Trabajo para dos jueces

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Juan Van-Halen

Que el juez de la Audiencia Nacional Fernando Andreu vaya a iniciar un procedimiento judicial en el que acusa de genocidio a un ex – ministro israelí y a seis altos cargos de su Ejército por una acción militar, julio de 2002, en la que murió un significado dirigente de la organización terrorista Hamás y catorce civiles (la muerte de estos catorce inocentes es muy lamentable, aunque debe recordarse que los terroristas los usan a menudo como escudos humanos) sería sólo una mascarada si no supusiese, además, que por esos mundos se piensa que España es un “coladero”. Un “coladero” para la inmigración ilegal, un “coladero” para el aborto ilegal, y un “coladero” para conseguir eco político por cualquier grupo o grupúsculo autoproclamado “progre”. Un “Centro Palestino para los Derechos Humanos” radicado en Londres ha promovido la decisión judicial. Lo denunciado no afecta a ciudadanos españoles.

La Audiencia Nacional se constituyó y existe para ocuparse de las causas por terrorismo, y ahora va a actuar, si no prevalece la sensatez, en contra de un Estado de Derecho y, de hecho, en defensa de los intereses políticos de una organización terrorista. Vivir para vez. De aquel procedimiento contra el ex – presidente chileno Pinochet iniciado por Garzón, y de la patética broma del mismo juez estrella -o estrellado- pidiendo la evidencia documental de que Franco había muerto para no formalizar así su procesamiento, viene este nuevo despropósito de un juez que querrá ver su nombre en los periódicos.

Esos palestinos de Londres, que son tan celosos protectores de los derechos humanos -pese a que el islamismo deja mucho que desear en ese terreno-, podían haber acudido, sin más, a los tribunales de Justicia de Israel, que es un Estado de Derecho impecablemente democrático. ¿Por qué han acudido a la Audiencia Nacional de España? Sin duda porque nuestra fama de “coladero” no tiene fronteras., y  porque saben que, aunque la iniciativa está condenada al fracaso, en España amparan su petición de modo que la repercusión mediática internacional está asegurada. Han utilizado como altavoz a la Audiencia Nacional, que sorprendentemente, o no tan sorprendentemente, se ha dejado utilizar.

Les ofrezco al juez Andreu y a su compañero Garzón dos trabajos interesantes por si quieren abundar en su esforzada labor en la defensa de los derechos humanos y en ka acción judicial contra el genocidio. Estos asuntos afectaron y afectan a ciudadanos españoles, por lo que nos son más cercanos que el promovido actualmente en la Audiencia Nacional.

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1º – Don Santiago Carrillo Solares, felizmente vivo y en paradero conocido, doctor “honoris causa” -hay quien se equivoca y dice “horroris causa”- por la Universidad Autónoma de Madrid. Según reiterados testimonios, el último de ellos publicado el inapelable del diplomático noruego Felix Schlayer que indagó el asunto en el Madrid de noviembre de 1936, Carrillo fue conocedor previo, cómplice, o colaborador necesario en el asesinato de más de cuatro mil personas en Paracuellos del Jarama. Esta masacre, como genocidio que es, no prescribe según las normas internacionales.

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2º – Don Fídel Castro Ruz, vivo aunque enfermo, en paradero conocido, líder de la revolución y permanente dictador de Cuba cuyo atentado contra los derechos humanos durante cinco décadas no precisa mayores indagaciones que la certidumbre que muestra la triste realidad de los ciudadanos que han disentido y disienten de su ideología, entre los que se encuentran hijos y nietos de españoles.

Creo que estos dos casos merecen el trabajo de nuestra Magistratura más que la muerte involuntaria, aunque muy lamentable, de catorce civiles durante una operación militar aérea destinada a borrar del mundo de los vivos a un sanguinario dirigente terrorista, objetivo que, por cierto, se consiguió.

Pues eso, mis respetados magistrados Andreu y Garzón: a trabajar.

Mientras el juez Andreu dedique su precioso tiempo a enviar citaciones o comisiones rogatorias a Israel, los legajos aparcados en los juzgados crecerán y crecerán, y ya son cientos de miles las causas que están desatendidas. Pero los españoles somos pacientes.

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3 comentarios to “Trabajo para dos jueces”

  1. alberto cortes Says:

    Hay que reconocer al Senador, que ya no quedan valientes que digan estas verdades tan politicamente incorrectas. Mi enhorabuena más sincera no solo por lo que dice sino por como lo dice… y que cunda el ejemplo.

  2. Joaquín Arnáiz Says:

    Querido Juan: Sobre este tema se podría decir aquello tan antiguo de los polvos y los lodos. No hay que olvidar que los jueces aplican la legislación que el Legislativo alguna vez convirtió en ley. Cuando el legislativo admitió aquel concepto tan totalitario y voluntarista de la Justicia Universal estaba dando lugar a estas hazañas. Lo primero es cambiar de una vez la legislación y dejar sin efecto unas normas que dejan en manos de jueces llamar a su tribunal a dirigentes extranjeros, cuyos actos, delictivos o no, en todo caso han de ser juzgados por Tribunales Internacionales.

    Amén de que la idea de que se pueda mantener una guerra sin violencia y muertes que afecten sólo a los soldados es tan pueril que parece heredada de las normas de la Mesa Redonda artúrica.

    La herencia cultural de Israel forma parte de nuestra historia, de la misma manera que la árabe. España, si quiere hacer política, tiene que saber hacer de puente entre ambas, no de dinamitera.

  3. arsenio Says:

    Totalmente de acuerdo con Joaquín Arnáiz,como es posible que aquí se tratara de hacerle juicio a Pinochet,que por cierto, estaba enfermo también igual que está ahora Fidel Castro,y ya no es presidente de Cuba,porque hay que recordar,que desde Miami se le pidió a España,o mejor dicho al juéz Grazón,que se hiciera también justicia,y el Sr.Garzón respondió,diciéndo que no se podía ajusticiar,debido a que todavía era mandatario,y yo me pregunto,y ahora qué?porque ya no es presidente de Cuba,porque él, delegó el cargo a su hermano Raúl;por lo tanto ahora quizás se pudiera pudiera ajusticiar por todos los crímenes,que en 50 años han sucedido en su mandato,sé que quizás no sea del todo correcto políticamente,pero la justicia es,y tiene que ser ciega,y no estar mirando para los lados,cuando se va a dictar sentencia,porque esa sí que no tiene porqué,pedirle permiso a nadie,o sea a ningún político para enjuiciar a álguien,ese es mi criterio personal,y creo debe ser el de todos los ciudadanos de bién.

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