23-F: Yo estaba allí

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José Bono ha escenificado en el Congreso de los Diputados, a su mayor gloria, una conmemoración del intento de golpe de estado del 23-F, justo a los treinta años de producirse. El acto ha sido a mi juicio impropio y el discurso de Bono cursi en su forma e improcedente en su fondo. Pero Bono es así. Querría ser siempre el niño en los bautizos, el cura en las bodas, el muerto en los entierros, y el mejor pura sangre en su hípica. Pone su farisaico continente, sus melifluas palabras y su supuesta bondad almidonada al servicio de sí mismo. Y el fallo es que se le nota demasiado la impostura. Por lo que se sabe, y también por lo que no se sabe o no se quiere saber, aquel episodio de golpismo de opereta no fue un hecho que justifique celebraciones, sobre todo para quienes lo vivimos en directo.

Yo estaba allí, como periodista, el 23 de febrero de 1981. Se iba a producir la segunda votación en la investidura de Leopoldo Calvo Sotelo como presidente del Gobierno. Yo tomaba café, junto a otros colegas, con Adolfo Suárez, en el bar del Congreso, que entonces ocupaba lo que hoy es una sala tras la puerta de los leones. Suárez regresó a su escaño, y los demás nos quedamos allí. Era ya un mero trámite; al segundo intento Calvo Sotelo sería presidente. No era necesario asistir al tedioso cante de los votos. Seguimos con la charla. Entonces sonó, lejano, un estampido. No podíamos suponer que acabábamos de escuchar el disparo de Tejero al entrar en el Congreso. Luego supimos que su pistola se encasquilló. Aunque hubiese querido no podría haber disparado más.

Media docena de guardias civiles irrumpieron de pronto en el bar y nos ordenaron a gritos echarnos al suelo, sobre las alfombras de la Real Fábrica de Tapices. Llevaban diferentes uniformes: de faena, de camuflaje y de paseo, con correajes y sin ellos, con tricornios, quepis y alguno con gorra roja de visera (de conductores) y uno de ellos vestía de paisano, con anorak verde oscuro, pantalón vaquero y “farias” apagado en la boca. El armamento también era variado: subfusiles y fusiles de asalto cetme, nuestros viejos conocidos del servicio militar. El guardia civil que nos encañonaba a José Luis Gutiérrez, a Luis Ortiz (que sería ministro a los pocos días), a Raúl del Pozo y a mí, era grueso, llevaba una tarjeta de identificación en el pecho, como de una oficina, y sudaba a ríos… Se le veía nervioso. No era precisamente tranquilizador. “A éste, de oficinas y nervioso, se le puede disparar el arma en cualquier momento”, musitó alguien a mi lado. Para dar ánimo…

Ante la plural uniformidad se extendió entre los que besábamos las alfombras, en susurro, que era un comando de ETA con uniformes robados. Era verosímil en aquellos días. En realidad la marcialidad de los que nos apuntaban era inexistente y más parecían miembros de una partida de Pancho Villa que una tropa organizada. Entonces pasó ante la puerta del bar el teniente coronel Tejero empuñando su pistola. Yo estaba justo frente a la puerta, y susurré a mis vecinos de infortunio: “No es la ETA, es Tejero, el de la “operación Galaxia”. Así se llamaba la cafetería en donde Tejero había mantenido hacía algún tiempo reuniones conspirativas que saltaron, con su foto, a los periódicos.

Todo esto lo conté a los pocos días en un artículo que publicó “Hoja del Lunes”, único periódico que entonces aparecía los lunes y que editaban las Asociaciones de la Prensa. Y lo contó José Luis Gutiérrez en “Diario 16” dos días después, el 25 de febrero. Lo recoge en su libro “Veinte años no es nada”, de 1998. Escribe, entre otras referencias a los que estábamos allí: “Esto ha sido ETA”, dirían algunos. La fugaz aparición de un perfil por el pasillo, desveló las dudas. Juan Van-Halen había visto al teniente coronel Tejero”.

Antes -cuándo no pocos pensaron que era una acción de ETA- sonaron las ráfagas de subfusil; nos parecieron interminables en nuestra situación de rehenes inmóviles y vigilados. Luego se relajó la situación y nos ordenaron distribuirnos en las mesas y sillas adosadas a la pared del bar. Más tarde nos cachearon concienzudamente y sin contemplaciones en busca de armas. Yo le dije al sudoroso, que es el que me tocó en suerte: “No llevo más armas que un bolígrafo”. “Eso es lo que tú dices”, contestó. Fue desagradable, sobre todo para las mujeres.

Horas después pedí licencia para ir al baño. Me la dieron a condición de que me acompañase un guardia. Él no conocía el edificio y aproveché para recorrer los pasillos, la llamada M-30 que rodea el hemiciclo, y las salas. Funcionarios y periodistas estaban sentados en el suelo o en sillas; vigilados. Pasé por el saloncito del reloj y allí estaban los “peces gordos” que habían apartado los golpistas. “¿Pero usted no sabe dónde está el baño?”, me preguntó el guardia que era muy joven y estaba visiblemente nervioso. “No quiero ir al baño, han sonado muchos disparos y tengo amigos en el hemiciclo…”, dije. “No se preocupe, no hay heridos, han disparado al techo”, contestó. “¿Ustedes saben lo que han hecho?”, le pregunté. “No, nos han dicho que viniésemos”, contestó. “Pues la han cagado”, me atreví a aclararle. Sonrió sin ganas pero no me permitió entrar en el hemiciclo.

Tras algunos intentos fallidos y desagradables, hacia las diez o las once de la noche, me dejaron salir gracias a mi amigo el general de la Guardia Civil Manuel Prieto que estaba hablando con Tejero en la verja, entre los dos edificios. Le pregunté si estaba metido en aquéllo. Me contestó que aquéllo era “una chapuza y yo no hago chapuzas”; “eso le he dicho a Tejero”, aseveró. Pasé al “Palace” a tiempo de ver llegar los vehículos del comandante Pardo Zancada con una unidad de la Policía Militar sumada al golpe cuando ya todo estaba perdido para los golpistas. Luego vi el discurso del Rey en la agencia de noticias en la que trabajaba. LLegó la calma para todos.

Volví al Congreso por la mañana temprano, cuando ya varios guardias abandonaban el edificio por las ventanas. Entré después del llamado “pacto del capó”. Las mesas del bar en el que había vivido el intento de golpe estaban llenas de latas, de botellas vacías, de desperdicios, de raciones de campaña a medio consumir…

Pero la Historia, a veces, machaconamente se repite. Y aquel 23-F no era la primera vez que la Guardia Civil entraba en el Congreso de los Diputados. Otro 23 de febrero, el de 1873, se produjo un intento de golpe de estado promovido por el presidente de la Asamblea Nacional de la fugaz Primera República, Cristino Martos, con la toma por la Guardia Civil y la Milicia Nacional del Congreso de los Diputados y del Ministerio de la Gobernación. Trataba Martos de imponer una “República unitaria” en el caótico camino de una “República federal”.

De nuevo se vieron tricornios en el Congreso de los Diputados el 3 de enero de 1874, cuando Emilio Castelar, último presidente del Poder Ejecutivo de la República (no existió nunca el cargo de presidente en la Primera República porque la Constitución que lo creaba no llegó a aprobarse) resultó derrotado en una moción de confianza y estaba claro que le sucedería en la presidencia del Poder Ejecutivo Eduardo Palanca, un republicano federal. El general Pavía, capitán general de Madrid, envió a fuerzas de la Guardia Civil al Congreso para disolverlo.

Desde aquel día hasta el 29 de diciembre el presidente del Poder Ejecutivo fue el general Serrano, por obra y gracia de Pavía, que impuso una “República unitaria”, disolvió las Cortes y gobernó en dictadura republicana conservadora hasta que en aquella fecha otro golpe de estado, encabezado en Sagunto por el general Martínez Campos, proclamó rey al joven Alfonso XII, hijo de la exiliada Isabel II.

Las dos experiencias republicanas en España no han sido precisamente ejemplares. Aquella Primera República improvisada en 1873 tras el abandono de la Corona por el bien intencionado Amadeo I de Saboya, que pasó sus dos años en el trono doliéndose del enfrentamiento entre los españoles y sin entender nada, se fraccionó en pintorescos mini-Estados enfrentados entre sí; los llamados “cantones”.

Durante la Primera República, junio de 1873, el Ayuntamiento de Sevilla decidió transformarse en “república social”, poco después Alcoy se declaró independiente, y los levantamientos “cantonalistas” se sucedieron en municipios de Valencia, Murcia y Andalucía principalmente. Tuvieron carácter provincial como en Valencia y Málaga, y ámbito local como en el citado Alcoy, Torrevieja, Sevilla, Cádiz, Almansa, Granada, Castellón, Salamanca, Bailén, Andújar, Algeciras o Tarifa. Hubo experimentos de independentismo local de chiste como el del pueblo manchego de Camuñas o el del pueblo murciano de Jumilla.

La “declaración de independencia” del llamado “cantón de Jumilla” es muy curiosa. Su manifiesto era amenazador: “La nación jumillana desea vivir en paz con todas las naciones vecinas y, sobre todo, con la nación murciana, su vecina; pero si la nación murciana se atreve a desconocer su autonomía y a traspasar sus fronteras, Jumilla se defenderá, como los héroes del Dos de Mayo, y triunfará en la demanda, resuelta completamente a llegar en sus justísimos desquites, hasta Murcia, y a no dejar en Murcia piedra sobre piedra”.

El más célebre de todos los “cantones” fue el de Cartagena. Los independentistas tomaron el castillo de San Julián y requisaron los buques fondeados en el puerto, la flota más moderna de la Armada española. Instauraron como enseña de la República de Cartagena la bandera roja, la primera bandera roja que ondeó en España, y tremolando este pabellón en las fragatas “cantonales” “Almansa” y “Vitoria” navegaron “hacia una potencia extranjera” (que era Almería) para “conseguir los fondos que necesitaba la nueva República”. Almería se negó a la pretensión por lo que fue bombardeada y tomada por los cartageneros, que repitieron su acción contra Alicante. Más tarde marcharon sobre Madrid pero fueron contenidos en Chinchilla.

Cartagena acuñó moneda propia, el “duro cantonal”, y mantuvo seis meses su guerra de independencia. Con el fondo de esta peripecia escribió una deliciosa novela Ramón J. Sender, “Mr. Witt en el cantón”, que consiguió el Premio Nacional de Literatura en 1936.

Mientras se alzaba este entramado de cantonalismo furioso y disparatado, se sucedían por toda aquella España en almoneda los asesinatos y los ajustes de cuentas; todo valía. Los muertos fueron centenares. Los soldados asesinaban a sus oficiales, los obreros a sus patronos, los deudores a sus acreedores, los maridos burlados a sus burladores, los vecinos a sus alcaldes, los novios rechazados a sus rivales… El federalismo extremo se entendía así. El propio Francisco Pi y Margall, segundo presidente del Poder Ejecutivo de aquella República, se negaba a reprimir la rebelión de los cantones porque reconocía, dolido, y era cierto, que “los sublevados no hacen más que seguir la doctrina que yo he proclamado”. Por ello dimitió como presidente a los 37 días de recibir su investidura, el 18 de julio de 1873.

En aquel caos no sorprende que Estanislao Figueras, primer presidente de nuestra primera experiencia republicana (hubo cuatro presidentes en los meses que duró, cinco sí contamos el periodo de “dictadura republicana” del general Serrano), presidiendo un Consejo de Ministros gritase aquella frase célebre: “Senyors, ja no aguanto més. Vaig a ser-los franc: estic fins als collons de tots nosaltres”, cuya traducción del catalán en que la pronunció es: “Señores, ya no aguanto más. Voy a serles franco: estoy hasta los cojones de todos nosotros”. Era un hombre sincero. Y como tal dimitió unos días más tarde dejando discretamente una carta con su dimisión sobre la mesa del despacho presidencial, y sin anunciar nada a nadie marchó a la estación de Atocha y tomó el primer tren para Paris. Y allí se quedó.

Si sumamos a este caos de la Primera República lo acontecido en la Segunda, no menos violenta y caótica, resulta una broma de mal gusto que haya quienes quieran tomar como ejemplo esas experiencias dándoles valor de futuro. Siempre me ha sorprendido que quienes creen hoy en el sistema republicano se empeñen en mirarse en el espejo de los dos experimentos republicanos por el fáci procedimiento de ignorar sus errores.

Y, volviendo al 23-F, es evidente que el siglo XIX duró en España hasta el 23 de febrero de 1981. Aquel golpe, fallido por fortuna, fue una “militarada” decimonónica con muchos decenios de retraso. Sic transit gloria mundi.

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11 comentarios to “23-F: Yo estaba allí”

  1. M.D.A. Says:

    Lo que tendría que explicarnos Bono a los españoles no es el 23-F sino el “milagro de los panes y los peces” efectuado con su patrimonio.
    En cuanto al, afortunadamente, fallido golpe de estado tengo la convicción de que se sabe el todo pero a nadie parece interesar que masivamente sea conocido ese todo. Puedo intuir por qué.
    Supongo que como periodista, Senador, fue toda una experiencia para usted asistir personalmente al intento de golpe de estado, un acontecimiento que apenas les suena hoy a nuestros jóvenes. Cosas de la Logse y la Loe.
    En cualquier caso el 23-F se trató de un capítulo de la Historia de España que es deseable no se vuelva a repetir.

  2. Joaquín Ortiz Ruiz Says:

    Bueno, estando de acuerdo, creo que el que mejor puede explicar el milagro de las panes y los peces es el Rey

  3. Rosa Valiente Says:

    ¿23-F? ¡Qué vergüenza de celebración! ¿Acaso se festejaba que el PSOE se ha cargado el espíritu de la transición entre otras cosas con su Ley de la Memoria Histórica? ¿Y qué me dicen del maestro de ceremónias el sr. Bono?
    Como por arte de mágia se convirtió en “su día”. Acaparó cámaras, aplausos y alabanzas exageradas de todo el mundo. Hubo un momento en que llegué a pensar que el solo había parado el golpe. Su protagonismo fue tan absoluto que seguro se le olvidó que se le señala como un político corrupto que se ha enriquecido utilizando sus cargos para hacer dinero.
    ¿Y el Rey? ¿De verdad España está mejor que hace 30 años? No estoy de acuerdo con Don Juan Carlos, España no está hoy mejor que entonces ¿Acaso es ésta la España que se planteó en la transición? Será para él. Al Rey ya no le cree casi nadie y se le está perdiendo el respeto ¿Qué se puede esperar de un Rey que alabó publicamente la figura y la politica de Zapatero?
    En fin, sr. Van-Halen, de alguna manera celebro que usted estuviera allí para contarnos donde estaba el sr. Bono ese 23 de febrero. Porque al Rey ya lo vimos todos. Sic transit gloria mundi.

  4. Jacobo Rodríguez Says:

    Es verdad, el siglo XIX fue convulso para los españoles y tiene razón al decir que llegó hasta el golpe de 81.
    Lo que me llama la atención, ¿no sé a usted?, es que, de repente, parece que todos saben lo que pasó, punto por punto, el 23 F, sin misterios ni dudas, y lo proclaman en las distintas televisiones. Curiosamente, a pesar de su seguridad, unos comentarios no encajan con los otros.

  5. Macarena Says:

    Aunque nadie quiere un golpe de estado ni nada parecido, si se deberia enseñar a nuestra sociedad valores como honor,lealtad, fidelidad, amor puro a su pais entre otros.

    Desgraciadamente los principios,entre ellos el honor y amor a su Patria, que llevaron a personas como Tejero o Milans del Bosch a actuar como lo hicieron (aunque en mi juicio el fin no justifica los medios) no estan muy de moda…y asi nos va….

  6. El Navegante Says:

    Si, pero las lecciones de la historia pueden aprenderse, pero no se usa de su concimiento adecuadamente. De nuevo su descripción de los hechos es de importancia para esclarecer algo más la situación que se dió. Pero, me he preguntado muchas veces cual fué el motivo real del pretendido golpe. Nadie que yo sepa ha tratado estos dias de dilucidar la motivación que pudo haber detrás, o sea, sus causas primeras. Lo que si recuerdo son las graves conmociones laborales que lo precedieron, con huelgas y movimentos sindicales por doquier. Lo viví en directo. La gran tensión provocada por el incipiente PSOE impugnando todo lo que se le ponia por delante. Me pregunto si fué eso motivo del cabreo de “alguien” o sea, “de estar hasta los cojones” como Estanislao Figueras, vamos.

  7. JM Says:

    Buenos dias ILUSTRE.
    Ya sabemos que es obligación de un periodista contrastar la realidad de los hechos, pero en Tú caso y una vez mas, estabas de corresponsal entre los tiros y las balas, por lo que solo nos quedan dudas sobre la elaboración previa al golpe y quienes estaban en el “ajo”. Como comenta Jacobo hay muchos comentarios contradictorios, que algun dia se publicaran y se sabran con mas certeza, a mi personalmente me queda uno en el tintero. ¿¿ Que paso el 23F con la Brigada Paracaidista, a la sazon comandada por el General Mendizabal, ex coronel jefe de la Guardia de SM durante varios años, y otro del grupo de Armada;Milans, etc.. ¿Tenia que salir hacia Madrid? y si es asi ¿porque no salió?, ¿quienes son los que refiere la hija de Tejero cuando dice ?, por ahi van las incognitas, no vale decir que ya se sabe todo.
    En cuanto a Bono, es una vez mas lo de “non e vero ma e ben trovato”, este pobre hombre, que siempre ha querido ser algo importante, es cierto que se inventa a si mismo todos los dias, por eso esta apuntado a varios grupos de poder politico-religiosos, forma parte de su complejo de inferioridad, es tan pobre que solo tiene mucho dinero. No me creo sus comentarios, seguro que quiere ser Presidente y lo justificara popr necesidades del servicio y por su amor a España etc…..
    Gracias JUAN

  8. NNGG CIUDAD LINEAL Says:

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  9. hugo Says:

    Realmente leyendo tu instructivo blog es incomprensible que la izquierda socialista siga hablando con nostalgia de la república en España . Creo que la experiencia de haber vivido , como viviste tu , el 23 F en el Congreso es algo inolvidable ; es ciertamente una parte de la historia de España .

  10. Mamen L. Says:

    Todos los días son 23-F en los tiempos que corremos porque todos los días el gobierno se Zapatero atenta contra la democracia y lesiona el Estado de Derecho. Desde aquel vergonzoso 13 de marzo de 2004 en que el cínico Rubalcaba clamaba porque “España no merece un gobierno que le mienta” acosaba a golpes de sms las sedes del PP hasta la utilización de la Fiscalía General del Estado en beneficio político propio. El socialismo, como usted denunciaba en un reciente magnífico artículo en La Gaceta, ha vuelto al radicalismo de los años treinta. Aquello desembocó en un clima que propició la guerra civil, después de los intentos de golpe de estado socialistas y nacionalistas en Asturias y Cataluña en octubre de 1934, el socialismo aún no se ha curado de su gusto por patrimonializar el poder. Se sienten con no sé sabe qué superioridad moral para gobernar poer encima de la voluntad de los españoles y cuando lo tienen en riesgo utilizan todas las artimañas posibles. Es lo que encierre, por ejemplo, ese “hay que ganar Madrid cueste lo que cueste” de Zapatero que Gómez repite. Muy reales sus retratos del pasado de las experiencias republicanas, senador. Y todavía nos venden que República es sinónimo de democracia. Y lo peor es que hay gentes de buena fe que aún se lo creen.

  11. Basilio Leal T. Says:

    No se conoce realmente cómo se gestó el 23-F, ocurre algo así como con el 11-M que conmemoramos hoy. Ni el 23-F fue cosa de un guardia civil locoide, como se ha querido que cersamos, ni el 11-M se fraguó en un locutorio de moros… No creo que lleguemos a saber nunca a ciencia cierta lo que pasó. Enhorabuena senador Van Halen por sus conocimientos históricos que nos traslada a sus lectors en el blog. Ya sabemos que conocer la Historia es un antídoto para no repetirla aunque haya quien nos quiera vender una imagen falseada de repúblicas idílicas.

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