La violencia, según de dónde venga

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Los energúmenos extremistas que irrumpieron en el centro cultural Blanquerna el último 11 de septiembre mientras se celebraba la llamada Diada, fueron identificados, detenidos y puestos a disposición judicial en sólo unas horas. Su actuación produjo cinco heridos leves. El vandálico acto concitó la condena de los partidos políticos del arco parlamentario y el rechazo unánime de los medios de comunicación.

El pasado 20 de noviembre un grupo de extremistas de signo contrario, o sea ultraizquierdista, asaltó el local de la Asociación Foro Francisco de Vitoria en la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense; el resultado fue un considerable destrozo en el mobiliario y cinco heridos; uno de ellos tuvo que ser tratado en la Clínica de la Concepción. Se abrió la correspondiente investigación policial; han pasado días y nunca más se supo; ni identificaciones, ni detenciones, ni nadie puesto a disposición judicial. No conozco que tal violencia haya sido condenada institucionalmente por los grupos parlamentarios, y, por ejemplo, el Grupo Parlamentario Popular de la Asamblea de Madrid se quedó solo al condenar el vandalismo de los cachorros ultraizquierdistas.

La Asociación Foro Francisco de Vitoria tiene sus ideas y esas ideas no son de izquierdas pero tampoco “fascistas”, aunque lo que los asaltantes buscaban en su recorrido por los pasillos de la Facultad era “al enemigo”, para ellos sencillamente quien no comulgara con su catón ideológico. Uno de los gritos de guerra de los energúmenos  fue “¡A por ellos como en Paracuellos!”, consigna muy edificante que por lo visto debe ser paradigma democrático. No creo que la Policía tenga demasiada dificultad en la identificación de los asaltantes ya que habían convocado en su página web la manifestación que desembocó en el asalto, y en esa web figura su sede y sus horas de “atención al público” en un edificio ilegalmente ocupado del barrio de Carabanchel.

La violencia en nuestro centro universitario principal lleva años quedando impune y no recibiendo condena alguna, o recibiendo rechazos tímidos, por parte del Rectorado desde la época en que lo rigió Carlos Berzosa Alonso-Martínez al que caracterizó su ideologización.

Este rector presidió o apoyó con su presencia numerosos actos de carácter fuertemente ideológico. Recordaré dos. En 2009 el recibimiento multitudinario en la Facultad de Ciencias Políticas a Evo Morales, feliz porque el generoso Zapatero había condonado la deuda a Bolivia; en el acto actuó de presentador un representante de la extremista Asociación Universitaria Contrapoder, que reivindicaría en 2010 haber reventado una conferencia de Rosa Díez en aquella Facultad, y en 2011 el asalto a la capilla de la Facultad de Psicología. En 2010 el rector apoyo el homenaje a Garzón, no menos multitudinario, en la Facultad de Medicina, convocado por los sindicalistas Méndez y Toxo, en mejores y más tranquilos tiempos para UGT y CCOO; el acto era un ataque directo al Tribunal Supremo. El rector Berzosa Alonso-Martínez apoyó a Izquierda Unida en las elecciones generales de 2011 tras apoyar a Zapatero en las de 2008.

Sin embargo, Berzosa Alonso-Martínez, que miraba para otro lado ante los desmanes de la ultraizquierda (asaltos en Facultades, ataques a capillas, boicot violento a conferencias de políticos…), se mostró duro cuando el 23 de marzo de 2010 sufrió la agresión de unos energúmenos que protestaban por la gestión y los servicios de los colegios mayores. Entonces el rector acusó a sus agresores de tener “un comportamiento realmente lamentable y antidemocrático” y de “una violación del respeto y la dignidad de la persona y los derechos humanos”. Y, por primera vez en los numerosos actos de violencia vividos en su Universidad, anunció la “apertura de expedientes” y que se iban “a producir expulsiones”. Para este ataque de dignidad democrática le bastó al rector el detalle de que él mismo era la víctima de una violencia que hasta entonces había ignorado y en muchos casos probablemente protegido.

No resulta menos indolente a la hora de condenar ciertos desmanes y violencias en su Universidad, su sucesor en el Rectorado José Carrillo Menéndez, que había sido vice-rector con Berzosa Alonso-Martínez. Durante una de las últimas huelgas educativas, hace un mes, el rector no condenó que grupos ultraizquierdistas levantaran barricadas para impedir el paso a clase de estudiantes y profesores, pero sí denunció a la Policía  por entrar en la Universidad unos metros (según testigos poco más de dos) para retirar una de esas barricadas. En lugar de condenar o criticar a los autores de la intimidación a la libertad, Carrillo Menéndez consideró “legítimos sus motivos”, e invocó el “derecho de huelga”. ¿Debemos dar por buena la legitimidad de la violencia en las huelgas?  Tampoco  el 20 de noviembre el rector permitió el paso de la Policía al campus, lo que hubiese impedido las agresiones y el asalto al local asociativo.

El rector Carrillo Menéndez hizo pública una brevísima nota rechazando el asalto a la Facultad de Derecho, de seis líneas, en la que no anunciaba medida alguna, ni la apertura de una investigación interna, ni denuncia sobre lo ocurrido. Es libre de reaccionar como quiera,  pero es obvio que no defiende por igual a todos los estudiantes de su Universidad independientemente de que coincidan o no con sus planteamientos ideológicos; se ha constituido en representante no del todo sino de la parte. Su actitud, como en tantos ejemplos de la etapa de su antecesor, supone en el mejor de los casos una dejación de funciones ante hechos graves.

Tampoco el rector Carrillo Menéndez ha acatado (hasta ahora) la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Madrid que declaraba nula la instalación de un monumento a las Brigadas Internacionales inaugurado el 22 de octubre de 2011 en terreno público de su Universidad, para cuya construcción no solicitó la licencia correspondiente ni antes ni durante la obra. La sentencia señalaba que aquel monolito en suelo público se había instalado “sin instar procedimiento urbanístico de ninguna clase y sin obtener licencia urbanística al efecto”. Se trata, de acuerdo con la declaración del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, de una sentencia firme ante la que no hay posibilidad de recurso, aunque la Universidad recurrió sin resultado alguno. Carrillo Menéndez dijo en principio no conocer la sentencia “de la que habla la prensa de la derecha”, e insistió: “Hay cierto empecinamiento por parte de la ultraderecha de este país en no reconocer los hechos claros, y es que las Brigadas Internacionales vinieron aquí a defender la libertad”. Antes de decir nada debería haber acatado la sentencia judicial aunque no estuviese conforme con ella.

Pero, además, lo que afirma el rector no es cierto y, desde luego, pese a lo que dice, su versión no es “un hecho claro”  La historiografía española y extranjera reconoce de manera abrumadoramente mayoritaria que el núcleo de las Brigadas Internacionales y su participación más numerosa, respondieron a un mandato de la “Komintern”, la Internacional Comunista fundada en 1919 para “luchar por la supresión del sistema capitalista, el establecimiento de la dictadura del proletariado y de la República Internacional de los Soviets, la completa abolición de las clases y la realización del socialismo, como primer paso a la sociedad comunista”, como fijaban sus estatutos fundacionales.

Recojo textualmente, y no de un historiador de derechas ni español sino de una fuente tan simple y asequible a todos como Wikipedia: “Las Brigadas Internacionales no se formaron espontáneamente como sostuvo la Internacional Comunista, sino que fue ella quien las organizó (a partir de la decisión tomada por su Secretariado el 18 de septiembre de 1936, a instancias de Stalin), y del reclutamiento y de los aspectos organizativos se encargaron dirigentes del Partido Comunista Francés, encabezados por André Marty”.

Hubo muchos voluntarios trotskistas (POUM), anarquistas, socialistas o marxistas y progresistas sin partido, que nunca quisieron integrarse en las Brigadas Internacionales precisamente por su carácter comunista, ni siquiera tras el Decreto de Indalecio Prieto, entonces ministro de Defensa, de 19 de junio de 1937, que ordenaba que todos los combatientes extranjeros se integraran en las Brigadas Internacionales. Que el rector Carrillo Menéndez asegure que los brigadistas lucharon en la guerra civil española para “defender la libertad” es sencillamente una falsificación histórica más. Vinieron mayoritariamente a cooperar en la instauración de una dictadura de extrema izquierda.

Tras los lamentables sucesos del 11 de septiembre en el centro cultural Blanquerna se elevaron voces reclamando ilegalizaciones. Bien está, pero para cualquiera que ejerza la violencia. Casi a la misma hora en que aquellos extremistas violentaban la conmemoración de la Diada en Madrid, otros energúmenos, esta vez  ultranacionalistas, quemaban en Barcelona las banderas de España y de la Unión Europea y una fotografía del Rey. De los autores de aquel hecho vandálico tampoco se supo más. Ni identificados, ni detenidos, ni puestos a disposición judicial. Se ha colocado ante el hecho una oscura cortina.

En el acto violento del pasado día 20, si se confirmase, como anunció un medio de comunicación, que los bedeles de la Facultad de Derecho habían recibido órdenes de hacer la vista gorda y dejar entrar a los asaltantes, habría que preguntarse quién dio esas  órdenes. Desde la Asociación Foro Francisco de Vitoria denunciaron al día siguiente del asalto “la inexistente actuación del rector que sabiendo que era muy probable que ocurrieran incidentes de este tipo, no tomó ninguna medida preventiva y no tomó tampoco medida alguna en el momento mismo de los ataques”.

España es un Estado de Derecho, una nación democrática, y la protección de los derechos y libertades de los ciudadanos debe llegar a todos los ámbitos. Las Universidades públicas son espacios públicos y la interpretación de la autonomía universitaria, recogida en el Artículo 27.10 de la Constitución, ha de contar con la responsabilidad de los rectores que son servidores públicos a quienes la sociedad encomienda, en su parcela de competencia, el trascendental servicio público de la Educación superior. Cuando actúan no desde esa alta condición sino movidos por intereses particulares o ideológicos, por muy respetables que sean, no están cumpliendo el deber social del que son depositarios. No todo vale. Si lo que para cualquier ciudadano resulta deleznable, como es la discriminación por la ideología (y no digamos la persecución), principio consagrado en el Artículo 16.1 de la Constitución, quienes tienen a su cargo el orden y el respeto a la ley en el ámbito de las Universidades deben considerarse singularmente concernidos.

Resulta evidente la doble vara de medir de la izquierda respecto a los actos violentos según quienes los cometan; cuando los autores son extremistas de izquierda su receta es mirar para otro lado o considerar los hechos como inocentes gamberradas. Pero es el “estilo” histórico de la izquierda y no sorprende ya a nadie que se niegue a comulgar con ruedas de molino.

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6 comentarios to “La violencia, según de dónde venga”

  1. denisparquer Says:

    Aquí entra la “patente de corso”, la que tienen en este caso unos grupos de presión y violencia para hacer o cometer actos de fuerza o vandalismos que no pueden hacer los demás, ya sean estos políticos con cargos parlamentarios o individuos igualmente violentos pero de signo contrario. Lo Justo es que nadie ejerza fuerza bruta contra nadie y de ser ignorada la Ley se aplique igual Justicia.

  2. Jacobo Rodríguez Says:

    Pero claro que sí, Sr. Van-Halen, es una cuestión de perspectiva. Depende de la atalaya desde la que se observe la batalla veremos el asedio o la defensa, la guerrilla o el ejército de liberación, terrorismo o lucha por la dignidad de un grupo… Y si no pregúntele usted a Drake ¿pirata o Sir? Y claro no siempre está uno mirando desde el mismo montículo, así que no le queda otra que pensar que lo que unas veces es un pirata, otras es un gran marino al servicio de la Corona. Lo mismo con algunos actos violentos, lo que unas veces es terrorismo y debe condenarse, otras es autodefensa y fruto de la opresión de los pueblos. en realidad, todo muy político, ¿no?

  3. Adán Moreno. Says:

    Desde siempre la izquierda ha tenido la doble vara de medir. Es increíble que personas de valía dentro del PP sigan militando en ese partido político acomplejado. Al pan, pan y al vino, vino. La verdad es la verdad ya lo diga Agamenón o su porquero. Don Juan Van Halen dice verdades como puños pero paradójicamente sigue militando en el PP, al igual que Santiago Abascal y algunos otros.

  4. Martín-Martín Says:

    A Adán Moreno: Es bastante curioso que ataque al PP cuando el asunto de este post evidencia la doble vara de medir de la izquierda sobre la violencia. Parece que atacando al centro y a la derecha, en este caso al PP, que son las victimas, comprende a quienes ejercen esa violencia. Desde que Van Halen editó este post ya han sido detenidos y puestos a disposición judicial los asaltantes de la Facultad de Derecho de la Complutense. ¿Por qué es una paradoja que Van Halen denuncie lo que no le guste y sea afiliado al PP? ¿O es que si dice “verdades como puños” tendría que ser socialista, o de otros partidos,incluya usted al de Rosa Díez, que no dicen nunca la verdad o juegan al oportunismo más evidente? He seguido sus comentarios, como sabe, y me parece, con mis disculpas, que tiene una cierta confusión. Si no obtuviera el PP una mayoría suficiente en las próximas elecciones generales, España padecería un nuevo “frente popular” en el que la minoría mayoritaria de entre los grupos coaligados sería el PSOE, y ese Gobierno de cuatro o cinco partiditos estaría de acuerdo en destruir todo lo hecho con el sacrificio de los españoles, pero disentiría (unos querrían una cosa y otros la contraria) a la hora de construir algo alternativo (porque no había más alternativa real en la situación en que el PP se encontró España), apostaría por el gasto sin límites (ya lo han anunciado), se dispararía otra vez el déficit, y volveríamos a la prima de riesgo de casi 700 puntos y ni siquiera podríamos pedir el rescate europeo porque la UE ya no nos daría opción. Quéjese Moreno del PP lo que quiera, cierre los ojos, y espere a lo que venga detrás…sin su voto al PP, por supuesto. ¿Qué dirá cuándo su voto engorde a uno de esos partiditos del plurigobierno o su voto vaya otro partidito que ni siquiera tenga representación parlamentaria? Y no entro en más detalles.

  5. Adán Moreno. Says:

    Martín-Martín, ya sabemos que lo menos malo que le puede pasar a España es un gobierno del PP, pero yo no quiero lo menos malo para mi país, quiero lo mejor. El PP es un partido político y los partidos políticos (y sindicatos) al contrario de lo que dice el artículo 6 de la Constitución, no tienen democracia interna, ni publican sus cuentas ni su forma de financiación, no existe tampoco una Ley que los regule así como tampoco una Ley de Huelga que regule las huelgas políticas de los últimos tiempos. En definitiva no creo en ningún partido político que no sea transparente. Porque de las personas no me fío, quiero una regulación seria que evite pozos negros, paraísos fiscales, personas con privilegios judiciales (aforados), etc. etc. La culpa no es del PP porque este sistema nos viene desde 1976. La culpa de mi desengaño del PP es que han tenido ocasión de reformar muchas injusticias y no lo han hecho, entre ellas la Ley Electoral también, una más una promesa no cumplida en su programa electoral. Que no crea en el PP no significa que no vote o que vote en blanco, votaré a quien diga (otra cosa es que me vuelva a engañar o no, pero me seguiré arriesgando a ello) que va a hacer Justicia y va a defender mi Patria y nuestro Pan. Me extraña que Santiago Abascal y Jaime Mayor Oreja (entre otros) sigan comulgando con ruedas de molino dentro de un partido político que más bien parece una logia o un clan pero no de centro-derecha, sino social-demócrata. La política española se ha desplazado estrepitosamente a la izquierda en los últimos años, prefiero votar a un partido que se hace llamar de izquierdas y defiende valores de derecha (la Unidad de España) a un partido político que se hace llamar de derechas y defiende o no toca a ningún sindicato de clase, me cabrea mucho que me tomen el pelo y me mientan descaradamente, ya sabe, perro no come carne de perro. Un cordial saludo.

  6. Martin-Martin Says:

    Adán Moreno: Leo su comentario y aún le entiendo menos. Reconoce usted que lo menos malo que le puede pasar a España es que gobierne el PP, pero afirma a continuación que, pese a ello, usted desea (como todos) no lo menos malo sino lo mejor. ¿Y lo mejos sería, según usted, una amalgama de partiditos que gobernara para destruir lo hecho y no para construir? Y con el PSOE a la cabeza del Gobierno y los nacionalistas otra vez como árbitros… Ya sabe lo que opina el PSC sobre el soberanismo catalán, que ya ha aceptado Rubalcaba. Un cambio de la Constitución para convertirla en Federal, ¿Sabe lo que significa eso? Sencillamente que cada “estado federado” tendría soberanía y capacidad de decisión sobre su futuro. El golpe de Martínez Campos y la Restauración de Alfonso XII vinieron de la deriva federalista de la Primera República, en la que se dieron casos de risa como las amenazas y guerritas locales entre Murcia y Jumilla. Además, históricamente el sistema federal es para unir lo que no está unido, no para desunir lo que está unido. Usted vote a quien quiera y juzgue al PP por lo que no ha hecho en lugar de por lo que ha hecho: sacar a España del pozo en que la había hundido una crisis creada, y negada, por los socialistas de aquel loco visionario que era Zapatero. En una segunda legislatura con mayoría suficiente, el PP pasaría de la economía y el agobio de mantener la presencia seria en la UE a los problemas internos: ley de Huelga, reforma de la Ley Electoral, etc. Pero, de momento, le recuerdo que, por ejemplo, la Ley de Transparencia que afecta a los partidos,etc, presentada por el PP no ha sido apoyada por los partidos de izquierda, incluidos PSOE y UPyD… Y la ley de Seguridad Ciudadana, tampoco. PSOE y UPyD se hicieron fotos con los de Amaiur a las puertas del Congreso de los Diputados para escenificar un “frente popular” de todos contra el PP. Para destruir todos ellos están de acuerdo. ¿Y para construir? Reflexione usted, amigo Adán Moreno, no vaya a ser que como en el dicho popular sea peor el supuesto remedio que la enfermedad.

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