otro apunte de la realidad nacional, que pasa inadvertida para muchos y no recibe el valor que merece, tiene que ver con la superación de la crisis. En este trimestre se ha conseguido que contemos ya con 500.000 parados menos que al principio de la legislatura. El mejor registro desde 2005. El paro cae al nivel de 2011. Y sigue creciendo la afiliación  a la seguridad social; muchos más cotizantes. Sánchez parece que se molesta con estas cifras. Cuanto peor, mejor. Cuando pintan oros Sánchez se entristece porque parece que le complace que pinten bastos. Con Zapatero España lideraba la pérdida de empleo; ahora lidera la creación de empleo en Europa. Con Zapatero se crearon tres millones y medio de parados. El argumento de los descontentos: que parte de este empleo es temporal. Cuando las cifras eran aterradoras todos los analistas internacionales pedían fórmulas para crear empleos  y  no entraban en si debía ser permanentes o temporales. De los empleos temporales puede pasarse a los permanentes; del crecimiento del paro no se pasa a otra  cosa que a más paro.

Una de las reacciones más jugosas ante el buen dato del empleo ha sido la de Errejón. Ha destacado que se crean empleos malos. Desde luego no son tan buenos como el suyo de contratado no ejerciente de la Universidad de Málaga, con trabajo (?) en Madrid. Peores empleos también que otro de los suyos, que no ha explicado, y que le produjo casi medio millón de euros de sus clientes políticos chavistas.  Estos de Podemos deben pensar que los españoles somos memos, y alguna señal de ello creen tener por sus resultados electorales. Acaban de celebrar unas “primarias” on line (votan los ordenadores y no los afiliados o simpatizantes) en las que la comprobación de la fiabilidad es imposible. Y sólo, según sus propias cifras, ha votado el 16% de sus etéreas bases. De ese exiguo e impreciso 16% más de un 93% ha apoyado las listas oficiales presentadas por Pablo Iglesias. Si estas consultas a la búlgara conforman la democracia que nos espera con Podemos, estamos apañados. Uno se explica que consideren a Chávez y a Maduro paladines de la democracia.

Pero España es un país diferente. La mejora de la situación económica parece que no mueve votos en la medida que debería y según creía el Gobierno. Somos un pueblo con amnesia. El populismo neocomunista y sus ocurrencias, el reto catalán y la desorientación e irresponsabilidad del PSOE de Sánchez, ensombrecen las buenas noticias sobre el empleo.

En el desmadre independentista catalán es la hora de la verdad. Pensar que siempre pasa nada es la peor opción entre las peores. El Gobierno debe mover contundentemente ficha. Y sin demora. No todo es economía.