El periodismo como trinchera

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Antaño era normal la existencia de prensa de partido. Algunos de aquellos periódicos alcanzaron justa fama como “El Socialista” y “Mundo Obrero”, órganos del PSOE y del PCE. Durante la II República y también no pocos durante la guerra civil, los órganos de opinión ligados a partidos políticos o a sindicatos fueron numerosos. No me refiero  a los periódicos que “tomaban partido” respondiendo al color ideológico de sus empresas o mentores, como pudieran ser “El Sol”, “ABC”, “El Debate” o “Informaciones”, sino a los medios ligados oficialmente a una formación política o a un sindicato. Entre otros: “Política”, “CNT”, “Claridad”, “Ahora”, “Arriba”, “La Publicitat”, “Democracia”, “República”, “L’Humanitat”, “El Popular”, “La Veu de Catalunya”, “Solidaridad Obrera”, “La Conquista del Estado”, “El Sindicalista”, “El Radical”… Durante el franquismo, con los reflejos obvios de su propia evolución, los periódicos vivieron en lo que podríamos llamar “libertad vigilada”, o sea limitada, con multas, recogidas y suspensiones más o menos reiteradas sobre algunos de ellos, y los medios oficiales de  partido –único- que eran generalistas en lo informativo, fueron los que formaban la Cadena de Prensa del Movimiento que desapareció al principio de la transición. Con la recuperación y consolidación de la democracia la prensa de partido se fue apagando o fue pasando a un ámbito interno para la militancia.

Quedó antiguo el periodismo como trinchera y pozo de tirador y se tensó el periodismo como observatorio, de información y de investigación, que es lo saludable para el ejercicio de crear opinión desde la libertad de opción de quien recibe una información que se supone contrastada y, por ello, veraz. En esta responsabilidad con la verdad de lo que se cuenta  hay reflexiones y antecedentes preclaros.

Tucídides en su “Historia de la guerra del Peloponeso” anota: “Con respecto a mi narración he seguido como principio no escribir la primera historia que se cruce en mi camino y ni siquiera dejarme llevar por mis propias impresiones generales: o he estado presente en los acontecimientos que describo o los he escuchado a testigos cuyos informes he comprobado todo lo posible. Pero incluso así la verdad no fue fácil de descubrir: diferentes testigos proporcionan diferentes testimonios de los mismos acontecimientos, ya sea por parcialidad, ya sea porque la memoria es imperfecta”.

Bill Keller, premio Pulitzer, cuando era director del  “New York Times” expuso en una conferencia en  “The Guardian” algunos de los principios que seguía: “creemos en un periodismo de la verificación más que en el de la aseveración. Cuando contamos una noticia, nos fijamos bien si resiste el examen. Ahora bien, los periódicos están escritos y editados por humanos. Tenemos cosas malas. Durante siglos, la historia de nuestro oficio se ha visto empañada por episodios de partidismo, de credulidad y de ignorancia ciega por parte de las empresas periodísticas más importantes. Así que hay un corolario a este principio: cuando lo hacemos mal, nos corregimos de la forma más rápida posible”. Se refería a su voluntad de rectificar, y no de persistir, ante un error.

Y contó una de las sonadas rectificaciones voluntarias de su periódico; rectificó un error aunque fuese meramente anecdótico: “En el artículo publicado ayer sobre Ivana Trump [la esposa del multimillonario] y sus hábitos de compra había un error en el número de sujetadores que adquirió. Son dos docenas de color negro, dos docenas de color beige y dos docenas de color blanco, no dos millares de cada uno”. Sobre las fuentes de sus noticias, Keller aseguró: “deberíamos explicar por qué damos crédito a esa información y si la fuente tiene un interés personal en ella o no”. Sobre la toma de partido respecto a una información: “Tratamos de reforzar la separación entre informar y ser partidarios de algo (…). No nos metemos de lleno en una historia que tiene detrás un interés concreto o una noción preconcebida. Ni manipulamos ni escondemos hechos para fomentar ese interés concreto. Nos esforzamos por preservar nuestra independencia de los intereses políticos y económicos, incluidos nuestros propios anunciantes. Ni trabajamos al servicio de ningún partido, ni de una industria, ni siquiera de un país”.

En este sentido, Keller insistió en que hay “que dejar a un lado las creencias personales” porque “no se trata de dar el mismo peso a cada punto de vista, sin importar lo mucho que se diferencien. Para nosotros la imparcialidad es una útil disciplina intelectual. Creo que es más probable presentar una historia completa y con opiniones justas si tu objetivo no es reforzar un argumento y sí buscar la evidencia sin una predisposición, incluida la que puede contradecir tus propias creencias. En cuanto has proclamado una opinión, te sientes obligado a defenderla. Y esto crea una tentación humana natural a pasar por alto hechos inconvenientes, o, si tomo prestada una frase de la famosa nota de Downing Street, a “ajustar los hechos a la política”.

Bill Kovach, del “New York Times” y Tom Rosenstiel, de “Newsweek”, en su libro canónico “Los elementos del periodismo” anotan en los primeros puestos de su decálogo cuatro principios: “1.La primera obligación del periodista es con la verdad. 2. Su primera lealtad es hacia los ciudadanos. 3. Su esencia es la disciplina de la verificación. 4. Aquellos que lo practican deben mantenerse independientes con respeto a aquellos a los que se refieren”.

Timothy Garton Ash, celebrado autor de “Historia del presente”, hablando de las responsabilidades del periodismo escribe: “El lector debe estar convencido de que un autor determinado suele ser exacto, que tiene la genuina intención de reunir todos los datos significativos y que no va a jugar con ellos para obtener un efecto determinado” y cita al novelista Jerzy Kosinski: “Me interesa la verdad no los datos, y soy lo bastante viejo como para conocer la diferencia”.

El maestro de periodistas Ryszard Kapuscinski, Premio Príncipe de Asturias, se mostró contundente sobre su oficio: “No debería haber sitio en los medios para las personas que los utilizaran para sembrar el odio y la hostilidad y para hacer propaganda”.

Edward Behr, de las revistas “Time” y “Newsweek”, entre otros medios, corresponsal de guerra, achaca tanto a “la cambiante atención de los lectores” como a “las necesidades económicas de los editores” que aquello que se convierte en gran noticia no sea siempre “lo que merece ser escogido para ser publicado”.

Peter Kann, premio Pulitzer, histórico director de “The Wall Street Journal” y  antes célebre corresponsal de guerra, expone sus principios: “1. Exactitud: realizar el esfuerzo máximo para hacerlo bien. Hecho por hecho por hecho. 2. Jugar limpio: Una mente abierta. Buscar diferentes puntos de vista, en la búsqueda de verdades. 3. Modestia: Tener un sentido de la satisfacción en trasladar informaciones útiles, más que en entretenimiento, cruzadas, ideólogos o inquisidores”. Para Kann “los hechos son hechos y se puede llegar a ellos a través de una búsqueda de información honesta, abierta y diligente. Creemos que se puede alcanzar la verdad, acumulando hecho tras hecho, como la construcción de una catedral. Las noticias no son sólo una cuestión de punto de vista. Y la verdad no está en los ojos del que escribe”.

Al lector de este post no se le escapará el interés y la actualidad de las anteriores referencias. El periodismo como trinchera, al servicio de una causa obsesiva o de un  partido, cuyo objetivo no es “reforzar un argumento” sino informar desde una “predisposición”, sin “reforzar la separación entre informar y ser partidario de algo” ha quedado -o debería haber quedado-  en las amarillas páginas de la Historia.

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5 comentarios to “El periodismo como trinchera”

  1. Martín-Martín Says:

    Le felicito por este nuevo post y porque, como ocurre a menudo en sus escritos, une la documentación, las enseñanzas de la Historia, la actualidad y una prosa de primera. Por si tuviera algo que ver, ahora mismo el tema obsesivo para un diario de Madrid de cuyo nombre no quiero acordarme es Bárcenas utilizado como arma arrojadiza contra Rajoy y Cospedal. Sería bueno saber que le hicieron al director de ese periódico, o probablemente que no le hicieron o que no le dieron, para que tenga tanta inquina y que quiera ser más juez que el juez. La última “parida” de ese director es denunciar que la policía le vigila por orden del Gobierno. Cae en la inmodestia que denunciaba Peter Kann según refiere usted en su post. Si el director de ese medio se siente “perseguido” ¿por qué no lo denuncia en una comisaría, en un cuartel de la Guardia Civil o en un Juzgado? Hacerse la víctima, de nuevo sin pruebas, es más aparatoso y más impune. También llegó a hacerse la víctima en su ya olvidado episodio del corpiño rosa ¿lo recuerdan? Preparado o no aquel asunto, siendo trampa o no, lo cierto es que quien aparecía en aquel video cutre era él. No veo alrededor hoy por hoy otro periodismo de “trinchera”, que no sigue, por cierto, las cautelas de veracidad, independencia y comprobación de fuentes y datos que demandan los periodistas ilustres que usted cita. Ese director y el jefe de la desorientada oposición parlamentaria se autoalimentan y ambos se han convertido en sátrapas del tal Bárcenas. ¿Cuándo abandonará Felipe González el PSOE como anunció si su partido se convertía en muleta de ese periódico? Por mi parte he dejado de comprar ese diario y aconsejo a mis amigos y círculos cercanos que no lo compren. Que manipulen lo que quieran, que suplanten a los jueces, pero no con mi dinero. Y supongo que no soy el único, por lo que espero que su economía lo note.

  2. Una feminista Says:

    Me gusta muchísimo su post Sr. Van-Halen.
    Ante estas referencias, incluida su personal selección, solo queda reflexionar… y si lo hago sobre la verdad, lo primero que se me ocurre es, si no habría que pedir lo mismo a los políticos… Me encantaría que se les pudiera aplicar la opinión que usted nos aporta de Tucídides “… la verdad no fue fácil de descubrir: diferentes testigos proporcionan diferentes testimonios de los mismos acontecimientos, ya sea por parcialidad, ya sea porque la memoria es imperfecta”. Creo que la mayoría tienen una magnífica memoria y, por supuesto, no tienen que ser imparciales al pertenecer a un partido determinado, pero si tendrían que “jugar limpio”.

  3. Fernando Azancot Says:

    Magnífico artículo, apabullante para un neófito como yo en la materia la abundante documentación en la que apoyas tu tesis. Mi cordial enhorabuena por desmentir que agosto sea un mes en el que se secan las entendederas.
    Pero, según opino, el problema del periodismo hoy, no gira en torno a la práctica de una más o menos plausible ética periodística, que en la mayoría, por no decir en todos los casos dada mi ignorancia sobre el particular tiene marca de origen “made in USA”, lo cual ya me pone en guardia; ni tampoco en la casi desaparición de la prensa de partido – no sé si “Mundo Obrero” y “El Socialista” siguen vendiéndose en los puestos de prensa -; el problema es muy otro y, según creo, tiene que ver con la soberbia de quienes se han creído capaces no solo de hablar de tú a tú a la política, sus dirigentes y representantes, sino, si se me aprieta, casi a sustituirlos en el sentido de que más que dedicarse a conocer las ideas y proyectos propios de la acción política para trasladarlos a los posibles lectores, oyentes o televidentes, incluyendo si se quiere la crítica oportuna, lo que se hace es dictar lo que el político debe hacer o no hacer, y caso de que éste desobedezca, proyectar sobre él eso que llaman periodismo de investigación, a la busca del hallazgo de alguna “debilidad” – quien esté libre de pecado que tire la primera piedra – con el único objeto de presionarlo de tal modo que una de dos, o se doblega y hace suyo el mensaje que se le transmite o debe darse por perdido. Para la mayoría de nuestros políticos, hoy, la prensa constituye un lobo con quien se debe llevar uno lo mejor posible e incluso ofrecerle la merienda de la abuelita si es necesario.
    Es frecuente escuchar que en la actualidad, en el mundo democrático, donde la libertad de expresión está garantizada, los medios de comunicación constituyen un cuarto poder, y no está desacertado el aserto, pero quizás no de un modo pleno – si seguimos el clásico criterio de Montesquieu -, a causa de su falta de independencia, y en verdad no existe poder en sentido estricto allí donde se conjuga el verbo “depender”. Es este un tema que no solo me preocupa, sino que me rebasa por lo difícil que resulta desvelar el soporte que hace posible la manoseada libertad de expresión en cualquiera de sus manifestaciones mediáticas. Solo me atrevo a señalar el interés de dominio del ser humano que ha hecho del dinero el objeto único de su vida, siguiendo el rumbo del “enriqueceos” preconizado por el sustrato económico financiero sobre el que descansa la democracia liberal parlamentaria y todo su espléndido aparato.
    Suele ponerse como ejemplo de ese periodismo de investigación, preservador de la pureza del sistema democrático, el denominado “Caso Watergate”, que provocó nada menos que la caída de todo un Presidente de los Estados Unidos. Pues bien, a mí lo que me interesaría saber es quién pagó la operación y para qué. Puede que se me conteste que el partido adversario, ante cuya respuesta seguiré inquiriendo “el quién” y “el para qué”.
    Dice la letra de unas “alegrías” – cante flamenco de origen gaditano con algún eco en Córdoba – que “las campanas de Cádiz repican solas/ cuando las gaditanas usan batas de cola”; copla que un conocido humorista que tuvo por nombre artístico Emilio el Moro, transformaba cantando que “las campanas de Cádiz repican solas/ porque hay un tío debajo que tira de la cuerda”. Pues eso.
    Otro sí digo: no deja de ser curioso el proceso de crisis que envuelve a la prensa escrita, difícilmente compensable por la prensa digital en cuyo prolífico bosque, al menos yo, me pierdo. Tampoco le va a la zaga el fenómeno de las redes sociales, donde toda ética apenas tiene presencia. Ni por supuesto la gramática como dominio de la mayoría de “los redactores”. Espero que el sustrato económico financiero al que me he referido, esté estudiando el modo de hacer suyo no sólo lo que ya es, el medio informático, sino también el cuadro de redacción.

  4. OPCH Says:

    Enhorabuena Van Halen!! El “Periodismo como trinchera”es la mejor crítica que se puede escribir y leer sobre quienes actualmente se dedican a traspasar y pisotear los principios más básicos del buen periodismo.
    Gracias por la lección gratis!!!

  5. Rafa Says:

    ¿Gratis? Jejeje

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