Los Goya, la incoherencia y el ministro Wert

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No me resisto a comentar un asunto ligero, sublimado por sus propios protagonistas: la última gala de los Premios Goya. Sobre este asunto he escuchado y leído muchas memeces. Asistí como espectador casero, en batín y zapatillas, a “La noche en 24 horas” (10-2-2014, TVE 1), programa diario que a menudo supone una prueba de la inocencia y el buenismo de un señor Echenique, al que no conozco, que manda en RTVE y que da la impresión de amanecer cada día perdonándose a sí mismo de antemano por lo que pudiera molestar a la izquierda en la jornada que comienza. ¿Quién lo habrá elegido para esa responsabilidad, que no es sólo de saneamiento económico?  ¿Por qué? No ha llevado la imparcialidad a RTVE (casa que conozco muy bien) sino la candidez. Dios se lo pague porque otros no se lo van a pagar ni con gratitud ni blandiendo la pipa de la paz. Yo lo siento mucho, pero no son pocos quienes ya no confían en TVE por su deslizamiento no precisamente hacia la imparcialidad, y abandonan. Eso se llama “síndrome de Estocolmo”.

Lo peor es que la candidez en este caso no sirve de nada. El llamado Consejo de Informativos de RTVE  acaba de montar un “referéndum” sin precedentes para juzgar la labor del director de los Servicios Informativos, Julio Somoano. Una condena anunciada. Comienza una segunda edición del acoso y derribo de Urdaci en tiempos de Aznar.  Mientras se  derrocha buenismo cándido en las altas esferas de RTVE, la izquierda “de dentro” repite que cuando la televisión pública estatal era impecablemente imparcial fue en tiempos pasados, con González o con Zapatero. Viví en aquella casa parte de la era felipista y me inunda una risa floja cuando alguien dice esa enormidad.

El programa al que me refiero, en muchos momentos fue un mitin. Había un periodista apellidado Crespo, creo que de nombre José María,  de los de evidente carné,  y otro, Javier Ruíz, que no le andaba a la zaga. No pido ni mucho menos que ese o cualquier programa de la televisión pública estatal se venza hacia derecha o hacia izquierda; sencillamente pido que sea veraz y destierre los mítines; además pido que se busquen equilibrios. Para los mítines ya hay otros ámbitos. Entre variadas intervenciones que parecían hechas desde una trinchera por su falta de objetividad, se criticó al ministro Wert por su inasistencia a la gala de los Goya, una copia casposa de los Oscar de Hollywood, sin glamour y politizada, lo que no ocurre en su original hollywoodense. He preferido siempre lo genuino a lo sucedáneo. Lo sucedáneo suele ser un quiero y no puedo.

Coincidiendo con las opiniones de Elena Valenciano y de Calla Loro, digo: Cayo Lara, esos periodistas acusaron a Wert de no cumplir con su deber por no prestar su cara para ser abofeteada, y uno de ellos coincidió con una de las mayores memeces, y  no fueron pocas, que se dijeron en la gala goyesca por boca en este caso de un tal Mariano Barroso, que no tengo el gusto: que la incomparecencia del ministro Wert en noche tan movida era tan grave como lo sería la inasistencia del ministro de Defensa en el desfile de la Fiesta Nacional. Pues no. Sobrevalora el acto de los Goya, que no es la Fiesta Nacional sino, por desgracia, una pertinaz fiesta irracional. Y el colectivo del cine no es comparable con las Fuerzas Armadas, una Institución recogida en el artículo 8 de la Constitución que se le dedica al completo. Menos soberbia, amigos. Y, en todo caso, más objetivo hubiese sido comparar el citado desfile en el terreno de la Defensa con el acto de entrega del Premio Cervantes en el terreno de la Cultura; por su repercusión y por la presencia del Rey; nunca con la gala de los Goya cuya eminencia no traspasa el sector. En uno y otro relevante acto anual, la entrega del Cervantes y el Desfile de la Fiesta Nacional, no han faltado nunca los ministros concernidos.

El tipo que aventó tal disparate, y sus palmeros, olvidan, o nunca lo supieron, que el ministro de Defensa se ocupa de una Institución, las Fuerzas Armadas, y el de Educación, Cultura y Deporte tiene un ámbito de competencias muy amplio, en el que la Cultura es la tercera parte y, dentro de ella, el Cine es una sub-parte del conjunto de esa tercera parte, pero sólo eso. Menos ombligo y más cerebro. Wert estaba en Londres, donde hizo declaraciones, cumpliendo con su deber. Asistió a los Goya el secretario de Estado de Cultura, Lassalle,  que es la máxima representación de esa tercera parte del Ministerio en la que se ubica el Cine. Nada que ver con la esperpéntica comparación del tal Barroso recogida y jaleada por el tertuliano de TVE-1.

Más valdría que algunos de los politizados intervinientes en la gala fueran consecuentes. Que no participasen en las campañas publicitarias de Coca-Cola cobrando ricos euros, para solidarizarse ahora con los trabajadores afectados por un ERE, desde luego indeseable; que se hubiesen ocupado de no despedir ellos a sus trabajadores según  normas de la denostada Reforma Laboral, como denunciaron algunos afectados, en el cierre del restaurante “La Bardemcilla”; que no utilizasen la sanidad privada, y en su caso lujosísima, cuando alguien de la familia tiene que parir, mientras defienden la sanidad pública; y que no pagasen sus impuestos en el extranjero, con lo que contribuirían a crear riqueza en su país. Otro ejemplo de credibilidad lo ha tenido alguno al alcance de la mano: criticar la guerra de Irak o pedir la dimisión de Bush cuando recogió el Oscar. Todo lo expuesto supondría apostar por la consecuencia y la coherencia.

Los organizadores de la gala de los Goya siempre tienen al Partido Popular en su línea de tiro ya esté en la oposición o en el Gobierno. Es un acto en el nadie nunca se pronunció, por ejemplo, contra la crisis o la destrucción de empleo en tiempos de Zapatero. Se retransmite por TVE-1, lo que supone un gasto que, de una manera u otra, pagamos todos. Y encima fustigan groseramente a una parte de los asistentes y de los televidentes, cada uno con sus ideas que no tienen que responder necesariamente al pensamiento único. Cuando en una casa se recibe a un invitado la primera regla de buena educación es no insultarle. Wert era el invitado deseado porque habría de recibir estoicamente los insultos; por la responsabilidad que ejerce y por su educación. Pero  en su sueldo no entra someterse al pim-pam-pum de unos profesionales que harían bien en reflexionar sobre los motivos por lo que desde hace muchos años el cine español pierde espectadores a raudales.

Esa pérdida de interés por el cine español de quienes son sus potenciales destinatarios no es una impresión vacía. Basta analizar, por ejemplo, el número de espectadores que han acudido a las salas a ver algunas de las películas ganadoras de estos últimos Goya. Y no es cosa del IVA, o no sólo del IVA, cuya subida o bajada, por otra parte, no es responsabilidad del ministro de Educación, Cultura y Deporte, y que desde luego debería bajar para la cultura, como ha repetido muchas veces el Presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, y así fue reconocido en la propia gala goyesca. La crisis del cine español viene de atrás cuando el IVA era otro.

Si algunas de nuestras gentes del cine se miraran menos el ombligo entenderían que el ministro Wert tenía el deber de estar en Londres ateniendo a compromisos beneficiosos para otros ámbitos de actuación de su Ministerio, por más que su ausencia les haya privado de insultarle en presencia. Nadie recordó en la gala que una de las últimas decisiones de Wert antes de volar hacia Londres fue librar a favor de la industria del cine 22 millones de euros en ayudas.

González Macho, presidente de esa Academia sui generis, proclamó que “hacer hoy una película es un acto heroico”. También lo es abrir o mantener una empresa y esos héroes anónimos, sin ser jaleados ni aplaudidos, no se consideran el ombligo del mundo, ni se creen intelectuales… Javier Bardem, que es un gran actor pero del que desconozco su bagaje cultural, definió a Weert como el “ministro de la anticultura”. Y se quedó tan pancho. Ello me lleva a pensar que también Bardem figura entre los actores que se creen intelectuales en una evidente degradación del concepto, ya que se permite definir lo que es cultura y lo que no lo es, y se atreve a acusar a una persona preparada y culta como José Ignacio Weert, profesor universitario y sociólogo de prestigio internacional, como genuino representante de la anticultura. ¿Son anticultura el libro y las ediciones, el teatro, el arte, las bibliotecas, los museos, el patrimonio monumental, etcétera, porque no son el cine?

Ya sospechaba yo que Bardem se tiene a sí mismo por intelectual. Cuando cerró en Madrid el restaurante “La Bardemcilla”, un tipo se dolía en una cadena de televisión de que “se hubiese perdido otra referencia intelectual”. Confundía los conceptos de actor y de intelectual y una sala de comidas con el Ateneo. Iñaki Ezquerra definía con justeza que “Un actor es aquel que repite las palabras que escriben los intelectuales (…) precisamente cuando el papel que representan tiene “un cariz intelectual”, cosa que no siempre sucede”. A nadie se le ocurre, ni ellos mismos lo pretenden, considerar intelectuales a Ben Affleck, a Clint Eastwood o a George Clooney que, además de actores, se han convertido en guionistas y directores. No hay tradición de intelectuales en el admirado colectivo que históricamente ha venido siendo llamada “los cómicos”, y por ello ha resultado celebrado, por llamativo, cuando esa dualidad actor-intelectual se ha producido, como en los casos de un Antonin Artaud o de un Fernando Fernán Gómez, por poner dos ejemplos.

Un intelectual es quien, además de atesorar cultura, emplea sus conocimientos y experiencias para aventurar un diagnóstico de la realidad que le toca vivir y se pronuncia sobre hechos culturales, de la sociedad y de la civilización, y ello desde la altura en la reflexión y puesta la mirada en el horizonte, en la permanencia, no en el instante perecedero ni sobre asuntos menores y fugaces desde planteamientos garbanceros e incluso zafios. Es una persona capaz de reflexionar sin esperar ser jaleado, que no actúa -no finge- sobre las tablas de un escenario repitiendo lo que han creado otros, sino que trabaja una obra propia en la soledad de un escritorio, comúnmente asaltado por las dudas y los vértigos de su menester, que no es otro que plantear lo que piensa desde la verdad.

Los actores, entre otros especímenes sociales que se creen o se consideran a sí mismos intelectuales, arriesgan su prestigio, poco o mucho, pero por recolectar aplausos (hasta en los actos públicos en los que no están ejerciendo formalmente su oficio), que es justo lo contrario de lo que busca el intelectual. Kierkegaard confesó que los aplausos le producían unas irreprimibles ganas de suicidarse. La verdad, no veo por  ninguna parte la condición de intelectual de Bardem. Padecemos una falsificación del concepto que lleva a considerar intelectual a  abajofirmantes de manifiestos de denuncia, o a quienes profieren una sarta de insultos, a menudo zafios, contra una causa que no comparten o una persona que no piensa como ellos. Esta actitud puede procurar aplausos pero no garantiza la fortaleza de las neuronas.

Sospecho que la mera confrontación pública entre el equipaje cultural de Bardem y el de Wert sería como un partido entre el equipo de mi pueblo y el Real Madrid. Y, mientras, viviremos la espera de que TVE-1 nos ofrezca el año próximo el  mismo esperpento de esta gala de los Goya, o acaso algo más rampante y rabioso porque será año electoral.

PD.- Doscoletillas” : 1): En la sede central de “The Coca-Cola Company”, en Atlanta, están preocupadísimos por su más que probable caída en las ventas de su producto estrella. Rafael Simancas, diputado socialista en la Carrera de San Jerónimo, ha asegurado que dejará de beber Coca-Cola. ¡Qué amenaza! Simancas es aquel que acudió a un sastre para encargarse varios trajes de presidente de la Comunidad de Madrid sin culminar el trámite para serlo. Entonces vendió la piel del oso antes de cazarlo, y ahora al parecer se ha propuesto hundir a esta próspera industria de bebidas no alcohólicas. 2): Onintza Embeita, compañera de Simancas en la Carrera de San Jerónimo, diputada de Amaiur, concluyó su intervención parlamentaria en el debate de una iniciativa para que el Gobierno retirase la prevista reforma de la vigente ley zapateril del aborto con esta fina y elevada frase: “En mi moño y en mi coño mando yo y solamente yo”. Con esta brillante aportación la retórica parlamentaria ha llegado a su cenit. Hay que recordar que el texto que la izquierda (incluida UPyD) quería retirar ni ha llegado al Congreso de los Diputados. Es el peculiar modo que ha tenido la izquierda de responder a la oferta de consenso hecha por el Gobierno y el Partido Popular. La iniciativa sólo ha servido para que está delicada oradora parlamentaria de Amaiur haya enseñado zafiedad y moño. 

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9 comentarios to “Los Goya, la incoherencia y el ministro Wert”

  1. OPCH Says:

    Gran reflexión. Enhorabuena!! Es obvio que Van Halen se conoce bien este paño del cine. Refleja verdades como puños que tengo la convicción son compartidas incluso por buena parte de quienes se dedican al denominado séptimo arte. Personalmente el acto me resultó cargante, aburrido, nada imaginativo y con mucho olor a naftalina. Un verdadero bodrio. Vamos, de vergüenza ajena. Y nada aprovechado para el fin al que debiera haber servido: promoción del cine español. Ya me hubiera gustado que la gala hubiera contado con la mitad de la mitad del arte que derrocha este “Los Goya, la incoherencia y el ministro Wert”. Por cierto, Wert estuvo donde bebía estar.

  2. NBCHT Says:

    Que la gala de los Goya se ha convertido en un acto contra el PP es algo que no se puede negar. Y como tal este hecho perjudica al propio cine español en tanto en cuanto existen miles de españoles que simpatizan con quienes, año tras año, los de la Gala se empeñan en descalificar en un foro, por otro lado, de todo improcedente. Me apunto con quienes pidan que deje de retransmitirse por la televisión pública española a costa, como dice Van Halen, de todos.

  3. Observador Says:

    Lo de TVE es una vergüenza. Y como usted escribe esa falta de imparcialidad no se la agradecerá la izquierda, que nunca cambia. Es dar mimos por nada. Sobre lo que usted relata ayer mismo en el mismo programa “La noche en 24 horas” llamaron chulo al ministro Wert a cuenta de los Goya. Otro ejemplo de desvergüenza del PSOE: lo último que ha dicho el número 3 del PSOE, creo que su nombre es Óscar López, que fue el candidato con menos votos en todas las elecciones a la presidencia de Castilla y León, un perdedor como Rubalcaba, es que Rajoy al llamar y animar a la acosada presidenta Barcina, de Navarra, “apoyaba a la corrupción” cuando no hay una prueba, ni una denuncia por corrupción, ni una actuación judicial, ni una imputación contra nadie, y, además, en el Parlamento de Navarra se ha creado una Comisión de Investigación por una mera ambiciosa utilización partidista de un tal Jiménez que es el dirigente socialista navarro que aspira a desbancar a Barcina con la impresentable ayuda de Bildu. Es lo que anunció muy clarito, aunque ahora lo enmascare con dudas…Qué amnesia la de este Óscar López que olvida que Méndez, Toxo, Valenciano, Rubalcaba, y el propio López no han dejado de hacer declaraciones de aliento y apoyo a imputados y encarcelados por los ERES andaluces, con una instrucción judicial muy adelantada. La hipocresía y el cinismo del PSOE es paralela a su historia más que centenaria.

  4. Bvnda Says:

    El Ministro, sin duda, acertó en no desatender otros asuntos por asistir a la Gala. Su ausencia en la misma le ha hecho ganar puntos. Sabe Wert que las opiniones de los Bardem y compañía son leídas como lo que son: Juicios de valor desde la militancia de quienes en su día apoyaron a Zapatero y siguen apoyando al socialismo más radical. Los “actores de la ceja” carecen, por ello, de la imparcialidad mínima necesaria para ser creíbles, y sus opiniones, que caen las más de las veces en el insulto, no son susceptibles de ser interiorizadas por nadie que tenga dos dedos de frente. Al contrario. Estos “actores de la ceja” están políticamente “exprimidos”; carecen de credibilidad porque permanecieron mudos ante las tropelías y despilfarros de “los suyos”. No engañan a nadie y no se les perdona su apoyo a quien más ha perjudicado a los intereses, no sólo del cine, que también, sino de España.

  5. Wolfgang Says:

    Cierto es lo que se se dice en el comentario anterior. ¿Cómo no iban a estar agradecidos los de la ceja a Zapatero si éste no encontró límite, por disparatado que fuera, para aumentar el ritmo del “clin- clin” en la caja de aquéllos? Hoy “El Mundo” publica lo siguiente, en este sentido:

    “Apenas cinco días después de ser abroncado por no acudir a la gala cinematrográfica de los Goya, el ministro de Educación y Cultura, José Ignacio Wert, ha lanzado una Ley que limita los ingresos de la Sociedad General de Autores de España (SGAE) y demás gestoras de cobro de derechos. De ellas son precisamente socios la mayoría de los premiados, que no dieron las gracias en la gala a un algo cargo que sí asistió: el director general de RTVE, Leopoldo González-Echenique. Habría sido una forma de reconocer el esfuerzo de los contribuyentes por remunerar la propiedad intelectual de autores y actores de cine que, según el informe sobre los gastos de RTVE que acaba de aprobar el Tribunal de Cuentas, supera lo razonable.

    Mientras escuchaba a Javier Bardem, David Trueba y demás protagonistas de la gala, el presidente de RTVE pudo repasar mentalmente las mareantes cifras. Según los documentos en poder del Tribunal de Cuentas y a los que ha tenido acceso este diario, la SGAE ha arrancado a RTVE (por TVE y RNE) al menos 150 millones entre los años de la crisis de 2008 a 2012, a la espera de conocer el cierre de 2013. Sólo en los años 2010 y 2011, que son los fiscalizados especialmente por el Tribunal, el Ente destinó 46 millones anuales a pagar derechos de autor, de los cuales el grueso, el 65%, a la SGAE…”

  6. Martín-Martín Says:

    Los Premios Goya son una catetada, un quiero y no puedo. Ni son Hollywood ni Jauja, aunque lo que tratan sus intervinientes es vivir en ese paraíso subvencionado. Que hagan buena películas, que no sean prácticamente todas sobre la guerra civil o la posguerra con una visión maniquea, y los ciudadanos llenarán las salas de cine. Pero no es así, y por ello los espectadores disminuyen. Bardem es un gran actor pero su militancia y su incoherencia le convierten en indeseable para muchos, en un “capitalista-proletario” y, en ese sentido, en un payaso desde su condición respetable de actor. En cuanto al “complejo de Estocolmo” del presidente de RTVE y de su equipo no hay que insistir porque cualquier telespectador lo comprueba cada día. Muchos nos hemos pasado a Antena 3 para seguir los Informativos, después de la atapa negra y manipulada de Zapatero, que ya es penoso.

  7. Alfonso S. Bernal Says:

    En la Posdata 2 de su post recoge las palabras, más bien palabros, de una diputada de Amaiur, lo de “en mi coño y en mi moño mando yo y solamente yo”. Lo increíble ante esta grosería, ante una zafiedad de tal calibre en una intervención en la sede de la representación de la soberanía nacional, es que no pronunciase palabra el presidente de la Cámara don Jesús Posada. Tenía que haber afeado la conducta de quien no es digna representante de los ciudadanos. Llevar el lenguaje tabernario al Congreso de los Diputados es una desvergüenza. Y Posada es un ejemplo más del “buenismo” condescendiente al que usted, Van Halen, se refiere en su post, tan acertado. .

  8. Adán Moreno. Says:

    Wert hizo lo que creyó conveniente y visto el cartel de los artistillas hizo bien. A cada uno lo que se merece según sus méritos. Bardem es un gran actor, pero Arte es Arte, no me gusta mezclar arte con política ni con fútbol o con otras nimiedades, a quien le guste que le ría sus demagogas gracias. Sus gracias se las reirán los religiosos de su ideología y de su tío Juan Antonio Bardem, dirigente y militante del PCE. La casta comunista es muy casposa. Que se calle el loro, Caya Loro y sus secuaces.

  9. Amparo L.A. Says:

    Me ha interesado su referencia a los intelectuales. Es muy curioso que muchos actores por el mero hecho de serlo se consideren “intelectuales”. ¿Por qué no ocurre lo mismo con otros sectores de la cultura, con más tradición intelectual? Por ejemplo los editores, los escritores (que no todos ni son ni se creen intelectuales), los artistas pintores, o los expertos en patrimonio monumental. Sencillamente por lo que usted dice, o dejar entrever: porque los actores están en buena parte politizados y la izquierda lo consiente. La izquierda tiene tendencia a confundirse con lo intelectual. Dentro de poco hasta Calla Loro (¡qué hallazgo el suyo con este nombre!), que no sabe hacer la “o” con un canuto, no ha trabajado salvo en una parcelita, no sabe nada de empresa, ha vivido de la política como alcalde de un pueblo pequeño, que es su única experiencia de gestión, y quiere que aceptemos bajo su palabra que sería capaz de arreglar España gastando más dinero público cuando no lo hay y estamos padeciendo esos despilfarros y excesos zapateriles… Estamos arreglados… Enhorabuena por su nuevo post, inteligente, bien escrito y riguroso.

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