Elena Valenciano y el machismo del PSOE

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La candidata que encabeza la lista socialista a las elecciones europeas del próximo domingo, vacía de ideas y con un conocimiento manifiestamente mejorable de la realidad de la Unión Europea, ha sobreactuado a cuento de una frase desafortunada de Miguel Arias Cañete, que de ninguna manera justifico pero sobre la que él ya pidió disculpas. La estrategia escapista del PSOE para eludir de la campaña los asuntos que importan en Europa, en los que el partido ha sido irrelevante, le ha funcionado ya que en los últimos días se habla sólo de machismo y por su cuenta Valenciano ha nombrado al candidato popular gran gurú de la incomprensión hacia las mujeres y se ha  autoproclamado defensora y representante del feminismo más activo.

Las acusaciones de misoginia al Partido Popular vienen siendo habituales entre los socialistas. Trinidad Jiménez, entonces ministra de Asuntos Exteriores, tachó en cierta ocasión las críticas populares a Carme Chacón por retirar las tropas de Kosovo como expresiones de machismo. No ha sido ni es extraño que tras cualquier debate parlamentario con una representante del PSOE el interviniente del Partido Popular sea adornado con el apelativo de machista sólo porque sus argumentos dolían. Me ocurrió más de una vez en el Senado en debates con Carmen Calvo o con Trinidad Jiménez.

Pero las acusaciones de machismo que los socialistas esgrimen tan a menudo chocan con la evidencia de las hemerotecas en las que el menos curioso puede encontrar en las propias filas del PSOE aquello que denuncian. Las acusaciones socialistas son un arma de doble filo. La inconsecuencia es una de las actitudes del PSOE a lo largo de su historia. Entre las últimas pruebas de incoherencia socialista se cuenta invitar a Manuel Valls, primer ministro francés, para intervenir en un mitin de Elena Valenciano en Barcelona. A Valls, el campeón de los recortes (lo que la Valenciano llama “austericidio” porque obviamente no sabe latín),  le tocó hacer el papelón de negar sus recortes, los últimos de 50.000 millones de euros, su congelación de las pensiones, los sueldos de los funcionarios, y su cerrojazo a servicios sociales. El colofón de Valls: “Si queréis ver lo que es una política de izquierda, mirad lo que estamos haciendo en Francia”. Y se quedó tan fresco. Elena Valenciano sonreía.

Las hemerotecas ofrecen algunas perlas de estos campeones del feminismo y pertinaces arietes contra el machismo.

Jesús Eguiguren, presidente del PSE-PSOE, tuvo que dimitir en mayo de 1992 como vicepresidente de la Cámara Vasca porque su mujer, Assunta Zubiarrain, le había denunciado por malos tratos y fue condenado en sentencia firme por ello. Según la sentencia el dirigente socialista propinó una paliza a su mujer que sufrió hematomas y contusiones en las zonas parietal y occipital del cuero cabelludo, en los hombros, brazos, codos, manos, glúteos y muslos. Las lesiones tardaron en curar veinte días.

Eguiguren, el maltratador juzgado y condenado, no dejó su escaño en el Parlamento Vasco, el PSOE le respaldó durante el juicio y luego le premió sucesivamente con la secretaría general del partido en Guipúzcoa, con su nombramiento por Zapatero como miembro del Comité Federal y con la presidencia del PSE-PSOE, cargo en el que continúa. Ni entonces ni desde 1992 se escuchó una sola voz crítica de las tan activas feministas ni del PSOE. Al contrario, el  número 2 de Valenciano, Ramón Jáuregui,  ha considerado en esta campaña un “incidente” el maltrato de Eguiguren a su mujer.

El machismo del PSOE,  y en general de la izquierda, está documentado desde hace muchos decenios. Puede considerarse un hito el debate parlamentario que en 1931 estableció el voto femenino en España. La derecha y el centro-derecha votaron prácticamente en bloque a favor del voto de la mujer, mientras una gran parte de la izquierda, y entre ella del PSOE, votó en contra. Sobre aquel episodio el PSOE ha ejercido la oscuridad de su amnesia. Fueron célebres algunas opiniones de líderes socialistas. Indalecio Prieto consideró la aprobación del voto de la mujer como “una puñalada trapera a la República”, y Margarita Nelken defendió su voto negativo: “Poner un voto en manos de la mujer es hoy, en España, realizar uno de los mayores anhelos del elemento reaccionario”.

En aquellos debates tuvo una participación significada, entre los diputados de izquierda que se oponían al voto femenino, el patólogo gallego Roberto Novoa. De su intervención son estas frases. “¿Por qué hemos de conceder a la mujer los mismos títulos y los mismos derechos políticos que al hombre? ¿Son organismos igualmente capacitados? (…) La mujer es toda pasión, toda figura de emoción, es todo sensibilidad; no es, en cambio, reflexión, no es espíritu crítico, no es ponderación. (…) La mujer no la domina la reflexión y el espíritu crítico; la mujer se deja llevar siempre de la emoción, de todo aquello que habla a sus sentimientos, pero en una mínima escala de la verdadera reflexión crítica. (…) El histerismo no es una enfermedad, es la propia estructura de la mujer; la mujer es eso: histerismo, y por ello es voluble, versátil, es sensibilidad de espíritu y emoción. Esto es la mujer”. Ningún socialista dijo ni pío entonces. Y luego la izquierda en su conjunto lo olvidó.

Ya en la transición hay que recordar la frase de Felipe González al poco de ser derrotado en 1996: “Aznar ha cerrado la bodeguilla para que no le metan mano a la botella”. Zapatero en su campaña electoral en 2004 se definió como “un activo feminista” y trató de ganar un puñado de votos utilizando la violencia contra las mujeres. En sus mítines denunciaba que cuando las mujeres morían asesinadas el Gobierno popular miraba hacia otro lado. Zapatero anunciaba que si le votaban a él acabaría con los asesinatos de mujeres porque se aprobaría una ley contra la violencia de género. Lo cierto es que con Zapatero en el Gobierno y aprobada la ley, que era necesaria, desgraciadamente los asesinatos de mujeres no sólo no disminuyeron sino que aumentaron. Las leyes no impiden la comisión de delitos. Zapatero concedió 16 indultos a asesinos machistas; Rajoy ninguno. Acaso es que los beneficiados tenían carnet socialista como el maltratador Eguiguren, y de ahí la indulgencia.

Zapatero, además, fue un Presidente buscador del “glamour”. Por ser mujer, joven y glamurosa nombró ministra de Cultura a Ángeles González Sinde, y así se lo dijo al cesante César Antonio Molina.  Y se dice que por ser mujer, catalana, y estar embarazada nombró ministra de Defensa a Carme Chacón.

Elena Valenciano ofrece dos perlas sexistas. Su declaración en 2013: “Me desnudaría para pedir el voto si fuese imprescindible”. Y su aseveración sobre “la fealdad” del futbolista Frank Rivéry por sus cicatrices en el rostro debidas a un accidente de automóvil que padeció a los dos años. Rivéry alguna vez recordó que por esas cicatrices se burlaban de él sus compañeros de colegio. Al cabo de los años tomó el relevo de las burlas la lenguaraz Valenciano.

Y algún otro ejemplo del muestrario machista y sexista: José Bono cuando era ministro de Defensa afirmó que “Esperanza Aguirre es de las que besan de día y muerden de noche” (2005). Tomás Gómez, entonces alcalde de Parla y hoy jerifalte socialista de Madrid, llamó a Charo Carrasco, portavoz popular en su Ayuntamiento, “cabaretera y chica fácil” (2007).  Emilio de Llera, consejero de Justicia e Interior de la Junta de Andalucía, dijo sobre la jueza Mercedes Alaya: “Trabaja mucho y además sigue guapa” (2012). Jesús Valderas, hoy vicepresidente de la Junta de Andalucía (IU), delante de Cayo Lara: “¿Sabes que la delegada de Educación es la de las tetas gordas”? (2012). Se refería a Blanca Alcántara. La caseta del PSOE en la Feria de Melilla utilizó como reclamo publicitario la posibilidad de hacerse fotos junto a una conocida actriz porno (2013). Jesús Ferrera, secretario del PSOE en Huelva recomendó: “Que Fátima Báñez haga punto de cruz  en lugar de ser ministra” (2013). Diego Díaz Jiménez (IU), concejal de Manilva, escribió que la secretaria general del Partido Popular, María Dolores de Cospedal, “no está mal sexualmente” (2013).

No se conoce disculpa alguna por parte de esos machistas. Tampoco las activas feministas levantaron la voz para denunciar estas lindezas, probablemente porque la izquierda tiene barra libre para decir lo que quiera sin consecuencias.

En 2013 tres activistas de FEMEN interrumpieron a pecho descubierto una sesión plenaria del Congreso de los Diputados. Recibieron aplausos de los escaños de la izquierda, y la comprensión de la portavoz socialista Soraya Rodríguez hacia “esa forma de protesta” que entendió “como cualquier otra”. Parece evidente que aquella escenificación era sexista. Que se reivindique la igualdad utilizando el desnudo femenino no es de recibo. Además, la actuación de aquellas  feministas viene recogida en el artículo 497 del Código Penal. La ley le importa bien poco a la izquierda cuando le conviene.

Desde aquel posado glamuroso en 2004 de la vicepresidenta y las  ministras del primer Gobierno de Zapatero para “Vogue” ante el palacio de la Moncloa, utilizando el edificio presidencial y el mobiliario oficial, con una escenificación de pieles y vistiendo ropa de diseño, no entiendo algunas formas socialistas y del conjunto de la izquierda para defender la igualdad. Si aquel posado tenía como objeto manifestar la paridad del Gobierno socialista ¿por qué no se programó también otro posado con los ministros vestidos de Armani? Parece obvio que aquellas imágenes no cumplieron el objetivo apetecido por Zapatero ya que resultaban cuanto menos clasistas.

Me inquieta que nuestras activas feministas no hayan alzado su voz condenando el secuestro de más de dos centenares de niñas en Nigeria con riesgo cierto de ser violadas y vendidas como esclavas. Si lo han hecho su voz ha sido muy queda. La izquierda española, con el socialismo como ariete, es muy complaciente con las desigualdades de derechos y el papel de la mujer en el Islam. Mira para otro lado. Su pintoresca y anacrónica batalla para “recuperar” la mezquita-catedral de Córdoba, antigua mezquita musulmana y antes basílica visigoda de San Vicente Mártir,  no hubiese existido si el proceso fuese a la inversa. La mentira y la incoherencia, aderezadas por la amnesia, van en el ADN del PSOE y del conjunto de la izquierda. En esa zona de sombra hay que situar su machismo y su sexismo.

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Una respuesta to “Elena Valenciano y el machismo del PSOE”

  1. LaVerdadOfende Says:

    Reblogueo esto en Verdades que ofenden...

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