Delirios nacionalistas con Cuba y Escocia al fondo

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Se tiene a Thomas Jefferson, artífice de la Declaración de Independencia y tercer presidente de Estados Unidos, como el inquilino más inteligente de la Casa Blanca. La parte más activa de su cuerpo era el cerebro. No puede decirse lo mismo de Kennedy que ensayaba sus fiestas de cumpleaños en dúo con Marilyn Monroe, ni de Carter que tenía fama de no conseguir alzar dos ideas al mismo tiempo, ni de Clinton que desgraciaba los vestidos de la afanosa becaria Mónica Lewinsky. Jefferson llenó las salas de la Casa Banca de neuronas. Un día dijo: “Si tuviera que elegir entre tener un gobierno y no tener periódicos o tener periódicos y no tener un gobierno, elegiría lo último”.  Probablemente, sin aquel derroche de neuronas, lo mismo podría decir Artur Mas: que primaba los periódicos sobre el gobierno.  Ahora tiene las dos cosas.

Hay una sospechosa unanimidad en la prensa catalana que se ha ido deslizando abiertamente hacia el soberanismo. El 26 de noviembre de 2009 se produjo un hecho insólito, único, en la historia del periodismo español: la publicación de un editorial conjunto en los periódicos catalanes titulado “La dignidad de Catalunya” arremetiendo  contra el Tribunal Constitucional que entonces deshojaba la margarita de la sentencia sobre el nuevo Estatuto de Cataluña. Ahora, en plena efervescencia independentista del mesiánico Mas, la prensa catalana parece mostrarse a las órdenes del mando, de modo que los ciudadanos de a pie que viven en Cataluña reciben un mensaje deformado de la realidad. Se juega a las diferencias no a las coincidencias. Otro ejemplo: en un video editado y distribuido por el gobierno de la Generalidad se afirma que la lengua que se habla en Cataluña es el catalán, sin mención alguna al supuestamente ajeno idioma castellano; que Cataluña es un país diferente a España que tiene mil años de historia; y unos niños declaran lo que les enseñan en sus colegios: que se trata de que los españoles no vivan de los impuestos que pagan los catalanes.  Jefferson tenía razón.

Artur Mas se considera protagonista de un hecho histórico, y así nos lo anuncia, al tiempo que solicita dinero y más dinero al Gobierno de Rajoy para solucionar el problema financiero que han creado tanto su mala gestión como la herencia que recibió del tripartito. La petición al Gobierno central se acerca a los 5.500 millones de euros, y encima la Generalidad manifiesta su nerviosismo y desagrado cuando, según su calendario, el Ministerio de Hacienda tarda en transferirle la totalidad de esos fondos. Viene bien al caso el grosero dicho popular que denuncia el exceso que supone “además de ser puta poner la cama”.

Mientras, los prohombres de la política catalana homenajean a Lluis Companys como un mártir olvidando el desastre que supuso su rebelión en Barcelona de octubre de 1934, que le llevó a la cárcel junto a su Gobierno y a las Cortes de la República a decidir la suspensión de la autonomía,  y su incapacidad para controlar el caos y la anarquía en la Cataluña de la guerra civil. Francesc Macià en 1926 con el golpe fallido de Prats-de-Molló y la proclamación de la República Catalana en 1931, y Lluis Companys con el  golpe de estado de 1934, supusieron claros retrocesos históricos para Cataluña y ahondaron la brecha con el resto de España.

Sólo la llegada de Josep Tarradellas, que había sido el político de más talla en la Generalidad de Companys, rescató en la transición las instituciones catalanas que el viejo luchador había sabido mantener con dignidad desde su exilio de la vega del Loire, en Saint-Martin-le-Beau, en donde se fraguó el fascículo de “Los Líderes” que le dediqué en 1976. Cuando el 23 de octubre de 1977 Tarradellas desde el balcón del Palacio de la Generalidad pronunció su histórico “Ja sóc aquí” estaba iniciando un camino que luego se encontró Pujol sin tanto esfuerzo, y ahora protagoniza Mas sin esfuerzo alguno. Ese camino, con la Constitución y el Código Penal en la mano, podría estar viviendo su  último trecho. El hecho histórico no es, como él piensa, el que atolondradamente protagoniza Mas, sino el que protagonizó inteligentemente Tarradellas.

Los políticos catalanes van por un lado y la inmensa mayoría del pueblo catalán por otro. Me remito a la mísera respuesta popular al referendo del Estatuto en 2006. Todo es un complejo juego de espejos. Y en ese juego, más espejismo que realidad, toman parte personajes curiosos. Uno de ellos es Josep Antoni Durán Lleida, el socio político de Mas, con fama de moderado pero con doble rostro.   

En la mitología romana el dios Jano tiene dos caras, era la deidad de las puertas, de los principios y de los finales, y el inventor del dinero. El portavoz de CiU en el Congreso de los Diputados, Durán Lleida, ese personaje atildado de palabra nada estridente y gesto amable, es una especie de Jano de la política catalana. Lleva muchos años como diputado, se dice que alguna vez estuvo a las puertas se ser ministro, con González o con Aznar, que ese matiz le importaba poco, es experto en principios y finales, no inventó el dinero pero es uno de sus temas preferidos de expresión política, y desde luego durante su larga carrera pública ha mantenido dos caras y dos discursos según estuviese en Madrid o en Barcelona.

Nació Durán Lleida en Alcampell, un pueblecito de Huesca, por lo que es aragonés, y como le supongo versado y leído, sabe que ello le une históricamente a Cataluña ya que su paisana oscense la reina Petronila, hija de Ramiro II “el Monje”, casó con Ramón Berenguer IV, conde de Barcelona (y no Rey de Cataluña), por lo que se convirtió en príncipe de Aragón y la Corona aragonesa pasó a tener pleno derecho desde entonces sobre el condado de Barcelona, y no al revés como quieren hacernos creer las fábulas nacionalistas.

No sé cual de los dos rostros de Jano corresponderá en este caso al verso de Machado: “Esa España inferior que ora y embiste, / cuando se digna usar de la cabeza”. Durán Lleida, nuestro Jano nacionalista, ¿ora o embiste? Aunque algún chascarrillo asegura que usa más que la cabeza alguna otra parte de su cuerpo, lo cierto es que a Durán Lleida se le tiene por bienpensante. No le he tratado como para saberlo, aunque si he de juzgar por una de sus   últimas Cartas como presidente del Consejo de Gobierno de UDC, integrada en CiU, la verdad es que embiste más que ora. Y, además de embestir, delira.

En esa Carta a sus militantes Durán recuerda, entre otros delirios a los que no me referiré en esta ocasión: “Al final del siglo XIX pasó también con las colonias. España no fue capaz de entender la realidad y las perdió”. No rectifico mi suposición de que nuestro Jano nacionalista sea versado y leído, pero le recomiendo algunas lecturas sobre la Guerra de Cuba, sus orígenes y su desarrollo. Le anoto dos textos clásicos, el primero de finales del propio siglo XIX y el segundo de principios del XX: los cuatro tomos de la “Historia de la Insurrección y guerra de la Isla de Cuba”, de Eleuterio Llofríu y Sagrera, autor por cierto de origen catalán, y los cinco volúmenes de “Mi mando en Cuba. Historia militar y política de la última guerra separatista durante dicho mando”, de Valeriano Weyler, que fue capitán general de la Isla. Conservo sus primeras ediciones desde hace años. Nada tienen que ver los casos de Cuba (ni de Puerto Rico y Filipinas) con Cataluña.

Durán Lleida, que no necesitará traducción al idioma catalán para leerlos, sabrá cuando avance por las páginas de estos libros que los sucesivos Gobiernos españoles fueron incorporando medidas autonómicas a Cuba en un proceso que hubiese llegado muy lejos si el presidente estadounidense William McKinley no hubiera optado por una política anexionista de Cuba y otras colonias españolas en ultramar. También conocerá nuestro Jano la decisiva contribución a crear un clima bélico y a precipitar la acción militar de William Randolph Hearst , dueño de New York Journal”, y de Joseph Pulitzer, dueño del “New York World”. Han llegado a nuestros días como los creadores de ese periodismo difamatorio, falto de rigor y de ética, que se conoce como “periodismo amarillo”.

Es el célebre telegrama de Hearts a su dibujante e ilustrador Frederic Remington cuando éste le pidió regresar a Nueva York porque en Cuba había tranquilidad y no se esperaba una guerra: “Quédese en La Habana; usted ponga los dibujos y yo pondré la guerra”. Las ilustraciones exageradas de Remington acompañaban informaciones manipuladas y falsas para desprestigiar a los españoles, empujar a la opinión norteamericana a la guerra, y presionar al presidente McKinley, víctima política, además, de los periódicos de Hearst, para que la declarara. El objetivo era vender más periódicos.

Poco después de aquel telegrama, el 15 de febrero de 1898, una explosión hundió en el puerto de La Habana al acorazado norteamericano “Maine”. El “New York Journal” tituló en su primera página, junto a un dibujo de Remington: “El Maine fue partido en dos por un arma secreta infernal” y acusó a los españoles del hundimiento. Investigaciones posteriores descartaron el atentado y señalaron la explosión como un accidente en la santabárbara del navío. Pero McKinley ya había declarado la guerra. Nada de esto tiene que ver con la situación en Cataluña por mucho que Durán Lleida lo equipare.

Y lo que oculta, o no sabe, nuestro Jano nacionalista es que Cataluña aparece detrás de las causas políticas de aquella guerra. Las limitaciones comerciales que España impuso en Cuba, que excluía el intercambio directo de productos con Estados Unidos, se debieron sobre todo a las presiones de la burguesía industrial catalana que llevaron a la promulgación de la Ley de Relaciones Comerciales con las Antillas, de 1882, y al llamado Arancel Cánovas, de 1891, que garantizaba el monopolio de la industria catalana, y en particular barcelonesa, gravando los productos extranjeros con aranceles de entre el 40 y el 46% y obligando a absorber los excedentes de producción.

La repercusión de esas medidas en el mercado cubano consolidó la industrialización de Cataluña durante la grave crisis de la década de los 80 del siglo XIX, resolviendo su competitividad, a costa de los intereses de la burguesía industrial cubana. Este decisivo sector y no los mambises, fueron quienes aderezaron y promovieron la revuelta contra la metrópoli. Una vez más el pueblo no protagonizó la Historia sino que se vio arrastrado a cumplir un guion escrito por los poderosos. 

Estados Unidos ocupó durante muchos años Cuba; los cubanos cambiaron a los colonialistas españoles por los colonialistas norteamericanos.Todavía tienen Guantánamo. ¿Qué potencia ocuparía Cataluña si la delirante comparación de Durán Lleida respondiese a la verdad histórica? Lo debería aclarar una de las caras de Jano.

Sin salir de la actualidad del demencial soberanismo catalán hay que anotar el “caso Wert”. Al ministro de Educación y Cultura lo han descalificado desde el nacionalismo y la izquierda, incluido el desnortado PSOE que ha pedido su reprobación, por afirmar que hay que “españolizar a los alumnos catalanes”. Conozco al ministro desde hace muchos años y es un profesional riguroso y no dado a improvisaciones, y por ello no me ha sorprendido que en unas declaraciones públicas se haya reafirmado en lo que dijo. Lo chocante no es que Wert desee que el Gobierno catalán cumpla la Constitución, las leyes y las sentencias sino que la Constitución, las leyes y las sentencias no se cumplan, el máximo representante del Estado en Cataluña, que es Artur Mas, amenace con un referendo ilegal sí o sí, y que un histórico partido que lleva en sus siglas la “E” de España se rasgue las vestiduras por algo tan natural como lo que anuncia el ministro.

En España vivimos una paranoia ascendente. Un dirigente socialista proclamó nada menos que “el Gobierno con sus declaraciones crea alarma” pero no considera alarmista que Mas anuncie un referendo ilegal y amenace con acudir a los tribunales europeos para defender una medida claramente inconstitucional. Al tiempo, la prensa catalana, en crisis como la gneralidad de la prensa y, como he recordado, acogida a las generosas ayudas de la Generalidad, introduce como argumento la comparación falaz del caso catalán y el caso escocés. Escocia, que fue Reino independiente (Cataluña no) se unió a Gran Bretaña por un acuerdo de hace trescientos años y no hay ninguna contraindicación legal en el Reino Unido para que se celebre el anunciado referendo escocés.

Artur Mas felicitó por carta al “premier” británico Cameron y al ministro principal de Escocia, Salmond, por su acuerdo sobre el referendo de independencia escocés, pero ni Londres ni Edimburgo están por la labor de apoyar los delirios de Mas. Un portavoz del Foreign Office destacó que el Gobierno británico “no tiene  intención de ser un ejemplo para nadie”. Y añadió: “No hay un enfoque único para todas las cuestiones planteadas por los movimientos que piden la independencia o la separación; cada caso debe ser tratado de acuerdo con sus circunstancias específicas, respetando la ley y los acuerdos internacionales”.

El Foreign Office dejó meridianamente claro que “los debates sobre la secesión y los movimientos de independencia deben abordarse a través de medios pacíficos y democráticos, mutuamente aceptables y el referéndum de Escocia sí se alineaba completamente con este enfoque general”.

Por su parte, el ministro principal de Escocia, Alex Salmond, también quiso alejarse del proceso iniciado por Mas y declaró que no iba a “interferir” en el debate porque “no soy quién para decirle a la gente de Cataluña qué hacer”. Si Artur Mas esperaba apoyos le han dado con la puerta en las narices. Mas, mientras, sigue en el delirio y habla ahora de “internacionalizar el conflicto” que es vieja terminología empleada desde hace años por el radicalismo violento vasco.

Y mientras Wert es crucificado políticamente por decir lo que piensan la mayoría de los ciudadanos, Artur Mas puede jactarse de haber  “catalanizado” la Educación. El cinismo nacionalista y socialista se moviliza ante la razonable apuesta del ministro de Educación del Gobierno de todos. Una desvergüenza.

Lo más inquietante es que se reacciona mal y tarde ante todos estos esperpentos. Por ejemplo, se están esgrimiendo argumentos económicos para enfrentarse a la secesión que abandera la demencia electoralista de Mas.  Se repite “a España le iría peor” o “a Cataluña le iría peor”, pero ese no es el asunto. El problema es constitucional no económico. Le fuera o nos fuera peor o mejor a Cataluña o al conjunto de los españoles, la secesión de una parte de España es un claro objetivo inconstitucional. Y por lo tanto inviable. La soberanía no se sirve en porciones como un queso; reside en el conjunto del pueblo español representado en las Cortes Generales.

Ni siquiera los medios de comunicación públicos se libran de esta deriva soberanista que ha calado en tantos analfabetos de la Historia. Un periodista de TVE incluyó en una información que Mallorca había sido conquistada por el “Reino de Cataluña” y se quedó tan contento en su ignorancia. Jaime I no era rey de Cataluña sino de Aragón, y al tiempo Conde Barcelona desde el mismo momento en que recibió el cetro aragonés, y que las tropas que conquistaron Mallorca estuviesen compuestas mayoritariamente por catalanas no supone que la empresa no fuese aragonesa. Sería chusco sostener que las Islas Canarias fueron conquistadas por Francia porque el caballero Jean de Bethencourt, al servicio de Enrique III de Castilla, naciese en Normandia y muchos de sus soldados fuesen franceses.

Aquí siempre pasa nada. En la televisión catalana se escenificó el fusilamiento del Rey y de otros ciudadanos y la Fiscalía General del Estado se piensa con parsimonia qué hacer. Su titular Eduardo Torres-Dulce, que es un gran fiscal, además es cinéfilo y acaso el asunto le haya pillado viendo una película de culto. A ver si vuelve de embelesarse con “Lo que el viento se llevó” antes de que el viento acabe llevándose demasiado. Los grandes empresarios catalanes ya han dicho, públicamente o en voz baja, que no están dispuestos a que se les lleve el viento.

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9 comentarios to “Delirios nacionalistas con Cuba y Escocia al fondo”

  1. Bvenida Says:

    Mi felicitación, Van Halen, por esta reflexión, con argumentos, conocimientos y sentido común, sobre un asunto cuyos lodos provocados por la inacción del pasado están provocando los barros del presente. La irresponsabilidad del PSO”E”? y los delirios nacionalistas hacen el resto.

  2. V. Says:

    Qué losos señora Margarita? Porque yo del pasado, recuerdo muchos lodos. Y no quiero remontarme a tiempos “gloriosos” para quienes lo fueran sino, sin ir más lejos a Aznar. Dejó tantos lodos como para llenar todo, tal como está hoy, de espesos fangos. El día que se empiece a hablar de los lodos que esparció Aznar…

  3. V. Says:

    Qué lodos, quise decir, como habrán comprendido personas tan listas como son uds.

  4. Bvenida Says:

    A V: Los lodos de negar la crisis y de no tomar las medidas necesarias a tiempo tanto como los lodos de no saber encauzar el nacionalismo hasta llegar a apuntalar el desmadre actual son asuntos claros. Usted habla de los lodos de Aznar. No amenace, dígalos. Me temo que caerá en los lugares comunes y en los latiguillos de siempre. Dígalos. Pero con rigor, siendo capaz luego de defender su postura. Y con datos. Yo le aseguro una respuesta rigurosa y con datos inapelables. La opinión puede ser la que sea, y toda opinión es respetable, pero los datos son los que son. Opine lo que le venga en gana sobre Aznar o sobre lo que le pete, pero si quiere pasar de la opinión o del chascarrillo a la realidad basada en datos átese los machos. Por ejemplo, no se refiera usted al recurrente y manipulado tema de la guerra de Irak (a la segunda guerra porque la primera fue la de González) sin acudir a los documentos ya públicos de la ONU que se recogen, en parte, en un viejo post de este blog titulado “Zapatero miente sobre Irak: pruebas” (28 de marzo de 2009). Los lodos de los casi ocho años del desgraciado zapaterismo los estamos pagando todos. Los lodos de Aznar debe usted valorarlos en cifras: de paro, de creación de empleo, de exportaciones, de dinamización económica entre 1996 y 2004. Quedo a la espera. Y, por cierto, mi nombre no es Margarita como usted me llama. Y tranquilícese: no hay que ser listos, ni poco ni mucho, para entender que lo que usted quería decir al escribir “losos” era “lodos”. Se desprendía del contexto de su comentario y del mío. Si usted considera que interpretar eso es una muestra de “listeza” empieza mal…

  5. Virginia de A. Says:

    Es la primera vez que leo la responsabilidad indirecta de la industria catalana en la rebeldía de la burguesía cubana criolla contra la metrópoli. Y tiene el rostro Durán de decir ahora que España no supo afrontar el problema independentista del 98… Otra desvergüenza más. Le felicito Van Halen porque esa unión de Historia y actualidad que normalmente lleva usted a este blog, que sigo desde su inicio aunque es la primera vez que envío un comentario, resulta siempre muy gratificante y a mí me enseña mucho. Sería conveniente que los dirigentes del PP y el propio Gobierno de Rajoy recordarán cosas así, porque entre todos hemos dejado que una falsa o manipulada Historia sea utilizada por los nacionalistas, a los que no les importa la verdad histórica sino sus fábulas delirantes.

  6. Fernando Azancot Says:

    Créeme, amigo y maestro Juan Van Halen, que me cuesta digerir tu – como siempre – brillante y documentado artículo. Su trama me es indigesta. Conforme lees, no saboreas la reflexión a que te obliga cualquier otro tema y su desarrollo. Su lectura se torna de placer para el entendimiento en doloroso cilicio. Y no me importaría que el escalpelo hiciera sangre si de la herida brotase la luz de la historia y del destino común que sanara la honda pena de esta España – “de charanga y pandereta”, “vieja y tahúr, zaragatera y triste” -rebrotada al modo del siempre desbocado corcel que monta y espolea su legendaria negrura “como la náusea de un borracho ahíto”. ¿Hasta cuándo España convertida en aldeano corral de alta tapia limitadora?
    Escribes, al referirte a la pérdida de Cuba: “una vez más el pueblo no protagonizó la Historia sino que se vio arrastrado a cumplir un guión escrito por los poderosos”. Pero lo grave es que, desde aquel bien llamado desastre, el tiempo no ha cumplido la promesa redentora de un mejor mañana, y seguimos en lo mismo a pesar de la sangre vertida y las promesas que una vez más nunca se cumplen en casa de los famélicos. Y hasta puede que peor, pues los semejantes poderosos manipuladores del momento – ellos sí cada vez más crecidos, más perfeccionados sus medios y posibilidades – nos han hecho creer y caer en la gran mentira. Y en ese engaño ha crecido ya una generación de españoles convencida de que todo es relativo. Incluso la misma existencia como pueblo, transformado éste en masa gregaria que se muestra capaz y complacida de amoldarse y ahormarse a cuanto le echen a fuer de que cada individuo se tenga – sin ser – por libre comunicador, comunicado y comunicante, si bien amoldado a la pasividad del que sólo oye o sólo ve, pues el protagonismo de la acción pertenece a los medios, y los medios a los poderosos de siempre. No debe asombrar, pues, que su precipitado no sea otro que la mediocridad. De manera que no es del todo cierto que este pueblo venido a menos en su decadencia vaya a contrapelo de unos políticos que son su vivo reflejo, pues si malo es el político igual lo es el pueblo que lo sostiene y aguanta, y de él pasa. Con tales mimbres, el Estado de Derecho es una caricatura y la democracia una oligarquía. En este ambiente no debiera sorprendernos que una sedición se intente curar con paños calientes en lugar de con la Constitución y en último caso el Código Penal. Que se argumente con que lo peor que pueda suceder en el caso de romperse España sea la deslocalización de las grandes empresas, la imposibilidad de afrontar las pensiones, la sanidad, el bienestar en fin, como si al nacionalismo desatado le importara eso más que el placer de contemplar cumplida la ideología que lo hace no ver más allá del propio ombligo, y de ese sentirse cada nacionalista superior y diferente, bien en función del nacimiento o de la raza; de ese despreciar la historia para reescribirla, o para urdir un afán expansionista so capa de absurdas reivindicaciones pancatalanistas o paneuskaldunas.
    Pero lo más grave es que desatado el demonio nacionalista, se pretenda exorcizarlo con cualquier otro nacionalismo, sin percibir lo absurdo del tratamiento dado lo aberrante, además de ineficiente, del fármaco. Porque todo nacionalismo constituye una aberración que nos ata a lo telúrico y nos impide proyectarnos hacia un destino que viene impulsado desde el ayer hacia el futuro, y que más allá de la nostalgia del terruño busca su acomodo en la esperanzada promesa de un futuro que tiene por patria el universo entendido como hogar fraterno y no como capitalista beneficio económico. Porque todo nacionalismo alienta un “amor que se abriga y se repliega más cada vez hacia la mayor intimidad; de la comarca al valle nativo; del valle al remanso donde la casa ancestral se refleja; del remanso a la casa; de la casa al rincón de los recuerdos”. “No plantemos nuestros amores esenciales en el césped que ha visto marchitar tantas primaveras; tendámoslo, como líneas sin peso y sin volumen, hacia el ámbito eterno donde cantan los números su canción exacta”.
    Me temo que el jánico señor diputado de oscense cuna, catalán asimilado, atildado vestir y acomodo palaciego – me refiero al Hotel Palace – no esté para entender esto. Como buen democristiano, si lo echaran a los leones se los comería. En resumen, que viva Cartagena.

  7. Mercedes A Medina, Says:

    Como he escrito alguna vez y hace ya tiempo en estos comentarios lo mejor del blog son sus comentaristas, y perdone Van Halen. Y sé que los comentarios los origina su texto, pero es así: buenos comentarios están generados por un buen texto. Y en este caso me refiero al escrito de Fernando Azancot, que es una delicia y abre siempre muchas reflexiones. Tiene razón y nos lo cuenta con galanura, altura, y buen tino. Enhorabuena Azancot, y felicidades Van Halen por sugerirnos tantas líneas de análisis y siempre con datos y verdad.

  8. Mercedes A Medina, Says:

    …y veo que quien firma V. no ha entrado al trapo de Bvenida y no nos cuenta los “lodos” de la etapa Aznar. Es una pena porque me hubiese gustado ser espectadora de ese debate… Los faroles se acaban apagando con cierta facilidad.

  9. servando ortigueira Says:

    El hombre que mató a Liberty Valance…..¿La película preferida de Eduardo Torres- Dulce y Lifante?

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