La II República, octogenaria

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Los republicanos han celebrado el octavo decenio de la II República. Sobre aquel 14 de abril de su advenimiento y lo que sucedió en los años siguientes,  alguna cosa hay que poner en su lugar desde la Historia con mayúscula. Sobre la segunda experiencia republicana en España algunos manejan una edulcorada Historia “prét à porter” que nada o poco tiene que ver con la historiografía más objetiva debida a historiadores españoles y extranjeros.

El 14 de abril de 1931 el pueblo creyó con esperanza ilusionada en el sistema republicano. Incluso los monárquicos no movieron un músculo para defender la Monarquía. Las vísperas habían  sido sonadas. Los republicanos intentaron ya un golpe de Estado en diciembre de 1930, en Jaca y en Cuatro Vientos, que acabó con la condena a muerte y el fusilamiento de los capitanes Galán y García Hernández. Y la República llegó, al fin, por medio de unas elecciones municipales, por cierto con mayoría de concejales monárquicos. El ministro de la Gobernación, marqués de Hoyos, dio los resultados electorales en el conjunto de España: 22.150 concejales monárquicos y 5.875 concejales republicanos. La Embajada inglesa remitió a su Gobierno cifras parecidas: 3.500 concejales republicanos y algo más de 23.000 concejales monárquicos. En el medio rural triunfaron las candidaturas monárquicas pero en las capitales de provincia, y principalmente en Madrid, Barcelona, Valencia y Sevilla, la derrota monárquica fue aplastante.  El rey Alfonso XIII aceptó aquel veredicto y se exilió.

Por la vía de unas elecciones municipales, no de las elecciones generales que estaban ya previstas, y con la redacción posterior de una Constitución no consensuada que tampoco fue sometida a referéndum, España cambió de régimen. Luego, la Ley de Defensa de la República supuso una mordaza y un relé de seguridad que resultó parcial en su aplicación porque no defendía la República sino la República “de izquierdas”. El régimen no buscaría el justo medio y cayó en los extremos. Algunos partidos del mosaico republicano se vieron desbordados a su pesar, y otros se dejaron desbordar con escaso forcejeo, acuciados por un socialismo en el que el sector más radical ganaba protagonismo y fuerza y por un comunismo minoritario pero muy activo que se miraba en el espejo de la revolución rusa de octubre de 1917.

La tragedia, desde el principio de la experiencia republicana, fue que el socialismo moderado quedaba en las orillas y el torrente de los extremismos arrasaba todo a su paso. Cuando sus partidarios buscaron un sobrenombre para Francisco Largo Caballero, líder del socialismo radical, no encontraron otro mejor que el de “Lenin español”. Ese sector del socialismo fue cada vez más hegemónico. El deslizamiento hacia el radicalismo se produjo también en sectores republicanos burgueses, como el que representaba Manuel Azaña. Cuenta Josep Pla (al que seguiré en este post porque su libro “Madrid. El advenimiento de la República” y sus crónicas parlamentarias son una delicia y recogen el testimonio de un observador directo e inteligente), que al paso de Azaña por un pueblo, grupos de campesinos, puño en alto, le aclamaban al grito de “¡Muera la burguesía!”, y el político republicano comentó a Claudio Sánchez-Albornoz: “¡Idiotas, yo soy un burgués!”. Pero el burgués Azaña se vio desbordado y su impotencia política y su amargura son nítidas en sus “Diarios” y en “Cuaderno de La Pobleta” cuando era, de hecho, un secuestrado del Frente Popular, aún siendo formalmente Presidente de la República.

El modo de ocupar los resortes del Estado el 14 de abril, concretamente el Ministerio de la Gobernación en la Casa de Correos de la Puerta del Sol, sería cómico si no fuese un ejemplo de golpe de Estado de salón. Miguel Maura se presentó aquel día ante el retén de  guardias y luego ante el subsecretario, Mariano Marfil, como “ministro de la Gobernación del Gobierno Provisional de la República”. Y comenzó a cesar a los gobernadores civiles por teléfono. Maura no tenía  título legal alguno para actuar como ministro ni como representante de un Gobierno que no existía. Pla cuenta que  Azaña, jurista y hombre “de orden”, que estaba presente, se negaba una y otra vez a aquel procedimiento. “Pero, Maura, es usted un insensato. Nos van a ametrallar. Esto es una locura”, decía. Él hubiese deseado llegar al poder por medio de unas elecciones generales. Pero la Monarquía, convertida en armatoste inservible, acuchillada por sus propios errores, quebró, y el poder quedó en la calle. No fue capaz de defender a la Monarquía ni el piquete de alabarderos que custodiaba el Palacio Real.

Un mes después se producía la quema de los conventos en Madrid y en otras ciudades. Nadie apagó los incendios. La guardia civil y los bomberos estaban presentes pero no actuaron.  Se cuidaron de que el fuego no se extendiera a los edificios colindantes. Pla, que fue testigo, escribe en su periódico el 15 de mayo: “Se ha acabado la luna de miel de la República. Esa historia de los conventos ha hecho reflexionar a mucha gente. “¿Dónde vala República?”.

Sobre el desencanto de las gentes, escribe Pla: “Qué hermosa era la República en tiempos de la Monarquía”. Y: “todo el país quiere acabar la Constitución de una vez al objeto de modificarla de forma rápida y radical”. Ortega y Gasset, flamante diputado, advirtió entonces: “Estamos haciendo una Constitución que nadie quiere”.

No cree Pla en la efectividad de los dirigentes del nuevo régimen: “los grandes genios del republicanismo se las verán y se las desearán para asegurar la circulación de los tranvías”. El periodista vive aquella realidad de varios atentados diarios. “Ahora si no hay dos o tres cadáveres parece que no pasa absolutamente nada”, escribe en una crónica. “Tres muertos… -dice la gente-. Pse…Bueno…Aún podría haber sido peor…”. A esto lo llama Pla “enorme relatividad de la sensibilidad pública”.

Y cuando en 1933 gana las elecciones el centro-derecha, se lamenta Pla: “El señor Azaña y sus amigos creen que por el hecho de no gobernar ellos ya no existe la República”. Fue el momento en que la izquierda, y en vanguardia los socialistas y los sindicatos, amenazaron con una oleada de violencias si se incorporaban al Gobierno ministros de la derechista CEDA y más aún si lo presidía el líder de aquella coalición, pese a haber ganado las elecciones. Presión inadmisible en democracia que espantará a los lectores de hoy. Cuando un año después el presidente del Gobierno, el centrista Lerroux, incorporó a tres ministros cedistas, los socialistas, comunistas, anarquistas y sindicalistas mineros cumplieron su amenaza y el 6 de octubre de 1934 se produjo la “revolución de Asturias” con el resultado de casi 2.000 muertos, entre ellos guardias civiles, sacerdotes y religiosos, y la destrucción de edificios históricos, archivos y bibliotecas. La represión gubernamental fue muy dura.

Asiste Pla como enviado de su periódico a la sublevación asturiana y escribe que aquel caos de asesinatos, persecuciones, destrucción e incendios, y la represión posterior, suponen “una experiencia de guerra civil”.

Los peores males de aquel tiempo fueron, según el derechista Gil Robles, que las izquierdas  “no se contentaron con una mayoría sólida (…), no buscaron sólo la victoria sino que aspiraron a aniquilar al adversario”.

Como guindas del clima que existía en aquella II República que muchos quieren presentar a las nuevas generaciones como idílica, vayan estas frases de mítines electorales del líder socialista Largo Caballero en la campaña de 1936: 1) “La clase obrera debe adueñarse del poder político convencida de que la democracia es incompatible con el socialismo. Y como el que tiene el poder no ha de entregarlo voluntariamente, por eso hay que ir a la revolución”. 2) “Después del triunfo, se precisará salir a la calle con un fusil al brazo y la muerte al costado. Que no digan que nosotros decimos las cosas por decirlas. Nosotros las realizamos”. 3) “La clase obrera tiene que hacer la revolución. Si no nos dejan, iremos a la guerra civil. Cuando nos lancemos por segunda vez a la calle, que no nos hablen de generosidad y que no nos culpen si los excesos de la revolución se extreman hasta el punto de no respetar cosas ni personas”. 4)  “La transformación total del país no se puede hacer echando papeletas en las urnas… Estamos ya hartos de ensayos de democracia; que se implante en el país nuestra democracia”. 5) “Si los socialistas son derrotados en las urnas irán a la violencia pues antes que el fascismo preferimos la anarquía y el caos”. Largo Caballero consideraba “fascistas” a sus adversarios políticos aunque recibiesen los votos suficientes para gobernar.

Las elecciones del 16 febrero de 1936 las ganó el Frente Popular, coalición de izquierdas, pero resultaron clarísimas las evidencias de pucherazo, y más con la probada manipulación posterior de la llamada Comisión de Validez de Actas del Congreso de los Diputados, presidida por Indalecio Prieto, que restó escaños al centro-derecha y los sumó a los partidos del Frente Popular hasta alcanzar éste una cómoda mayoría. Los resultados oficiales de aquellas elecciones nunca fueron publicados, y el propio Presidente de la República, Niceto Alcalá-Zamora, denunció ya en el exilio que habían sido un fraude. Los llamados “Papeles de Alcalá-Zamora”, por el momento invisibles para los investigadores (en medio de un litigio por su propiedad se custodian en el Ministerio de Cultura y no en el Archivo Histórico Nacional o en la Real Academia de la Historia), parece que guardan testimonios sobre aquel oscuro episodio.

Al día siguiente de la apertura de las Cortes, el 17 de marzo de 1936, “Mundo Obrero” publicó: “El himno oficial del país libre y feliz del socialismo, la marcha que orla la victoria de la inmensa Unión Soviética, el canto de guerra antifascista, el que cantaban los mineros asturianos cuando, fusil al hombro, se dirigían a conquistar Oviedo: “La Internacional”, himno de guerra, afirmación de la fe revolucionaria. Este es el himno que ayer, en la primera sesión de las Cortes, cantaron, fundidos los sentimientos acordes en el entusiasmo, los diputados comunistas y la mayoría de los diputados socialistas”.

En este clima de “legalidad republicana”, pocos meses después, en la madrugada del 13 de julio, fuerzas de orden público y pistoleros socialistas de la escolta del ministro Indalecio Prieto sacaron de su casa al líder de la oposición parlamentaria, el diputado José Calvo Sotelo, y dejaran su cadáver a la puerta del Cementerio del Este con dos tiros en la nuca hechos por el socialista Luis Cuenca, que se había situado detrás del diputado en la furgoneta policial en la que era conducido.

Al día siguiente del atentado, el propio Cuenca informó al diputado y director de “El Socialista”, Julián Zugazagoitia, del crimen que había cometido. Aquella misma mañana el capitán Condés, instructor de las milicias socialistas, que había actuado como jefe de la “operación”, llamó desde la sede del PSOE al diputado Juan Simeón Vidarte pidiendo  verle; cuando Vidarte llegó le dijo sin preámbulos:  “Anoche matamos a Calvo Sotelo”. El diputado se limitó a preguntarle si disponía de un escondite seguro: “Si, puedo ocultarme en casa de la diputada Margarita Nelken; allí no se atreverán a buscarme”. Condés habló también con Prieto, al que no se le ocurrió denunciarlo o decirle que se entregase.  Que tres diputados socialistas confiesen en sus “Memorias” que encubrieron a los autores del asesinato de otro parlamentario y les aconsejaron esconderse, y que otra diputada estuviese dispuesta a acoger a uno de ellos en su casa prueba que la España de 1936 vivía una insoportable anormalidad política. A los pocos días del inicio de la guerra civil, el 25 de julio, el sumario instruido con motivo del asesinato de Calvo Sotelo fue sustraído del Tribunal Supremo, a punta de fusil, por miembros de las milicias socialistas. Esa era la “legalidad republicana” de la que ahora se nos habla hasta el empacho.

Habría mucho que recordar sobre aquella “normalidad política”. Por ejemplo: Proclamación por Francesc Macià del Estado Catalán (1931), expulsión del Primado de España, cardenal Segura (1931), asesinatos en Castilblanco (1931), destierro del obispo de Vitoria Mateo Múgica (1931), disolución de la Compañíade Jesús (1932), asesinatos en Arnedo (1932), intento golpista del general Sanjurjo (1932), incidente de varios generales en Carabanchel (1932), levantamiento anarquista con proclamación del comunismo libertario en varias regiones (1933), asesinatos en Casas Viejas (1933), Nueva proclamación por Lluis Companys del Estado Catalán (1934)… Como fondo los muertos producidos en enfrentamientos entre las milicias socialistas, falangistas, comunistas, anarquistas y carlistas. Y eso antes de iniciarse formalmente una guerra civil.

Desórdenes desde el 1 de febrero hasta el 15 de junio de 1936 denunciados en las Cortes por el diputado Gil Robles en la sesión del 17 de junio: “160 iglesias destruidas, 251 asaltos de templos, incendios sofocados, destrozos, intentos de asalto. 269 muertos. 1287 heridos de diferente gravedad. 215 agresiones personales frustradas o cuyas consecuencias no constan. 69 centros particulares y políticos destruidos, 312 edificios asaltados. 113 huelgas generales, 228 huelgas parciales. 10 periódicos totalmente destruidos, todos de la derecha. 83 asaltos a periódicos, intentos de asalto y destrozos. 146 bombas y artefactos explosivos. 38 recogidos sin explotar”. La relación no indica precisamente “normalidad política”.

Entiendo a los republicanos de 2011, comprendo que haya quienes deseen para España un sistema republicano, una opción que, como otra cualquiera, ampara la Constitución. Lo que no puedo entender, por lógica histórica, es que esos republicanos tengan como modelo la II República Española. Fue una experiencia fallida y trágica. La cacareada “legalidad republicana” y la “normalidad democrática” no existían; dejaron de existir por el deslizamiento del régimen hacia los radicalismos y hacia la violencia a lo largo de su corta historia. La izquierda entendió que la República o era suya o no era. “El Socialista” en su editorial del 30 de septiembre de 1934 proclamaba: “Nuestras relaciones con la República no pueden tener más que un significado: el de superarla y poseerla”. Tres días antes, el 27  de septiembre, el periódico socialista amenazaba: “Tenemos nuestro ejército a la espera de ser movilizado”. Se movilizó una semana después en la “revolución de Asturias” contra el Gobierno legítimo de aquella República, sencillamente porque el centro-derecha había ganado las elecciones del 19 de noviembre de 1933.

 En cuanto a la bandera tricolor republicana que tanto prolifera en nuestras calles, no era la bandera que quería Largo Caballero para su España revolucionaria. El 8 de noviembre de 1933, el líder socialista dijo en un mitin, según recoge “El Socialista” del día siguiente: “Tenemos que luchar como sea hasta que en las torres y en los edificios oficiales ondee no la bandera tricolor de una República burguesa, sino la bandera roja de la Revolución socialista”. Y, como hemos visto en otras citas suyas, a Largo Caballero no le preocupaba ni mucho ni poco que ese deseo suyo se consiguiera por la vía democrática o, si perdían las elecciones, por la violencia, incluso por medio de la guerra civil.

 Esto es “memoria histórica”.

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12 comentarios to “La II República, octogenaria”

  1. Macarena Says:

    ENHORABUENA senador por su post que es muy claro. Ya era hora de que alguien, y del PP, explique con datos y testimonios irrefutables la Historia de la segunda República. Fue un sistema que salió mal y defraudó a quienes lo habían recibido con ilusión, y el fallo fue el que usted dice: los extremismos vencieron a la moderación y era las izquierdas socialista y comunista quienes buscaban la guerra civil, como se ve por los mitines de Largo Caballero y los escritos de El Socialista. Y ya en la guerra civil seguían igual porque querían aprovechar la guerra para hacer su revolución. Si no hubiese habido golpe militar en 1936 los socialistas, los comunistas y los anarquistas tenían previsto su golpe de etado para poco después. Lo de Franco fue malo para España porque una guerra siempre es mala pero nadie nos aventura qué hubiese pasado tras un triunfo de la izquierda radical en el golpe que preparaba.

  2. JM Says:

    Buenos dias ILUSTRE.
    No se puede decir mas en tan corto espacio de un blog. Unas cosas que ya sabiamos algunos y otras mas matizadas, en todo caso esta claro que esta segunda repiblica, no respetó nada y solo se trató de instaurar el pensamiento Marxista-leninista, de ahi las matanzas, las quemas de Iglesias, los asesinatos seleccionados y en masa, enfin preparando el terreno, hasta los Anarquistas de izquierdas estaban en contra, pasividad de la derecha y los monarquicos como siempre.
    En los actuales tiempos y en los ultimos años, se ha venido haciendo lo mismo pero “”a la chita callando””, embruteciendo al pueblo con los diferentes planes de educación, asesinando los fundamentos morales con el aborto, la eutanasia, las antibabys gratis, el botellon juvenil (ya de 12 a 14 años), el estatuto catalan y vasco, la negociacion con los separatistas etcc…… Y quien sabe si el atentado que sufrió Jose Maria Aznar, no fué un encargo, ó los trenes de atocha tambien, etc…. Como de costumbre dejar al pais en la miseria y en la pobreza como en China, Cuba, Rusia, donde solo hay millonarios y pobre pueblo cada dia mas misero, esto es lo que nos han estado haciendo estos golfos politicos que se han forrao y se lo han llevao… como los Chaves . Pajines y compañia…. Y dice zp con todo el morrro que se va a construir una casa en León, cuando se vaya… casa que esta practicamente terminada y que en Leon todo el mundo conoce.
    Menos mal que Dios castiga y les mandó la crisis para echar a todos estos golfos, al menos durante unos años…
    Y le extraña a alguien que en Finlandia, Francia etc… suban los votos de la Ultraderecha…..
    Gracias Juan.

  3. R.D.O. Says:

    No se puede explicar con más claridad!!! Gracias Senador por esta lección de Historia. Todos los afiliados y simpatizantes del Partido Popular deberían leer este documento que hoy nos regala el Senador. Y es que no se me ocurre mejor forma que la lectura, el conocimiento de la Historia y su difusión para luchar contra la denominada y pretendida “superioridad moral de la izquierda “.
    En esta línea, propongo que desde el Partido Popular o desde FAES se editen unos “Cuadernos de Historia” a los que se les dé la máxima difusión!!! Digamos basta ya a la bazofia y a la manipulación socialista y comunista de la Historia de España.

  4. Julio M. Reyes Says:

    Buena lectura en medio de tantas mentiras. Espanta que la fuga de Troitiño no haya generado un escándalo nacional o que el fiscal de Sevilla en lugar de apoyar la investigación de los falsos EREs de Andalucía ponga palos en las ruedas de la investigación judicial… Y lo peor es que con la ley en la mano los magistrados que primero dejaron libre a Troitiño y luego ordenaron su busca y captura no puedan ser sancionados. No soy abogado pero a simple vista el asunto huele a prevaricación. ¿Cómo los magistrados no sabían lo que sabía todo el mundo? Que el etarra se escaparia “por si acaso”. Ni él creía que los magistrados obraban con buen juicio cuando le dejaron el libertad. Pero la policía no le vigilaba. Y, mientras, Rubalcaba, el jefe de los cínicos, mirando para otro lado y el PP clamando en el desierto. Este país es una vergüenza y los socialistas deben dejar el poder por higiene política pero, claro está, por eso no adelantan las elecciones. Leyendo este post el ayer nos recuerda al hoy. Ya se han quemado lugares sagrados, ya se ha apostado por el enfrentamiento entre españoles, ya se ha querido anular a la oposicion… Y todo ello mirando a aquella segunda República que fue un desastre como si hubiese sido ejemplar… Tiene razón R.D.O. cuando escribe que esta Historia debería ser conocida, pero que no se engañe, el PP está en el mismo barco y por miedo o por ser pusilánime no quiere que aquellos desmanes se conozcan lo suficiente y es sólo cosa de historiadores objetivos o se políticos con reaños. Entonces, 1931-1936 (por no hablar de después) la derecha fue la víctima, pero el PP no se atreve a denunciarlo. Tampoco denunció en el Congreso la manipulacíón de la guerra de Irak que hizo el PSOE, mientras votaba a favor de la intervención del Gobierno socialista en Libia, y no ha dicho una palabra cuando Aznar, que los tiene bien puestos, ha dicho lo que el autor del blog dijo en un post anterior: que entre los “rebeldes” contra Gadafi hay extremistas islámicos y estrechos colaboradores del coronel dictador, amigo de González, después de Aznar, y después de Zaptero… Y de todos los líderes occidentales. Sin duda es un “hijo de puta” que maltrata a su pueblo pero debieron decir como Kissinger de Hassan II: “es nuestro hijo de puta”. Hay mucha mentira en esta guerra, y parece que los M-18 españoles que bombardean cada día Libia lanzan bombones.

  5. El Navegante Says:

    ESTUPENDO Juan, como la mayor parte de tus artículos. Como dice alguno de los comentaristas, esta historia condensada de ese período tan lamentable, debería ser conocido por TODOS LOS ESPAÑOLES, incluyendo a zp, que debe vivir en otra galaxia, o en el Averno, quien sabe. Lo que más me ha llamado la atención ha sido la pretendida imposición de la bandera Roja, de Largo Caballero, no la tricolor republicana.
    Repito lo dicho: Que este lapso de historia, tan bien retratada por periodistas de la época, como el que mencionas de Josep Pla y magistralmente expuesta en tu blog, sea conocida por todos.

  6. Un boticario Says:

    Admirado Senador:
    Mi hermano, Fernando Casares, que luego habría de ser un reconocido periodista de agencia, nació como hijo póstumo en la cárcel de Ciudad Real, donde fue internada mi madre en 1936, tras la muerte de su marido, oficial del cuerpo jurídico de la Armada, a manos de incontrolados de izquierdas. Yo soy hijo de un segundo matrimonio y nací después de la Guerra Civil, pero la historia que nos cuenta en su blog, de forma resumida, la he aprendido desde mi infancia; por cierto, sin rencor pero sin ningún margen para el olvido.
    A mi madre, además de asesinar a su marido la metieron en la cárcel, porque supuestamente su situación de viuda de marino la convertía en un elemento peligroso para la República, aún estando embarazada.
    A mi padre le hirieron dos veces en la guerra y tuvo que hacerse cargo de su hermana a la que habían dejado viuda otros incontrolados de izquierdas. A él no le gustaba recordar estas cosas, porque era una persona que disfrutó de cada momento de la vida, e hizo disfrutar a todos los que le conocieron.
    ¿Memoria histórica? Si. Pero para olvidar, y no repetir, esa triste parte de nuestra historia. Nunca para ocultar, o tratar de confundir, sobre los hechos que realmente sucedieron en aquellos años malditos.

  7. SuperDoc Says:

    Me parece que hay que empezar a leer la Historia sin historias. Ya es tiempo de que no nos afecte personalmente lo que pasó, que muchos solo conocemos por los abuelos, y la mayoría ni eso.

    Será la única manera de que las historias sean lo que deben ser, una nueva Historia. Si en 1900 la gente se hubiera recreado en la Guerra de la Independencia el mundo no sería hoy como es, sino un triste lugar para vivir. Hay que mirar hacia el futuro y aprender del pasado, pero no mirar hacia el pasado de forma permanente.

    No sé si alguien me ha entendido, pero las leyes de memorias históricas me parecen aberrantes. Las leyes están para favorecer la convivencia, y no para todo lo contrario.

    Sin embargo, no coincido con el magnífico autor y preciso recopilador de Historia de este blog solamente en una cosa. Me parece que es hora de dejar de dar carrete a los que quieren recordar un período de nuestra historia para hacernos olvidar el triste presente en el que nos encontramos.

  8. José Antonio Aguilar Ner Says:

    Superdoc tiene solamente razón en parte porque está bien que no miremos al pasado salvo para conocerlo y no para recrearnos en él, pero el Gobierno socialista se ha ocupado de presentarnos la historia a su gusto, y sobre todo la Segunda República de la que ha repetido que es su referencia, y como los jóvenes no sabemos realmente historia y la que nos llega la recibimos manipulada, está muy bien, es oportuno y muy didáctico que blog como éste unan a la actualidad la Historia, sobre todo cuando en este caso se j
    ha celebrado con bombo y platillo el aniversario de aquella República, ejemplo de “democracia, legitimidad y normalidad” para los socialistas y la izquierda, de manera que sepamos de verdad lo que pasó. Los socialistas están preparándole a esta Monarquía lo mismo que prepararon a la de 1931 pero han aprendido y lo hacen con sutileza y no me explico cómo la gente no se dá cuenta. Superdoc dice que hablando de pasado se tapan y se olvida el triste presente, pero siendo cierto no debemos consentir que nos “vendan” un pasado a su medida, manipulado y falso. No olvidemos el presente desastroso, pero no nos dejemos engalar tampoco en la historia.

  9. Pascual Says:

    Este blog es siempre interesante y hay que recibirlo y agradecerlo como lo que es: un blog distinto q busca lo q no bucan la mayoria de los blogs: hacer pensar, sugerir curiosidad por temas q, por ejemplo en mi caso, luego amplío, enseñar… Y luego un conjunto de post de este blog se ha convertido en libro, como contaban algunos comentaristas, lo q es bueno.

  10. Lobo de mar Says:

    ¡Cómo me gusta leerte maestro! Artículos como éste y como el que publicaste en La Gaceta el pasado 20 de abril, son imprescindibles para que la sociedad española tenga un conocimiento completo de lo que fue la idílica segunda república.

    Lo más grave es que los socialistas del siglo XXI, siguen sin aceptar las reglas del juego. Ahí tenemos el caso Faisán, los Gal o lo que constituye una de las mayores vergüenzas de la historia de España… el 11-M. Continuan ejerciendo esa “superioridad moral de la izquierda” en la que todo parece estar permitido si va en beneficio del socialismo.

    Sigue así maestro. Ojalá hubiera más voces tan claras como la tuya.

  11. Francisco Taberte Says:

    Este blog me gusta porque siempre enseña algo nuevo, porque su autor sabe Historia y sabe contarla, porque siempre exhibe documentos y no manipula. Podrán o no estar de acuerdo con lo que dice estos o los otros pero lo que dice tiene base documental. Cuando en el blog se han producido controversias ha habido quien ha atacado lo dicho por el autor, incluso agriamente o soezmente, pero nadie hasta ahora ha podido contradecir con datos comprobables los que el blog aporta. Y una “prueba del algodón” de que es un gran blog que dice la verdad: suele ser atacado por “El Plural” que es un digital pagado por el PSOE cuyo director, conocido como Enriquito Da-pena, siempre fue sumiso al PSOE cuando hay algo que recibir en el pesebre del poder. Ya se sabe que cuando el doberman se pone nervioso es que se acierta.

  12. Fernando Azancot Says:

    “¿OCTOGENARIA…?”

    Lo octogenario exige adquisición de años, es decir, logro y acumulación de vida, ya que la muerte, lo periclitado, está fuera del tiempo, y éste es irreversible. O sea, haber cumplido ochenta anualidades – según el DRA -, “y aún no haber llegado a los noventa” – matiza. Así que, en rigor, no sobra situar entre interrogantes una celebración que tiene más de exequias conmemorativas que de vida renovada. La II República no cumple años, pues no existe. En todo caso, es posible que el tiempo se acumule sobre su fracaso, sobre su derrota, sobre su extinción al cabo de un casi decenio de vida truncada por una guerra civil.
    Si yo fuera republicano –cosa de la que no estoy seguro a la vista de mi contemporaneidad-, nunca aspiraría a componer sobre un pasado oscuro mis ideas y pretensiones sobre el particular, más aún si soy consciente de que lo político no afecta a mi individualidad, sino sobre todo a los demás, pues como persona que me tengo, sin dejar de ser yo, soy también los otros.
    Cuando a la vista de lo antecedente sospecho que algún lector pudiera pensar que quien esto escribe es un conspicuo monárquico, echo mano de mis recuerdos, y me veo cantando aquello de “no queremos reyes idiotas que no sepan gobernar…”, en cualquier campamento juvenil perdido por la variada geografía española. “Pro domo sua” – es decir del llamado régimen anterior -, corría en mi adolescencia la teoría del origen carismático del poder, por lo que también tuve entre mis manos un opúsculo que se titulaba “¿Monarquía? ¿República?… ¡Caudillaje!”. Quiero decir que dado que las dos primeras formas de gobierno se me mostraban entre interrogantes, y la última entre afirmativas admiraciones – hoy declarada heterodoxa e incluso incursa en anatema –, a esta altura de mi vida, en materia de formas políticas, poco o nada tengo para conmemorar, y sí mucho para rememorar.
    Para colmo, estoy convencido de que, en efecto, bajo la anécdota republicana corría con fuerza el categórico dogma de la revolución o la revolución como dogma; de manera que la democracia devenida el 14 de abril, tachada pronto de burguesa, era, como mucho, instrumento para implantarla; y si acaso las urnas no se mostraban favorables, no quedaba otra que la acción directa. Paradójicamente, también los falangistas – que aspiraban a una España alegre y faldicorta – se proclamaban revolucionarios, de ahí que – en paralelo – se dijera que el mejor destino de las urnas fuera el romperlas.
    ¡Oh, la revolución! Desde la francesa, pasando por la industrial liberal capitalista, y terminando en la marxista, bien parece que a la altura del siglo la cadena se compadece agotada, sin eslabón alguno con que enlazar el futuro. ¿Dónde, pues, la inquietud y la esperanza de un mundo mejor?
    Aquí, en este agotamiento, encaja, quizás, la causa de la vieja frase que toma Van Halen de José Plá, sonando a mi oído con plena actualidad: “la enorme relatividad de la sensibilidad pública…” A lo que añado el “aquí no paaasssa nada…” de mi paisano Antonio Burgos.
    No obstante, de vez en cuando me topo con un pequeño grupo de españoles que, aquí en Sevilla, cabe la estatua en que campea Daoiz, sevillano héroe del 2 de Mayo, se concentran con sus banderas tricolores y los desdibujados y patéticos retratos de unos posibles represaliados. Yo los supongo efecto de la malhadada Ley de Memoria Histórica que cumplen, con disciplina, lo en ella impulsado. Mientras, la “ciudadanía”, pasa por su lado displicente, sin preocuparse. Algún “ciudadano”, curioso, pregunta: ¿Y estos quiénes son?
    Yo termino de la mano de tres poetas, agarrado a sus versos: el uno dramático: “son tierras para el águila, un trozo de planeta/ por donde cruza errante la sombra de Caín”. El otro relativista: “señores Guardias Civiles/ aquí pasó lo de siempre/ han muerto cuatro romanos/ y cinco cartagineses”. Y por el tercero, me quedo con lo del Piyayo: que “me da pena y me causa un respeto imponente”.

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