La recuperación del ingenio

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El Parlamento daba en otro tiempo una imagen de agudezas; luego pareció ser un espacio de mercadería y tedio en el que hoy no son escasas las zafiedades y los insultos gruesos. Atravesamos una crisis tan grave como la económica, la política o la institucional: la crisis del ingenio que decolora y enturbia las demás. Probablemente tenga que ver con la crisis de valores y sea un daño colateral de ella.

En las sesiones parlamentarias se escuchan descalificaciones dirigidas a los adversarios, y eso está en el ADN de la controversia política. Ejercí como cronista parlamentario en la transición y fui testigo de no pocas descalificaciones de unos y de otros. Lo que ocurre es que ahora, treinta y tantos años después del rescate de la democracia, se ha perdido la corrección del lenguaje y la cortesía parlamentaria; el “buen rollito” que diría un postmoderno.

Un diputado socialista de la Asamblea de Madrid, que se caracteriza por frecuentar poco el Diccionario, lo que le hace ignorar el significado de las palabras más allá de su uso más o menos mostrenco, llamó en un reciente Pleno dos veces “sinvergüenza” y otra vez “pija” a una Consejera del Gobierno regional. Los ejemplos serían innumerables. No entro en los conocidos apelativos de “fascista” lanzados para descalificar al contrario porque no los considero zafios sino sencillamente nacidos de la ignorancia de la historia; alguien que representa a los ciudadanos merced a sus votos, con un programa democrático detrás, no puede ser un fascista; tomo el apelativo como una mera desmesura partidista. En estas líneas me refiero a lo vulgar, a lo grosero y a lo chabacano en contraste con lo ingenioso, lo agudo y lo ocurrente. 

En mi memoria personal de la transición guardo, sin embargo, ejemplos de ingenio que parecían llegar desde el parlamentarismo antañón, de las épocas de Cánovas o Sagasta, de la Monarquía de Alfonso XIII o de los mejores momentos de la Segunda República. Cualquiera que haya tenido, como yo, la curiosidad de leer el “Diario de Sesiones” de aquel tiempo comprobará que precisamente en la Segunda República comienza el deslizamiento del lenguaje parlamentario hacia la zafiedad y la descalificación grosera. En la transición se hicieron célebres algunas muestras de ingenio de Alfonso Guerra, como aquella de definir a una determinada ministra como “Carlos II vestida de Mariquita Pérez” o a un vicepresidente del Gobierno, de nombre Fernando, como “Fernando el Caótico”, que probablemente hicieron reír hasta a sus destinatarios. Reconocer su ingenio intermitente no supone obviamente que coincida con Guerra en otras muchas cuestiones; más bien en todas.

Gozar de ingenio y saber utilizarlo resulta una fatal opción al suicidio social en el corro de los mediocres y de los vulgares. El ingenio no se valora porque para ser ingenioso hay que tener lecturas; o sea: supone un cierto esfuerzo, y vivimos el tiempo del mínimo esfuerzo, del todo vale, y por mucho que nos quejemos, la democracia lleva a que tengamos los políticos que nos merecemos. La voz de la calle en democracia se residencia en las urnas no en el griterío callejero. Trasladado a otros ámbitos, tenemos la televisión que nos merecemos, los “best seller” que nos merecemos y el arte que nos merecemos. No debemos dejarnos ganar por el fatalismo; las cosas son así y hay que aceptar la realidad como viene. Pero los que tenemos lecturas (aunque todas las lecturas sean pocas) debemos sentirnos incómodos con algunos reflejos de esa realidad y al menos denunciarla.

Históricamente el ingenio ha sido más temido que amado. En el Siglo de Oro Villamediana y Quevedo, entre otros, fueron víctimas de su ingenio; sus palabras fueron temidas más que sus espadas. Quevedo pagó su agudeza con años de prisión en San Marcos de León y Villamediana pagó con la vida, muerto de un ballestazo en la calle Mayor de la Villa y Corte.  Se dice que al ingenioso le pierde a veces una frase. Leo a Jorge Luis Borges: “Nada puedo opinar sobre Antonio Machado, el hermano de Manuel. No sabía que Manuel tuviese un hermano que escribía”. El ingenio bordea a mendo la boutade pero ésta es el ingenio con minúscula.

La etapa que nos ha tocado vivir está huérfana de grandes referencias porque la elite de otros tiempos, que era ejemplar para la sociedad por sus valores, o al menos trataba de serlo, ha caído víctima de un falso igualitarismo por abajo, confundiendo la deseable excelencia con un elitismo de viejo cuño que acabó traicionándose a sí mismo. Es un tiempo en el que  impera la mediocridad  que no es otra cosa que lo que consideraba recientemente Javier Marías el “enorgullecimiento de la ignorancia”. Y su desembocadura es la zafiedad.

Sería interesante que alguno de nuestros jóvenes universitarios empleara inteligencia y tiempo en escribir una tesis doctoral sobre la decadencia del lenguaje en nuestro Parlamento. La oratoria en general ha caído en desuso y singularmente la oratoria parlamentaria; todo se lee, incluso las intervenciones escritas para responder a lo que aún el interpelado no ha expuesto. Ello le hizo decir al ministro Wert, con indudable ingenio, a la diputada que le preguntaba en un reciente Pleno del Congreso: “Su señoría es una persona muy leída, no sólo por sus presumibles lecturas sino también porque lee lo que trae ya escrito antes de escucharme”.

Propongo la recuperación del ingenio perdido, de la agudeza acorralada. No pido sino que tratemos de salvar al ingenio como otros tratan de salvar a las focas. Escribió La Bruyére que “el silencio es el ingenio de los tontos”. Yo creo que el ingenio de los tontos es la zafiedad. Tratan de conseguir con un exabrupto lo que no pueden lograr con unos argumentos que no atesoran ni con un fogonazo del talento que no tienen.

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13 comentarios to “La recuperación del ingenio”

  1. Una feminista Says:

    No me extraña que con su magnífica capacidad de expresión y calidad literaria, aún le resulte más punzante la desesperanza que produce oír a nuestros “insignes” políticos.
    Coincido absolutamente con usted, y voy más allá. Ojalá la mediocridad que nos invade tuviera como única consecuencia lo vulgar, lo grosero y lo chabacano, incluso, la ignorancia de la historia, hasta creo que se podría aceptar (¿) la zafiedad de su incompetencia, pero estos políticos, guiados por la “ideología” del mínimo esfuerzo, no son capaces ni siquiera de cosas tan básicas como escuchar, rodearse de los mejores…
    Es casi insoportable ver como se ha ido extendiendo una clase política cuya valía es mínima. Se supone que elegimos a los parlamentarios para que nos representen (solo a aquellos que han designado los partidos) pero está claro que los partidos prefieren a quienes les resultan útiles y no les importa demasiado si van a defender de la mejor manera posible los intereses de la ciudadanía… (Y si no, veamos por quien ha sido usted sustituido como Senador de la Comunidad de Madrid…)

  2. denisparquer Says:

    El “chabacanismo”, las buenas formas y el respeto brillan por su ausencia en una parte muy importante de nuestra sociedad, defendí en una web a Esperanza Aguirre ( a quien reitero mi admiración) y me llamaron fascista, hitleriano y otros adjetivos poco decentes, igualmente hubiese sido injusto llamarme guapo, pues no lo soy, y tampoco me lo llamaron, cosa contraria a quien tiene patente de corso para hacer burla e insultar a quien no piensa como él, o no es de su partido, caso de don Alfonso Guerra, que por cierto para ser sevillano sólo hace gracia a sus “palmeros”, no pertenezco a ningún partido, he colaborado con alguno, eso me da derecho a opinar sin ligaduras, pero en este país si no defiendes las ideas de quien te critica eres un facha. En ningún caso he comulgado con el ex presidente Zapatero, pero eso no me ha hecho decir algo más lejos de váyase señor Zapatero. A veces estos ataques gratuitos y sin respeto te polarizan. El respeto es lo primero, después vendrán las urnas. Gracias por su bloc, D. Juan.

  3. Gregorio Fletcher Says:

    No vamos a cambiar nada, (y en esto Asturianu me dará la razón), porque no nos merecemos el cambio y porque no tenemos la capacidad de desatontar al pueblo, entre el futbol, la ETA y los nacionalismos como tema de debate y la TV onnipresente en casi todos los hogares de España la única realidad es la del telediario, nosotros somos como seres mutantes, (yo creo que nosotros hemos respirado menos chantrails o somos inmunes a sus efectos), pero, ¿cuantos estamos despiertos, 100, 1.000 10.000 en todo el mundo, pues a divertirse sin pretensiones de cambiar nada.

  4. Adán Moreno. Says:

    La falta de clase de la clase política va unida a la falta de cultura de la sociedad que representan, por lo que vamos para atrás como los cangrejos. Los medios de comunicación han caído también ética y culturalmente, sobre todo los que se deben al poder, pues no contratan periodistas pulcros en su estilo de escritura y libertad de expresión, sino manipuladores de la información a sueldo, incluso a fuer de insultar y cometer numerosas faltas de ortografía. Con Zapatero hemos inaugurado la etapa de que para los políticos (para el PP ahora también), el fin justifica los medios y los eufemismos. Peligro, peligro, zona roja.

  5. Mohammed Sherman Says:

    Pemán pretendió una depuración punitiva y preventiva y lo consiguió. No sólo decapitó al Magisterio al eliminar a sus miembros demócratas más valiosos, sino que su lugar fue ocupado por miles de voluntarios oficiosos arribistas, excombatientes, mutilados de guerra, excautivos y otros redimidos adictos al régimen.

  6. Adán Moreno. Says:

    Donde dije: “la sociedad que representan”, debe decir LA SOCIEDAD QUE DICEN REPRESENTAR.

  7. denisparquer Says:

    No estoy de acuerdo Adán, hay tres clases de periódicos y periodistas, los que defienden a ultranza a la derecha, Razón y ABC, El País, defensor en la misma medida del P.S.O.E., y El Mundo, ataca todo lo que se mueve, sin mirar colores, a pesar de no ser de izquierdas, este es mi entender, y que someto a opiniones mas colegiadas, pero lógicamente desde la imparcialidad. Con mis respetos y saludos, y sin ánimos beligerantes.

  8. Martín-Martín Says:

    A Mohammed Sherman: Absolutamente tópica su apreciación sobre una realidad histórica compleja. Entérese de lo que fue la guerra civil. Sería igualmente falso por exagerado, como su comentario, que alguien opinase que los problemas actuales de la Educación en España tienen algo que ver con el hecho de que en la zona bélica gobernada por el Frente Popular (donde no existía tampoco democracia y sí “chekas” de los partidos políticos de izquierda) se liquidase al magisterio y profesorado de derechas. Por cierto, profundice al menos un poco en la Historia de España: cuando Pemán tuvo a su cargo la Educación en la llamada Junta Técnica del Estado no había “excombatientes”, ni “mutilados de guerra”, ni “excautivos” porque ello sucedía en plena guerra. No había “ex” ni en una zona ni en la otra.
    A Denisparquer: Le digo lo mismo: su comentario es algo “elemental”; no se puede hablar con rigor de unas asignaciones, tan concretas, de periódicos a ideologías. Por ejemplo, “El Mundo” no es de derechas ni de izquierdas, es sencillamente pragmático y, en este momento, porque le habrá fallado “algo” que esperaba del Gobierno del PP, le hace, por cierto bastante burdamente, la “guerra” a Rajoy, pero jalea y se acerca a las tesis (??) de Rosa Díez, por más que cueste trabajo saber cuáles son. Pero no se preocupe demasiado: ¿conoce usted a alguien con menos de cuarenta años que compre un periódico? Por eso, porque la economía empresarial obliga, hay quien se vende al mejor postor o enseña las garras para atemorizar por si cuela, y ese puede ser el caso del camaleónico y tan controvertido director de “El Mundo”, el del olvidado episodio del corpiño rosa, que nos vende ética. Si no conoce el episodio, entérese.

  9. denisparquer Says:

    Gracias por tu comentario Martín, soy lector del Mundo desde su fundación, y en absoluto estoy de acuerdo con todas sus “plumas” y las hay muy buenas, pero difiero de la portada del Domingo donde se publica por parte de su director P.J. la entrevista con Bárcenas, en absoluto contribuye ni aporta mas claridad que la que le interesa a el mismo, y esta es fabulada, ¿puede demostrar ese hecho y documentarlo?, esto no hace si no hundir mas la credibilidad de España en el exterior, encender el ventilador para extender el polvo no es justo sin pruebas, creo que si Bárcenas reconoce que mintió anteriormente, ¿ no esta mintiendo ahora a El Mundo?, y por supuesto que conozco el episodio del “corpiño rosa”, producto de una trampa de intereses opuestos, que denigra mas al que encargo este miserable espionaje que al que dio libertad a su fantasía y que en todo caso solo es su problema. En este periódico he leído a Solana, Victoria Priego, Joaquín Leguína y Antonio Gala y otros no “sospechosos” de ser de derechas, en algunos casos estoy de acuerdo o no, lo que si veo canallesco es el ataque a D. Mariano Rajoy cuando P.J. trata de ser el periodista del Washington Post en su denuncia del Watergate. He mandado cartas para pedir al El Mundo suprima anuncios de contactos obscenos y prostitución y lógicamente el € es el € sin resultado alguno. Y su manifestación del cambio de rumbo del periódico por posibles favores denegados por nuestro Presidente es una prueba del sentido de Estado del señor Rajoy, y no creo que el partido de Doña Rosa Diez de solución a las pretensiones del periódico, de ser así quizás perdiera parte de sus lectores. El Mundo no se puede convertir en un periódico “amarillista”, ni sensacionalista como el desaparecido Pueblo, el mejor favor que puede hacer cualquier periódico es decir la verdad, contrastada y sin ampararse en intereses propios, esta entrevista de J.P. a Barcenas solo hace daño a España, su credibilidad y economía, y no me vale la libertad de prensa a cualquier precio, o sea a costa de la verdad. Con mis respetos.

  10. Adán Moreno. Says:

    Denisparquer, me alegro de intercambiar pareceres con usted. No hice una clasificación de los medios de comunicación, pero si tuviera que hacerla tampoco estoy de acuerdo con usted, mi clasificación la haría no según la ideología del medio que es muy obvia (izquierdas, derechas y transversales) como usted ha hecho. Mi clasificación sería entre periodistas y paparazzis (ojo, donde hay periodistas paparazzis, el periódico que lo consiente también lo es). Cualquier persona, cualquier periódico, puede tener la ideología o los prejuicios que sean, pero lo bonito es defenderlas desde la coherencia, la inteligencia y el respeto, ni Público ni El País ni Gara entre otros, demuestran tener esas virtudes. De los que usted ha nombrado desde luego el que más me gusta es El Mundo, efectivamente no se casa con nadie, Pedro J. es así, no necesita titulares para vender porque tiene a los mejores periodistas (por ejemplo Santiago González y Arcadi Espada). Un cordial saludo.

    Mohammed, cuando hay que recurrir a comparar a altos cargos de una dictadura con altos cargos de lo que tenemos hoy, algo mal estaremos haciendo, ¿por qué no compararnos con USA, Alemania o Reino Unido?. De todas formas Martín-Martín ha dejado claro lo que hizo Pemán en la Guerra Civil. Me temo que Pemán era más primorriverista que franquista y como todos los intelectuales defendía sus ideales monárquicos como pudo y supo, pero siempre con inteligencia, coherencia, cultura y respeto. Precisamente lo que don Juan Van-Hallen clama (más educación y menos zafiedad, la ideología es lo de menos o baladí siempre que se haga con gracia e ingenio). A todas luces lo que le falta en la casta política, a la prensa sectaria (donde se encuentran lo paparazzis) y a gran parte de la sociedad (bipolar) que se comportan como hooligans. Un cordial saludo.

  11. Lorena Says:

    Yo también estoy de acuerdo con usted: el lenguaje ha degenerado en gran manera. Me gustan las buenas palabras, las frases bien estructuradas sintácticamente, la palabra empleada y combinada con auténtica propiedad. Amo el buen Lenguaje y la buena Lingüística y disfruto oyéndola y escribiéndola.
    Pero, fíjese, que esto no ocurría antes por el sencillo motivo y razón como era que el acceso a una utilización impecable de él y por tanto de la Cultura, era casi privativo de clases o esferas poderosas, pudientes y de manera ínfima o casi nula para el resto que, a duras penas, podían hacer otra cosa que trabajar, llevarse un pedazo de comida a la boca y algún que otro caprichito nada expensivo y una vez en su vida. No podían proporcionarse esa ocasión cultural ni a ellos ni a sus hijos, porque sus posesiones crematísticas y culturales tan bajas lo impedían. Estos mismos seres humanos, después de haber levantado una España en escombros por la desafortunadísima e injusta guerra civil, a la que tuvieron que ir, unos por el mero y arbitrario hecho de ser coetáneos con el desafortunadísimo suceso, otros por ideales, y después de tanta desgracia, les tocó reconstruir, literalmente, una España destrozada vergonzosamente, con familias mutiladas, muchas sin padres, tuvieron que trabajar duramente, para llegar a una reconstrucción de todo cuanto les rodeaba, pasando hambre, penurias y miserias. Descartada cualquier posibilidad de superación ni lingüística ni cultural en estos términos y a estos seres. Esta opción quedó reservada, como suele ser, por una Lógica aplastante e injusta para los hijos de adinerados. La deducción es tan sencilla, que pienso que ud la sabía al postear pero la ladeó, la eludió, la soslayó, la omitió, por razones óbvias y que, aunque vienen siempre al caso, ud, siguiendo en la letanía de apartar razones cuando le conviene, ha preferido y optado por una evasión de razocinio y empleo de la verdad y dejarlas como que no vienen al caso esta vez o nunca es su caso.
    Afortunadamente las cosas fueron cambiando; la Cultura en todas sus fases fue alcanzada por todos los que querían alcanzarla y gozarla. El dominio del buen lenguaje llegó a ser común en los humanos pero parece ser que esta eventualidad algunos o muchos no la tuvieron en cuenta y, haciéndose patente y plausible, fue observada como un peligro o varios o muchos, de manera inminente. Creo que aquí tenemos el origen del deterioro. Y no demos la culpa a los noveles ricos en Cultura y Lingüística, de ninguna manera, ya que el deterioro brilla por su fea presencia en ambas castas, como suele ocurrir en todos los ámbitos de la vida y sociedades. Verbigracia- hay muchas verbigracias pero quiero nombrarle y recordarle una, por lo expresiva y repelente, por lo inconsciente y avasalladora, por lo inhumana y descalificadora, por lo tremenda y maligna, por lo humillante y desubicada-: la pronunciada por Andrea Fabra, ejemplo clarividentísimo de degeneración, no sólo lingüística, sino también de valores, sentimientos y empatía. No me diga que no le vale el ejemplo expuesto, porque vale, y porque podría enumerarle una lista tan grande de deterioros lingüísticos y de más índoles de la clase llamada alta y para la cual era casi privativo ese estimado buen lenguaje, que quedaría pasmado.

  12. Martín-Martín Says:

    El comentario de Lorena es un monumento a la incongruencia. Según su opinión, con la que supone coincide el autor pero que lo oculta por no se sabe qué maldades (juicio de intenciones), resulta que la ausencia (o disminución) del ingenio y la firmeza, incluso la apoteosis de la zafiedad que vivimos, se deben a que antes sólo los ricos eran cultos y estaban preparados para la oratoria, la redacción de textos, y la estructuración sintáctica, y todo ello se agudiza con la guerra civil y los durísimos años posteriores. De esta curiosa premisa se extraen algunas consecuencias incongruentes. 1) Pablo Iglesias, Largo Caballero, La Pasionaria, etc. (y podrían citarse muchos ejemplos no sólo de la izquierda, pero cito diputados), eran ingeniosos, grandes oradores, escribían bien…y no eran ricos ni pertenecían a esas castas pudientes que refiere Lorena. 2) Sin quererlo (supongo) alaba a la dictadura franquista ya que el enorme “boom” de la educación en España en términos cualitativos y cuantitativos de cifras de alumnos en todos los niveles, de construcciones educativas, etc. se produjo durante la larguísima dictadura, aunque sólo fuese por lo que duró. El significativo cambio demográfico y sociológico de España, desde la creación de las clases medias a la industrialización, hay que ubicarlo en aquellos cuarenta años. Lo mismo en los índices, por ejemplo, de acceso a la enseñanza media y a la Universidad. 3) ¿Cómo entender que cuando hay más cultura, o al menos lo parece, y desde luego más formación, hay más zafiedad? ¿Quiere que nos creamos que el acceso masivo a la Educación produce zafios?
    Lorena: infórmese más y mejor y no emplee argumentos demagógicos de tres al cuarto. Aunque no lo crea, porque no lo ha seguido, éste -al menos hasta ahora- es un blog serio y comúnmente quienes intervenimos en él tenemos lecturas (relea los post, incluso los viejos; algunas colecciones andan ya publicadas en formato libro) y no comulgamos con ruedas de molino, por lo que tampoco manejamos argumentos de catón o de catecismos políticos. Y le aclaro: la intervención de Andrea Fabra en el Congreso me pareció fatal, supongo que a otros muchos lectores de este blog también, y naturalmente es otro ejemplo de zafiedad y de falta de ingenio.

  13. Adán Moreno. Says:

    Al referirme en mi último comentario a la sociedad bipolar, me refería a personas como Lorena, gente que sin la Guerra Civil y sin la lucha de clases, no son nada. Lamentable que con tantos medios y con tanta información todavía existan ideologías sectarias (religiones) que no les deja mirar la realidad de frente (siempre o a un lado o a otro). Vivimos en el año 2013 y algunos todavía en el 36. La clase política es el reflejo de su pueblo. Tenemos lo que nos merecemos porque cuando pasen 4 años (2 años más en este caso) volverán los de la acera de enfrente, y cuando pasen otros 4 años más, los otros… así, con esa zafiedad, esa actitud cainita que les impide leer con los dos ojos, esa envidia, codicia y rencor que atenaza a los hooligans tanto que no les deja evolucionar (cambiar ellos), en cambio sí a revolucionar (con “r”) (para que cambiemos los demás). Así, Lorena, no se va a ninguna parte, por muchos siglos que pasen seguiremos (me incluyo por el lastre que produce a toda la sociedad) igual de lastrados en la zafiedad.

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