Cuando la democracia se rinde ante los vándalos

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Los políticos no aciertan siempre. Javier Lacalle, alcalde de Burgos, se ha equivocado al desistir del bulevar proyectado en la calle Vitoria del barrio de Gamonal. No sé si la decisión ha nacido del alcalde o, como opinan muchos en su ciudad, del presidente  de Castilla y León, el burgalés Juan Vicente Herrera, que habría “aconsejado” al regidor no meterse en más líos. Si ha sido así habrá que sumar al error del alcalde el del presidente.

La remodelación de la calle Vitoria figuraba en el programa electoral con el que el Partido Popular ganó por mayoría absoluta la alcaldía de Burgos, recibiendo también el apoyo mayoritario de los votantes del barrio. Además, la reforma de la calle Vitoria se recogía en el programa electoral del PSOE. Y en el de Izquierda Unida se apostaba por una ciudad “con aceras anchas”, pasando “de las calles estrechas y los callejones a los bulevares, con espacios de calidad que alienten el paseo”, y se mostraba partidario de “no favorecer el tráfico rodado”. De modo que el 80% de los votantes burgaleses querían, directa o indirectamente, al apoyar con su voto esos programas electorales, la remodelación en Gamonal, el bulevar, las aceras anchas, y la limitación del tráfico rodado. La reforma incluía un aparcamiento subterráneo y otro, gratuito y libre, de 600 plazas para los vecinos. Las obras supondrían más de trescientos puestos de trabajo.

El Pleno del Ayuntamiento de Burgos decidió continuar las obras y condenar los actos vandálicos. PSOE e IU rechazaron esta condena; por lo visto les parecía aceptable la destrucción de mobiliario urbano, el ataque a comercios, y la resistencia y atentado (Código Penal dixit) a agentes de la autoridad. Pese a la voluntad mayoritaria de su Corporación, el alcalde Lacalle dio marcha atrás: “Hemos entendido el mensaje y hemos decidido paralizar las obras y apostar por la convivencia de la ciudad y por la paz social”.  Pero las buenas intenciones del regidor ya eran inútiles, la remodelación de la calle Vitoria  había sido acogida por los radicales de extrema izquierda como excusa exportable a otras ciudades. Les traía sin cuidado que las obras se paralizasen, se descartasen o continuaran. Ellos estaban allí para conseguir otros fines.

En las Asociaciones de Vecinos de Gamonal no hubo unanimidad; unos se mostraron desde un principio partidarios de las obras y otros contrarios. El vecindario es de sesenta mil personas y se movilizaron en contra tres mil. Los vándalos no eran en su mayoría burgaleses sino radicales de extrema izquierda llegados para incendiar la situación aprovechado el pretexto del bulevar, como han hecho llevando el vandalismo a Madrid, Barcelona, Zaragoza, Valencia, Alicante, San Sebastián y Granada. Son los rescoldos del 15-M con los que la ley no debe utilizar paños calientes.  Los vecinos de Gamonal en su mayoría rechazaron la violencia pero se dejaron querer y cuando el alcalde dio marcha atrás, las asociaciones ligadas a la izquierda lo consideraron una victoria sin referirse en  ningún momento a los cuantiosos daños colaterales.

Es casi inevitable que la opinión pública considere ese “mensaje” que dice entender el alcalde de Burgos como una rendición de la democracia ante la violencia callejera. La seguridad, la ley, y en definitiva el Estado de Derecho y la tranquilidad de los ciudadanos, no pueden conciliarse con la debilidad. Si había que consensuar las obras de una calle con los vecinos discrepantes, por encima del dictado de las urnas, debería haberse hecho antes de comenzarlas. Los intentos fueron inútiles porque los minoritarios discrepantes no cedieron ni un milímetro. Después, el empleo de la violencia era suficiente motivo para desautorizar cualquier opinión que sin violencia hubiese sido razonable. Estamos cansados de hablar en otros ámbitos de quienes mueven el árbol para que otros recojan las nueces; en el barrio de Gamonal los radicales de extrema izquierda movieron el árbol y las nueces las recogió una minoría: las asociaciones que se oponían al proyecto, pero no las que apoyaban las obras, ni los vecinos que no se movilizaron.

Si en un conflicto de intereses se emplean acciones violentas y la autoridad no responde con la contundencia de la ley, pasaremos del Estado de Derecho a la jungla. En supuestas manifestaciones “pacíficas” se ha hecho usual la quema de mobiliario urbano, de contenedores, de vehículos, y los atentados a las fuerzas de seguridad del Estado. Hubo violencia incendiaria en la reciente huelga de basureros en Madrid, y cuando las empresas implicadas dieron marcha atrás uno de los sindicalistas convocantes consideró que era “el ejemplo que deben seguir quienes tengan un conflicto social”. Los radicales de Gamonal entendieron ese “mensaje” y lo superaron.

La autoridad a veces no juega razonablemente sus cartas. En las movilizaciones madrileñas con el pretexto de Gamonal, un bombero atentó contra un agente de policía, y el Ayuntamiento de Madrid tomó partido por el bombero, pareció ignorar el delito y no compartir el relato de la Policía (los hechos fueron grabados en video) y pagaremos su defensa jurídica con nuestros impuestos municipales. El bombero agresor tenía antecedentes violentos similares, incluso la denuncia de su padre por agresión. Es lógico que una Administración Pública apoye a uno de sus funcionarios, pero parece un exceso cuando comete un delito como el de resistencia o atentado a agentes de la autoridad, y más si es reincidente.

Vivimos un tiempo de confusión generalizada en el que las decisiones de las autoridades están a menudo sometidas a un “buenismo” erróneo en el que lo timorato sustituye a lo justo.  Que se prefiera la cesión ante el griterío, aunque vaya acompañado de violencia en la calle, a la aplicación estricta de la ley y al respeto a las urnas, es un entendimiento suicida de la realidad. Ello no fortalece la democracia sino que, al contrario, la debilita. Es necesaria y  urgente la anunciada ley de Seguridad Ciudadana contra la que ya se han movilizado los partidos políticos que, como en el caso del barrio de Gamonal, se niegan a rechazar y condenar la acción de los violentos radicales. Otra vez viene bien el símil de quienes mueven el árbol y quienes se quedan con las nueces.

En el momento en que los ciudadanos puedan tener la sensación de que los responsables públicos caen en la trampa de dar la razón  a quienes agitan las calles ignorando a quienes permanecen en sus casas pero votan, habremos asumido la falacia oportunista de quienes tratan de ganar en la calle lo que pierden en las urnas. Y a eso siempre se apuntan un socialismo desnortado y una extrema izquierda en naftalina, añeja en sus planteamientos, que se derrumbó con el muro de Berlín. Aunque en el caso del barrio de Gamonal en sus programas electorales figurase el ya célebre bulevar, lo que añade, además, la hipocresía política.

Las consecuencias de la cesión del alcalde de Burgos en el asunto de la calle Vitoria son varias:  la obra no se hace, habrá que compensar a las empresas adjudicatarias con quinientos mil euros del dinero de todos, la autoridad queda quebrada, las atribuciones del poder ejecutivo resentidas, y los antisistema envalentonados en toda España porque consideran que han obtenido un triunfo. Es lo que buscaban. Podemos entender que el 15-M ha resucitado y mirar para otro lado es una ingenuidad.  La “transformación de la democracia” que estos “indignados” comenzaron a pedir en su larga ocupación de la madrileña Puerta del Sol no es otra cosa que una “democracia” asamblearia y ficticia que sustituye las urnas por la algarada violenta con el resultado de manifestantes y agentes de la autoridad heridos y graves daños materiales. Y no sabemos que otros daños  ni de qué gravedad en el futuro.

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5 comentarios to “Cuando la democracia se rinde ante los vándalos”

  1. denis parquer Says:

    Recuerdo las canciones que me contaban mis padres de la guerra civil y que una de ellas decia:¡ Ni Dios, ni Patria ni Rey!,Que pena, olvidamos el estribillo, ¿se volvera a cantar? por ese camino vamos.

  2. Adán Moreno. Says:

    Me parece bien que se hayan parado las obras porque como decía Miguel de Unamuno la razón no se impone por la fuerza, hay que convencer y tener el Poder de la compasión. De lo contrario conseguiríamos una España como su interlocutor Millan Astray, mutilada. Pero por coherencia me parecería perfecto que el Sur. La calle haga honor a su apellido y a su cargo y responsabilidad y dimitiera.

  3. Demetrius May Says:

    El alcalde de Burgos Javier Lacalle, compareció ayer ante los medios acompañado por los tenientes de alcalde Ángel Ibáñez, Salvador de Foronda y Fernando Gómez, y con dotaciones policiales a la puerta del Fórum Evoluciona, y aseguró que el bulevar es un proyecto que busca devolver un espacio a los vecinos y ha recordado que estaba recogido en el programa electoral del PP “pero también de otros partidos como el PSOE”, por lo que su respaldo en las urnas es del 80 por ciento.

  4. OPCH Says:

    Coincido plenamente con la exposición de Van Halen. La democracia y el Estado de Derecho no pueden mostrarse débiles frente a la violencia y la fuerza. La gravedad de lo sucedido en Burgos no es tanto los daños materiales ocasionados o las indemnizaciones que haya que pagar, que también, sino la falta de fortaleza y la débil capacidad de defensa que ha mostrado nuestro sistema. El Estado de Derecho y la democracia tienen y deben poner en marcha su propio mecanismo de autoprotección cuando se hace preciso. No hacerlo compromete su pervivencia. Por ello, los propios demócratas no debemos permitir más “gamonales”. Y el Gobierno tiene mucho que decir.

  5. Bvnda Says:

    El episodio Gamonal ha sido vergonzoso. Sin duda, el Alcalde no debió ceder ante los violentos. Pero, en su favor, puede decirse que muy probablemente no contó con el apoyo necesario que hubiera favorecido otra decisión. Faltó el apoyo de los suyos. Muy al contrario de lo que les sucedió a quienes se echaron a la calle para violentar la democracia.

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