Los Goya y el corto vuelo del faisán

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La correspondencia entre Francisco de Goya y Martín Zapater, su paisano y amigo íntimo desde la infancia, ofrece testimonios de interés aunque en ella el genio se refiere a su obra sólo de pasada. Son 147 cartas personales en las que se cuentan asuntos cotidianos y se derraman detalles sobre la estrecha relación de los dos amigos. Datadas entre 1775 y 1799, de ellas el lote mayor y de mayor entidad, 118 cartas, se conserva en el Museo del Prado. En una de estas cartas el pintor le escribe a su ilustrado corresponsal sobre “la libertad que debe acompañar al artista”.

Ni mucho menos don Francisco fue el primero ni sería el último en expresar la libertad unida a la creación, pero pensé en esta invocación goyesca precisamente cuando seguía por televisión la gala de los XXVII Premios Goya y asistí, la verdad es que sin demasiada sorpresa, a la utilización política partidista de su libertad que desplegaron algunos de los intervinientes en el acto. Podría asegurarse que a Goya, que según sus cartas estaba encantado con los lujos de la Corte y con sus delicadezas, no le hubiese hecho feliz tanta grosería. Como había dicho el presidente de la Academia de las Artes y las  Ciencias Cinematográficas, Enrique González Macho, no se puede insultar ni ofender a quien invitas a tu casa. Pero sucedió.

 La Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas es una asociación privada de más de mil miembros cuya sede es un elegante palacete de principios del XX, calle de Zurbano número 3,  con cuatro plantas en las que se distribuyen salones, despachos, sala de proyecciones, bar, restaurante, biblioteca, filmoteca y club de académicos. Es de propiedad estatal y antes cobijó el Fondo Español de Garantía Agraria.

Las negociaciones para dotar a la Academia de una sede digna (antes funcionaba en un piso de la calle de Sagasta)  se produjeron durante el Gobierno de Aznar, en 2004 se inició la rehabilitación para acondicionar el palacete  para su nuevo uso, y en 2007 la ministra de Cultura Carmen Calvo entregó las llaves del edificio ya rehabilitado a la entonces presidenta de la Academia, la guionista y luego ministra Ángeles González-Sinde, hija de José María González-Sinde, primer presidente de la Academia en 1986 y creador de los Premios Goya, una persona estupenda a quien traté cuando dirigió impecablemente Telemadrid en 1990 y 1991. Le sucedió en la dirección de Telemadrid el hasta entonces portavoz del Grupo Socialista en la Asamblea de Madrid, el filósofo Marcos Sanz Agüero; un sonado ejemplo de independencia política en ese medio de comunicación al que Tomás Gómez acusa ahora de parcial cuando lo dirige José Antonio Sánchez, un brillante periodista profesional con larga experiencia en televisión.

Luis García Berlanga, uno de los más celebrados directores de cine españoles, su presidente de honor, dejó escrito sobre la Academia: “Cada vez está degenerando más. Pienso que no debería ser tan reivindicativa, funciona como si fuera un sindicato, cuando lo importante es que entre gente nueva y con ganas”.

Y como un sindicato reivindicativo se mostró la Academia en aquella XVII gala de los Premios Goya en 2003, la del “no a la guerra de Aznar”, guerra en la que España no participó como queda evidenciado en la documentación de la ONU que está colgada en Internet para quien sienta curiosidad o tenga dudas. España llegó a Irak tarde y respondiendo a un llamamiento explícito de la ONU cuando ya oficialmente se había dado por terminado el conflicto bélico y se demandó de los aliados presencia militar para garantizar la transición a la democracia y la reconstrucción del país. Luego llegó Zapatero y sacó nuestras tropas de Irak sin consultar a los aliados, y alguno recordará la salida de los legionarios entre el cacareo gallináceo de los soldados italianos que se quedaban allí. Una improvisación zapateril que tuvo que compensar con Washington metiéndonos de lleno en Afganistán.

En la reciente edición los Goya han estado menos reivindicativos en su conjunto pero ha habido notables memeces por cuenta de Eva Hache que hizo gracietas sin más humor que el que los afines quieran otorgarle y dedicó groserías  a los ausentes: al Rey, al Príncipe de Asturias y al presidente del Gobierno Mariano Rajoy, y al único ministro presente: José Ignacio Wert que se lo tomó dándole la importancia que merecía. Hizo gala de una educación de la que él no estaba siendo destinatario.

Maribel Verdú, embutida en una original falda de satén duchesse con vuelo, de Dior, un jersey de punto de seda y cachemir negro, una cartera con solapa de cuero negro y joyas de Bulgari, estuvo sembrada. Amortizó con creces los 8.480 euros del costo del vestuario. Verdú terminó su discurso de agradecimiento dedicando el premio a las personas que han perdido su casa en España, “incluso sus vidas” por “culpa de un sistema “injusto” que “roba a los pobres para dárselo a los ricos”. Lástima que pasase sobre ese problema cuando anunció un plan de hipotecas de riesgo en 2010, y olvidase sobre el escenario que es accionista de la Clínica Premium, un centro privado de lujo y que es propietaria de cuatro inmuebles, tres en Madrid y uno en Marbella. 

Candela Peña denunció que recibía el Goya por su primer trabajo en tres años. “Os pido trabajo, tengo un niño que alimentar”, dijo desde el escenario. Y probablemente para conseguirlo añadió: “En estos tres años he visto morir a mi padre en un hospital público donde no había mantas para taparlo y le teníamos que llevar el agua” y dudó que su hijo pudiese estudiar en un centro educativo público. Fue desmentida por el director del Hospital San Lorenzo de Viladecans, donde estuvo ingresado el padre de la actriz,  que aseguró: “Hay mantas para los enfermos y se les dan bebida y agua en todas las comidas” además de informar que no consta ninguna queja al respecto. Se está pensando actuaciones judiciales contra la mentirilla de Candela que no tuvo muy encendidas las meninges esa noche, a no ser que sopesase que con tintes negros y utilizando a su familia le sería más fácil encontrar trabajo en aquel ámbito.

 Javier Bardem probablemente no se sorprendió por recibir un primer Goya como productor, y porque lo consideraba seguro se trasladó a Madrid dejando a su mujer Penélope Cruz de vacaciones en las Bahamas. Había dicho que no volaba a Madrid por su embarazo, pero voló a Nassau. Javier Bardem reivindicó a los saharauis durante su intervención, cosa natural tras recibir un Goya por producir una película documental sobre el Sahara, pero no pudo desterrar la demagogia: los saharauis a los que la Justicia marroquí condenó a cadena perpetua no estaban acusados de manifestarse contra Mohamed VI, como el actor dijo, sino de asesinar a once policías; la realidad estropea cualquier puesta en escena. Pese a esta desmesura Bardem estuvo moderado en comparación con actitudes anteriores; sabe que los desmelenamientos ideológicos no gustan en Estados Unidos, el lugar dónde trabaja y paga religiosamente (con perdón) sus impuestos.

 Tranquilizo a nuestro gran actor: el problema de los saharauis no es de hoy, y desde luego no es de Aznar ni de Rajoy.  Lleva tiempo, y España ha mirado desde hace más de treinta años para otro lado. Incluso recordará Bardem aquella fotografía de Zapatero cuando era jefe de la oposición, junto al Rey Mohamed VI ante un mapa de Marruecos en el que figuraban el Sahara y hasta media Andalucía. A mí me costó un disgusto durante un debate en el Senado criticar la conducta de la entonces ministra de Asuntos Exteriores Trinidad Jiménez que no movió un dedo ante el apaleamiento de ciudadanos con DNI español en El Aaiun por parte de la policía marroquí. Reflejé aquel episodio en un post de este blog titulado “La ministra y el maletilla en el Senado”.

Otra gracieta de la gala de los Goya fue la de José Corbacho, que por cierto no recibía premio, que saludó al ministro Wert “sólo un 21%”. Ante tal recorte en el saludo el ministro no pareció inquieto.

La gala de los Premios Goya se retransmitió por TVE, y me encantaría saber, ahora que todos queremos transparencia, cuál fue su costo en dinero público, cuánto y de quién cobró la humorista Eva Hache y qué patrocinadores públicos e institucionales tuvo. Que a un ministro le insulten en presencia y al Rey, al Príncipe de Asturias y al presidente del Gobierno en ausencia, es una grosería o, por lo menos, una descortesía, pero si encima el insulto se ha pagado con dinero público el buenismo me parecería un disparate. No dudo de la calidad del cine español pero a veces los profesionales de la cinematografía no ayudan. Un acto de entrega de premios no es un mitin. Confundir la opinión de las movilizaciones callejeras o de los amiguetes con la opinión de los españoles que sólo tiene una vía evaluable y rigurosa que es la vía de las urnas sería un error de bulto. Eso no lo confunde ni Rubalcaba cuando machadianamente habla consigo mismo.  Luego si la gente no acude como debería a ver peliculas españolas que nadie se queje.

 PD.- Se ha producido el Debate del Estado de la Nación y prácticamente todos los medios informativos han considerado que lo ha ganado Rajoy. Ya sé que la opinión pública no es la opinión publicada pero en este caso parece que ambas han coincido. Pocas veces he visto a Rajoy más suelto, más incisivo, más contundente y a Rubalcaba más torpe, más evasivo, más desnortado. Rajoy ofreció propuestas, Rubalcaba humo. La propuesta en la  que más incidió el jefe de la oposición fue convertir España en un Estado federal para solucionar así el problema de las regiones que lo reivindican, que son dos: Cataluña y el País Vasco, aunque todos sabemos que van más allá, van a la independencia. Pero dar la razón a lo que no es razonable es sencillamente una traición. Ya dejó escrito Napoleón que “las guerras no existirían si se le da la razón al enemigo”.

 Aceptar lo que dicen quienes no asumen la legalidad  no es una solución, es sumarse a la ilegalidad. Si el federalismo pasa por aceptar la soberanía de cada región porque grite o amenace más, estamos arreglados. Menos mal que en esta ocasión Rubalcaba ha sido claro. Sabemos lo que quiere, aunque sólo sea por dar gusto a sus compañeros del PSC y que no se le trocee el partido. Pero ni en eso le hacen caso.

Mientras Rubalcaba ofrecía esa claudicación constitucional en el Congreso, Pere Navarro, primer secretario del PSC, también pedía cambiar la Constitución para que sea posible “una consulta a los catalanes sobre su futuro desde la legalidad”. Pero se le ocurrió añadir la petición de que “el Rey abdique y sea su hijo el Príncipe de Asturias quien lidere una segunda transición y los profundos cambios y la modernización que necesita España”. En ese mismo, acto ante un centenar de empresarios catalanes, ha recordado que él es “un republicano convencido” pero que Juan Carlos I le parece “un buen Rey” aunque lo haya dado por amortizado. Artur Mas ha ironizado: “Si lo dijese yo ya verían la que se organizaba”. El PSOE, no por boca de Rubalcaba que hasta ahora está calladito, ha señalado que no comparte “en absoluto” la petición de su compañero socialista y que considera esas declaraciones “totalmente inadecuadas”. Si Rubalcaba pusiese un circo le crecían los enanos.

En su intervención en el Debate del Estado de la Nación el jefe de la oposición no hizo caso a Felipe González que días antes había advertido públicamente que el PSOE no debería pedir la dimisión de Rajoy por las fotocopias de Bárcenas, sin  ninguna validez probatoria y con un largo recorrido judicial por delante, porque hay que darle margen para que adopte las decisiones que tiene que tomar. Tampoco hizo caso a Griñán, presidente de su partido, que le dijo lo mismo. Ni a Javier Solana. Ni a Joaquín Almunia. Ni al mismísimo Zapatero que, según noticia publicada el sábado 16, por persona interpuesta opinó lo mismo. Rubalcaba pidió la dimisión de Rajoy una vez más como lo había hecho el 3 de febrero y reiteró en sede parlamentaria el día 13. Y cuando acusó a Rajoy de haber pedido a su vez su dimisión en el PSOE, recibió la respuesta más dura que puede escuchar un jefe de la oposición. Rajoy le dijo en uno de los momentos más brillantes de sus réplicas: “Yo no pido su dimisión; no me interesa”. Con el pasado lleno de cadáveres en el armario, algunos de los cuales le recordó Rajoy en el Debate, Rubalcaba es para el Partido Popular el mejor jefe de la oposición posible. Y las reformas seguirán; para el presidente del Gobierno cuenta el interés de los españoles, no la opinión del jefe de la oposición.

Rubalcaba en una de sus réplicas dijo que había algo revoloteando por el hemiciclo, y no recuerdo si se refería a la corrupción, a Bárcenas, o a otra cosa. No tengo el texto y cito de memoria. Pero, en todo caso, pienso que lo que revoloteaba por allí era un faisán que, como todas las aves gallináceas, es de vuelo corto. Su vuelo no llegaría ni a las tribunas de invitados. Y entre las treinta y cuatro subespecies de phasianus colchicus, este faisán era el phasianus colchicus socialitensis. Mientras no se aclare el asunto del chivatazo de Irún, el puñetero faisán siempre revoloteará en las cercanías de Rubalcaba.  Y él sin escopeta.  

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6 comentarios to “Los Goya y el corto vuelo del faisán”

  1. Una feminista Says:

    Hay una canción de Aute que dice algo así (?) “¡Cine, cine, cine, más cine por favor!… que todo en la vida es cine”. El cine es una historia, un momento, fantasía, ficción, realidad ¡es la vida!, o al menos parte de la vida, parte de nosotros.
    Y nosotros no estamos en nuestro mejor momento, tenemos problemas de verdad, muchos. Podemos elegir ampliamente entre ellos, pero sí, hay menos presupuesto para los hospitales, sí se ha subido el IVA, sí hay demasiados desahucios que destrozan vidas… El cine tiene que tener el color, el ritmo y el sabor de la vida, y esta es la que nos está tocando vivir… No imagino una ceremonia de “Los Goya” ajena a la realidad, una fiesta en la que todo hubiera sido parabienes, lujo y esplendor…
    No entro en la estética del asunto, en si coincido o no con lo dicho o en como lo ha dicho cada cual, pero creo que es comprensible que las “gentes del cine” expresen lo que consideren oportuno y aprovechen un momento de impacto mediático. Lo que a mí me resulta preocupante es que, las mismas “gentes del cine”, no opinen sobre los problemas reales cuando gobierna el Partido Socialista… Tal vez sea que saben, que los del PP no son sectarios, no dan las subvenciones al cine en función de la adscripción política, y aceptan la libertad de opinión (el Ministro Wert lo demostró).

  2. Wolfgang Says:

    El asunto del cine español y, más preciso, de algunos personajes del mundillo del cine español manda narices. No me alcanza la imaginación a vislumbrar la perplejidad de muchas familias, cuyos ingresos mensuales son muy inferiores a lo que cuesta tan solo uno de los zapatos con los que “se lució” la madrastra de Blancanieves en la gala, ante el discurso de ésta. Para llegar al “recordwoman” de las incongruencias sólo le faltó hacer una alegato en pro de la defensa de los animales, olvidando claro que en su última película se sacrificó algún que otro animal.
    Confieso que me disgusta, salvo alguna excepción, el cine español y que no soy partidario de que se subvencionen bodrios que en algunos casos reciben más importe en concepto de subvención de lo que son luego capaces de recaudar en la taquilla. Y por supuesto me confieso enemigo de una gala de la que, como dice Van Halen, no se conocen los detalles económicos y que no sirve al objeto para el que se creó sino que queda desvirtuada al convertirse en tribuna para discursos interesados, demagógicos y encendidos.

  3. Yorgos Says:

    Entiendo que no dudas de la MALA calidad del cine español. No me gusta generalizar, pero habida cuenta la obsesión de nuestros cineastas de salón en centrar su temática en la guerra civil y ‘los fachas’, han acabado dando en la pura bazofia por agotamiento. El cine español actual es cutre; comparese con el realizado por el nombrado García Berlanga : CINE, con mayúsculas. Lo de ahora, zafiedad, video doméstico de serie b y encima hipersubvencionado. Frente a tanta desvergüenza, descortesía y mala educación no caben paños calientes. Calidad CERO

  4. Fernando Azancot Says:

    Un tanto a destiempo, y después de varias lecturas, intento que no falte mi comentario a este relato, tan de inmediata actualidad, en el que de la mano de Goya, el Artista con mayúscula, te introduces en ese entramado en demasía estrafalario y extravagante que compone hoy una minoría de llamados artistas, con minúscula, que, incluso en un alarde de más que vana e ignorante soberbia, para colmo se tildan de intelectuales, y así se hacen figurar en multitud de manifiestos y otras muestras de una libertad que poco o nada tiene que ver con la que el sordo de Fuendetodos afirmaba como “la libertad que debe acompañar al artista”.
    Dado el muestrario que nos presentan estos fastos goyescos de alto costo, queda comprobado que una de dos: o los que exponen el palmito a la caricia de la cámara de TV, no son artistas en estricto sentido; o si lo son – cosa que pongo en duda, pues no me refiero a que se tengan por tales – no se muestran como creadores verdaderamente libres, sino como cristobitas manejados por la mano de un mismo fraguador de consignas, repetidores del chiste fácil, de la demagogia de guardarropía, o de una vanidad evanescente y hasta ridícula.
    Estos premios Goya, no son sino una continuación, subida de precio, de los que distribuía el viejo Sindicato de Cinematografía, pero con una notable diferencia: aquél los sufragaba con la cuota sindical, patronal y obrera, que con carácter obligatorio aportaban los llamados empresarios y, entonces, productores, de modo que, con mejor o peor fortuna, todo quedaba en casa; mientras que estos fastos fatuos de hogaño son afrontados con cargo al presupuesto del Estado, al que como bien se sabe contribuimos todos los españoles, nos guste o no nos gusta el cine asaz monótono y artificioso que, salvo raras excepciones, protagonizan estas criaturas que se tienen por artistas en cuanto aprenden a articular cuatro tacos, a representar escenas de cama, o a contarnos cuatro cuentos sobre la guerra civil tópicamente vestidos de falangistas feroces o de bellas milicianas amables y encantadoras aun manejando el máuser para luchar por la libertad no la del artista, sino la otra.
    Y lo grave es que este nuevo tinglado de la farsa va soportado sobre los hombros no de un sindicato, que sería lo lógico dado el cariz gremial y también reivindicativo en lo político y laboral del evento en cuestión, sino de una institución que pretende ejercer de Academia no sólo de la cinematografía considerada como arte, que ya es decir, sino además como ciencia; émulo del platónico jardín dedicado al héroe griego Akadeomos o Academos, que suele tenerse por ámbito elitista propio de lo clásico y canónico que no tiene por qué ser enemigo del progreso, puesto que de él se nutre, pero sí alejado de cualquier posición hortera propia de un progresismo de guardarropía que en lugar de fijar, limpiar y dar esplendor al arte de contar mediante la imagen, la transforma, cada vez que gobierna el Partido Popular, en un escenario nada académico donde cabe, sin mayor protesta y entre el aplauso de los espectadores, esa comedia en ciertos momentos rayana en lo grosero y en lo hortera tal ha podido verse gracias a la retransmisión hecha por la televisión pública en hora de máxima audiencia, publicitación gratuita para los publicitados, que por cierto también pagamos los de siempre entre los cuales, según cuenta el señor Ministro de Hacienda que de esto debe saber algo, no figuran algunos de los artistas protestantes, millonarios marxistas-leninistas-maoistas-anarquistas por la gracia de Dios.
    Pero, este prosopopéyico acto anual es solo la punta del iceberg que conforma el especial tratamiento que, no sabemos muy bien por qué, recibe el llamado cine español por la vía de la subvención. Y me cuestiono este tema porque el cine no es sólo arte y ciencia, como pretende la Academia correspondiente, sino sobre todo industria; y aquí es dónde no me explico la razón de las subvenciones, si tenemos en cuenta la doctrina del libre mercado que preconiza la unión europea. En alguna medida, era lógico y coherente que el sindicato vertical de cinematografía, durante el franquismo, que predicaba una economía mixta, promocionara el llamado crédito sindical, pero hoy día, que se nos hace la boca agua cada vez que hablamos de economía de mercado, no se debe negar, por ejemplo, la subvención al carbón, y sin embargo prestársela a la industria del cine. No me es inteligible. Es más, sin salirnos del terreno del arte: ¿por qué no a la música, a la arquitectura, a la escultura, al teatro, o a la literatura?
    Pero hay algo más. No se queda la protección del Estado a la industria cinematográfica en la mera financiación estatal a fondo perdido, pues a ello se añaden acciones tales como el control de taquilla y la cuota de pantalla, tutelas que requieren toda una estructura administrativa a su servicio que controle a los exhibidores de modo coercitivo, para garantizar de una parte los ingresos por taquilla de cada película proyectada, y de otra que, cuantitativamente, primen los filmes españoles sobre los extranjeros. Y de esto último hablo con conocimiento de causa, ya que por veleidad del destino hube de dedicar parte de mi vida funcionarial a estas ingratas tareas.
    De la “post data” prefiero no glosar nada. “Un silencio con hedores reposa”. Bastante tiene “el faisán” con la que le ha caído encima. Mucho me temo que sus cazadores no van a estar apostados a su derecha, últimamente sumida en un “bocacerrada” sospechoso, incluido el diputado señor Gil, otrora con el pájaro siempre en la boca.

  5. Ricardo Says:

    Uf, cómo están dejando España los del PP. No tendría yo ganas de escribir por aquí.

  6. Martín-Martín Says:

    No entiendo bien a Ricardo. Si no tiene ganas de “escribir por aquí” que tampoco suba comentarios. Tampoco entiendo eso de “cómo están dejando España los del PP”. Yo me preocuparía por cómo la dejaron los del PSOE que nos han llevado a lo que padecemos. Se lo digo yo: mintiendo a la Unión Europea y a los españoles sobre el défict. 90.000 millones de euros, y un 3% más del déficit que reconocían. Por mentir a la Unión Europea en una cuantía menor a la de Zapatero fue rescatada Grecia y no levanta cabeza. Gracias a las medidas del Gobierno actual España no ha tenido que ser rescatada, posibilidad que se daba como segura hace unos meses. Pasa como en 1996 cuando llegó por primera vez al Gobierno el PP. España no cumplía ninguna de las condiciones para entrar en el euro y los socialistas, de salida, ya habían anunciado que no entraríamos. En un año se cumplieron todas las condiciones. ¿Cuál es la alternativa de Rubalcaba a las medidas del Gobierno para salir de una crisis que ocultaron antes de las elecciones de 2008 para conseguir una estrecha reelección? Ninguna. No tomar medidas, que es lo que había hecho Zapatero con la directísima colaboracion de Rubalcaba. Pero hay que tomar medidas para salir del túnel. Y encima el PSOE acusa a Rajoy de no cumplir su programa. Hay que tener cuajo y cara dura. Las medidas están funcionando sin el menor apoyo del PSOE, y lo que teme Rubalcaba es que, como opinan en la Unión Europea, esas medidas tengan éxito. Es triste pero es así. Rajoy ya ha anunciado que si todo sigue como va, en 2014 bajará impuestos, pues ya dijo que la reforma del IRPF y la subida del IVA eran provisionales. ¿Qué dirán entonces Rubalcaba y el mismo Ricardo? El PP dejará a España saneada, con credibilidad internacional, y en marcha el empleo. Pero para ello ha habido que apretarse el cinturón. Yo soy funcionario y me han repercutido bastante los recortes, pero lo doy por bien empleado si el país sale adelante. Eso piensa más gente de lo que parece. Y soy de los que no se deja manejar en la calle pensando que deben apretarse el cinturón todos menos a cada sector que le afecta. Soy de los que vota y las urnas son la opiniòn de la calle en democracia. Siempre seremos más los que no salimos con camisetas de uno u otro color manejados por los liberados sindicales que son unos golfos que no defienden a los trabajadores y sí se defienden a sí mismos y a sus chollos. Ahora, como también los partidos, los sindicatos van a tener que enseñar sus cuentas. Por fin nos enteraremis de lo que ganan los cacareantes líderes sindicales Méndez y Toxo que ahora movilizan a los suyos y a los tontos útiles cuando durante años de paro no movieron un dedo engordando con generosas y cuantiosísimas subvenciones de Zapatero que les pidío cariño y se lo dieron, pero muy caro.

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