Los españoles ya refrendaron la Monarquía

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La experiencia republicana en España fue desastrosa. La Primera República, con cuatro Presidentes del Poder Ejecutivo -no Presidentes de la República, que no llegó a tener-, supuso un continuo forcejeo federalista entre facciones “intransigentes” y “moderadas” con episodios tan chuscos como la creación de la República Social de Sevilla; el Estado independiente de Alcoy en medio de una guerra civil local; el bombardeo y la toma de Almería por la flota de Cartagena, proclamada independiente, para saquear los depósitos del Banco de España en aquella ciudad; la amenaza solemne de declaración de guerra de Jumilla a Murcia, o la petición del cantón cartagenero a Washington buscando incorporarse como un Estado más a la Unión… Tras varios intentos de golpe de estado y la toma del Congreso de los Diputados por las tropas de Pavía, aquella primera experiencia republicana desembocó en la dictadura del general Serrano que miró para otro lado cuando Martínez Campos se pronunció en Sagunto y proclamó rey a Alfonso de Borbón, hijo de la destronada Isabel II.

La Segunda República supuso una sucesión de errores y despropósitos. A través del comité revolucionario surgido del llamado Pacto de San Sebastián, agosto de 1930, los partidos republicanos, incluido el PSOE, proyectaron una huelga general que al final no se convocó, y organizaron una sublevación militar, la de Jaca del 12 de diciembre de 1930, que fracasó, para confinar a “la Monarquía en los archivos de la Historia” como señalaba el manifiesto hecho público en diciembre de 1930. La Republica llegó unos meses después y lo hizo, de hecho, por un golpe de estado, ya que nació por la vía ilegítima de unas elecciones municipales que habían ganado abrumadoramente las candidaturas monárquicas, y estando ya anunciadas unas elecciones generales. La debilidad de Alfonso XIII y su falta de apoyos dejaron el poder en la calle y el comité revolucionario se convirtió, sin más, en Gobierno provisional republicano entre el fervor de los partidarios y la pasividad acobardada de sus adversarios. La calle, como a menudo ocurre en nuestros días, se identifica por no pocos e interesadamente como fuente de legitimidad política.

Aquella Segunda República no fue el régimen angelical que los republicanos del siglo XXI tratan de hacernos creer. Unas semanas después de su proclamación comenzaron a evidenciarse pruebas de su extremismo. El 10 de mayo y en los días siguientes ardieron un centenar de edificios religiosos en una decena de provincias españolas, entre ellas en Madrid, con relevantes pérdidas en el patrimonio histórico, artístico y archivístico, ante la pasividad de las fuerzas de orden público que el ministro de la Gobernación,  Miguel Maura, intentó movilizar pero no pudo al chocar con la negativa de Manuel Azaña, ministro de la Guerra, que comentó: “todos los conventos de Madrid no valen la vida de un republicano”, según cuenta Maura en sus “Memorias”. Hubo muertos y heridos, pero como no serían republicanos parece que el asunto no interesó al Gobierno.

El régimen republicado no fue capaz de moderar a los extremismos, y los enfrentamientos con muertos entre facciones políticas radicales eran cotidianos. En esta escalada de violencia destacaron en la izquierda los socialistas. Como escribe un historiador tan poco sospechoso de derechismo como Santos Juliá: “La radicalización de los socialistas se debió a que desde su “expulsión” del gobierno en septiembre de 1933 y especialmente tras la derrota en las elecciones de noviembre de 1933, abandonaron la “vía parlamentaria” para alcanzar el socialismo y optaron por la vía insurreccional para la toma del poder”.

Del clima de normalidad democrática de aquella Segunda República sirven de muestra las frases de Francisco Largo Caballero, secretario de UGT, presidente del PSOE y luego Presidente del Gobierno durante la guerra civil: “Si los socialistas son derrotados en las urnas, irán a la violencia”.  (Murcia 1933). ”Si triunfan las derechas tendremos que ir a la guerra civil declarada” (Alicante, 19 de enero de 1936, Alicante).”“La clase obrera debe adueñarse del poder político, convencida de que la democracia es incompatible con el socialismo, y como el que tiene el poder no ha de entregarlo voluntariamente, por eso hay que ir a la revolución”. (Linares, 20 de enero de 1936). “La transformación total del país no se puede hacer echando simplemente papeletas en las urnas… Estamos ya hartos de ensayos de democracia; que se implante en el país nuestra democracia”. (Cine Europa, 10 de febrero de 1936). “Cuando el Frente Popular se derrumbe, como se derrumbará sin duda, el triunfo del proletariado será indiscutible. Entonces estableceremos la dictadura del proletariado, lo que quiere decir la represión de las clases capitalistas y burguesas”. (“El Socialista”, 26 de mayo de 1936). Parece que estamos leyendo algunas proclamas de ese muchacho de “Podemos” al que hace poco escuché asegurar que “hay cuestiones que no se pueden arreglar desde la legalidad”. Leninismo en estado puro. Por algo a Largo Caballero le llamaban el “Lenin español”.

Reflejan la violencia de la época, nada democrática ni angelical, episodios como la huelga general revolucionaria iniciada el 5 de octubre de 1934, especialmente en Asturias en donde se convirtió en una revolución que produjo casi 2.000 muertos y multitud de heridos. Para sofocarla el Gobierno tuvo que emplear al Ejército. Salvador de Madariaga escribió: “Con la rebelión de 1934, la izquierda española perdió hasta la sombra de autoridad moral para condenar la rebelión de 1936”.Y en vísperas de la guerra civil, 13 de julio de 1936, la Segunda República vive uno de sus momentos más sombríos: fuerzas de orden público sacan de su casa a uno de los líderes parlamentarios de la oposición, el ex-ministro José Calvo Sotelo, y un activista del PSOE perteneciente a la escolta de Indalecio Prieto, Luis Cuenca, al que llamaban “el pistolero” y “el cubano”, le descerraja dos tiros en la nuca mientras es trasladado en una camioneta policial. Al otro día el asesino cuenta su hazaña a dos diputados socialistas, que le aconsejan que se esconda y a los que no se les ocurre entregarle.

Quienes estos días se manifiestan en muchas calles y plazas de España pidiendo una Tercera República están en su derecho a hacerlo, pero el Parlamento es el ámbito adecuado mediante un cambio constitucional si encuentran los apoyos necesarios. Lo chocante es que enarbolen la bandera tricolor de la Segunda República (la Primera República mantuvo la bandera bicolor) y jaleen una y otra vez aquella triste experiencia como su  modelo. Y aún choca más que, como ha dicho Cayo Lara (alguien le llama ya Calla Loro), se identifique República con democracia y Monarquía con autoritarismo, ignorando que él puede decir lo que dice y los republicanos manifestar sus opiniones en la calle porque vivimos en una Monarquía parlamentaria dentro de un Estado de Derecho.

El dilema hoy no debería ser Monarquía-República sino democracia parlamentaria o democracia con apellidos limitadores. Esos conceptos de “democracia popular”, “democracia real”, “democracia participativa”… que nadie explica y que recuerdan demasiado que los sistemas de más allá del Telón de Acero, hasta la caída del Muro de Berlín, se llamaban a sí mismos “democracias populares”. ¿Quién preferiría la República bolivariana de Venezuela o la República de Cuba a la Monarquía de Noruega o a la Monarquía inglesa? ¿Quién preferiría ciertas Monarquías autoritarias del Golfo Pérsico a la República Francesa o a la República Polaca? La cuestión no es la forma de Gobierno sino su fondo.

Otra falacia es repetir que en España la Monarquía no ha sido refrendada por el voto de los españoles. Lo fue cuando una mayoría aplastante de votantes (cerca del 90%) refrendaron la  Constitución de 1978. Ya en su artículo 1.3 se define: “La forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria” Y contiene un Título entero, el II, rotulado “De la Corona”, artículos del 56 al 66. En su artículo 57.1 se señala: “La Corona de España es hereditaria en los sucesores de S.M. Don Juan Carlos I de Borbón, legítimo heredero de la dinastía histórica”. La Constitución Española es una de las pocas, acaso la única, en que aparece el titular de la Corona con nombre y apellido.

Y dentro de pocos días, cuando se vote la ley orgánica de abdicación prevista en el artículo 57.5 de la Constitución, las dos Cámaras de las Cortes Generales, donde se residencia la soberanía nacional, refrendarán nuevamente a la Monarquía por una amplísima mayoría que se prevé del 90%, e inmediatamente de publicarse en el BOE, el Príncipe de Asturias será el Rey Felipe VI, de acuerdo con el referido artículo 57.1 de la Constitución, en una sucesión dentro de la normalidad constitucional.

Que alguien pida, como un tal Ximo Puig, secretario general de los socialistas valencianos, que a cada generación se le pregunte en referéndum qué sistema de Gobierno quiere para España, es una memez. El siguiente paso sería convocar una consulta cada año para conocer la opinión de los españoles que vayan cumpliendo 18 años, la edad legal que les faculta para votar. Todo ello supondría sucesivos y abracadabrantes cambios constitucionales. A este Ximo su desconocimiento le lleva a no saber que la salud democrática de los países se mide, entre otras cosas, por la resistencia de sus Constituciones al paso del tiempo. 

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9 comentarios to “Los españoles ya refrendaron la Monarquía”

  1. Wolfgang Says:

    Extraordinario y oportuno artículo que viene a contar las verdades del barquero en relación con los dos antecedentes de experiencia republicana en este país. Sería más que bueno y prudente que su contenido fuera memorizado y repetido por todos los que nos negamos a falsear la Historia. Es responsabilidad de todos contribuir a poner en evidencia a los que nos vienen con cantos de sirena y cuentos chinos. ¡¡Gracias Van Halen y enhorabuena!!

  2. OPCH Says:

    Es una realidad, como titula Van Halen, que “los españoles ya refrendaron la Monarquía”. Se ponga quien se ponga como se ponga. Sobre esta cuestión me satisface haber oído al Rajoy más contundente y acertado: “quien no quiera la Monarquía que plantee una reforma de la Constitución”. Lleva razón. Y es que la izquierda desbocada trata ahora de hacernos tragar otra rueda de molino pidiendo un referéndum sobre una cuestión ya zanjada democráticamente. Porque si de pedir consultas ciudadanas se trata, al margen de todo respeto a la Carta Magna, propongo, por ejemplo, que se haga una sobre la pertinencia o no de que el PCE sea considerado un partido político normal. Y es que puestos a cuestionar por una vía ilegítima lo ya refrendado correremos el peligro de abrir un melón difícil de digerir y de consecuencias poco recomendables. Tal vez sea precisamente esto lo que esa izquierda desbocada busca.

  3. Gonzalo Says:

    Que la experiencia republicana fuese desastrosa no quiere decir que una nueva República lo vaya a ser, igual que en la república romana hubo periodos en los que funciono y periodos en los que no funciono http://es.wikipedia.org/wiki/República_romana Y que las repúblicas españolas no han sido angelicales no se puede negar pero no toda la culpa es de las izquierdas, hubo elementos de derechas que pusieron su granito en desestabilizarlas más (dos no se pelean si uno no quiere)
    Las actuales generaciones y futuras no pueden vivir anquilosadas en algo que se voto en 1978 esta claro que la actual democracia no funciona bien, nadie puede negarlo viendo el numero de parados y la crisis que hay, y hay que modificarla mediante nuevas votaciones. Yo no creo que salud democrática sea igual a constituciones duraderas (por esa misma razón podría decirse que las dictaduras son saludables) tampoco creo que a cada generación que cumpla los 18 años tengamos que preguntarle que modelo político quiere pero si debería de revisarse por ejemplo cada 20 años el modelo político y hacer votaciones o referendums para mejorarlo.

  4. Observador Says:

    A Gonzalo: Seguramente será usted muy joven y acaso no sea un historiador profesional o aficionado, y por ello trae a colación la República Romana cuando Van Halen escribe sobre las dos experiencias republicanas españolas. Nada tienen que ver ni el sentido, ni el fondo, ni la forma de la República Romana en ninguno de sus periodos con las dos etapas republicanas de España. Es como si recordásemos la breve república inglesa de Cromwell como referente republicano en la Historia de Inglaterra o de Europa…Al retroceder a la República Romana se va usted muy lejos… Enmarcar el grave asunto de la radicalización de la II República Española en un “dos no se pelean si uno no quiere” es, al menos, una frivolización del tema. Lea usted las frases de Largo Caballero que se reproducen en el post y contéstese objetivamente si cabía el “dos no se pelean si uno no quiere”. ¡Es que unos ya lo habían intentado, organizado y hecho golpes revolucionarios y anunciado una y otra vez una guerra civil, la suya! Y naturalmente el radicalismo de las fuerzas políticas se hizo por la derecha y por la izquierda. Pero las frases que se recogen son de Largo Caballero, no de otros. Y lea la sentencia de Salvador de Madariaga, ministro de la II República y luego presidente de la República en el exilio y permanente luchador contra la dictadura; o sea: nada derechista. Usted puede opinar lo que quiera en contra de las teorías de tantos constitucionalistas, pero una Constitución que dura supone salud democrática, y su ejemplo sobre las dictaduras no es válido. Una dictadura no es ya de principio saludable porque oprime los derechos y libertades de los ciudadanos; compararlo con un Estado Constitucional y Democrático es un ejemplo, de nuevo, impropio. Lo siento por su opinión, pero en la Constitución no se contempla su reforma a plazo fijo, cada 20 años, ni en más ni en menos; se establece el modo de reformarla desde la propia Constitución. Cuando se reforme se podría incluir un artículo sobre esos plazos, pero mientras tanto no existen. En ninguna Constitución existen. La Constitución inglesa, que viene de la Carta Magna de Juan Sin Tierra, ahí está, lozana, Y la Constitución de Estados Unidos se ha completado por vía de enmiendas al texto primitivo, que permanece y es venerado por los norteamericanos. En fín, lo que dice el autor del blog es cierto en todos sus puntos, y otra cosa es que todos tengamos opiniones personales sobre esa realidad documentada. Yo también las tengo.

  5. Adán Moreno. Says:

    Excelente lección de Historia don Juan Van-Halen. Así fueron las cosas y así es la Historia. En principio no soy partidario de un referéndum para confirmar la Monarquía, pero no estaría de más que cada cambio de Rey haya una confirmación de la voluntad popular a modo de elecciones no vinculante (como por ejemplo la que hizo Franco el 14 de diciembre de 1966). Por otra parte, el fracaso de la Segunda República no se debió al modelo de Estado (ese mismo modelo, la República, lo tienen en Italia, Alemania, Francia, EEUU, Austria… y son países ejemplares). El fracaso se debió a que el Presidente de la República no tenía por qué ser del mismo signo político del Gobierno, de ahí los conflictos, los desencuentros y la crispación política. El modelo debía de haber sido antes (y en un posible futuro) que el Presidente de la República saliera dentro del mismo Gobierno elegido democráticamente, para que la política fuese armoniosa, equilibrada y al unísono, sin sobresaltos. Dicho lo cual, mientras exista esta izquierda segundo-republicana, jamás se me pasaría por la cabeza pedir una República para España, porque con esos miembres sólo pueden salir cestos como los que salieron en las dos repúblicas anteriores que muy detalladamente y haciendo honor a la Historia y a la verdad nos ha relatado don Juan Van-Halen. Con esa tropa ni a la vuelta de la esquina, como escribe Santiago González “La rana y el escorpión”, podemos saber cuál es la naturaleza de estas ideologías retrógradas y el final que nos espera.

  6. Una feminista. Says:

    Como dice Wolfgang este post tendríamos que memorizarlo todos y después, que cada cual opine lo que quiera.
    Los españoles tenemos una memoria muy selectiva que nos ha hecho repetir errores históricos… Esperemos que las nuevas tecnologías acerquen una visión plural y, por tanto, mas real de nuestro devenir colectivo a las nuevas generaciones y a quienes, hartos de una historia vista desde el campo de los vencedores, después han optado por verla desde el campo de los perdedores.
    Nunca me he sentido vinculada ni a unos ni a otros, me siento hija del tiempo que vivo en democracia, pero todavía tengo la sensación de que en el campo político y en la visión de la historia, una buena parte de la ciudadanía sigue moviéndose con parámetros de análisis que se alejan de lo objetivo para perderse en lo sentimental. Cierto es que ser partidario de los oprimidos y los débiles es mucho más atractivo que ponerse del lado de los opresores, pero no ser capaces de diferenciar hechos de sentimientos, realidad de ideología, o razones de consecuencias es, cuanto menos, personalmente irracional, socialmente estúpido e históricamente, insensato.
    Van-Halen, un placer poder participar de su conocimiento de la Historia y de su saber en política.

  7. Martín-Martín Says:

    Adán Moreno tiene razón y en lo único que discrepo de él es en pedir un referéndum en cada proclamación de nuevo Rey. No ocurre en ningún país, ni en Repúblicas ni en Monarquías, cuando cambia el Jefe del Estado. Recuerdo el caso de Italia que descartó el sistema monárquico tras la segunda guerra mundial por la implicación de la Institución con el fascismo, y el cambio de Rey en Bélgica también tras la segunda guerra mundial, por la apatía del titular de la Corona durante la ocupación del país por los nazis. Desde luego, y lo da a entender Van Halen, hay Repúblicas democráticas y Repúblicas tipo Cuba o Venezuela, y Monarquías democráticas y Monarquías tipo Golfo Pérsico… Lo fundamental no es la forma de Gobierno, republicana o monárquica, sino que se trate de sistemas democráticos y no totalitarios que atenten contra los derechos humanos y las libertades. Lo inquietante e incomprensible es que nuestros republicanos del siglo XXI se empeñan en sentirse herederos de la II República española que fue un desastre del principio al fin, y no porque coincidieran en políticos de izquierda las presidencias de la República y las jefaturas del Gobierno, sino porque la República nació ya radicalizada. A las pocas semanas del 14 de abril el Gobierno implantó unas duras normas contra quienes se definieran como monárquicos, defendieran a Alfonso XIII, o portaran o exhibiesen símbolos o emblemas monárquicos. Eso sería impensable en la Monarquía constitucional de 1978 respecto a los republicanos. Y la prueba es que se pueden portar símbolos y banderas, manifestarse y hacer apología de la República sin que ello sea punible. Eso es lo democrático. Lo de la Segunda República, no. Eso sin contar la radicalización que cuenta, con ejemplos, el autor del blog. Gracias Van Halen por su nuevo texto y su excelente “memoria histórica”.

  8. Gonzalo Says:

    Para Observador

    Yo solo digo que para que exista una guerra tiene que haber dos contendientes sino no es guerra podra ser golpe de estado pero no guerra. Largo Caballero podia haber dicho lo que le diese la gana pero si sus adversarios politicos no sucumben a su provocación poca guerra su hubiese dado. El problema de que haya un radical es que consiga provocar al adversario y lo convierta en otro radical ahi ya esta sembrada la semilla de una futura guerra. Si el adversario no sucumbe a las provocaciones de su contrario una guerra es imposible. En una guerra se necesitan como minimo a dos partes más claro que el agua no hace falta ser historiador para ver algo tan simple.

    Y claro que no tienen que ver las repúblicas romana y española fueron en épocas distintas pero ambas fueron repúblicas, igual que yo no soy historiador otros no deberían de ser futurologos y andar diciendo como seria una futura república porque una futura república en España podrá ir mal o bien nadie lo puede saber porque hasta donde yo se no hay humano que pueda saber el futuro, y el futuro no va ser igual que el pasado porque otras repúblicas fuesen malas no tienen porque serlo las siguientes. Lo dicho ustedes podrán saber mucho de historia pero eso no les habilita para decir que resultados daría una futura república en España.

    Lo de que una Constitución que dura supone salud democrática no me vale con dos ejemplos, habrá constituciones largas que habrán dado salud democrática y otras no como todo en la vida. Sino explíqueme usted como andamos en 5 millones de parados con esta constitución que tenemos desde 1978 (36 años) ¿para usted es eso la salud tener millones de parados?

    “en la Constitución no se contempla su reforma a plazo fijo, cada 20 años” ¿escribí yo que eso estaba en la constitución? yo creo que no, debería de leer más atentamente lo que escribo. yo solo dije que se podría implantar en la actual constitución porque creo que es bueno, evidentemente usted es libre de creer que es malo para eso estamos en democracia.

  9. Observador Says:

    A Gonzalo:
    Creo que no acabo de entender su razonamiento. Parece que usted opina que dijese lo que dijese Largo Caballero, amenazase lo que amenazase, anunciase reiteradamente una guerra civil si la izquierda radical no ganaba las elecciones de febrero de 1936, los del otro lado deberían no haberse dejado llevar por tal provocación y quedarse quietecitos. Esperar sentaditos a que los masacraran. Y usted justifica su opinión en que en todo caso no hubiese sido una guerra sino un golpe de estado. Pero olvida usted que el golpe de estado de una izquierda entonces radicalizada ya se había producido en octubre de 1934 con muchos muertos y tras la compra masiva de armas por parte del PSOE, PC y sindicatos varios. Las armas se trasladaban a España en el barco “Turquesa” contratado por Indalecio Prieto, pese a que este diputado y ex–ministro era líder de una facción socialista que pasaba por “moderada”. Los del otro lado dieron un golpe de estado que, al fracasar, se convirtió en una guerra civil desastrosa y que es una vergüenza de la que España tardará en recuperarse como aún estamos viendo. Disiento de usted en que para entender el problema no hace falta saber historia. Usted es un ejemplo de lo contrario. Si no hubiesen dado “los otros” un golpe de estado que, como le digo, al fracasar acabó en guerra civil, lo hubiesen dado los radicales de la izquierda, que ya lo habían anunciado y habían dado ya uno, y si ese golpe no triunfaba se hubiese convertido en guerra civil. En todo caso habría que ponerse de acuerdo en si los que no deberían haberse dejado llevar por las provocaciones de sus contrarios eran unos o los otros.
    Tiene usted razón en que nadie debe ser futurólogo al anunciar cómo sería una nueva república en España. Pero no hay que hacer futurología para ver lo que pasa en las calles: amenazas con empleo de imágenes de guillotinas, acusaciones de “fascistas” a quienes no piensan de determinada manera, reiteradas provocaciones, hace unos días lesiones por parte de “republicanos” a un muchacho que se le ocurrió gritar “viva el rey”, memorias históricas que reabren heridas… y todo ello decorado con banderas de la segunda república ahora algunas con una estrella roja de cinco puntas en su franja central, supongo que para no engañar sobre las intenciones. No es demasiado arriesgado suponer que lo que se pretende es una nueva edición de aquella segunda república que, según otra vez Largo Caballero”, “o es nuestra o no será”. Si se tratase de una república a la francesa o a la italiana, por ejemplo, sería temerario pensar en vueltas atrás, pero es que, al menos lo parece, no es ese el modelo que se busca.
    Pensar que los millones de parados se deben a la Constitución es sencillamente, y lo digo con respeto hacia sus ideas, una desmesura y un desconocimiento de la economía Y del origen de la crisis. Además, quienes piensan, como usted, que la Constitución es culpable de los parados o de la crisis partirán de la base de que la Constitución deberá cambiar en sus parámetros económicos, por ejemplo, el libre mercado o el respeto a la propiedad privada, de modo que la republica que se buscaría sería intervencionista en grado sumo, como anuncia el propio dirigente de “Podemos”, el último ejemplo de radicalismo utópico: no pagar la deuda exterior, nacionalizar las empresas y dar una paga a todos los españoles por el mero hecho de serlo: ¿con qué dinero? Al parecer con el de los ricos. Lo que es pura ficción. Además de impedir la inversión extranjera, la fuga de dinero y de empresas sería inconmensurable, y en un mundo global quedaríamos aislados por falta de garantías jurídicas. No quedaría una empresa extranjera en España. Lo que ha ocurrido en Venezuela, en la que los ciudadanos no tienen ni artículos de primera necesidad. En Francia, durante los primeros tiempos de gobierno del socialista Hollande, se pusieron en marcha medidas como una carga impositiva de hasta el 40% a las grandes empresas y capitales en movimiento (es decir, productivos) y se fugaron a países limítrofes miles y miles de millones y se desubicaron miles de empresas. Hollande dio marcha atrás a través del gobierno de Valls. Era lo lógico. ¿Qué tiene que ver la Constitución con el paro?
    La vigente es la primera Constitución española consensuada y no impuesta, con la que ya han gobernado la izquierda y la derecha. Suscribo al completo la intervención de Rubalcaba ayer en el Pleno del Congreso de los Diputados. Gonzalo, su juicio, y perdone, es de un simplismo tremendo. Insisto en la opinión escrita de ilustres constitucionalistas, y no sólo españoles: la duración de las Constituciones indica salud democrática, sobre todo cuando se ha producido la alternancia normal en el poder de la izquierda y la derecha.
    Ya sé, porque sé leer, que usted no decía que la reforma constitucional a veinte años u otro periodo fijo estuviese incluida en la Constitución. Me refería, y pensé que se me entendía, pero como no es así lo aclaro, a que como ese plazo fijo para reformar la Constitución no se incluía en ella, la salida era, en todo caso, que cuando se reformase por la vía que la propia Constitución contempla, se incluyesen plazos fijos de revisión, que, por cierto, no figuran en ninguna Constitución del mundo.
    Y, desde luego, le aseguro que leo atentamente lo que escribe, como creo habrá quedado claro en mi comentario anterior y en éste. Cada uno puede opinar públicamente como quiera ya que vivimos felizmente en una democracia enmarcada en una monarquía parlamentaria, y los que nos afanamos en su día para que los españoles contásemos con un sistema de libertades debemos alegrarnos, y si sabemos historia mejor porque conocer el pasado puede llevar a no repetirlo. Ni dictaduras, ni repúblicas como la de 1931, ni monarquías personalistas como las de antaño en las que los españoles fuesen súbditos y no ciudadanos. De todo hemos tenido en nuestro país. Y como creo que funciona la fórmula constitucional de la monarquía parlamentaria, no me parece mal. Es mi opinión.

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