Oh, Obama no es ZP

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Juan Van-Halen

“Un fantasma recorre Europa, el mundo,  / nosotros le llamamos camarada”, escribió un gran poeta en sus efluvios estalinistas que luego olvidó. Hoy podríamos parafrasearlo: “Un fantasma recorre Europa, el mundo, / nosotros le llamamos Obama”. Son curiosas las manías colectivas. Hoy podríamos hablar de la “Obamamanía”. ¿Qué demuestra? Que la democracia de referencia para el planeta estaba necesitando una llamada, una convocatoria y un referente personal. En definitiva, un liderazgo nuevo que movilice su confianza.

Así, de pronto, estamos escuchando y leyendo cosas muy sabrosas. Por ejemplo: Obama es un gran orador, un gran escritor, un gran bailarín, un gran deportista, etcétera, etcétera. Es más que posible que sea todo eso y más, pero algo tendrá que ver su acierto al formar su equipo. El brillante universitario de 27 años Jon Favreau, Favs para el equipo, que escribe sus discursos, el artilugio colocado en el atril con su texto para evitar que el ya presidente se quede en blanco si no recuerda una frase…Pero sobre todo es fundamental el carisma de Obama, su tensión interior capaz de hacerse notar. Un gran político si no tiene carisma, esa cualidad indefinible pero indispensable, no pasa de ser un político del montón por alto que esté colocado en ese montón. Un político es –debe ser- “profesional” en lo suyo. Y Obama lo es. Cuando el juez del Tribunal Supremo que le tomó juramento cambió una palabra de lugar en la fórmula esperada Obama se quedó sin habla, titubeó unos eternos segundos. Un gran político huye de lo improvisado; apuesta por lo previsible.

Y Zapatero, que vio desde la Moncloa la ceremonia en directo probablemente reconociéndose en todo aquello con indudable auto-generosidad, declaró que el discurso de Obama le había parecido socialdemócrata. Vamos, como los suyos. Pues no. Obama invocó a Dios, recordó con orgullo a los padres fundadores y a la Historia de su gran nación, alertó sobre los principios y los valores tan necesarios para salir de la crisis,  convocó a todos en esos principios y valores, declaró el final de las banderías estériles…y comenzó -ya lo hizo con su oponente el mismo día de su victoria- con palabras de gratitud para Bush, que no se presentaba a las elecciones, pese a que los socialistas se manifiestan como si Obama hubiese vencido a Bush, que ha ganado las dos convocatorias a las que constitucionalmente podía presentarse. Lo mismito que Zapatero que en cuanto a los principios podría decir lo que Groucho Marx: “Estos son mis principios, señora, si no le gustan tengo otros”. Claro que Zapatero sigue al otro Marx, don Carlos, que tenía menos gracia, y por eso se autocalificó un día como rojo, cosa que nunca hará Obama. ¿Y de carisma? Zapatero ni sabe dónde poner las manos…

Oh, Obama, qué distinto de Zapatero. Y no sólo, obviamente, por el color de la piel.

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