Garzón y compañía ante la tumba de Montesquieu

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La mayoría de los turistas que llegan desde hace casi un decenio a la iglesia de Saint-Sulpice, la segunda más grande de París tras la catedral de Notre-Dame, no lo hacen porque sepan que allí se admiran dos obras de Delacroix, ni porque custodie el singular gnomon que marca la meridiana solar, obra del astrónomo y relojero Sully, ni por la bellísima Virgen debida al escultor  Pigalle, ni porque cuenta con un magnífico órgano de dieciséis mil tubos que aún oficia, ni por la curiosidad de que en su pila fuesen bautizados Baudelaire y el marqués de Sade o ante su altar se casase Víctor Hugo. Lo que buscan los turistas en el histórico templo del siglo XVII, construido sobre las ruinas de una iglesia románica del siglo XIII, son las huellas de Robert Langdon, protagonista de “El Código Da Vinci”, la novela best seller de Dan Brown, con decenas de millones de ejemplares vendidos y traducida a cuarenta y cuatro lenguas. Ni el magnífico rococó de la Capilla de la Virgen, de Servandoni, deja a los turistas boquiabiertos, contrariados al no encontrar una de las pistas del camino de Langdon hacia el Santo Grial.

No silenciaré mi opinión, aunque sea de pasada, de que “El Código Da Vinci” es uno de esos descomunales éxitos literarios sólo explicables por la falta de información, la atonía general, y la escasa exigencia de los lectores. Sus errores geográficos, históricos y culturales y su estilo literario simplón no se salvan, como alguien ha aventurado, porque se trate de una novela y por ello sea ficción. Brown al inicio asegura que “todas las descripciones de obras de arte, arquitectura, documentos, y los rituales secretos de esta novela son veraces”. No es cierto. Tolstoi, Galdós y Baroja, entre tantos, escribieron ficción, y sus obras, que atesoran un gran estilo, tienen tramas bien documentadas, de modo que sus contenidos no ficticios responden a la realidad. Y hoy las novelas de Pérez-Reverte, a menudo de investigación, misterio y aventuras, cuentan con laborioso apoyo documental.

Entre los muros de Saint-Sulpice, inexplicablemente considerada por Dan Brown una iglesia heterodoxa y esotérica, descansan los restos de Carlos Luis de Secondat, barón de Montesquieu, al que he recordado, junto a la memoria de mis visitas a Saint-Sulpice y al castillo de La Brède donde nació en 1689 para morir en París en 1755, estos días hace años. Probablemente Montesquieu se habrá revuelto en su tumba ante las noticias que llegaban de España.

Montesquieu, que publicó “El espíritu de las leyes” en 1748, fue precursor del liberalismo, maestro de la filosofía de la historia, teórico de la separación de poderes, y elegante escritor. Por todo ello fue pronto celebrado, no en su Francia absolutista pero sí en una Inglaterra tímidamente parlamentaria, y, por ejemplo, es el pensador más citado por los fundadores de los Estados Unidos, subyugados por sus teorías. “El espíritu de las leyes” padeció incomprensiones, y la Iglesia lo condenó, incluyéndolo en el “Index Librorum Prohibitorum”. Siempre los totalitarismos, a cara descubierta o disfrazados, burlaron la separación de poderes. Es conocida aquella patochada de Alfonso Guerra anunciando la muerte de Montesquieu; Guerra no creía en la separación de poderes y quería invadirlos todos.

Con ocasión de la primera sentencia en las causas contra el juez Garzón, hemos asistido al acoso de Montesquieu. Personajes como Cayo Lara, Gaspar Llamazares y Alfredo Pérez Rubalcaba fueron críticos, y ofensivos en algún caso, con el Poder Judicial desde el Poder Legislativo, sin más argumentos que la testosterona. Y el propio Garzón, y algunos compañeros suyos en la Magistratura, desautorizaron e insultaron al Tribunal Supremo. Que el Poder Judicial arremeta contra el Poder Judicial es de traca. ¿Qué confianza pueden descansar los ciudadanos en la Justicia si los propios jueces abominan de las sentencias que no les son favorables. El mismo Francisco Caamaño, último ministro de Justicia de Zapatero, disintió de la sentencia pero no dio argumentos jurídicos. Acaso también sea cosa de la testosterona.

Garzón había conformado un Tribunal de cuya independencia a priori no podía dudar, por la vía de recusar a seis de los magistrados que habrían de juzgarlo, sustituyéndolos por otros. Los siete miembros del Tribunal coincidieron; la sentencia fue unánime. Es notorio que los siete magistrados tienen distintas sensibilidades ideológicas. ¿De qué se queja Garzón? Sencillamente de que la sentencia, razonada y, según los expertos, técnicamente impecable, le condena. El sólido fundamento de la sentencia era previsible porque sus firmantes no ignoran su trascendencia y que, como ya anunció el condenado, llegará al Tribunal Constitucional y más allá.

Las reacciones ante la sentencia de Garzón han apuntalado, una vez más, mi escaso fervor por las tertulias mediáticas al uso; o mejor mi mala opinión sobre la machacona carga ideológica de algunos tertulianos por encima del rigor y acaso de la humildad. La carga ideológica y el barrer para sí puede entenderse en los políticos en ejercicio pero en los periodistas se entiende menos. He escuchado a un periodista, de cuyo nombre no quiero acordarme, personaje familiar en las tertulias de varios medios pero sin más equipaje intelectual que el que él mismo declare de sí bajo palabra de honor, enmendar la plana al tiempo a un antiguo e ilustre magistrado del Tribunal Supremo que, además, presidió la Audiencia Nacional, y a un conocido abogado de uno de los tres bufetes más importantes de España. El periodista aseguraba ante los dos invitados que Garzón no había cometido prevaricación, y en ello insistía una y otra vez interrumpiendo pertinazmente (las interrupciones están en el “manual del tertuliano” que debe repartir la izquierda), y los dos juristas le escuchaban con cara de indulgencia plenaria. Qué cosas.  

Este capítulo del “caso Garzón” es una nueva evidencia de que España está moralmente enferma. Si personajes relevantes de la vida pública, incluso de la Magistratura, cuestionan el fundamental derecho de defensa y bendicen que sean grabadas las conversaciones entre los abogados y sus clientes vulnerandola Ley, es que la sociedad española está muy mal. Si quienes no han leído, ni entenderían, los setenta folios de la sentencia, al poco de hacerse pública ocupan las calles acusando al Tribunal Supremo de “fascista”, es que la sociedad española es muy dócil a la manipulación.

Montesquieu se habrá revuelto en su tumba. Entre tantos pensamientos, dejó escrito: “La libertad consiste en poder hacer lo que se debe hacer”. “Una cosa no es justa por el hecho de ser Ley; es Ley porque es justa”. “La Ley debe ser como la muerte, que no exceptúa a nadie”. “Para que no se pueda abusar del poder es preciso que el poder detenga al poder”. Ese poder que debe detener el abuso de poder es la Justicia. Garzón, el juez estrella estrellado, lo ignoró; abusó de su poder. Montesquieu, felizmente vivo en su obra, nos lo legó. Que Garzón vaya a ponerle flores en Saint-Sulpice.

Pero no creo que este juez rebelde contra el Tribunal Supremo que le condenó vaya a glorificar a Montesquieu ni en Saint-Sulpice ni en parte alguna, porque con ello no ganaría aplausos de los pancarteros, ni primeras páginas en los periódicos, ni atención en las radios y televisiones, ni bolsa alguna. Un amigo ha rescatado de la hemeroteca y me ha enviado estos días un viejo artículo de “La Razón”, publicado a toda página el 28 de mayo de 2005, y firmado por Serafín-Rafael Gómez Rodríguez, teniente coronel de la Guardia Civil y doctor en Derecho, titulado “Baltasar Garzón, vaya juez”. No tiene desperdicio. Cuenta pormenorizadamente los métodos de este magistrado en algunas de sus instrucciones, con datos, nombres y fechas. Merece la pena leer esta perla. Uno se explica que más de la mitad de las instrucciones judiciales llevadas a cabo por Garzón acabaran en nada.

A Gaspar Llamazares, a Cayo Lara y a Alfredo Pérez Rubalcaba se les ha amontonado el trabajo en estos días. Junto a los anatemas contra la sentencia de Garzón han encontrado otro motivo para enardecerse: la reforma laboral. Cayo Lara, que padece incontinencia verbal, ha pasado de llamar “fascistas” a los magistrados del Tribunal Supremo a decir que la reforma laboral es un “golpe de estado”. Este Cayo Lara hoy en el Parlamento debe confundir la pacífica y legitima reforma dictada por un Gobierno democrático tras el fracaso de quienes, patronal y sindicatos, deberían haberla acordado, con tantas revoluciones como en el mundo han sido, algunas de las cuales protagonizaron sus camaradas.  Llamar “golpe de estado” a la reforma laboral es una desmesura indigna en el máximo representante de una opción política seria, aunque tenga escasas lecturas.

Uno puede entender que los líderes sindicales, Méndez y Toxo, respiren por donde les duele. La reforma les hará perder parcelas importantes de poder y sobre todo dineros. Aunque deberían reaccionar con responsabilidad ante la gravísima situación del país. La reforma ya se tramitará en el Parlamento y recibirá las enmiendas de rigor, pero la descalificación global es irresponsable. Aunque de los líderes sindicales no podamos esperar seriedad ante la crisis. Parece que nunca les afectó. No movieron un dedo durante los siete años de Gobierno zapateril mientras crecían astronómicamente los parados. Méndez y Toxo se esforzaron en defender a los trabajadores que tenían empleo, y a defenderse a sí mismos y a sus privilegios, pero no a los parados. En la inacción del Gobierno encuentran siempre beneficios. Por un lado haciendo valer su silencio, y por otro engordando su bolsa, por ejemplo, con los ERE. Alguna vez he pensado que el beneficio económico de los sindicatos con los ERE es sospechoso. Es como si un maestro resultase beneficiado por cada alumno que suspende. ¿Para qué mover un dedo para que aprueben?

Y si entiendo, aunque con dificultad, la reacción sindical, mucho menos entiendo la postura del PSOE. Las declaraciones de Rubalcaba, colaborador necesario en la agónica situación que padecemos, co-responsable de los cinco millones largos de parados que nos sobrecogen a todos, son una enorme prueba de cinismo y de desahogo, por no decir de caradura. Y para qué comentar la descalificación a la reforma emanada de Elena Valenciano, cuyas credenciales reales no parece deban apuntalarse en su biografía, asaz escasa, que todavía debería estar penitenciando por las sedes socialistas por su garrafal dirección de la campaña electoral que sin duda tuvo no poco que ver con la derrota estruendosa de su jefe de filas el 20 de noviembre.

La izquierda, sindicatos incluidos, parece sumida en un juego de “barquitos”; el que no está hundido está tocado, y defiende como puede, que es atacando, sus débiles posiciones. La filosofía que quiere trasladarnos la izquierda montaraz, que es ya casi toda, es que los empresarios están encantados de despedir a sus trabajadores, y no es así. Es una majadería. Todo lo que contribuya a mantener empleos y a facilitar su creación es bien recibido por las empresas. Y ese es el camino que abre la reforma laboral. Con ella sola no se crea empleo; pero se crea un clima. Los empleos los crean los empresarios. 

Y pasa el tiempo y Rubalcaba sigue sin contarnos a los españoles su fórmula para crear empleo. Dijo que la tenía cuando luchó para ser candidato a la presidencia del Gobierno. Nada desveló. Volvió a decir que sabía como crear empleo en el Congreso del PSOE en Sevilla. Nada aclaró. Este hombre es un egoísta. Tiene guardado en una cajita ese bálsamo de Fierabrás para la creación de empleo y fue capaz de no desvelársela durante siete años a Zapatero, su jefe en el Gobierno y en el partido, y luego tampoco nos lo ha desvelado a los españoles. Ni siendo candidato a la presidencia del Gobierno ni ahora siendo secretario general del PSOE y jefe de la oposición. ¿Cómo puede ser tan perverso? Que nos diga de una vez como crear empleo y no se guarde para sí ese conejo en la chistera. Acabaremos maliciando que también en eso nos miente. Que la fórmula magistral del brujo Rubalcaba no existe.

He llegado a pensar, uno no debe aventurar siempre que este hombre es perverso, que lo que desea Rubalcaba es poner en práctica él mismo su anunciada fórmula para crear empleo, y por eso la guarda celosamente para sí y no se la cuenta a nadie, bueno, acaso a Elena Valenciano sí, pero eso es irrelevante porque aunque ella nos la contara no la entenderíamos. Y como no ganó las elecciones, Rubalcaba condena a los españoles a un desempleo que él según dice podría aliviar. Otra posibilidad es que busque que llegue a Merkel, a Sarkozy y a la Unión Europea la gozosa noticia de que él posee esa fórmula mágica y, sobrecogidos, decidan de la noche a la mañana hacerle presidente a dedo, como a Monti en Italia y a Papademos en Grecia, y así el flamante líder socialista no tendría que enfrentarse al molesto dictado de las urnas, que le salió mal. Rubalcaba es rehén de su pasado y eso no se lo van a quitar los disfraces, ni las mentiras, ni las proclamas.  Un amigo mío se quejaba un día de que un familiar suyo no conseguía venderle un coche usado ni a sus más cercanos. “Si le conocen bien, si saben como es”, insistía. Otro que escuchaba le cortó: “Por eso no le compran el coche, porque le conocen”. Las proclamas de Rubalcaba ya no se las compra nadie porque le conocen.

La reforma laboral ha sido bien recibida por los medios internacionales, desde Merkel, que exige porque paga, a la Unión Europea y a la OCDE,  por los autónomos, por las Pymes y por los empresarios en general, que son quienes dan confianza a los mercados y quienes crean empleo, porque el empleo, excluyendo el suyo, no lo crean ni Méndez ni Toxo, y el PSOE bastante tiene con intentar colocar a tantos dañador, con nombres y apellidos, que han producido las fatídicas fechas (para ellos) del 22 de mayo y del 20 de noviembre. Que se quejen los sindicatos, herederos en subvenciones y ciertas normativas de situaciones superadas por el tiempo y la realidad, es comprensible; pierden poder y manejos; mamandurria. Lo incomprensible, o no tanto, es que quienes han gobernado hasta hace bien poco no actúen con responsabilidad, como si fuesen ajenos a la grave situación. Quieren que el Gobierno no haga nada. Es como si quisieran que nos convirtiésemos en Grecia. Una desvergüenza.

Si aprovechan unos vuelos de “low cost” Gaspar Llamazares, Cayo Lara y Alfredo Pérez Rubalcaba pueden acudir a Saint-Sulpice y así Garzón no viajaría solo, a él que le gusta tanto el acompañamiento, para postrarse ante los restos de Carlos Luis de Secondat, señor de La Brèdey barón de Montesquieu, en homenaje a la separación de poderes. Acaso en el vuelo Rubalcaba les desvela su fórmula mágica para crear empleo. Y luego que nos la cuenten.                                               

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9 comentarios to “Garzón y compañía ante la tumba de Montesquieu”

  1. Jacobo Rodríguez Says:

    “El Código Da Vinci” es basura. Así, sin paliativos. Y no lo es tanto por sus errores históricos como por la escritora vacua y carente de estilo que desarrolla y por las reflexiones simplonas y alejadas de cualquier posibilidad de hondura o inteligencia. Se trata de una novela que solo puede interesar a los iletrados, incultos y descerebrados.
    Por otro lado, no es de extrañar que Cayo Lara, Gaspar Llamazares y Pérez Rubalcaba se alejen de un espíritu en el que nunca deben de haber creído. Si siguen las consignas de sus partidos y las proclamas de líderes como Largo Caballero, no parece lógico que pueda interesarles la separación de poderes o la libertad. Lo sorprendente en ellos sería lo contrario. Lo mismo que en Garzón, claro está.

  2. L. Diaz Says:

    Gracias por el principio de este post porque aunque no es político es literario. Coincido con su apreciación y la de Jacobo Ridriguez sobre “El Código Da Vinci”, pero la pregunta que debemos hacernos es si en el mundo hay tantos incultos, desinformados poco exigentes, iletrados y descerebrados como para comprar millones de ejemplars de la novela. La culpa no es de Brown es de quienes compraron el libro. Sobre Garzón y la compañía (Llamazares, Lara y Rubalcaba entre otros) poco más se puede decir. No ven la realidad sino lo que quieren ver y venden la verdad por un plato de lentejas. En su descargo hay que decir que ninguno de los tres cree en la separación de poderes y menos en el sacrosanto derecho de defensa, y si fuesen abogados, que no lo son, creerían en el secreto de las comunicaciones entre letrado y cliente, Yo soy abogado en ejercicio y me ha espantado la manipulación de la lógica sentencia del Supremo. Garzón ya era un juez conocido por sus pésimas instrucciones.y ahora ha culminado su carrera discutiendo una sentencia del Tribunal Supremo. Como juez no cabe mayor desprestigio: ser condenado por prevaricación y atacar al Supremo por una sentencia sólo porque le condena a él. Leí en su día el artículo de Serafin Gómez Rodriguez al que usted se refiere, que circulo mucho en ambientes jurídicos y recomiendo su lectura porque quedan reflejadas las manipulaciones de las instrucciones de Garzón. Una vergüenza.

  3. Witiza Says:

    Bastante tiene el PSOE con pasar el desierto que él mismo ha creado para ir a París ante Montesquieu a reconocer sus pecados contra la democracia… Nunca los reconoció a través de su larga historia. Sólo tengo conocimiento de dos dirigentes socialistas que asumieron sus responsabilidades: Indalecio Prieto que en sus Memorias se acusa de hacer colaborado decisivamente en el golpe de Estado de Asturias en octubre de 1934 contra el legítimo Gobierno de la República porque era de centro-derecha, lo que consideró un error grave, y Julián Besteiro que, horrorizado, intentó acortar la guerra civil apoyando al coronel Casado en un golpe contra los comunistas en el Madrid de marzo de 1939. Desde entonces el PSOE nunca ha reconocido un error. Tampoco ha sabido sacar consecuencias de sus derrotas electorales. Por eso quien llevó a los socialistas el 20 de noviembre a los peores resultados electorales de su historia es hoy el flamante (?) secretario general del PSOE sin nada novedoso ni atractivo que ofrecer.

  4. JM Says:

    Buenos dias ILUSTRE.
    Recordando aquella “operación Necora”, en la que Garzón iba en la estribera de un land rover de la Guardia Civil, pistola en mano por las playas de Arousa persiguiendo a Los Narcos Charlines y cia, ya evidenciaba una tendencia al figureo y al estilo Clint Estwood, quiza sea un hombre acomplejado tratando siempre de sobresalir no por el trabajo bien hecho y la Excelencia como dice Dª Espe, sino por salir en las prensas y si es en primera pagina pues mejor.
    Hemos seguido su carrera con juicios e instrucciones mas propias de una serie de TV que en una realidad sensata, de cuando se iba a los aeropuertos a ver si detenia a Pinochet, que bien se la jugó con la sillita de ruedas, a proclamar edictos internacionales para atrapar a los nietos de Al Capone y Frank Nity.
    Se metió en politica y le utilizaron de comparsa, despues le dejaron solo y despues se rió de él todo el psoe.Volvió al erre que erre y desde la plataforma de la Audiencia que si Franco que si los fachas etcc… mientras decia … Querido Emilio….., hay que tener poca vergüenza. Ahora se le ha aplicado la varilla, la de verdad la de esos Magistrados que no salen en la Prensa, con Oficio, Clase ,Profesionalidad y vergüenza y esto es lo que hay.
    Todavia dará guerra, pero solo en las prensas que es lo suyo.Deberia hacerselo mirar en la Lopez Ibor.
    Los palmeros de izquierda se agarran a Garzon como a las rebajas del C Ingles, es que ya no les queda nada, no pintan ni en copas y ademas se les ha dejado sin cuartos, estos y los de la ceja son a extinguir, deberian hacer como Serrat y Sabina, cojer la guitarra e irse por el mundo adelante a contar sus rollos a otro sitio, aqui ya no cuela.
    Gracias Juan

  5. OPCH Says:

    El asunto “Garzón” me produjo escalofríos desde el primer momento, como estudiante de Derecho que soy. Cómo era posible que su señoría hubiera vulnerado derechos tan básicos y tan fuertemente protegidos por la Ley? Confieso que todas las respuestas que me doy a semejante pregunta suponen, a su vez,una conducta susceptible también de condena. Una vez que existe sentencia condenatoria por la contundente bofetada que Garzón profirió a los derechos fundamentales de defensor y defendido la intranquilidad que siento es aún mayor que la que sentía antes de dictarse sentencia, tras escuchar las declaraciones de dirigentes socialistas y comunistas. Y es que éstos van todavía más allá de donde ha sido capaz de llegar Garzón. Socialistas y comunistas proclaman directamente por cargarse el Estado de Derecho.
    Enhorabuena y gracias Van halen por este “Garzón y compañía ante la tumba de Montesquieu” .

  6. Fernando Azancot Says:

    Admirado Van Halen: descriptiva y literariamente magnífico, ese itinerario que nos conduce de tu mano y pluma hacia la Iglesia de Saint Sulpice; y puestos en su interior, nos estimula a ir más allá de las frivolidades de ciertos autores y editoriales capaces de mancillar la historia y la gramática en función del ánimo de lucro, que más que ánimo es solo ambición sin alma. En su interior, como bien afirmas, yace el resto del que fuera en vida Carlos Luis de Secondat, barón de Montesquieu. Su tumba obliga siempre a reflexionar sobre el complejo tema de la libertad, concebida como atributo – como lo que es -, y particularmente como función, como privilegio donado al hombre para que lo ejercite y exprese en su actividad creadora, pero también destructora. Y al efecto, qué oportuno ese su pensamiento al que aludes: “La libertad consiste en poder hacer lo que se debe hacer”. Tanto como advertir que de la libertad de hacer nace el correspondiente derecho, pero también la obligación, cosa que en general al hombre masa no le entra en la cabeza por cuanto el demagogo de turno no le predica nada más que derechos a exigir, en lo que viene entendiendo por democracia. Y así nos va.
    Montesquieu, a fin de garantizar ese ejercicio de la libertad frente al poder del estado, lo contempló armónica y equilibradamente dividido en sus tres manifestaciones o funciones; constituidos en freno uno de otro ante cualquier desviación, único modo de garantizar la convivencia entre seres libres.
    Pero por lo que experimentamos en esta democracia de nuestros dolores, la fórmula se olvida con facilidad precisamente por aquellos que están más obligados a su salvaguarda. Es el caso o espectáculo que estamos contemplando con el llamado asunto Garzón y sus mediaticos corifeos.
    En Almendralejo, un bello y para mí inolvidable pueblo de la provincia de Badajoz, hace ya años tuve el honor de conocer y tratar por primera vez en mi vida a un Juez, así con mayúscula. Su máxima preocupación consistía en serlo y parecerlo. Sencillo en su vestir; elegante, pero sin afectación su lenguaje; cuidadoso de que su independencia no se viera alterada por cualquier mal entendimiento de la amistad; enamorado del derecho, mas sin presumir de ello; riguroso en el juicio, sin menoscabo de la misericordia; y sobre todo un caballero, virtud que no se aprende en la universidad.
    Ese tipo de servidor público te hace creer en la Justicia, también con mayúscula.
    El magisterio de costumbres a que deberían estar obligadas las minorías selectas, los aristócratas elevados desde el mérito, el esfuerzo y el servicio, no solo de la sangre, brilla por su ausencia si es que no ha desaparecido a mano de la chabacanería.
    Mala señal es que en un Estado se pierda ese equilibrio e independencia entre los poderes, cuya consecuencia inmediata suele ser la falta de respeto y el escepticismo que conducen a la descomposición de la vida democrática.
    También aconsejo la lectura del artículo publicado en el diario “La Razón” por Serafín Rafael Gómez Rodriguez.
    Respecto de la reforma laboral que pretende llevar a cabo el gobierno del PP, y la demagógica crítica de la izquierda frente a la misma, encabezada por el inefable Rubalcaba, a ejercer tanto en la calle como en los medios de comunicación, sencillamente me sobrecoge, sobre todo cuando pienso en esa fórmula mágica y críptica para resolver el problema del paro que presume tener el aspirante a Jefe de Gobierno. Tragicómico si no fuera por lo que nos jugamos.
    Cuándo nos convenceremos de que en España el empleo, en gran proporción, está en manos de los pequeños y medianos empresarios, y que la intención de cualquiera de ellos, salvo excepciones, no consiste en despedir, sino en contratar y formar, señal inequívoca de que la empresa marcha viento en popa.
    Pues no señor, para los demagogos de turno la reforma laboral solo consagra el despido sin más. Y los pobres incautos se lo creen, y salen a la calle a gritar como energúmenos: ¡Queremos trabajo!
    Por este procedimiento, vamos aviados.

  7. Orestes A. Says:

    El PP va para arriba y el PSOE está en caida libre. Dicen los sociatas que el Congreso del PP ha sido una reunión “a la búlgara” porque estaba todo atado y bien atado. Y es natural porque llegaban a Sevilla con los deberes hechos, algunos muy duros, y con las elecciones municipales, autonómicas y generales ganadas. ¿Es que no creen Rubalcaba y su tropa en la voluntad del pueblo? Pues esa es la voluntad del pueblo. ¿O es que según ellos los ciudadanos sólo aciertan cuando votan al PSOE? Enhorabuena a los populares y a usted Van Halen porque leo que Rajoy le ha nombrado miembro de la Junta Directiva. Y ahora que los sociatas penen sus muchos errores y corrupciones, y aún les queda penar la derrota en Andalucia el día 25 de marzo.

  8. Luis Español Says:

    Por no hablar de la incongruencia de medios como el Washington Post, hoy garzonistas, pero que en su día montaron el escándalo de Watergate por unas escuchas ilegales… ¿Por qué los derechos de un abogado español van a ser menores que los de un letrado americano? Sigo pensando que Garzón tiene un claro destino político, ahora que el judicial se le ha terminado.

  9. Madrileña Says:

    Decía la hija de Baltasar Garzón en una carta abierta enviada a ciertos medios de comunicación, que en estos momentos mucha gente estará brindando por la exclusión de su padre de la judicatura y tiene razón.
    Estoy segura que habrá un montón de personas que brindarán porque la Justicia, con mayúsculas, le haya metido mano a un juez que utilizaba dicha justicia para sus propósitos personales. Un juez que, entre otras cosas, utilizaba la prisión provisional como arma de disuasión para conseguir sus objetivos, que espiaba de forma anormal las conversaciones de abogado defensor y acusado para su posterior utilización judicial. Un juez que pretendia ser un simbolo mediático de la justicia progresista y se ha quedado en prevaricador habitual.
    Lo que la hija de Grazón no tiene en cuenta gracias a la sentencia del Supremo, es que los que más encantados están son los partidos políticos y los que están manipulando a los memos de izquierdas que han decidido tener en el juez prevaricador su modelo a seguir y se pasan horas al frio pegando gritos a favor de Garzón y de la memoria histórica. Que esta sentencia garantiza a los que están detras de esta manipulación, que esta pobre gente va a seguir dando la matraca y eso a gente como Rubalcaba le viene de maravilla. Los progres ya tienen un nuevo símbolo por el que pelear y los políticos de izquierdas alguien a quien utilizar contra el PP.
    A Baltasar Garzón no le ha condenado la derecha ni el Gobierno, le ha condenado su forma poco ética de ser juez y el juicio se ha llevado a cabo por sus propios compañeros, que de forma unánime han decidido la expulsión de Grazón de la carrera judicial por prevaricador. El nocivo es Grazón, no los demás. Le felicito sr. Van-Halen por este exquisito post.

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