El PNV juega a la guerra

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Un batallón del “Euzko Gudarostea” -Ejército Vasco- que llevaba un nombre que nos suena, “Amaiur”, intervino en el llamado Paso del Nalón en febrero de 1937, guerra civil, dentro de la ofensiva sobre Oviedo. Hasta aquí la Historia. El portavoz parlamentario del PNV en el Congreso, Aitor Esteban, y un grupo de amigos han escenificado aquel episodio bélico. En las fotografías aparece el tal Esteban con uniforme de “gudari”, pistola -supongo que de pega- en una mano e “ikurriña” en la otra.

A mí estos juegos de guerra no me gustan nada, y sobre todo cuando se trata de escenificar episodios de una guerra entre hermanos. En la democracia se debe apostar por el diálogo y por la paz y no por la exaltación de periodos violentos porque el turbulento pasado del país demuestra que desde tiempos remotos se empieza con los juegos de guerra y se desemboca en la guerra sin juegos.

Puestos a escenificar, y reitero que no me gusta nada, a cualquier conocedor de la Historia podría extrañarle que a Esteban y a sus amigos no se les haya ocurrido escenificar otros episodios bélicos protagonizados por los “gudaris”, por ejemplo las negociaciones y las semanas previas y días posteriores al llamado Pacto de Santoña, de agosto de 1937: la rendición a los legionarios voluntarios italianos de lo que quedaba del Ejército Vasco tras un discreto acuerdo fraguado entre Juan Ajuriaguerra, dirigente del PNV, y el coronel italiano De Carlo, actuando el Vaticano como mediador, el sacerdote vasco Alberto Onaindía como emisario, y con conocimiento del cardenal Pacelli, futuro Papa Pío XII, de Franco, de Mussolini y del “lehendakari” José Antonio Aguirre.

Los vascos hacían realidad lo que había vaticinado el presidente de la República Manuel Azaña en marzo de 1937, desde un lúcido pesimismo: “Caído Bilbao es verosímil que los nacionalistas arrojen las armas, cuando no se pasen al enemigo. Los nacionalistas no se baten por la causa de la República ni por la causa de España, a la que aborrecen, sino por su autonomía y semiindependencia. Con esta moral es de pensar que, al caer Bilbao, perdido el territorio y desvanecido el gobierno autónomo, los combatientes crean o digan que su misión y sus motivos de guerra han terminado”. Y así ocurrió.

Los franquistas entraron en Bilbao el 19 de junio sin disparar un solo tiro tras negociar la rendición con los batallones nacionalistas que custodiaban la ciudad. Los “gudaris” entregaron las armas. En Baracaldo la rendición fue a los italianos en la Plaza de los Fueros. Una de las condiciones de la rendición emanada del Pacto de Santoña fue que fuese simulada, que la capitulación pactada pareciese una derrota ante el enemigo en el campo de batalla, por lo que se decidió, a propuesta del PNV, que las tropas franquistas atacaran por Reinosa y el puerto de El Escudo, de manera que así quedasen copados los restos del Ejército Vasco. Ajuriaguerra informó por escrito  a los italianos de la situación exacta de los batallones nacionalistas vascos en la provincia de Santander.

En la madrugada del 23 de agosto el Ejército Vasco hizo público en Laredo, donde tenía su cuartel general el Euzkadi Buru Batzar, máximo órgano del PNV, su abandono del bando republicano. Durante un cierto tiempo los “gudaris” tomaron el poder en un pequeño territorio entre Laredo y Santoña, desarmaron a las tropas republicanas, arriaron la bandera tricolor e izaron la “ikurriña” en los ayuntamientos que controlaban, y constituyeron una extraña República Vasca con un gobierno y un Estado Mayor. Resulta paradójico que la única efímera experiencia independiente del País Vasco se haya producido en territorio ajeno, en la provincia de Santander.

En el único documento que se conserva firmado por vascos e italianos dentro del Pacto de Santoña, suscrito el 24 de agosto en Guriezo, se especifica que la rendición se producía “sin condiciones, con arreglo a las disposiciones dictadas por S. E. el Generalísimo”. Y los vascos no pudieron evitar que, pese a su intención de rendirse a los italianos, el documento fuese firmado, además, por oficiales españoles, ya que la unidad que formalizó aquel episodio de la rendición era la de los Flechas Negras, contingente mixto de tropas españolas e italianas

El Pacto de Santoña no se cumplió porque el Estado Mayor de los sublevados no reconoció todos sus términos, por ejemplo la evacuación desde aquella ciudad cántabra de miles de personas en buques extranjeros, y los militares italianos no tuvieron fuerza para imponerse. El 4 de septiembre de 1937 los italianos desaparecieron de la zona y las tropas franquistas tomaron el control de la fantasmagórica República Vasca de Santoña, comenzando para muchos nacionalistas un duro periodo de cárcel, de juicios sumarísimos y de sentencias, lo que supuso una crisis en las relaciones entre Roma y el Gobierno de Salamanca. Por intervención del conde Ciano, yerno y ministro de Asuntos Exteriores de Mussolini, a Juan Ajuriaguerra se le conmutó la pena de muerte, pero sufrió prisión, confinamientos, persecuciones y exilio. En las primeras elecciones democráticas fue elegido diputado.

A cualquiera que tenga curiosidad por saber más, le recomiendo la lectura de “El Pacto de Santoña”, de Xuan Cándamo, publicado hace algunos años.  Mi resumen del episodio histórico del Pacto, deplorable de un lado por quienes lo urdieron y de otro por quienes no lo cumplieron, es que el Gobierno del PNV, como bien supuso Azaña, no luchaba en la guerra civil por la República Española sino por su territorio, mirándose el ombligo como siempre, y que los valientes “gudaris” optaron por rendirse al enemigo sin disparar un solo tiro;  eso sí, eligieron para hacerlo al fascismo foráneo y no al español. Me pregunto si el “lehendakari” Aguirre no hubiese sido feliz convirtiendo el País Vasco en una especie de Manchukúo bajo protectorado italiano, siendo él Pu Yi, el emperador títere de aquel efímero imperio creado por los japoneses entre 1932 y 1945, restándole el territorio a China.

Mientras, que Aitor Esteban, portavoz del PNV en el Congreso de los Diputados de España, juegue a la guerra.

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7 comentarios to “El PNV juega a la guerra”

  1. Una feminista Says:

    Desconocía el “Pacto de Santoña” y me ha resultado muy curioso leer su post. Su visión de la realidad política, aliñada con ese conocimiento tan vasto de la Historia, siempre me resulta sorprendente. Un placer leerle ¡gracias!

  2. Observador Says:

    Señor Van Halen: es muy interesante lo que cuenta sobre el Pacto de Santoña, poco conocido porque a unos y a otros, nacionalistas y franquistas, no les interesó su publicidad. Creo que la primera vez que se publicó con detalle por persona informada directamente fue en los años cincuenta en un libro del sacerdote vasco Onaindía que, como usted escribe, fue el enlace entre el Vaticano, los italianos y el Gobierno Vasco, concretamente el PNV. El hecho de que Juan Ajuriaguerra informase con detalle a los italianos de la situación de los batallones vascos se puede llamar de muchas maneras pero yo lo llamaría traición, sobre todo porque se produjo en tiempos de guerra. La desafección del Ejército Vasco respecto al esfuerzo bélico de la República no me extraña. No luchaba por España ni por la democracia sino por “su país”. Y una vez perdido su territorio no le ligaba nada a la República. Es duro asimilarlo pero es así.

  3. OPCH Says:

    No puedo estar más de acuerdo con Van Halen respecto al irresponsable entretenimiento que ha protagonizado Aitor Esteban y un grupo de amigotes. Hay que tener poco cerebro y peor gusto.
    Respecto al “Pacto de Santoña” coincido plenamente con los dos comentaristas anteriores y reconozco, con ello, mi ignorancia sobre tal acontecimiento histórico, significativo como ninguno, por lo que nos cuenta Van Halen, del papel del Ejército Vasco en la guerra civil española.Mi agradecimiento al autor porque una vez más su blog es una ventana abierta al conocimiento de la Historia.

  4. Bvnda Says:

    Me sumo también al grupo de los desconocedores, hasta la fecha, del “Pacto de Santoña”. No deja de sorprenderme las “dotes adivinatorias” de Manuel Azaña al que, es obvio, no le faltó conocimiento, más que intuición, sobre las motivaciones de los vascos y su participación en el conflicto bélico.
    Gracias Van Halen por seguir enseñándonos Historia.

  5. Martin-Martín Says:

    El nacionalismo vasco y el catalán siempre han obrado igual: han pensado sólo en ellos y no en España, por otra parte como resulta lógico pues sus objetivos son en los dos casos la secesión. El episodio que refleja este post es muy significativo y quiero destacar la clarividencia de Azaña que adelantó lo que haría el llamado “Ejército Vasco” que a la hora de pegar tiros no supo ni defender su territorio regional. El lehendakari Aguirre no estuvo a la altura y su gobierno y el PNV tampoco. ¿Cómo nos sorprende ahora el nacionalismo egoísta después de ejemplos como este del Pacto de Santoña?

  6. Fernando Azancot Says:

    Un batallón con ese nombre estaría siempre condenado a no llegar más allá de la pura escenificación teatral de lo imposible soñado como realidad. Sobre todo si la mayoría de los guripas en el mismo encuadrados respondían a apellidos como García o Gutiérrez, o como este Esteban evocador, pues no creo que hubiese suficientes Bengoecheas o Aguirrezabalagas procedentes del rancio nacionalismo para formarlos en línea de combate, y sobre todo para sostenerlo a la hora más dura de la batalla.
    Pero fuera bromas, lo dramático de la situación es la inconsciencia que vienen manifestando los nacionalistas al uso, alimentada su inusitada proliferación desde el propio gobierno nacional, si es que esta categoría tiene existencia en la actualidad. A tal grado la irresponsabilidad de que hacen gala los respectivos líderes separatistas, que mucho me temo que tu consideración sobre una vida apacible y democrática, basada en el diálogo, se ha convertido o la han convertido en un imposible. El famoso contraste de pareceres y concurrencia de criterios, al que aspiraba Fernández Miranda, verdadero artífice de la transición política – personaje, hoy, muy a la española, relegado al olvido de quienes han sido sus más destacados beneficiarios -, aparece como una utopía, un bello sueño degenerado en la pesadilla que hoy nos abruma, cuyo desenlace se muestra cada día más incierto.
    Todo intento de situar la historia ante los independentistas en el sitio que le corresponde, dialécticamente es inútil. Acabo de escuchar a un individuo, que representa a una plataforma independentista catalana, afirmar que cualquier historia al respecto es falsa, porque es la narrada por los vencedores, incluyendo entre estos a Isabel y Fernando. A lo que ha añadido que cuando Cataluña se convierta en Estado, lo primero que habrá que hacer será escribir la verdadera historia. Y se ha quedado tan campante. Pero lo más grave es que no habrá que esperar a tal acontecimiento, puesto que ya se explica torticeramente en las escuelas de Cataluña. Es terrible escuchar el odio a España inoculado en la mente de un niño o una niña. No sé que nos queda por presenciar.
    Del magnífico y riguroso despliegue histórico que introduces en tu artículo, qué decir más allá del elogio más que merecido. Pero desgraciadamente supongo que no será leído por quienes deberían aprender historia. Más aún, si acaso lo leyeran dirían, haciendo caso omiso al dato incontrovertible, que “la versión” procede de la pluma de un fascista, borrando de ese modo la pizarra de su propia conciencia y experiencia, si la tienen, de un hecho histórico perfectamente datado: la de la rendición gudari al ejército italiano, buscando, en la voluntad del Duce, un trato de favor con todas las implicaciones de las que das cumplida cuenta en tu texto, según se pretendió convenir en ese supuesto denominado Pacto de Santoña, prontamente convertido en papel mojado por los vencedores.
    Leí en su día el completo texto de Cándamo, pero mucho antes había tenido noticia de todo aquel repugnante contubernio de boca de un ex combatiente palentino, que participó como miembro de los Flechas Negras en el desmantelamiento de aquella ridícula y efímera república peneuvista, por no utilizar otro epíteto más contundente, proclamada en territorio santanderino, y no precisamente entre Santurce y Bilbao, sino entre Laredo y Santoña, ambas bellísimas poblaciones de una resonancia castellana hidalga y marinera.
    Sigamos con lo juegos peligrosos. Consintamos ese jugar con fuego al que asistimos perplejos e inermes a la espera del dichoso diálogo que ningún político sabe como urdir con el rigor que la cuestión exige. Que Dios nos ampare de esta tropa imperante.

  7. Amigo de UIises Says:

    El comentario de Fernando Azancot es brillante y veraz como todos los suyos. Enhorabuena. Es la primera vez que entro como comentarista en el blog y debo reconocer que la altura del autor es correspondida por la de los comentaristas. Fernando Azancot relata algo muy grave: para los nacionalistas la Historia que no se ajusta a sus falsedades es que “la han escrito los vencedores” ¡desde hace siglos! Con esos mimbres nunca llegaremos a nada útil. Y como es la Historia que se enseña en Cataluña, con la sucesiva complacencia de los Gobiernos de la Nación, de cualquier color, tengan mayorías absolutas o gobiernen en minoría, el asunto no tendrá arreglo durante generaciones. Es muy triste. O España se despereza de una vez, o la mentira, por repetida, tendrá el peso de la verdad que se oculta o se manipula.

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