Los errores de Sánchez

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El resultado de las elecciones del pasado día 24 ha supuesto un vuelco pero en cierto modo no una sorpresa. Es obvio que las medidas adoptadas por el Gobierno de Rajoy para salvar el desastre económico que dejó Zapatero, hasta ahora el peor presidente de la democracia, han sido duras aunque necesarias. España estaba al borde del rescate, con una prima de riesgo de 632 puntos a mediados de 2012 y creciendo, y con una consideración exterior infumable. Había que salir del túnel. Ocurre que el pueblo español, los votantes que apoyaron mayoritariamente al PP en 2011 para que sacara al país de la crisis, en buena medida han entendido, pasados algo más de tres años, que remontar la crisis era gratis y su percepción parece haber sido que estaba bien que el común de los españoles se apretasen el cinturón pero no ellos mismos ni su gremio.  Pensaban que debían apretarse el cinturón los demás. En este contexto no es sorprendente que el PP haya recibido un castigo en las urnas y se haya producido un vuelco.

¿Qué ha ocurrido con el PSOE? Si se leen algunos periódicos y se escucha a Pedro Sánchez parece que los votantes han favorecido a los socialistas, pero no es así; es una falacia. El PSOE ha sido la tercera, la cuarta, incluso la quinta fuerza política en importantes ayuntamientos en los que el PP ha sido la primera. Ha perdido casi 600.000 votos en el conjunto de España, 400.000 de ellos en grandes ciudades, y en muchas circunscripciones ha cosechado los peores resultados de su historia. El que no se conforma es porque no quiere. Que un partido que ha gobernado en un tiempo difícil y tomando medidas duras y a menudo lógicamente impopulares pierda 2.500.000 votos desde 2011 que consiguió casi 11.000.000, resulta comprensible. Que un partido que no ha gobernado, que supuestamente no tenía que haber sufrido desgaste porque se ha opuesto a todas y cada una de las medidas y reformas propuestas por el Gobierno, haya perdido cerca del 10% de sus votos de 2011, que fueron 6.900.000, es preocupante.

Sánchez dijo -ay, el poder de las hemerotecas y las videotecas- que nunca pactaría con Podemos ni con el populismo ni en el más modesto ayuntamiento, ahora se pone meloso con Pablo Iglesias y con sus damas Manuela Carmena, de profesión juez, en Madrid, y Ada Colau, de profesión activista, en Barcelona. Sánchez quiere “protagonizar el cambio” y lo ve no sólo posible sino seguro. Además ha decidido hacerlo echándose en los brazos de Podemos. El optimismo de Sánchez contrasta con la reacción de la Bolsa y las declaraciones de grandes empresarios españoles y de inversores extranjeros que ven el avance del populismo como un peligro cierto para la estabilidad y el crecimiento económico. Podemos  se ha presentado a las elecciones con diversas marcas a lo largo y ancho del país para jugar al despiste. Esa variedad de disfraces electorales supone, en cierto modo, un fraude al votante, pero ya sabemos que se atribuye a Maquiavelo, aunque es anterior, la sentencia “el fin justifica los medios”; puro leninismo.

Sánchez tiene prisa y está políticamente demasiado verde. Mientras el líder del PSOE se las promete felices en sus mieles pactistas, Pablo Iglesias asegura que Podemos fagocitará al PSOE al que le ocurrirá como al PASOK en Grecia. No es la primera vez que se establece esa comparación. En febrero pasado el semanario británico “The Economist” se refería a esta cuestión en un artículo titulado “¿Pueden?”, que llevaba el antetítulo “España y Podemos”. Hablaba de la inestabilidad que amenazaba -entonces- no sólo a Andalucía sino también a España. En eso estamos en mayo de 2015.

El primer error de Sánchez es haber optado por convertirse en un segundo Zapatero en lugar de en un segundo Felipe González. El primer presidente socialista del Gobierno centró el PSOE, lo convirtió en un partido preferido por las clases medias, obvió el viejo recelo que entonces  no pocos tenían a las siglas, superó las partes más oscuras de su historia, y consiguió la mayoría electoral más contundente de la democracia. Zapatero apostó por la división de los españoles, resucitó el guerracivilismo, representó un radicalismo trasnochado, y por sus torpezas favoreció el nacimiento y fortaleza del populismo aupado por televisiones afines que él había propiciado, aparte de dar oxígeno a un independentismo catalán hasta entonces más o menos encauzado. Sánchez es un Zapatero en caricatura, de segunda, que no ha hecho otra cosa que conducir al PSOE hacia la irrelevancia. Viene a serla la caricatura de una caricatura. Su gran opción, Ángel Gabilondo en Madrid, sólo consiguió un diputado más que el denostado Tomás Gómez en 2011, que entonces fue y ahora es el peor resultado socialista en toda la democracia. Y Carmona ha llevado al PSOE a su más baja cota de las conocidas en unas municipales madrileñas.

Tras manifestarse repetidamente contra los pactos con el PP, confundiendo al adversario a ganar con el enemigo a destruir, y coincidiendo en ello con Podemos, Sánchez ha cometido un segundo error: no calibrar que dejarse abrazar políticamente por Pablo Iglesias supondrá condenar al PSOE a ser absorbido por Podemos. Condenar a la irrelevancia a un partido centenario. El populismo ya ha fagocitado a IU en las municipales y autonómicas y en las generales aspira a hacerlo con el PSOE. Y así será por la ceguera de Sánchez al que no preocupa quebrar la estabilidad y con ella el camino hacia el desarrollo y la bonanza económica. Podemos confunde la gobernación de una nación europea con el manejo de una asamblea de facultad o la dirección de una comunidad de vecinos. España por los errores de Sánchez puede perder su credibilidad y peso dentro de la Unión Europea porque con recetas bananeras y utopías añejas ya fracasadas en el mundo, no se sale de ningún túnel sino que se vuelve a él. Y la crisis desembocará en algo peor: pobreza, desabastecimiento, huida de inversiones, recesión… Que Sánchez crea que el PSOE será quien fagocite a Podemos es sencillamente un sueño. Las señales contrarias son muy claras.

El momento obliga a decisiones valientes como las que se viven con normalidad en otras naciones europeas. Grandes pactos de Estado que garanticen la gobernabilidad desde la moderación y el realismo. Lo que debería haber hecho el líder socialista es fortalecer fórmulas para salir de la crisis no para profundizarla. Parón a las reformas, más gasto público, menos apoyo empresarial, congelación de proyectos que suponen empleo y dinamización económica… No son soluciones sino problemas. Sánchez no es precisamente un estadista y no lo ve. Allá él y su responsabilidad. Lo peor es que no sólo enterrará al PSOE; también perjudicará gravemente al conjunto de los españoles que cuando -cada uno según su saber y entender- se arrepientan de haber dado su voto al radicalismo, será muy tarde. Acaso ya no habrá posibilidad de macha atrás. En Venezuela, por ejemplo, lo saben bien para su desgracia. Del aplauso confiado a Chávez se ha pasado a las cartillas de racionamiento y a las colas un día determinado a la semana para hacer la compra de lo que hay. Y a la violencia política, a los medios de comunicación amordazados o cerrados y, en esa vía, a elecciones viciadas porque sin libertad de opinión no existen procesos electorales libres. ¿Por qué, pese a lo que prometió, Sánchez ha olvidado todo esto?  Desdecirse también es un error y una cierta desvergüenza política porque votantes de su partido -muchos o pocos- acaso no lo hubieran  sido si no miente  sobre su apoyo a Podemos.

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Una respuesta to “Los errores de Sánchez”

  1. Adán Moreno Says:

    Muy cierto todo lo que comenta don Juan Van-Halen. Si me dan a elegir PP o PSOE, obviamente me quedo con el menos malo, el PP. Potemos (de vomitar) aún es peor que PSOE, incluso que IU. Pero estos desbarajustes frentepopulistas y nacionalistas los han creado el bipartidismo PP-PSOE por no parar a tiempo a CIU y PNV y no pactar con ellos ofreciéndoles el oro y el moro, sino que tenían que haber pactado los dos grandes grupos, ese desentendimiento que ha llevado a crear una nueva Ley de Educación cada cuatro años y el no aplicarse el cuento de los recortes es lo que ha llevado al hartazgo a los ciudadanos. Claro que hay que apretarse el cinturón y yo el primero, pero no me parece bien que los políticos corruptos no devuelvan el dinero robado y no entren (o salgan en cuestión de meses) a la cárcel. Como muestra un botón, la señor Pilar Collado (PP) se ha hecho famosa por las curaciones milagrosas. Atentamente, un Ciudadano más. https://www.google.es/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=1&cad=rja&uact=8&ved=0CCEQtwIwAA&url=http%3A%2F%2Fwww.youtube.com%2Fwatch%3Fv%3D__33e35gWok&ei=VTpnVYq-OIb6UNirgKAN&usg=AFQjCNHXe2JA2Sp4x_80YPvwGhjuWWwrQg&sig2=fpy1sED1fvrF8j2qMeADeg&bvm=bv.93990622,d.d24

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