Puños, puñetas, puñeteros y puñales

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Aznar, que es madrileño, comenzaba el curso político cada septiembre en Quintanilla (Valladolid) jugando al dominó con los lugareños y Zapatero, que es vallisoletano, lo hace en Rodiezmo (León) impartiendo doctrina  a los suyos. El acompañamiento coreográfico de Rodiezmo es más cromático y gestual que era el de Quintanilla. En la fiesta minera de la localidad leonesa (en Rodiezno ya no hay mineros, según declaró a los medios su alcalde que es del PP) los asistentes comparecen con pañuelos rojos al cuello y levantando el puño. Uno elige sus escenografías y allá cada cual, pero parece más pacífico el dominó que el puño en alto. El que estuvo pacífico fue Teddy Bautista, el de la SGAE, que perdonó al PSOE los 129 euros de derechos que le correspondían por el canto de “La Internacional”. Ha declarado Bautista que no pudo constatarse “in situ” que se cantase el himno, pero el hecho apareció en todas las emisoras de radio, en todas las televisiones y en todos los periódicos.  Debió ser que no destacó un detective en Rodiezmo como envía a las discotecas, a las fiestas de los pueblos y hasta a las bodas. Un desliz.

Esa imagen de pañuelos rojos y puños en alto de Rodiezmo fue esta vez un anticipo de la que poco después nos depararía el inefable Evo Morales en Leganés y en la Universidad Complutense, también puño en alto. En Leganés el presidente boliviano dio un mitin en el que tremolaban banderas republicanas, pero no sólo de la República de Bolivia; también se vieron ejemplares de la efímera tricolor de la II República Española. Y sería esa melé la que confundió a Evo y así se refirió a Moratinos como “el canciller de la República de España”. Claro que Zapatero al anunciarle que le perdonaba la deuda, que para eso España es solidaria además de rica, le llamó “presidente colombiano”. Una especie de diálogo del personaje  mister Bean consigo mismo.

En el mitin de Leganés al boliviano se le vio en su salsa, pero en el encuentro que le organizaron en la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense estaba como un caballo en una cacharrería.  Firmó en el libro de honor con una letra de colegial, preguntó qué eran un  decano y un rector y quién mandaba más, y cómo se llamaba la Universidad. Le aclararon que Complutense, pero no le sonó el asunto. Los estudiantes organizadores, obviamente de su cuerda, que también exhibieron puños en alto, le aclamaron, pero  el embajador de Bolivia en Madrid no se había ganado el sueldo si nos atenemos a los despistes de su jefe.

Se ha desatado días atrás un debate sobre la bondad y el pacifismo de los puños en alto. Alguien ha colocado en paralelo ese saludo con el del brazo en alto y la mano extendida que nació en Roma. Era el saludo al César y entre militares y patricios. Luego lo resucitó Mussolini, al que copió Hitler, y desde ellos llegó a la variada genealogía fascista de la época, desde Franco a Mosley y desde Codreanu a Degrelle. El puño en alto lo exportaron los extremistas de izquierda alemanes al mundo. Así saludaron Stalin, Mao y Pol Pot, el camboyano, entre tantos. Fidel Castro emplea comúnmente el saludo militar que para eso es el comandante. Y Hugo Chávez según le de saluda como militar, que es su oficio, o levanta el puño.

En el debate sobre el puño en alto han entrado hasta las ministras. Bibiana Aído declaró que “siempre” ha saludado así, y por eso lo hizo en Rodiezmo. Pero la ministra tiene tan poca biografía que el testimonio vital de su “siempre” no da para mucho. Leire Pajín, tras abroncar a su señora madre sin éxito -menos mal que madre no hay más que una-, opinó que el puño en alto es un “símbolo de solidaridad”. La palabra “solidaridad” sirve, además, para llevarnos contentos al tostadero de la subida de  impuestos y para llenar de dinero las alforjas de los mandatarios “progres” que nos visitan.

Lo del puño también ha servido para echar los muertos sobre la mesa.  Algún medio de comunicación ha calculado quiénes han producido más muertos si los del brazo en alto o los del puño en alto. Han ganado por goleada los del puño en alto: unos cien millones de víctimas sin contar los muertos en las guerras. Claro que Stalin y Pol Pot, el genocida de Camboya, han dado la vuelta a la estadística como dúo muy activo en derramar sangre. En la Segunda República Española y en la Guerra Civil, comunistas socialistas y anarquistas saludaron puño en alto. Desfilaban por Madrid de esa guisa amenazante antes de visitar las casas de los adversarios políticos para, en la madrugada, darles el último paseo y el tiro en la nunca. Aído no lo sabe, como no sabe tantas otras cosas, es un producto de la LOGSE, pobre,  pero a aquellos paseantes de la muerte se les llamaba “la brigada del amanecer”. Esa es acaso la “solidaridad” del saludo puño en alto a la que se refiere la joven Pajín, correligionaria de aquellos bárbaros.

Rodiezmo, por lo menos, nos ofrece cada año el retrovisor de escuchar a Alfonso Guerra y de constatar que felizmente está vivo, aunque últimamente no esté afortunado. Hoy es una caricatura del fino ingenioso de ayer. Acusó de chorizos a unos (por cierto considerados inocentes por la Justicia) mientras olvidó la reconocida charcutería familiar que le condujo en su día a la dimisión como vicepresidente del Gobierno.

Las puñetas -me refiero a las que lucen los magistrados en sus togas- también han estado revueltas. Dicen que las señorías del Tribunal Constitucional están que arden ante las presiones que reciben por la esperada y nunca presente sentencia sobre el Estatut. Ya no es que su presidenta, Emilia Casas, sea abroncada en público por la vicepresidenta De la Vega (la del padre supuestamente represaliado por la dictadura  pero milagrosamente propuesto por el ministro falangista Girón, y nombrado por Franco, Delegado de Trabajo de Zaragoza en los años cincuenta), es que ministros como Rubalcaba y Caamaño, titulares nada menos de Interior y de Justicia, se mostraron convencidos de que el Estatut es constitucional y opinaron que el alto Tribunal no podía enmendar lo decidido por el Parlament , mientras Montilla, Mas, Carod, etcétera, llegaban a más: amenazaban a Zapatero con dejarle sin apoyos parlamentarios y condenarle a  regresar a la gélida oposición y en cueros vivos. Un país sin separación de poderes que ha desterrado a Montesquieu y en el que desde el propio Gobierno se presiona al Tribunal Constitucional está más cerca del “chavizmo” y el “evismo” que de reconocerse a sí mismo como una  democracia occidental consolidada.

Lo de Chávez y Evo es por lo menos un asunto de mala educación. Chávez adelantó su viaje, obligó a cambiar las agendas de la Zarzuela y de la Moncloa, tuteó al rey y abroncó a los colonialistas españoles. Otro tanto hizo Evo.  Aprovechando que España es rica Zapatero le perdonó 70 millones de deuda, y él lo agradeció muy fino diciendo que no pide limosnas y que los españoles fuimos unos crueles colonialistas. Por su peculiar indumentaria, que pasa del jersey a la chaquetilla, desnortó el protocolo de la Zarzuela y transformó la cena de Estado en el Palacio Real en una cena de casa bien en torno a un invitado extravagante. De esa guisa y con esos mensajes no hubiese sido recibido ni en Buckingham, ni en el Palacio de La Haya, ni en el Vaticano, ni en la Casa Blanca, pongo por caso. Pero aquí sí porque somos unos “solidarios”. En Palacio se congratuló Evo de estar en el “centro de poder de los invasores”  aunque el Palacio de Oriente se levantó siglos después de aquella supuesta invasión. Pero no debió ser como le han contado a Evo.  Él es presidente de Bolivia, tiene a gala ser indígena y debería preguntarse qué ocurrió, por ejemplo, con los indígenas norteamericanos por lo visto mimados por sus “invasores” ingleses. Más bien los “invasores” españoles crearon, además de Universidades, un mestizaje y a la vista está. Chávez y Evo piensan que los españoles somos unos puñeteros invasores pero parece más cierto que los puñeteros, y además mal educados, son ellos.

Los puñales cachicuernos son los que se esgrimen de tapadillo aún en los pasillos de Ferraz. Dicen que Felipe González alimenta su cabreo cada día en la cruda realidad de las sucesivas ocurrencias  de Zapatero y que su amigo el magnate Gustavo Cisneros le contó su sonada entrevista en Moncloa y al ex-presidente no le gustó nada. Sus tentáculos en la Fundación Alternativas, la de su ex-ministro Eguiagaray,  están engrasándose.  Almunia, que muchos ven en otros menesteres tras su actual Comisaría Europea, es un felipista  pretoriano como lo es Solana, que está también en vísperas de concluir su trabajo en la Unión Europea. Sebastián anda proclamando su sorpresa diaria por las decisiones económicas de su amigo el presidente sobre los manteles de restaurantes de cinco tenedores. Mientras, Jordi Sevilla, César Antonio Molina y Pedro Solbes han abandonado el barco y se anuncia que Cabrera, Soria y Bermejo dejarán también sus escaños en el Congreso. Caldera, el redactor del programa electoral, lleva tiempo fuera de juego. Zapatero debería repartir entre sus ex-ministros  unas porciones de esa solidaridad que  nos pide a todos y algún cariño del que a él le da UGT.

Alonso, el portavoz del PSOE, ha declarado que no pasa nada en su partido. Hombre, no lo iba a reconocer. Pero lo inquietante es que Zapatero también lo ha asegurado. Y eso es mortal de necesidad. Zapatero miente hasta cuando dice la verdad; no sé como lo consigue pero ese portento se produce.  La situación general de España no es precisamente tranqulizadora. La OCDE acaba de emitir un informe -!otro!- en el que desdice con sus previsiones la política de Zapatero contra la crisis. En 2010 tendremos un 20% de paro e insiste en que no sólo  hace falta urgentemente un cambio de modelo económico sino también un cambio de modelo laboral. Pero los Sindicatos se niegan a hablar de ello, y ahora amenazan con una huelga !contra los empresarios! No habrá huelga si la CEOE cede en el pacto social. Menudo entendimiento de los pactos tiene Cándido Méndez, otro de pañuelo rojo y puño en alto en Rodiezmo. Para él pactar es que los demás se rindan sin que por su parte se retroceda un centímetro. ¡Y si no, huelga! Bueno, alguna huelga tiene que convocar para defender cierta honrilla sindicalista aunque, claro, no contra el Gobierno de los cinco mil parados diarios  sino contra quienes crean los empleos.

El presidente de la Confederación Española de Cajas de Ahorro (CECA), Quintás, ha pedido elecciones anticipadas si no se consigue un acuerdo entre los grandes partidos para superar la crisis económica porque “las situaciones extraordinarias precisan soluciones extraordinarias”. Era de cajón que alguna personalidad económica solvente llegaría a esa conclusión. Siendo yo monaguillo en economía y Quintás cardenal, ya veía yo esas únicas alternativas: “Elecciones anticipadas o pacto de Estado” hace meses. Era previsible que Zapatero iba a seguir erre que erre sin hacer caso a nadie salvo a sí mismo. Sin Solbes, sin Vegara, sin Taguas, sin Sevilla en el barco de las decisiones económicas el presidente es hombre al agua. Y Salgado, de cuya buena voluntad no dudo, sólo sirve de grumete. Le han puesto al timón de un crucero y sus conocimientos náuticos le permitirían sólo patronear una patera. Y este es el principal problema. Lo ha escrito “El País”, ahora un hermano separado, y Gabilondo, el de la “Cuatro”, ha dicho en su tele que el problema es Zapatero y no PRISA; el presidente ha cambiado de aliados mediáticos en mal momento. Así estamos, y no es precisamente para tirar cohetes. El sanedrín de Ferraz contraataca el descontento interno con la pública adhesión inquebrantable de los palmeros, pero muchos de ellos callan en público lo que proclaman escandalizados en privado. Y hay nervios. Por primera vez a una docena de jóvenes socialistas de Cádiz se les ha abierto expediente de expulsión del partido. Su grave falta: mantener  un blog crítico con la política oficial.

En algún despacho ya están planeando llamar a Rajoy, sentarle junto al presidente para la sesión fotográfica, proponerle un pacto (o sea la sumisión) y acusarle de que no quiere consenso y que, por ello, el PP es el responsable de que vayamos a salir más tarde de la crisis. Y si no, al tiempo.

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