Mártires e Historia

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La beatificación en Tarragona de 522 mártires de la guerra civil española de 1936-1939, con algunos otros mártires de sucesos de años anteriores (por ejemplo la revolución de Asturias de octubre de 1934), también asesinados por su defensa de la Fe, que no renegaron cuando fueron conminados a ello, ha provocado una serie de memeces en boca o pluma de ignorantes o radicales, o ambas cosas a la vez.

Los 522 mártires beatificados en Tarragona se suman a los 1.001 que por los mismos hechos han sido beatificados hasta hoy en España. De estos 1.523 mártires beatificados once ya han sido canonizados; están en el santoral. Nueve asesinados en Turón (Asturias) en la revolución de octubre de 1934, y uno en Tarragona en 1937. Todos ellos fueron canonizados en Roma, en 1990. El sacerdote Pedro Poveda, el célebre Padre Poveda,  pedagogo y fundador de la Institución Teresiana, martirizado en Madrid en 1936, fue canonizado por Juan Pablo II en 2003.

El detallado estudio de Antonio Montero Moreno “Historia de la Persecución Religiosa en España 1936-1939”, publicado en 1961, identificó a un total de 6.832 víctimas religiosas asesinadas en la  zona republicana. Trece eran obispos, 4.184 sacerdotes, 2.365 religiosos y 283 religiosas. Aquella persecución religiosa incluye la destrucción de importante patrimonio arquitectónico, artístico y documental. Esta destrucción se había iniciado los días 10 y 13 de mayo de 1931, antes de que transcurriese un mes de la proclamación de la República, cuando ardieron más de cien edificios religiosos en Madrid y en otras ocho provincias. Se perdieron numerosas obras artísticas de valor, y  bibliotecas y archivos irrecuperables.

El más joven de los beatificados en Tarragona tenía 18 años recién cumplidos, el carmelita José Sánchez Rodríguez, y la más anciana, con 86, era la monja Sierva de María Sor Aurora López González.

La Iglesia Católica estimó que muchas de las víctimas de la persecución religiosa lo fueron como consecuencia de su Fe y por ello las consideró mártires. Estos múltiples testimonios de la Fe parece que han dolido a algunos. Hay quien ha proclamado que la Iglesia ha olvidado al resto de asesinados en la guerra civil y también la represión posterior, la producida en la posguerra.

Cayo Lara, que fue uno de los dolidos por la beatificación, no se cuenta entre los bien informados sobre asuntos eclesiásticos, ni sobre otros, y ni siquiera hay que tomarse la molestia de explicarle que una beatificación no es una condecoración del Estado Vaticano, sino un reconocimiento y proclamación de Fe individual por parte de la Iglesia. Los beatificados no lo son por haber sido asesinados sino por las circunstancias extraordinarias en defensa de la Fe que rodearon sus muertes.

Lo más chocante es la posición “buenista” de la Iglesia española. Presentó la múltiple beatificación como referida a “mártires del siglo XX”; ni una palabra a que casi todos ellos son víctimas de la guerra civil. Monseñor González Camino, la voz de la Conferencia Episcopal, aclaró reiteradamente que no se trataba de abrir heridas ni de ir contra nadie y  que era un signo de reconciliación. No lo dudo, y estoy convencido de ello, pero los reticentes o dolidos no lo entienden así. Sectores de la izquierda consideraron la beatificación “un acto político y también un insulto a quienes perdieron sus familiares y sufrieron la represión franquista”. Ignoran que las beatificaciones o canonizaciones no son reconocimientos de un Estado sino de la Iglesia universal. Como si en España no existiesen leyes de reconocimiento a las víctimas del franquismo desde hace decenios y no estuviese vigente la llamada impropiamente Ley de Memoria Histórica.

El cardenal Angelo Amato, prefecto de la Congregación para los Santos y enviado especial del Papa, resaltó en el acto: “En el periodo oscuro de la hostilidad anticatólica de los años 30, vuestra noble nación fue envuelta en la niebla diabólica de una ideología” que anuló a millares de ciudadanos pacíficos, incendiando iglesias y símbolos religiosos, cerrando conventos, escuelas católicas y destruyendo parte del patrimonio”. Y el cardenal subrayó que los mártires no fueron caídos de la Guerra Civil, sino “víctimas de una radical persecución religiosa, que se proponía el exterminio programado de la Iglesia y estos mártires eran personas pacíficas”. Hay que contar las cosas como fueron. Es la Historia.

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6 comentarios to “Mártires e Historia”

  1. denis parquer Says:

    Y en Justicia debiera ser Memoria Histórica, pero no ha sido esa celebración el motivo del acto, este acto no era la conmemoración de los asesinatos de presos indefensos de Paracuellos del Jarama, ni las torturas de las checas por el delito de no ser “de los nuestros”, querrá el señor Cayo Lara que se les de también a estos asesinos el titulo póstumo de doctor Honoris Causa, estos asesinatos y otros son los que conducen a represalias y guerras, lo tenemos actualmente en Países que por religión queman las Mezquitas contrarias. Cualquier persona con sensibilidad repudia los asesinatos de personas inocentes, estos represaliados, vilmente asesinados, con torturas horrorosas solo habían cometido un delito: su Fe, cuando se niega un acto como este se comete una acción similar a ignorar el genocidio nazi. Creo que el señor Cayo Lara hubiese sido mas caballero aceptando que esa masacre de inocentes fue un terrible error político y humano, o al menos haberse callado y no poner gasolina al fuego. Gracias D. Juan Van-Halen

  2. DEUTSCHLAND Says:

    Sin duda alguna hay que agradecer al cardenal Angelo Amato, conocido dentro de la Iglesia como un “erudito”, que hablara con el rigor histórico con que lo hizo.Contando las cosas como sucedieron. Sin aditamentos de tipo alguno. Sin restar nada. “Los mártires no fueron caídos de la guerra civil, sino víctimas de una radical persecución religiosa, que se proponía el exterminio programado de la Iglesia. Estos hermanos y hermanas nuestros no eran combatientes, no tenían armas, no se encontraban en el frente, no apoyaban a ningún partido, no eran provocadores. Eran hombres y mujeres pacíficos. Fueron matados por odio a la fe, solo porque eran católicos, porque eran sacerdotes, porque eran seminaristas, porque eran religiosos, porque eran religiosas, porque creían en Dios, porque tenían a Jesús como único tesoro, más querido que la propia vida. No odiaban a nadie, amaban a todos, hacían el bien a todos”, dijo el cardenal. Impecable.

  3. Una feminista Says:

    Tal vez es que éramos demasiado utópicos. Los que creemos en la Democracia aspiramos a que la historia partidista que nos contaron en nuestra juventud, se convirtiera en la Historia… pero creo que se sigue transmitiendo una historia que responde a los intereses políticos de cada momento.
    No distinguir entre un asesinato político y un asesinato por motivos religiosos, cuanto menos demuestra un desconocimiento histórico “de aurora boreal”, pero también una simpleza conceptual que asusta.
    No estamos hablando de ideología, sino de cultura.
    Van-Halen, tiene razón.

  4. Observador Says:

    El abad de Montserrat, Josep María Soler, ha pedido perdón “por el papel de la Iglesia durante el franquismo”. Ha aprovechado la homilía de la misa de acción de gracias por la beatificación de 28 benedictinos de su Abadía asesinados en lo que el Cardenal Amato (delegado del Papa Francisco en el acto de beatificación en Tarragona de 522 sacerdotes, religiosos y religiosas) llamó “persecución religiosa en unos años oscuros de España”. El abad Soler, conocido nacionalista, dijo que no sólo no quiere acusar a quienes mataron a sus religiosos benedictinos durante la guerra civil (allá él) sino que ya “los hemos perdonado”. El generoso y comprensivo abad Soler se pasa por su mitrado arco de triunfo las palabras del cardenal Amato que reproduce en su comentario a este post el comentarista “Deutschland”, sino que da un paso más. Se hace amnésico de la sangre de sus monjes. Una cosa es perdonar y otra no acusar, borrar de la Historia. Seguramente entre los asesinados no había nadie de su familia. ¿Por qué el buen abad no trata de ponerse en la piel de sus hermanos benedictinos asesinados, en lo que vivieron en sus heroicos últimos momentos? No creo que el bondadoso abad sea tan generoso y comprensivo con quienes, en este caso cumpliendo la sentencia de un Tribunal, ejecutaron a Luis Companys, responsable último de los asesinatos de la Barcelona (y de la Cataluña) en guerra, y responsable también del caos de aquella guerra civil dentro de la guerra civil entre comunistas, miembros del POUM y anarquistas siendo el tal Companys Presidente de la Generalitat de Catalunya. El mismo que había declarado la República de Catalunya en octubre de 1934, que llevó a la suspensión de la Generalitat por el propio Gobierno de la República tras escaparse, incluso por las alcantarillas como ratas, del Palacio de San Jaime los miembros del gobierno autonómico, y los aguerridos mozos de escuadra, cuando sonaron los primeros cañonazos de los artilleros del general Batet (por cierto en su mayoría intimidatorios y con munición sin carga) enviados por el Gobierno Republicano para sofocar el golpe de estado nacionalista.

  5. OPCH Says:

    Tras la lectura de cuanto antecede a este comentario se hace más cierto el dicho que señala aquello de que “de todo hay en la viña del Señor”. Incluso en la Iglesia, claro. Pero entre el abad Soler y el cardenal Amato me quedo con el último. Más objetivo, más creíble. Coincido con “Observador”. No hay nada peor que la amnesia para quien pretende escribir la Historia. Como ha dicho SS el Papa Francisco “La alegría de Dios es perdonar” y “Dios no se cansa de perdonar” pero, sin duda, el infinito perdón de Dios es compatible con tener presente la verdad a la hora de recordar la Historia.

  6. Bvnda Says:

    Me descubro ante quien como el cardenal Amato tiene el coraje de traernos a la memoria unos hechos históricos que acontecieron con la crudeza narrada. Respecto al abad de Montserrat sólo referir lo siguiente. Quienes le hemos escuchado -sufrido- es como estar frente a un político nacionalista que para más inri defiende la regulación del aborto. ¡Debería hacérselo mirar!

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