¿Persistirá España en el error Gibraltar?

by

Mariano Rajoy ha anunciado que su Gobierno propondrá una reunión o mesa a cuatro bandas (los Gobiernos de España y Gran Bretaña, el Gobierno local de la Roca y el de la Junta de Andalucía) para tratar de arreglar el contencioso de Gibraltar cuyo último episodio de desencuentro se debe al anclaje de más de setenta grandes bloques de hormigón con hierros sobresalientes en aguas territoriales españolas (el Tratado de Utrecht sólo reconoce a la Roca como propias las aguas de su puerto) lo que dificultará gravemente y llegará a imposibilitar la pesca en aquella zona. La respuesta española fue hacer más rígidos los controles en la verja desde la más estricta legalidad. Los llanitos se quejaron, Cameron telefoneó a Rajoy que se mantuvo en su postura en defensa de los intereses españoles, y el asunto quedaba así, al menos hasta este último anuncio presidencial que a mi juicio abre algún interrogante.

La firmeza del Gobierno español ante el Gobierno británico convierte en más sorprendente la solución anunciada que de producirse parecería, de hecho, una nueva edición con variantes del Foro Trilateral (España, Gran Bretaña y Gibraltar) que se inventó, en uno de sus desatinos, el inefable ministro Miguel Ángel Moratinos durante el Gobierno de Zapatero. Aquel Foro incluyó la “visita de Estado” a la Roca de un ministro español (como dignatario extranjero en increíble viaje al que se considera territorio propio) por primera vez en tres siglos. Fue un error. Si se hiciese realidad, la propuesta que ahora se anuncia honestamente me parecería otro error.

No digo yo que haya que volver a las políticas de Fernando María Castiella, que fue llamado con sorna el ministro “del asunto exterior” porque en algún momento pareció que sólo tenía en su agenda el problema gibraltareño, pero sí que el Gobierno  actúe hasta en los detalles con coherencia histórica.

La admisión del Gobierno de la Roca como interlocutor y la misma existencia de Gibraltar como sujeto de derechos internacionales ajeno a las relaciones bilaterales Londres-Madrid no tuvieron precedentes hasta la insensata decisión de Moratinos cuando en 2004 creó aquel Foro Trilateral. En los reinados de Felipe V en sus dos etapas,  de Luis I, de Fernando VI, de Carlos III, de Carlos IV, de José I, de Fernando VII, de Isabel II, de Amadeo I, de Alfonso XII, de Alfonso XIII; en las regencias de Espartero y de Serrano; en la Primera República, con las presidencias del Poder Ejecutivo en manos de Figueras, Pi y Margall, Salmerón y Castelar; en la Segunda República, con las presidencias de Alcalá-Zamora y Azaña; en la dictadura de Franco; y en el reinado de Juan Carlos I hasta la ocurrencia de Zapatero-Moratinos, la política española sobre Gibraltar no había cambiado en sus líneas maestras. No sólo era invariable la firme petición de la soberanía de Gibraltar sino que se cuidaban los detalles. La ONU reiteradamente ha considerado la situación del Peñón como colonial y ha dado la razón a España. Es insólito que un Estado de la Unión Europea mantenga una colonia en otro Estado de la Unión Europea. Pero España durante años no ha sabido utilizar inteligentemente el respaldo de la ONU en el contexto de una realidad anacrónica.

El Tratado de Utrecht determinó en 1713 un reconocimiento de España a una ocupación británica de facto, pero en aquel documento sólo se recogían como ocupados la fortaleza, los fuertes y fortines y el puerto, no el istmo ni las aguas circundantes, y ya entonces quedaba explícito que España consideraba Gibraltar un territorio español ocupado por tropas extranjeras  en nombre de un pretendiente al trono de España, el Archiduque Carlos de Austria, y que era mantenido por la fuerza. Tras la toma de Gibraltar, en  lugar de izar la bandera del pretendiente Archiduque Carlos, el almirante Rooke, jefe de la flota angloholandesa asaltante, ordenó izar la británica.  Un robo. Se dio el caso de que la infantería que actuó como vanguardia en el asalto estaba integrada por un batallón de soldados catalanes partidarios del Archiduque pero que no luchaban para que la Roca fuese británica sino por su rey. Por el Tratado de Utrecht, España cedía a perpetuidad el Peñón a Gran Bretaña sin jurisdicción alguna, estableciéndose una cláusula por la cual si el territorio dejaba de ser británico, España podría recuperarlo. Para nada se tenía en cuenta a la población de Gibraltar, cuyo origen era vario, de aluvión, sobre todo malteses y genoveses, ya que sus habitantes  españoles habían abandonado la ciudad tras la ocupación de 1704 llevándose sus enseñas, sus archivos y el resto de la documentación municipal. Fue cuando se creó la “Ciudad de Gibraltar en San Roque”.

Luego, con indignidad tramposa, el Gobierno de Londres fue ampliando su presencia en el istmo. En 1815, una epidemia de fiebre amarilla afectó a Gibraltar. España accedió a una petición del Gobierno británico para construir barracones en la zona neutral que, sin embargo, no fueron demolidos cuando pasó la epidemia. Otra epidemia de 1854, y otra muestra de la buena voluntad española, permitieron que Gran Bretaña se apoderase no sólo de una nueva parte del territorio del istmo, sino que, además, construyese una valla sobre éste. En 1908, los británicos levantaron otra valla aún más lejos del Peñón. Es la verja actual.

En 1938, aprovechando la guerra civil española, Gran Bretaña construyó en el istmo un aeropuerto militar que luego tuvo uso preferentemente civil. Su pista se adentra en aguas territoriales no cedidas por España en Utrecht. El 30 de junio de 1940, la artillería española derribó un avión británico que iba a aterrizar en la terminal de la Roca, por violación de su espacio aéreo. Las circunstancias de entonces llevaron a que Gran Bretaña no reaccionase.

Si España no autorizase o sometiese a restricciones la utilización de su espacio aéreo la normalidad del Peñón se resentiría. Igual que si no cediese líneas telefónicas a la Roca y, sobre todo, si cerrase la verja, situación que ya se dio entre junio de 1969 y diciembre de 1982. Es obvio que esta última opción, indeseable, perjudicaría a miles de españoles del Campo de Gibraltar que trabajan en el Peñón, pero perjudicaría mucho más a los llanitos que recuerdan con horror el largo periodo de cierre de la verja que supuso una grave crisis económica para la colonia y que obligó a Londres a arbitrar importantes ayudas presupuestarias para el mantenimiento de Gibraltar que, además, sufrió un éxodo. Por ese cruce de intereses debe abrirse camino el diálogo para que no se produzcan conflictos. Pero precisamente entre Londres (titular de la colonia) y Madrid (en cuyo territorio se asienta). España ha caído en demasiadas trampas en trescientos años.

La Alcaldesa socialista de La Línea de la Concepción (65.000 habitantes), María Gemma Araujo, ha dicho que el patriotismo cuesta caro. Pero el patriotismo tiene valor pero no tiene precio. No he leído ninguna declaración parecida de responsables británicos ni gibraltareños. El Alcalde de Algeciras (117.000 habitantes), José Ignacio Landaluce, del PP, que es también diputado y  vicepresidente de la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso, no ha sido explícito sobre el asunto en este momento, pero recientemente advirtió a las autoridades de la colonia que deben tener muy claro que “los siete años de permisividad vividos durante los anteriores gobiernos socialistas no se van a repetir” porque se han consumado medidas que “han beneficiado únicamente a los gibraltareños y perjudican seriamente a España”.

Es obvio que los Gobiernos tienen la responsabilidad de actuar en defensa de los intereses nacionales en caso de que éstos choquen con los intereses locales. Gibraltar, más allá de la política y de la Historia, es un caso claro de paraíso fiscal. Tiene 30.000 habitantes y 55.000 empresas dadas de alta en un territorio de seis kilómetros cuadrados; no es pensar mal deducir que en su mayoría se dedican al blanqueo de dinero; sus sedes son comúnmente apartados de correos. Es el territorio europeo con más apartados de correos en uso en relación con su extensión.

En el siglo XX y principios del XXI hubo tres propuestas formales de Madrid a Londres para la devolución de Gibraltar en 1966, en 1997 y en 2002; la de 1997 incluía un periodo de cien años de soberanía compartida de España y Gran Bretaña. La propuesta de 2002, que contemplaba también una transición de cosoberanía, fue la más próxima a hacerse realidad porque llegó a ser acordada provisionalmente por ambos Gobiernos, pero zozobró por la oposición numantina de los llanitos que viéndole las orejas al lobo se atrevieron a convocar un referéndum de soberanía ignorando la doctrina de la ONU. Tony Blair se echó para atrás. Los que parecen tener claro de quién es Gibraltar son los lectores del diario londinense “The Telegraph” que en una encuesta de su web han contestado abrumadoramente “español” a la pregunta “¿Es Gibraltar británico o español?”. Cuando escribo estas líneas 401.798, el 91,66% de los participantes, se han manifestado a favor de que la soberanía de Gibraltar pertenece a España,  mientras 36.580, el 8,34%, se mostraron partidarios de la opción británica.

El anuncio de Rajoy me ha sorprendido. No dudo que tendrá explicación pero no se me alcanza. Madrid y Londres deben hablar, desde luego. ¿Por qué reconocer al Gobierno local de Gibraltar como interlocutor? Se quiere compensar con la presencia de la Junta de Andalucía, pero la política exterior es competencia del Gobierno no de las Comunidades Autónomas, y si hay que defender, como así es, los intereses de los pescadores españoles, para eso está el Gobierno de la Nación desde sus ineludibles responsabilidades. Si se confirmase sería un nuevo error, distinto del que protagonizó Moratinos pero en la línea de su Foro Trilateral que no condujo a nada bueno para los españoles y sí a ventajas para los gibraltareños. García-Margallo, que es un gran ministro, uno de los pesos pesados del Gobierno, anunció que “se ha acabado el recreo en Gibraltar”. Eran palabras esperanzadoras que hacía falta escuchar. La aceptación como interlocutor del Gobierno local de la Roca, aunque fuese en un Foro a cuatro, sería como echar agua al vino de aquel anuncio. Y para echar agua al vino en esta cuestión están ya Mas y los suyos y los de Amaiur que se han apresurado a solidarizarse con el premier gibraltareño, Fabián Picardo, que me desternilla de risa cuando dice con gracejo “nozotro zomo ingleze” en el delicioso andaluz en el que mi madre proclamaba su orgullo de ser cordobesa.

Anuncios

9 comentarios to “¿Persistirá España en el error Gibraltar?”

  1. Bvnda Says:

    Coincido con el planteamiento expuesto por Van Halen. Las decisiones y cada uno de los movimientos en este asunto deben ser contundentes. La estrategia que diseñe el gobierno de España no debe dejar abierta ninguna fisura, por pequeña que ésta pudiere ser, que pueda ser interpretada por el gobierno británico como una debilidad. Ese diálogo anunciado por Mariano Rajoy debería ser entre Estados y por tanto sólo a dos bandas.

  2. Martín-.Martín Says:

    Ahora dice García-Margallo que en el foro a cuatro no se hablará de soberanía, pero esa “parida” era innecesaria porque la inclusión de Gibraltar y de la Junta de Andalucía para hablar de lo que sea no suma. Ya pueden y deben hablar de todo Londres y Madrid. Tiene razón Bvnda en que no se “debe dejar abierta ninguna fisura que pueda interpretarse como una debilidad”. El gobierno local de la Roca interpretará la medida a su favor, como una extensión de lo decidido en su día por Moratinos. Nos han engañado demasiado tiempo y España no aprende. Debe ser que no tenemos remedio. Y Rajoy siempre tan “blando” incluso cuando legítimamente se pone “duro”, por lo menos esa es la impresión que se puede dar.

  3. Fernando Azancot Says:

    Retomo lo dicho en mi glosa a tu anterior “post” – palabra “horribilis” – sobre este mes de agosto que en lugar de secarte las entendederas – como se muestra a partir de Castuera, donde asiento mi persona, esa llanura hermosamente lunar de pastos agostados y cardenchas a la que llaman la Siberia extremeña -; por el contrario te las mantiene jugosas y fértiles, tal he podido comprobar después de leer con atento detenimiento esta tu última y magnífica aportación agosteña dedicada a esa espina llamada Gibraltar que, según yo creía en mi juventud, teníamos todos los españoles clavada en el corazón y que ahora, según parece, apenas lastima a casi nadie, y lo que es más grave, no solo no hace daño a ciertas almas, sino que incluso, por lo visto y oído, las alegra el hecho de creer que ahí abajo lo que existe es una nacionalidad más que agregar al variopinto mosaico de la España de las autonomías aspirantes a estados independientes, cosa que seguramente persiguió la pareja Zapatero & Moratinos al aceptar el dialogo con el poncio gibraltareño como creyéndose conducidos al país de las maravillas por el “pensamiento” del primero, que no sin razón bautizó el emérito profesor Gustavo Bueno, en feliz ensayo, como “pensamiento Alicia”, y eso porque ni me siento intelectualmente dotado para corregir al eximio filósofo, y sobre todo porque no quiero pensar mal de tan acreditados políticos.
    Pero lo que me faltaba es que Don Mariano Rajoy, el más votado de los Presidentes de Gobierno de esta democracia, añadiera al desatino Zapatero & Moratinos – y valga el ripio – el recrecerlo, haciendo comparecer, a una posible reunión que debiera desarrollarse a dos bandas, no sólo al baranda de Gibraltar, sino también a la recién llegada Presidenta de la Junta de Andalucía, que por cierto, dado el número de años que ha empleado, según dicen, en hacerse del título de licenciada en Derecho se supone que llevará fresco tanto el Derecho Internacional Público como el Privado, lo cual siempre es un consuelo, que aquí no se consuela quien no quiere, ello sin menoscabo de que pueda ofrecer a los llanitos un manojo de expedientes de regulación de empleo, que a aquella jurisdicción británica no llega la larga mano de la jueza Alaya. Y todo esto lo digo porque tal como están las cosas es mejor reír que llorar.
    Pero ascendiendo o descendiendo del humor a la seriedad que, a pesar de su esperpéntico acontecer, el asunto merece, si tal “último anuncio presidencial” como lo denominas, terminara en hecho cierto, lo que abriría no sería “algún” interrogante, sino todos o uno solo que lo sería por antonomasia, pues se balancearía entre el ser o no ser de España. Sería no otro error, sino el error definitivo que impediría para el futuro cualquier rectificación que no fuera la imposible de las armas.
    Regresar en el tiempo, que es un vector siempre hacia adelante, ni es posible ni tampoco recomendable, pero sí lo es progresar sobre lo hecho con espíritu de continuidad que es lo que merecen y exigen los asuntos calificados como “política de Estado”. Y en este sentido lo aportado tanto por Martín Artajo como por Castiella y sucesores no fue poco, particularmente en un Régimen al que las relaciones internacionales no le eran precisamente propicias, y desde luego en nada parecidas a las que hoy se nos ofrecen en tanto no mengüemos de tal manera que ni nosotros reconozcamos en su justo rigor exigente la soberanía de la nación española a la que pertenecemos. Y éste es un oscuro presagio que comienza a tomar cuerpo desde la llamada transición a nuestros días. Para muestra, esas adhesiones de grupos separatistas a la postura gibraltareña que para personal repugnancia estamos conociendo, y en algún caso hasta presumiendo públicamente de la llamada “catalán bay” bautizada por los llanitos en memoria de aquel batallón de catalanes que, creyendo servir al pretendiente austriaco, hubieron de soportar el deshonor militar de ver alzada sobre la roca no la enseña del aspirante a rey de España, sino la bandera del rey de Inglaterra. Algo así como si hubiera estado compuesto por los actuales mozos de escuadra.
    Pero si abracadabrante es esta muestra de estulticia nacionalista producto de una degeneración histórico-política y de un “laisser faire” del poder del Estado, no menos lo es la postura adoptada por una “leal oposición” que no cuenta con uno, sino con varios criterios ante cualquier problema o cuestión que se suscite, sea cual sea su gravedad o peso ante la opinión pública. Y no nos quedamos aquí, ya que este ambiente descompuesto se traslada a las redacciones de la prensa y a los platós de televisión donde ya el galimatías alcanza el más alto grado de desconcierto.
    Luego, la demagogia al uso pretende aprovechar la situación para enfrentar a dos sectores que ocupan un mismo espacio geográfico: de una parte los pescadores de la bahía – no sólo los de la Línea de la Concepción – afectados por los continuos obstáculos que han de soportar, venidos de manos británicas – las autoridades gibraltareñas, en su calidad colonial, apenas tienen iniciativa y competencia para asuntos que puedan incidir en la política del “foreingh office” -; de otra los autodenominados “trabajadores españoles de Gibraltar” dispuestos a todo con tal de conservar sus puestos de trabajo en el peñón. Tema que por su delicadeza rebasa en mucho esta glosa. Simplemente diré que sería necesario que por la autoridad competente se revisaran seriamente sus contratos de trabajo y las condiciones en que éste se desarrolla. Posiblemente habría sorpresas. De otra parte, que yo sepa, nadie ha dicho que estos vayan a ser obligados a pagar la tasa de que se habla. En cuanto a su acceso diario a la verja – en la roca no hay quien aparque sin dejar allí el salario del día – creo que bastan los autobuses que paran en su proximidad. Y para más, no serían los primeros en soportar una reforma laboral.
    No obstante, bueno es precisar que a una política de mano dura, absolutamente necesaria, debiera acompañarla un plan riguroso de promoción económico-social del Campo de Gibraltar, y singularmente del foco más complicado que es La Línea de la Concepción. Por cierto: ¿qué fue de aquel polo de desarrollo que contó en su día incluso con un Subcomisario?
    Instrumentos de presión los hay y abundantes. De promoción también. Otra cosa es que los muchos y potentes intereses económicos compartidos a un lado y otro de la verja presionen para que no san adoptados. Mientras, Gran Bretaña seguirá manteniendo la colonia en tanto pueda promover, o se la sirvan promovida, la discordia entre los satisfechos llanitos colonizados, sus adláteres, los partidos políticos, los medios de comunicación, y un largo etcétera. Esa fue siempre su estrategia en las colonias dominadas.
    Termino. Sería muy conveniente que Rajoy leyera tu artículo. A veces hay que correr riesgos. Tú de eso sabes bastante.

  4. Rafa Says:

    http://www.cuartopoder.es/tribuna/ilegalizar-al-pp/4843

  5. Martín-Martín Says:

    A Rafa: Me preguntaba el motivo para que el autor del blog permitiera que un comentario diera un enlace. Como sabemos los seguidores habituales Van Halen de vez en cuando edita las normas del blog y una de ellas es que no acepta enlaces. Las opiniones deben reflejarse en los comentarios, no en opiniones de terceros. Pero he seguido el enlace y ya sé el motivo: al autor le conviene. El enlace lleva a un blog de un tipo conocido en su casa a las horas de comer en el que pide, nada menos, que se ilegalice el PP como partido por los casos Gürtel y Bárcenas. ¡Qué tío! Dice que es ingeniero, y por eso probablemente no sabe nada sobre la ilegalización de partidos. Pero debe ser un niño, de otro modo recordaría que en el Gobierno de don Felipe González fueron condenados en firme por corrupción desde el Gobernador del Banco de España hasta la Presidenta de la Cruz Roja, la Directora General del B.O.E. y el Director General de la Guardia Civil, y también dos Presidentes de la Comunidad Autónoma de Navarra, el Presidente de la Comunidad Autónoma de Aragón y el Presidente de la Comunidad Autónoma de Murcia, todos socialistas, y tuvieron que dimitir por consentir la corrupción dos vicepresidentes del Gobierno socialista: Guerra y Serra. En aquella época se dio en España una corrupción generalizada, la mayor hasta el caso de los ERE andaluces, que es hasta ahora la mayor trama de corrupción conocida. Están políticamente implicados los dos últimos presidentes del PSOE, el actual Griñán, y el anterior, Chaves. Y debe saber, Rafa, que los casos Gürtel y Bárcenas no son casos de Gobierno (los ERE, sí) sino de personas de un partido que se beneficiaban personalmente, mientras el PSOE es el único partido condenado en firme en España por una trama de financiación ilegal (FIlesa, etc) montada por el tesorero y gerente socialistas (Galeote, Salas) no para su beneficio personal sino para financiar el PSOE como determinaron los Tribunales. Nada que ver con Gürtel y Bárcenas. Y a nadie se le ocurrió pedir la ilegalización del PSOE, probablemente porque sabían Derecho, y no eran unos desahogados como el firmante del blog al que su enlace remite. Con estos antecedentes me explico que Van Halen haya admitido ese enlace en su blog en contra de sus propias normas. Cuanta más gente lea el enlace mejor. Tenga en cuenta que “As de Bastos” aparece en la web nacional del PP y en la regional del PP de Madrid. Al autor del blog le conviene que se lea el enlace al que usted amablemente nos invita. Gracias, Rafa, ha conseguido usted lo contrario de lo que quería conseguir. Enhorabuena.

  6. gold price Says:

    Sin dejar de admitir la poderosa influencia de las nuevas actividades, sustitutas de una economía asentada en los ingresos procedentes de los gastos militares, muchos gibraltareños con opinión y peso en la colonia advierten contra la tentación de una interpretación exclusivamente economicista. El resentimiento de los llanitos se palpa en comentarios como estos, de un periodista gibraltareño: ‘Aquí pasa como con las Torres de Nueva York, que todavía sale humo’. ‘El cierre de la Verja prolongado durante 16 años fue cruel e inhumano y políticamente nos echó en manos de los británicos’. ‘Hay gente que murió en los hospitales porque los españoles no dejaban pasar las botellas de oxígeno’. ‘Fue España la primera en darnos la espalda’, subraya el presidente de los abogados, Robert Vasquez. Si la tesis que atribuye a los gibraltareños ‘una personalidad identitaria histórica’ conformada en el territorio, la educación y el mestizaje a lo largo de casi tres siglos puede resultar dudosa, no ocurre lo mismo con la evidencia de que ésta es una población con síndrome de la insularidad. El hostigamiento, el acoso y el bloqueo, recursos de una España herida y humillada, ha levantado muros mentales bastante sólidos, a cuya creación contribuyeron algunos republicanos refugiados en el Peñón tras la guerra civil y todos aquellos hijos resentidos de la España de la Dictadura.

  7. Una feminista Says:

    No me resisto a hacer un “mini comentario” puesto que ya está publicado el siguiente post, pero me alegra leer una estupenda lección de historia y un análisis serio de la política exterior española ante esta anomalía que ya perdura tres siglos.
    Van-Halen, como siempre, usted acierta.

  8. Get Smart Says:

    Naciones Unidas sostiene claramente que debe primar el derecho de integridad territorial (a favor de España) frente al derecho de autodeterminación (promovido por Gran Bretaña), si bien advierte de que hay que negociar considerando los “deseos” de los gibraltareños, lo que va a complicar la solución del conflicto. Desde aquel momento, los gibraltareños comenzaron a rechazar continuamente la posibilidad de pertenecer a España por dos motivos: por la democracia que tenían como ciudadanos británicos frente a la dictadura española y por el alto nivel económico que disfrutaba la Roca frente a la pobreza de la postguerra española. España nunca ha sabido qué hacer para recuperar este trozo andaluz, frente a la obstinada resistencia británica. La política errática de los distintos gobiernos democráticos españoles no ha servido para cambiar la postura británica, cerrada a negociar los temas sobre la soberanía.

  9. David Says:

    Get Smart, no manipules. Según la ONU se menciona que se salvaguardarán los intereses de los llanitos. Y posteriormente ratificado por este mismo organismo los intereses de los llanitos, no sus deseos. Todo esto, allá por los 60s.

    Get Smart, os doy las gracias, sinceramente a los llanitos de haber tirado de forma ruin estos peazos de cementos con pinchos sobresaliendo que creo que al final se os va a atragantar como espina de pescado. Hay que tener en cuenta que estamos en la era de internet en donde es muy fácil obtener información y por el tema de los pinchitos miles de personas por fin se están informando fácilmente de la historia de Gibraltar, base para formarse una opinión válida.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: