“¡Vive la France!”, sin complejos

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No es cierto que exista la sana envidia. La envidia es insana por naturaleza, al igual que no hay mentiras piadosas. En la práctica de la envidia o de la mentira nadie podría tirar la primera piedra de la inocencia. Desde los clásicos se dijo que uno de los pecados nacionales de los españoles es la envidia, y por eso en la simbología cromática se escribió que España es amarilla porque este color es precisamente el que corresponde a la envidia. Vaya usted a saber si hay algo cierto o es sólo una leyenda literaria.

Siento envidia por la reacción de la Jefatura del Estado francés, de los políticos franceses, de las Fuerzas de Seguridad francesas y de la sociedad francesa en su conjunto ante los sangrientos atentados de París.

Las Fuerzas de Seguridad respondieron con prontitud y contundencia a la acción terrorista. Las imágenes de la televisión evidenciaron que no se dejaron llevar por contemplaciones cuando se trató de salvaguardar la libertad y la seguridad de los ciudadanos y de responder a crímenes execrables, entre cuyas víctimas se encontraban compañeros suyos. Los tres terroristas resultaron muertos y el causante de la masacre de la tienda de productos judíos fue abatido ante las mismas cámaras de la televisión.

El Presidente de la República demostró inteligencia y altura de miras cuando convocó en el Elíseo a los diferentes líderes políticos, empezando por su antecesor y adversario Nicolás Sarkozy. Consiguió unidad de criterio y unanimidad en su respuesta al terror. Esa movilización nacional sin exclusiones se patentizó en sus comparecencias ante los franceses con un grito final reiterado: “¡Vive la France!”.

Los políticos franceses ofrecieron un ejemplo de solidaridad ante lo que debe considerarse una guerra, es cierto que no convencional, otro tipo de guerra, pero por ello no menos temible y devastadora. El canto unánime de “La Marsellesa” en el Pleno de la Asamblea Nacional fue una prueba de unión y solidaridad ante el terror.

La sociedad francesa respondió con una movilización sin precedentes. No hubo reproches ni condenas salvo a los terroristas. No coincido con muchas de las actitudes y opiniones del semanario “Charlie Hebdo” que no ha cambiado de línea ideológica desde su fundación, pero esos carteles de “Je suis Charlie” que se multiplicaban en las calles de París desde los primeros momentos de conocerse los atentados suponen un mensaje solidario y positivo y no sólo en defensa de la libertad de expresión que había sido sangrientamente atacada sino, además, de la libertad y seguridad de los valores de un espectro mucho más amplio: la forma de vida y la cultura occidentales, sus principios, sus libertades.

Confieso que tengo envidia de la dimensión y el rigor de esas respuestas al terror que hemos reconocido en la Francia de estos días. Cierro los ojos y sueño despierto en la realidad que hubiésemos vivido en España ante un hecho similar. Desgraciadamente tenemos el precedente trágico y durísimo del 11-M.

En Francia a nadie se le ha ocurrido acusar al Gobierno de responsabilidad alguna por participar en numerosas misiones militares exteriores contra el terrorismo yihadista; no ha habido acosos, como los hubo en España, a las sedes del partido gubernamental desde la logística del “Pásalo”, aquella vulneración de la jornada de reflexión de la que no hace mucho se declaraban autores, y pugnaban por quién era el iniciador del invento, los que ahora forman Podemos y el PSOE; no se ha utilizado con fines partidistas una manifestación solidaria contra el terror; en Francia el Gobierno socialista ha tenido el total apoyo de la principal formación de la oposición, la UMP. Todo eso me produce envidia.

Es obvio que las circunstancias son distintas. En once años, desde aquel trágico 11-M,  ha pasado el agua bajo los puentes y el yihadismo ha atacado en varios países europeos. Nadie duda de que estamos expuestos a ataques terroristas sin necesidad de que alguien se invente “guerras ilegales”; ya padecemos una guerra sin declaración previa y sin frentes de combate.  La guerra está allá donde decide un fanático con una bomba o un arma automática.  Por eso el Gobierno de Valls ha sacado a las calles de sus ciudades hasta 10.000 soldados.

Vuelvo a mi sueño: ¿Qué hubiese ocurrido en España ante una tragedia similar? No es difícil aventurarlo. Cierta izquierda estaría pidiendo comparecencias parlamentarias y comisiones de investigación ante la sospecha de que la muerte de los tres terroristas (insisto: uno de ellos fue abatido de varios disparos por un policía ante las cámaras de televisión) fuese una acción desproporcionada e innecesaria, y de ello no responsabilizarían a los agentes del orden sino a sus jefes políticos y al ministro del Interior. Cierta izquierda hubiese pedido una investigación poniendo en duda que los cuatro rehenes muertos fueran abatidos durante el asalto policial o antes por el terrorista.  Cierta izquierda hubiera acusado de exagerada la masiva movilización policial y militar, y es probable que se hubiese vuelto a la pugna seguridad-libertad como si no fuesen valores complementarios e inseparables. Cierta izquierda hubiese acusado al Gobierno de falta de previsión al no tener información sobre la cédula terrorista que cometió los atentados y se habría repetido mil veces que los yihadistas fueron identificados por el descuido de uno de ellos al perder el documento de identidad en el coche que abandonaron, no por el celo de las Fuerzas de Seguridad… Nada de esto ha ocurrido en Francia pero ya sabemos, como en los viejos reclamos turísticos, que España es diferente.

Entre otras, hay dos cuestiones para mí importantes en nuestro no lejano pasado que, como amante y estudioso de la Historia, no he entendido y acaso nunca vaya a entender. La primera: Por qué razón el presidente del Gobierno de entonces no convocó a los diferentes líderes políticos en la tristísima mañana del 11-M, cuando en los primeros momentos hasta líderes significados del nacionalismo vascos creyeron (aunque luego tuviese otra autoría) que el atentado había sido obra de ETA, sobre todo cuando pocas semanas antes se había detectado una caravana terrorista etarra que trasladaba explosivos a Madrid para atentar en trenes, según se dijo. Hubiese sido conveniente buscar la unanimidad en la reacción. La segunda cuestión que no entiendo: Por qué el Gobierno no aclaró en su día (la documentación de la ONU está en Internet desde antes de 2009, que es cuando yo la leí) que España no intervino en la segunda guerra de Irak, la de 2003; la primera fue la llamada guerra del Golfo, de 1990-1991.

España envío un contingente militar acudiendo al llamamiento de la ONU en su Resolución 1483, ampliada en la Resolución 1511. La ONU declaró acabada la guerra con el derrocamiento de Saddam Hussein y desde entonces consideró la situación como la existencia de “acciones violentas terroristas”. En la documentación de la ONU se enumeran los Estados que participaron en la guerra y en la lista no figura España que sí forma parte de los Estados que intervinieron “no en misión de guerra sino para garantizar la estabilidad como paso previo a la aprobación de una nueva Constitución y la celebración de elecciones democráticas libres, y todo ello bajo el control del Consejo de Seguridad”.

No alcanzo a entender los motivos por los que aquel Gobierno consintió, desde un silencio franciscano, que se abriese paso la falacia de que estábamos en guerra, que en todo caso resultaba imposible porque cuando se declara una guerra se sigue el procedimiento que señala la Constitución (Artículo 63.3), y que era una guerra no respaldada por la ONU, lo que tampoco era cierto en sentido estricto, ya que había medio centenar de Resoluciones vigentes  (1990-2003), entre la primera Resolución, la 660, y las últimas, la 1510 y la 1511. La segunda guerra del Golfo, o guerra de Irak, era una continuación de la primera y por ello mantenía el mismo respaldo de la ONU, ya que se debía al incumplimiento por parte de Saddam Hussein de las condiciones del alto el fuego de 1991.

En la línea de los paralelismos: ¿Qué reacciones torticeras se hubiesen producido si un Presidente de Gobierno español concluye un mensaje al país con el grito de “¡Viva España!”? Sin embargo, discursos solemnes de responsables de dos Comunidades Autónomas de singular peso concluyen con “¡Visca Catalunya!” o “¡Gora Euskadi!”, y ello se recibe, como es lógico, con naturalidad. Que cada cual reflexione. A menudo tenemos un complejo pusilánime y aldeano. En Francia gritar “¡Viva Francia!” no sorprende ni inquieta ni acompleja a nadie. Ya digo: somos diferentes. Es probable que por falta de franceses. Y todo esto me da mucha envidia.

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4 comentarios to ““¡Vive la France!”, sin complejos”

  1. Martín-Martín Says:

    Ya ha empezado lo que usted anuncia. En una tertulia de una televisión privada de cuyo nombre no quiero acordarme un tipo de izquierdas con marchamo de periodista atacó al Gobierno del PP por la nueva ley contra el terrorismo en el que han alcanzado o pueden alcanzar un consenso el PSOE y el PP a cuento de que lesiona la libertad por apuntalar la seguridad. Una memez con lo que está cayendo. Y otros tertulianos lo apoyaron, evidentemente desde la extrema izquierda ya que criticaron por igual al PP y al PSOE ¡por ponerse de acuerdo en algo después de tres años de desencuentros! Si uno no quiere dos no pactan, y así ha sido hasta ahora. La izquierda cuanto más extrema más ciega. Gracias por sus reflexiones, Van Halen.

  2. Ariel Says:

    Carmona, el fatuo candidato a alcalde de Madrid por el PSOE, que es profesor de la Universidad Católica San Pablo CEU en cuyas clases no mantiene, por ejemplo, las teorías laicistas de su partido y de su jefe de filas Tomás Gómez, acaba de anunciar que es partidario de aquel “papeles para todos” que se inventó Zapatero y que nos ha llevado a la situación actual. Los que llegan de fuera, incluso sin papeles, tienen los derechos sanitarios, educativos y de vivienda que los demás y con prioridad. y, por ejemplo, los islámicos no se integran en nuestra realidad. Plantean una “igualdad” que es la suya: el velo, la dieta islámica en los colegios, la construcción de mezquitas… Mientras, en los últimos días los islamistas han destruido decenas de iglesias en Nigeria y naciones en donde gobiernan, hay persecuciones a los católicos, y tienen declarada una “guerra santa” a Occidente. Los hay que persisten en el error…

  3. Wolfgang Says:

    No te falta razón, Van Halen. La excelente reacción de los franceses, desde el Jefe del Estado hasta el ciudadano de a pie, ante los terribles asesinatos terroristas acaecidos es objeto de admiración generalizada. Cuando tiene lugar un ataque de la envergadura y vileza como el sucedido en Francia, las personas y también en su conjunto la Nación víctima de que se trate han de enfrentarse a una situación límite para la que no existen libros de instrucciones ni recomendaciones ad hoc. Se hace preciso, por tanto, para abordar y bien gestionar ese infierno mirarse cada uno a sí mismo y poner en práctica las “reservas” que cada uno tenga. El “poso” que cada cual porte y que es fruto de las experiencias, de los conocimientos, de la profesionalidad, de la sabiduría, de la inteligencia, que cada cual haya sido capaz de acumular en su desarrollo vital. Y ello se trate de un individuo o de una Nación. De la calidad de ese “poso” dependerá el resultado. En el caso que nos ocupa la nación francesa, sus nacionales y sus representantes políticos han demostrado ser muy solventes. Esa solvencia demostrada, entre otras y numerosísimas cosas, en la ausencia de complejos a la hora de defender con contundencia sus principios y convicciones y éstos no son otros que los que han de darse cita para la existencia de un Estado democrático y de Derecho.

  4. Josema Says:

    El complejo de la derecha española es una desgraciada realidad, vive una especie de “síndrome de Estocolmo”, ha asumido las falacias de la izquierda como que ella tiene una carga moral que nadie debe discutir, que la Segunda República fue un régimen angelical… entre otras muchas falsedades. Ese complejo de la derecha es probable que venga de la dictadura ya que la izquierda no ceja de considerar a la derecha en su conjunto como “heredera” del franquismo, cuando la derecha democrática no es heredera de nadie sino de sí misma, mientras en España los comunistas presumen de serlo y están orgullosos de ser “herederos”, y en su caso sí, del marxismo-leninismo que tuvo como larga etapa la sangrienta dictadura estalinista. El propio PSOE abandonó el marxismo como línea ideológica hasta después de su XXVIII congreso, gracias a la visión de Felipe González, influenciado y probablemente financiado su partido por la centrada socialdemocracia alemana. de su amigo Willy Brandt. Ese complejo de la derecha lleva a lo que relata Van Halen: en España la derecha por unos motivos y la izquierda por otros hace muy improbable que escuchemos de la boca de un dirigente político importante, y más si es presidente del gobierno, un grito de “¡Viva España!” con la naturalidad con que el socialista Hollande lo pronunció en su país.

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