Artur Mas: el problema es él

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El primer discurso navideño del Rey Felipe VI ha gustado a casi todos los partidos; naturalmente a IU y a Bildu, no. Ha sido el discurso de Navidad más seguido en televisión en muchos años. Lo único que no entiendo: la lejanía de la bandera nacional. No estaba detrás ni cerca del Rey sino en un rincón del salón en que se producía la comparecencia regia. El mensaje que se haya querido dar con esta presencia arrinconada del símbolo nacional me es desconocido.

La interpretación de algunos partidos es plural como la vida misma. Ha habido quien, como el PSOE, han entendido que el Rey avalaba sus apetencias de cambio constitucional, mientras a IU las palabras de Felipe VI le han decepcionado. Lo primero es una falacia, lo segundo una reacción que a nadie puede extrañar. Parece que a algunos les hubiese gustado el imposible de que el Rey hubiera aprovechado su primer discurso navideño para declararse republicano o poco menos. Qué cosas. A mi juicio el Rey dijo lo que tenía que decir, aunque algunos habían previsto una intervención acorde con sus intereses no con los intereses generales de España y de la Corona. Esperar que Felipe VI pidiese a la Infanta Cristina la renuncia a sus derechos sucesorios en un  discurso de Navidad dirigido a los españoles era una memez.

La reacción más patética se la debemos, como no, a Artur Mas. Ha declarado como gran hallazgo que “El Rey ha reconocido que en Cataluña hay un problema”. Claro. No es noticia, ya que todos los españoles, catalanes o no, sabemos que en Cataluña hay un problema, y el Rey también. El problemas es la enajenación política de Artur Mas. Él es el problema. Porque lleva más de una legislatura sin ocuparse de resolver los asuntos de la Comunidad que preside, porque genera cada día más desajuste económico que le resuelve el Gobierno de la Nación al insuflar dinero público de todos para pagar los gastos corrientes mientras Mas dedica buena parte de su presupuesto a alimentar estómagos agradecidos en apoyo de su locura secesionista y abriendo embajaditas por esos mundos. Si, por ejemplo, la Asamblea Nacional de Cataluña y Omnium Cultural actuaran por amor a la independencia cualquier observador no diría ni pio, pero viven y se mueven gracias a jugosas subvenciones.  Son terminales de la Generalidad.

Las reacciones ante el resumen del año ofrecido por Mariano Rajoy tras el último Consejo de Ministros han sido menos unánimes que las producidas por el discurso del Rey, como es lógico.  El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, se molestó porque el presidente del Gobierno habló de recuperación económica, y aportó al gallinero una frase de las suyas, de esas que le están haciendo famosillo: “Rajoy no debe emplear la palabra recuperación en vano, porque no habrá recuperación hasta que no se vuelva a las cifras de empleo y bienestar social que había antes de la crisis”. O sea que el bueno de Sánchez quiere que olvidemos quien ocultó la crisis, quién la negó, quién fue incapaz de afrontar a tiempo reformas para salir de ella, y quien mintió sobre las cifras reales de nuestra economía tanto a la Unión Europea como a los españoles. Sánchez era diputado cuando Zapatero, con el apoyo del Partido Popular, legisló, por ejemplo, el techo del gasto, y ya se ha apresurado a anunciar que lo abolirá si llega a gobernar España. Es decir: que cada Administración gaste lo que quiere. Traslade mentalmente el lector este desmadre a su economía familiar, y verá la locura que supone.

El PSOE, y en general la izquierda, no tienen alternativas reales y creíbles, sólo tienen palabrería hueca. Primero pedían que se creara empleo, y cuando se ha empezado a crear (como reconoce la Unión Europea, hoy España crece a más ritmo y crea más empleo que la media de los países del espacio europeo), piden que se cree más empleo y fijo. Cuando la mejora de la macroeconomía es innegable, paso previo para que la bonanza se refleje en la economía de las familias, denuncian que la recuperación va lenta. ¿Y que hicieron los gobiernos socialistas de Zapatero? Llevar al país a la ruina y crear cuatro millones de desempleados. La izquierda quiere convertir su amnesia interesada en amnesia colectiva de los españoles. Creo que al PSOE y a otros la recuperación económica les ha pillado con el paso cambiado. Les ha dejado sin más discurso que las contradicciones y las ocurrencias.

El secretario general del PSOE ha declarado que aspira a liderar un Gobierno de izquierda. O sea: él en compañía de otros. Esa experiencia ya la tenemos en Andalucía, la Comunidad Autónoma con más paro de España, en donde gobierna una coalición PSOE-IU que ha agravado todos los problemas, además de contar, presuntamente y según los jueces, con una corrupción institucionaliza. No es un asunto de chorizos o desaprensivos. Según la juez Alaya se trata de una corrupción amparada y con conocimiento de la Administración Autonómica, con la presunta implicación de los dos anteriores presidentes andaluces (y de PSOE) Chaves y Griñán, a los que no se les ha pedido que dimitan.

Por unos viajes de hace años, legales aunque no estéticos, los socialistas se hartaron de pedir la dimisión de Monago, el presidente extremeño. A nadie se le ha ocurrido pedir que se hagan públicos para analizarlos los viajes del diputado Pedro Sánchez. Ya me gustaría, como ciudadano, conocer el listado de los viajes pagados con dinero público de los diputados y senadores del PSOE, incluido desde luego Sánchez. Reitero que eran viajes legales; es un caso de estética. Pero, en su ley del embudo, los socialistas no piden la dimisión de Chaves y Griñán, aunque sólo fuese por estética. Estamos hablando de la corrupción en Andalucía:  más o menos mil millones de euros.

Sánchez, a la hora de mostrar a los españoles un adelanto, un resumen en pocas palabras de un programa de Gobierno, ha dicho: “Haré todo lo contrario de lo que ha hecho Rajoy”. Una marcha atrás, a lo más oscuro del túnel, a lo que siempre hicieron los socialistas en España: gastar, gastar y gastar para alegrar fugazmente al conjunto de los ciudadanos que después de su hipotético paso por el Gobierno tendrían que apretarse el cinturón mucho más de lo que se lo han apretado en estos años. Sin contar con la posición que asumiría la Unión Europea ante un gasto desbocado.

España es un país curioso. Nos debatimos entre el pequeño Nicolás y Pablo Iglesias. No se habla de otra cosa. El primero es un listillo, el segundo ha acertado en tocar una música que parece engatusar a las gentes como el flautista de Hamelin engatusaba a las ratas. Nos inundan las encuestas, y tienen trampa. Son sondeos cuya cocina tiene en cuenta un antecedente inválido a efectos demoscópicos: las elecciones europeas, que son en circunscripción única nacional y  nunca han resultado significativos como antecedente. Hemos olvidado que hasta Ruíz Mateos consiguió escaños en Europa.  Si no se dan los escaños predecibles por circunscripciones provinciales, y nunca se dan, las encuestas carecen de valor; son fotografías fijas que expresan una actitud, no una decisión que vaya a mantenerse hasta la llamada de las urnas. Supongo que las empresas que hacen las encuestas y los medios que las publican no desconocen estos condicionantes, pero nadie los recuerda a no ser que un amigo sociólogo experto en sondeos de opinión te lo matice tomando café. Quiero pensar que el sensato pueblo español  no ha perdido el norte.

Una sentencia del Tribunal Supremo podría considerarse una adenda a mi post anterior: “Radicalismo rampante y Estado de Derecho”. La Sala de lo Penal del Alto Tribunal ha librado de la cárcel al pintoresco Juan Manuel Sánchez Gordillo al sentenciar que no cometió delito de desobediencia cuando en compañía de algunos colegas ocupó durante dieciocho días la finca militar Las Turquillas situada en el municipio de Osuna. Se enmienda la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía que había condenado a Sánchez Gordillo y a otros tres miembros de su sindicato a penas de cárcel y a multas. Ahora el Tribunal Supremo sólo mantiene una multa de 1.200 euros por un delito de usurpación de inmueble. A ver si, al menos, la pagan. Me malicio que tampoco ocurriría nada si no lo hicieran.

Lo curioso es que en la sentencia se expresa que “el comportamiento enjuiciado debe ser considerado en todo caso como delictivo, al actuar los recurrentes al margen de la legalidad vigente y debe ser sancionado como delito de usurpación por el carácter indefinido y persistente de la ocupación realizada”. No entiendo nada, o poco. ¿No hubo desobediencia? La sentencia explica que los acusados accedieron “pacíficamente al desalojo cuando se recurrió a la fuerza policial”. Pues lo entiendo menos. ¿La Guardia Civil espero dieciocho días para intervenir? Y siendo una finca militar ¿el Ministerio de Defensa espero pacientemente, cándidamente, a que la tropilla de este impresentable asalta supermercados decidiese abandonar la presa? Me temo que es otra dejación del Estado de Derecho que no da la protección debida a la propiedad privada que recoge la Constitución, al menos hasta que los de Podemos no le den la vuelta a la Carta Magna como a un calcetón. Pablo Iglesias ya ha anunciado que la corrupción existe porque existe la propiedad privada, Por eso su mentor Chávez recorría las calles de Caracas expropiando y nacionalizando a troche y moche. Acaso  era un consejo de su bien pagado asesor Iglesias. Aquí no, gracias.

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2 comentarios to “Artur Mas: el problema es él”

  1. Adán Moreno Says:

    Como siempre, don Juan Van-Halen, genial. Llamar a las cosas por su nombre (al pan pan y al vino vino), sólo demuestra que su imparcialidad y sentido común no es la de un político, sino la de un ciudadano de a pie, y cuando tiene criticar a su propio partido (a diferencia de la izquierda y los nacionalistas) lo hace sin ningún problema. Un verdadero honor y un placer seguir todos sus interesantes artículos. Felices fiestas navideñas y feliz año 2015 para todos.

  2. Dionisio Parejo Says:

    Estamos en un Estado de Derecho torcido, si ocupo yo esa finca estoy oyendo los Villancicos con Julian Muñoz.

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