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Cambios en Cibeles, vuelve Rubalcaba y otros sobresaltos

31 diciembre 2011

Hace siglo y medio o dos siglos hablar de cambios en Cibeles hubiese tenido como referencia el Palacio de Buenavista, antiguo palacio de Alba, luego de Godoy y más tarde sede del Ministerio de la Guerra; allí, sobre un sofá, recostaron a Prim tras el atentado de la calle del Turco que le costaría la vida. Hoy hablar de cambios en Cibeles es hablar de relevo en el Ayuntamiento, ubicado gracias a Gallardón en el espléndido marco del antiguo palacio de Comunicaciones, lugar en el que ondeó la primera bandera republicana en el bullicioso 14 de abril.

Ana Botella se convirtió en alcaldesa de Madrid al acceder Alberto Ruíz-Gallardón al Ministerio de Justicia. Los socialistas se apresuraron a mostrar su descontento porque, según ellos, Botella no había sido votada por los madrileños y porque Gallardón no había cumplido su mandato. Ambos argumentos son falaces. Que los esgrima, por ejemplo, Tomás Gómez es curioso. Él aseguró que completaría su mandato municipal en Parla, luego lo abandonó, y dejó como alcalde a José María Fraile, que iba en su lista electoral lo mismo que Ana Botella iba en la de Gallardón. Por no hablar de las huidas de Trinidad Jiménez y de Miguel Sebastián tras fracasar estruendosamente en su intento de ganar la Alcaldía. El alcalde es elegido por los concejales. Y eso ha ocurrido. La legitimidad y legalidad del acceso de Botella a la Alcaldía son impecables.

Ana Botella es funcionaria  del Cuerpo Superior de Administradores del Estado,  con una oposición brillantemente ganada que, por cierto, llegó a la militancia política antes que su marido, José María Aznar. Lleva ocho años de gestión municipal en responsabilidades destacadas y ha demostrado prudencia y buen tino. Es obvio que llevará a la Alcaldía sus propios modos, su estilo, que no serán los de su antecesor, pero el proyecto es el mismo y se centra en el programa electoral con el que los populares ganaron ampliamente las elecciones municipales en Madrid.

Gallardón ha sido un eficaz alcalde, ha transformado Madrid. Es un jurista reconocido y un político brillante. Cuando algunos juzgan su gestión, y en este caso son machacones los socialistas, se detienen en la deuda municipal, que es importante. Pero los ciudadanos que circulan por los túneles de la M-30o que visitan Madrid Río valoran estas obras, como tantas otras, y consideran la deuda lo que es:  inversión. En nuestro tiempo las distancias se miden en minutos, no en kilómetros. ¿Cuántos minutos han ganado los madrileños en su sueño o en sus gestiones gracias a esa emblemática iniciativa de los túneles? Cuando desde el PSOE, por ejemplo, se hace hincapié en la deuda de Madrid se olvida intencionadamente, pongo por caso, la deuda de 625 millones de euros de Alcorcón, o la de 175 millones de euros de Aranjuez, cuatro veces el presupuesto anual del Ayuntamiento, la mayor deuda por habitante de la Comunidad, o  la bancarrota de Parla. ¿Y qué obras útiles para los ciudadanos han hecho los regidores socialistas en esos municipios o en otros también gravemente endeudados? Ninguna. No invertían, despilfarraban.

El cambio en la Alcaldía ha supuesto la renovación de titulares en algunas responsabilidades municipales. La noticia más relevante, por su unión desde hace años al ya ex-alcalde, es la salida de la política municipal de Manuel Cobo, un político de primera. Se entiende la emoción de su despedida. Pero, a mi juicio, no debió desvelar que el nuevo ministro de Justicia le había ofrecido la secretaría de Estado de Justicia para a renglón seguido afirmar que no la aceptó porque no tenía el perfil requerido para desempeñarla. De un lado, esa confesión deja en mal lugar al ministro, un reconocido jurista, que al parecer había ofrecido un cargo de fuerte contenido técnico-jurídico a alguien que, él mismo, no se veía con el perfil adecuado. De otro lado, el magistrado Fernando Román, nombrado secretario de Estado por decisión personal de Rajoy, podría mosquearse al ser plato de segunda mesa tras el proclamado rechazo de Cobo. Estas cosas es mejor no airearlas. Es un desliz, por otro lado comprensible dadas las circunstancias, en un avezado político como lo es el hasta ahora vice-alcalde, que se incorpora a IFEMA como coordinador de gestión, cometido que entiendo como un puente hacia otras responsabilidades de Gobierno, que él merece por su acreditada capacidad. El nombramiento de Cobo en IFEMA es una prueba de que Esperanza Aguirre, como ella misma dijo, no es rencorosa.

También sale del Ayuntamiento la delegada de las Artes, Alicia Moreno, que no es concejala. Colaboradora de Gallardón ya en sus tiempos de Presidente dela Comunidad, es una mujer eficaz, independiente, o sea no afiliada al Partido Popular, algo así como el cupo “progre” o verso suelto. Aún se recuerda su participación en manifestaciones del “no a la guerra” durante el Gobierno de Aznar; su encaje con Ana Botella no hubiese sido fácil.

La  nueva alcaldesa formó su equipo. El nuevo vice-alcalde es Miguel Ángel Villanueva, con fama de buen gestor; hombre muy ligado a Gallardón. Ana Botella asciende, además, a Concha Dancausa, muy cercana a ella, para Hacienda, y rebaja la responsabilidad de Paz González, que era presidenta del Pleno, responsable ahora de Urbanismo. Fernando Villalonga, diplomático, que fue secretario de Estado con Aznar y era cónsul general en Nueva York, se encarga de la delegación de las Artes. Pedro Calvo permanece aunque cambia de funciones al asumir Economía y Empleo, mientras Antonio de Guindos, que era segundo de Botella, asciende a responsable de Medio Ambiente y Movilidad, y Dolores Navarro se incorpora a Asuntos Sociales. Un equipo de Gobierno más reducido que el de Gallardón, y con caras nuevas. Y ya, a trabajar.

Coincidiendo con el nombramiento de los segundos niveles del Gobierno de Rajoy y con los cambios en el Ayuntamiento, Rubalcaba ha hecho pública su candidatura a secretario general del PSOE en el Congreso Federal del próximo febrero. Ha dicho que tiene ideas y ganas. El bueno de Rubalcaba lleva diciendo eso desde hace muchos años. Como soy veterano conservo cierta “memoria histórica”. Ya lo dijo cuando, casi en la prehistoria, se produjeron las cuitas entre “guerristas” y “renovadores”. Y lo repitió cuando la ocasión lo hizo conveniente. La última vez, ya penúltima, durante la campaña electoral. Ahora Rubalcaba a sus ideas y ganas incorpora una novedad: se muestra partidario de las “primarias” que él arrumbó siempre que pudo. Al parecer, ya no puede.

Los plazos para presentar candidaturas al Congreso Federal socialista son ya muy cortos, y acaso por ello se multiplican las voces dentro del PSOE pidiendo que la convocatoria se retrase, pero eso no parece probable porque la intención de celebrarlo en febrero va ligada a las vísperas de las elecciones andaluzas (como el Congreso Nacional del Partido Popular, también en febrero y también en Sevilla). Carme Chacón sigue su camino hacia la proclamación de su candidatura, pero sus pasos son más pausados que los de Rubalcaba. Desde fuera, parece que el antiguo vicepresidente y ministro de Educación, Presidencia e Interior en Gobiernos de González y de Zapatero, tiene más posibilidades de alzarse con la secretaría general si sólo se confronta con la ex-ministra de Defensa.

Rubalcaba dio una clave diferencial cuando afirmó que entiende el PSOE como un “partido nacional que diga las mismas cosas en toda España”, y Chacón es más PSC que PSOE, si puede hablarse en rigor de diferencias. Sin embargo, fue Zapatero el que abrió la espita del Estatuto de Cataluña y entonces y después Rubalcaba no dijo ni pío. Pero ahora para el candidato a secretario general todas las armas dialécticas valen. Está en campaña. Otra vez.

Por un futuro despejado del PSOE quiero suponer que aparecerán más candidatos a la secretaría general. Si la renovación socialista, que debería ser refundación,  tiene en su catálogo sólo a Chacón y a Rubalcaba están listos. Los dos son el pasado. Una, reticente a gritar “Viva España” y otro saludando puño en alto a sus colegas. Naftalina. Para conseguir credibilidad y representar algo novedoso y atractivo haría falta un nuevo rostro y un nuevo estilo, que se apuntase a la socialdemocracia y no al viejo socialismo. Todos los barones regionales en liza el 22 de mayo perdieron las elecciones y ahora el banquillo que se preveía repleto está vacío. El sucesor de Zapatero en Ferraz será con bastante probabilidad un perdedor, aunque ya se habla del alcalde de Toledo, que ganó sus elecciones. Buscando con un candil, a lo Diógenes, los ojeadores del PSOE han dado con un ganador, además patrocinado por el incombustible Bono.

Rubalcaba ya pasó el Rubicón de entrar en liza y pronto lo hará Chacón. Y… no se sabe más. Por ahora  no hay más nombres. Hoy por hoy el PSOE sigue en la política del retrovisor. A ver qué ocurre cuando mire al frente.

En el capítulo de los sobresaltos se han movido dos importantes fichas judiciales. El Tribunal Supremo ha decidido investigar al ex-ministro Blanco por su supuesta relación con la “operación Campeón”. Blanco es todavía diputado por Lugo y vicesecretario general del PSOE. Al ex-ministro una juez de Lugo, aquella fiscalía, la fiscalía del Supremo y la sala competente del Alto Tribunal le consideran supuestamente implicado en un delito de tráfico de influencias, entre otros. Y un juez  de Palma de Mallorca ha citado a declarar el próximo día 25 de febrero a Iñaki Urdangarin, yerno del Rey, como imputado. La fiscalía Anticorrupción sostiene que Urdangarin y su socio Diego Torres podrían haber cometido los delitos de malversación, fraude, falsedad y prevaricación. La verdad es que el último delito no lo entiendo ya que la prevaricación se refiere a las acciones de una autoridad o funcionario público y Urdangarín no lo es.  Blanco se ha congratulado del inicio de las investigaciones porque así podrá demostrar su inocencia y el abogado del duque consorte de Palma se ha dolido de que los medios de comunicación estén haciendo un juicio paralelo desde hace mes y medio; una declaración a mi juicio poco inteligente y poco oportuna.

En ambos casos, el de Blanco y el de Urdangarin, hay que invocar -y respetar- la presunción de inocencia y quedar a la espera de la investigación en un caso y de la declaración ante el juez y posteriores actuaciones, de haberlas, en el otro. Según opiniones de algunos juristas los dos asuntos pintan más o menos mal. Pero el inicio de un procedimiento (un imputado no es un procesado ni un condenado, aunque haya gente que confunda los términos) no supone conclusiones. Una cosa es lo publicado y otra lo que se pruebe. Lo que sí conocemos ya en el caso de Urdangarin, el más mediático por motivos obvios, es la impecable reacción de la Casa Real, y del propio Rey. Y a partir de aquí que la Justicia siga su camino sin que se prejuzgue nada en asuntos que sólo conciernen a sus protagonistas.

En este contexto resulta oportuno alabar la transparencia de la Zarzuela que ha hecho públicas las cuentas de la Casa Real, sueldos incluidos, sin tener obligación legal de hacerlo. Según las cifras comparativas con el resto de las Monarquías europeas y algunas Presidencias de Repúblicas, la Monarquía española es la más austera, la que menos cuesta. A cada español le supone 19 céntimos anuales.

El mito de que la Monarquía es más costosa para el ciudadano que la República es una de esas leyendas urbanas que se trasladan de unos a otros sin cifras que avalen su rigor. Me recuerda otro mito que tuvimos que padecer el verano pasado: los costes  que supondría para el erario público la Jornada Mundial de la Juventud convocada por el Papa Benedicto XVI en Madrid  (agosto de 2011). Colectivos de ateos y librepensadores (sic), indignados, otras asociaciones de parecido signo y algún cura trabucaire se manifestaron en Madrid preocupados por aquel supuesto enorme gasto. Ejercieron incluso la violencia al exigir en la calle el ahorro del dinero público que, por cierto, en aquella época se repartía a manos llenas porque España era el paraíso de las subvenciones.

Un estudio elaborado por la prestigiosa PriceWaterhouseCoopers aclaró que la Jornada Mundial de la Juventud supuso un ingreso de 476 millones de dólares, de los cuales unos 37 millones ingresaron al Estado por concepto del Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA). Según el informe que se presentó el 30 de noviembre, el 90 por ciento de los 476 millones se quedaron en Madrid y el resto se dividió entre las ciudades que participaron en la Jornada dentro de su preparación. Los sectores más beneficiados fueron la hostelería, el comercico minoritario y el transporte terrestre. Además la JMJ permitió la creación de 4.589 empleos, 2.894 de ellos en Madrid. PriceWaterhouseCoopers basó sus cálculos en el gasto directo realizado por la organización de la JMJ y en cifras de la contabilidad autonómica y nacional a través del Instituto de Estadística de la Comunidad de Madrid y el Instituto Nacional de Estadística (INE). Es decir que, además, de sus beneficios espirituales, inmedibles, la JMJ fue una buena palanca económica en un tiempo de crisis. Los ateos, etcétera, se equivocaron.

Algo parecido ocurre, en su dimensión, con el coste de las Monarquías respecto a las Repúblicas, y más en nuestra Monarquía: se habla comúnmente de oídas, sin cifras, desde el mito de ignorantes, sesgados o irreconciliables. Luego, cuando se conocen los datos, resulta que la Monarquía española es la más barata de Europa y desde luego cuesta menos a los ciudadanos  que las Repúblicas de nuestro ámbito. Hay que ir pinchando globos.

¡Feliz 2012!

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El flautista de Hamelín

24 noviembre 2011

Todo el mundo ha escrito sobre la victoria de Rajoy que siendo un tema trascendental para España es, además, un tema “de casa”. Enorme victoria merecida que reconoce la seriedad, la preparación y el tesón de este hombre tranquilo que va a tener sobre sus espaldas políticas el duro peso de enmendar el camino del país, convocar a todos, predicar ilusión y acabar con las ocurrencias, las improvisaciones y la gestión errática de unos aficionados de quinta división venidos a más. Le esperan a Rajoy decisiones difíciles y a todos nos esperan años duros. Habrá tiempo de escribir sobre su presidencia cuando comience.

 Mira que soy rarito, voy a escribir sobre Rubalcaba, y por dos motivos. El primero: porque me preocupa el futuro del PSOE que, una vez recobrada la cordura y encontrada la brújula, debe jugar un papel importante en el futuro político de España. Y el segundo: porque esa cordura y esa brújula no es probable que la encuentre un dirigente socialista “histórico” como es Rubalcaba que en su vida política ha caído en demasiados charcos y tiene demasiados cadáveres en sus armarios. 

Uno de mis más singulares e inteligentes amigos, Alberto Miguel Arruti, gran periodista y profesor que acaba de morir, contaba, entre sus ocurrencias más disparatadas y acaso por ello más geniales, que uno de sus sueños incumplidos era trasladarse a un lugar remoto, cambiar de nombre, inventarse una nueva biografía, y continuar desde esa personalidad recién estrenada una vida ya sin ataduras. No digo yo que Rubalcaba tenga que seguir ese consejo, pero casi.

Pues no, el derrotado candidato socialista afronta hacer todo lo contrario. No sólo descarta desdibujarse por el escotillón sino que ansía ser secretario general del PSOE y ya está maniobrando para tal fin. Yo creo que Rubalcaba, que no sigue el sueño de mi amigo muerto, quiere, en cambio, darle gusto a Rajoy. ¿Habría un jefe de la oposición mejor para Rajoy que el desarbolado Rubalcaba? Yo creo que no.

La legislatura nacida de las elecciones del pasado domingo, será especial. En ella todos seguiremos aquella máxima de Garibaldi en 1849 que Roosevelt plagió en 1897 y que se hizo célebre cuando la pronunció Churchill en 1940: “esfuerzo, sangre, sudor y lágrimas”. Los sacrificios que esas cuatro palabras encierran probablemente vamos a conocerlos los españoles en nuestro cuerpo social y en nuestra vida individual. Y que nadie se asuste; lo de la sangre sólo será en este caso una metáfora, algo así como ese dicho tan español de “llorar lágrimas de sangre”.

Que en sus solitarias declaraciones de la noche electoral Rubalcaba no entonase su “mea culpa” ni procediese a ofrecer a los españoles la más mínima autocrítica de su campaña y de la gestión que llevó al desastre, evidencia que los socialistas no han entendido el mensaje de las urnas. Los casi cuatro millones y medio de votos perdidos por el PSOE nos enseñan que, a diferencia de Rubalcaba, los votantes sí habían entendido el mensaje de la realidad antes de acudir a las urnas. El candidato sin “primarias” y el líder sin Congreso Federal tuvo los peores resultados de la historia del PSOE: 110 escaños; menos que los 118 escaños de González en 1977, y que los 125 escaños de Almunia en 2000. Un auténtico desastre. Pues ni por esas Rubalcaba se siente un pelín concernido.

Cada cual se conforma como puede, y el sanedrín socialista puede seguir el camino que quiera aunque ese camino termine en un precipicio. El flautista de Hamelín, la leyenda del siglo XIII recogida por los hermanos Grimm y en el poema de Browning, utilizó una flauta para conducir a las ratas hacia su destrucción, y Rubalcaba se vale de un instrumento más prosaico: un salvavidas. Los barones socialistas saben que no tendrían nada que hacer con una profunda renovación que incluyese un líder nuevo, generacionalmente atractivo, porque serían barridos, y optarán por la apuesta del enroque que es lo que Rubalcaba les ofrece, aún con el riesgo final de la destrucción. Ganar tiempo es mantener privilegios y los barones del PSOE han perdido las elecciones en sus territorios y se agarran a un clavo ardiendo. Pobres.

La tragedia en la refundación que debería afrontar el PSOE a partir de su derrota es que el recambio en el liderazgo no se ve fácil. Todas sus referencias territoriales se han quemado, con líderes autonómicos desplazados del poder por las urnas el pasado 22 de mayo. Los que podían sacar cabeza, como Carme Chacón o Patxi López, porque no estuvieron afectados por las elecciones autonómicas, han sufrido severas derrotas el domingo pasado; López mantiene el poder gracias al apoyo del Partido Popular y Chacón vive la amargura de perder escaños y quedar por debajo de CiU por primera vez en unas elecciones generales. En Andalucía, la otra Comunidad no afectada por las urnas autonómicas del 22 de mayo, se ha dado un vuelco y ha ganado el Partido Popular; Griñán es un enfermo político grave a la espera de su R.I.P. en las próximas elecciones andaluzas. Los demás barones socialistas pasaron a mejor vida (es un decir) en mayo.

La tradición en el PSOE, que como partido con historia tiene experiencias de todas clases: buenas, regulares, malas y malísimas, es que los relevos en la secretaría general  se producen con sucesores más jóvenes que sus antecesores. Eso ocurrió con Llopis, al que sucedió González y con González al que sucedió el ínclito Zapatero. Ahora, si Rubalcaba se sale con la suya, esa tradición se quebraría. ¿Aparecerá por sorpresa un nuevo Zapatero, de la generación posterior, en el Congreso Federal de febrero? Chi lo sa.

Entre los posibles candidatos, Eduardo Madina, secretario general del Grupo Socialista en el Congreso, se ha descartado a sí mismo. Hace tiempo que sigo la trayectoria humana y política de este joven y activo socialista, y me parecía un “candidato revelación”.  Ciertamente, cualquier ciudadano de la ideología que sea, se solidarizará con Madina que fue víctima de un vil atentado de ETA  en el que perdió una pierna, y todos nos congratulamos, aunque el dolor y la mutilación no tienen precio, de que Madina recibiese como víctima del terrorismo una indemnización del Estado de tres millones de euros, por cierto 43 veces más euros que la viuda del general Justo Oreja, asesinado en 2001. Por poner sólo un ejemplo entre tantos. En todo caso, y creo que hace mal, Madina se ha excluido de la carrera hacia la cúpula de Ferraz.

La que parece estar dispuesta a dar un paso adelante, aunque hasta ahora con zapatillas de baile y no con calzado de competición, es Carme Chacón, pese a su estruendosa derrota catalana. Esta señora es la que, siendo ministra, acaba de declarar que España es de hecho un Estado federal, cuestión que no contempla la Constitución;  la del “todos somos Rubianes” (q.e.p.d.); la insumisa a las sentencias de los Tribunales cuando atañen a su peculiar y respetabilísimo entendimiento de Cataluña. Allá el PSOE, pero si Chacón fuese secretaria general y entonces se presenta al personal tal cual piensa (no dudo que piensa)  el desierto de la oposición será para los socialistas muy extenso.

Otro que no se aclara pero que podría optar a la sucesión es Tomás Gómez. Con él todo es posible;  es difícil hacer previsiones; es complejo como un laberinto borgiano. Tiene el inconveniente de no contar con escaño en el Congreso, pero esas cosas supongo que no le inquietan. Ha sufrido dos estruendosas derrotas en Madrid, la del 22 de mayo y la del domingo, pero eso supongo que tampoco le inquieta. Consiguió los peores resultados del PSOE en toda la historia de la Comunidad de Madrid: el 26% de votos; exactamente la mitad de escaños en la Asamblea de Madrid: 36; el Partido Popular 72. Al parecer no le supone inquietud alguna. Desde luego nunca hizo autocrítica.

En las elecciones generales el partido dirigido por Gómez ha bajado aún más (con lo difícil que lo tenía) su presencia en los municipios de la Comunidad. El Partido Popular ha sido el más votado en 177 de los 179 municipios madrileños. Entre ellos, y ampliamente, en los antiguos feudos socialistas de Fuenlabrada y de Parla; Gómez conoce bien este último municipio; lo arruinó. Al líder Gómez le queda la alegría de haber tenido más votos que el Partido Popular en dos pueblos, en los que por cierto no gobierna el PSOE: Navarredonda (150 habitantes) en donde ganó el PSOE por 18 votos, y Fuentidueña de Tajo (2.095 habitantes) en donde los socialistas se impusieron al Partido Popular por 49 votos. Toda una victoria para “Invictus”.

En la noche electoral el secretario general del PSM achacó la derrota del PSOE, como no, a la crisis y a la “voracidad de los mercados”. Dijo: “El resultado de esta noche en España es suficientemente contundente como para […] poner un punto y aparte”. Seguramente se refería a Rubalcaba, pero sus contestatarios internos le aplicaron a ál esa  medicina, y el portavoz de “Más Izquierda Madrid” declaró: “Es razonable, a la vista de estos resultados y de las divisiones internas, que Tomás Gómez se aplique un punto y aparte y deje la dirección regional del PSM para abrir un proceso de cambio en las políticas y en las actitudes que conduzca a un PSM más democrático e integrador y cercano a la sociedad madrileña que le ha vuelto la espalda”. Supongo que a Gómez tampoco le preocupa este asunto. Igualmente no creo que le preocupen demasiado las críticas internas que recibe por mantener como su  “número dos” a Trinidad Rollán, tras su condena a inhabilitación para cargo público, por prevaricación, cuando era alcaldesa de Torrejón de Ardoz. 

La noche electoral produjo, a mi juicio, algunas sorpresas, y no me refiero a la victoria holgada del Partido Popular, que estaba cantada en todos los sondeos y se respiraba en la calle. Lo único nuevo que saldría de las urnas sería conocer los porcentajes de la mayoría absoluta de Rajoy y de la derrota de Rubalcaba. Me refiero a la sorpresa de la ausencia de Zapatero y a la sorpresa, a la que me he referido ya, de la falta de autocrítica de Rubalcaba. Si los socialistas achacan exclusivamente su desastre electoral a la crisis, como han repetido Rubalcaba y Gómez, resulta aún más grave que una semana antes de las elecciones la  vicepresidenta del Gobierno, Elena Salgado, siguiese endulzándonos la realidad económica contra las evidencias de la propia realidad. La culpa de la histórica derrota del PSOE no ha sido sólo su gestión de la crisis, con millones de parados, sino las pertinaces mentiras del Gobierno sobre la crisis de las que los españoles estaban hartos y así lo han reflejado en las urnas.

Sobre la ausencia de Zapatero, él ha sido el único Presidente del Gobierno que no ha comparecido ante los españoles en una noche electoral. Todos sus antecesores lo hicieron, y cuando no eran candidatos y perdieron también estaban a la diestra de los derrotados enjugándoles el cabreo o las lágrimas. Zapatero prefirió dejar sólo a Rubalcaba y no dirigirse a los españoles; esperó al día siguiente y habló por primera vez de las elecciones tras la reunión del Comité Federal de su partido, pero no como Presidente del Gobierno sino como Secretario general del PSOE. Eso no es de recibo. Huída, miedo escénico, intencionado alejamiento de la derrota dejando que diese la cara Rubalcaba… “El Maquiavelo de León”, como tituló José García Abad su libro sobre Zapatero,  es capaz incluso de sorprenderse a sí mismo. ¿Quién sabe a qué se debió que no hablase a los españoles en tan singular ocasión? ¿Lo sabrá él?

Rubalcaba, con flauta o sin ella, es pasado gubernamental y problemático futuro político. Zapatero es un Presidente cesado; el “B.O.E.”  ha publicado ya el Real Decreto con su cese, tan esperado por tantos españoles. Está “en funciones”. El tránsito hasta la llegada del nuevo Gobierno es largo, prácticamente un mes desde las elecciones. Pero no es un periodo caprichoso ya que los plazos figuran en el Real Decreto de convocatoria electoral, y a él remite la Constitución. 

Hay medios de comunicación y más de un sector o institución que acucian a Rajoy para que adelante su programa de Gobierno. Merkel y la Comisión Europea, por ejemplo, ya le piden al candidato vencedor el pasado domingo que ponga las cartas sobre la mesa. A uno le sorprenden tales elementales errores de bulto sobre nuestro sistema político en este trámite. Deben creer que el sistema español es similar en plazos al británico. Allí, casi  al día siguiente de unas elecciones, quien las gana y es primer ministro ocupa la célebre casa del número 10 de Downing Street; no hay largo trámite. En España no es así.

Ahora mismo Mariano Rajoy no es “Presidente electo” como suelen llamarle los medios de comunicación, es sencillamente un diputado electo que es, a su vez, presidente del partido que ha ganado las elecciones. Aunque se use ese término no hay formalmente en el sistema español un candidato directo a la Presidencia del Gobierno porque el Presidente del Gobierno no lo eligen directamente los ciudadanos sino el Congreso de los Diputados una vez constituido. Tampoco puede Rajoy desvelar su programa de Gobierno porque ese será el contenido de su discurso de Investidura, tras ser propuesto por el Rey a las Cortes Generales como candidato, entonces ya sí, y no puede adelantarlo porque ello representaría un ninguneo a la soberanía nacional que debe valorarlo y avalarlo, o no, con los votos de los diputados. Obviamente en el caso de Rajoy es un puro formalismo ya que el Partido Popular tiene holgada mayoría absoluta en la Cámara.

Tampoco puede inmiscuirse Rajoy en la labor del Gobierno en funciones. Puede pedirle información sobre asuntos de calado, sugerirle determinadas posiciones en reuniones internacionales, y no  mucho más. Las decisiones del Gobierno en funciones, que sólo pueden referirse a asuntos ordinarios, de trámite, son de su responsabilidad, y no deben apuntarse a Rajoy. Por eso, creo yo, no quiso el presidente del Partido Popular que hubiese testimonios gráficos de su reunión de ayer con Zapatero. Era una cita no oficial, y para nada deseaba el futuro Presidente que pudiera interpretarse su presencia en Moncloa con la solemnidad de las cámaras de televisión y de los fotógrafos como una “participación” en la gobernación del país.

Después de su cabreo por el patético papel que le reservó Rubalcaba en su desastrosa campaña electoral, mientras resucitó a González y a Guerra, no es improbable que el Presidente en funciones haya aprovechado su reunión con Rajoy para felicitar al futuro residente de Moncloa por su próximo éxito: que Rubalcaba se constituya en jefe de la oposición. Es lo mejor que le puede pasar a Rajoy. El flautista de Hamelín y su recolección de ratas despistadas. Sólo quedará pendiente que le preste Gómez a Rubalcaba el cartelón de “Invictus” para que decore la fachada de Ferraz y que Elena Valenciano reciba el nombramiento de directora vitalicia de campañas electorales. Qué chollo.

Gómez o el náufrago en la isla de la Nada

26 mayo 2011

En un cuento de Stevenson cierto náufrago tira la clásica botella al mar pero, obcecado, se olvida de meter dentro su mensaje; en la isla ya no hay otra botella y el error resulta irreversible.  El náufrago olvidadizo era el invictus Tomás Gómez. No metió su mensaje en la botella electoral o acaso metió demasiados mensajes mentirosos y nadie le creyó. La cuestión es que permanece en su isla. Una isla llamada Nada.

Este hombre es el que tiene contados los pocos más de cuatrocientos pasos que separan su Palacio de la Plaza del Callao y la Casa de Correos de la Puerta del Sol,  pero que nunca llegará a recorrerlos bajo ese palio de laurel que es el éxito. Es el Tomás que como el Santo de su nombre pedía meter la mano en la herida para creerse el daño, sin saber que era su propia herida. Es el Gómez de la gente común virtual, huérfano de la gente común real. Es el Gómez líder carismático que acudió confiado a su antiguo reino parleño y en el mitin de precierre de la campaña se encontró con poco más de doscientos asistentes, número que fue aumentando a golpe de sms hasta llegar a los cuatrocientos, porque su reino no era ya de este mundo, y la mayoría de los presentes abrazaban, casi ajenos al mitin, sus bolsitas de cotillón mientras un estupefacto ministro Jáuregui  y un sorprendido Barranco eran testigos del fiasco y no daban crédito. Es el Gómez candidato de las soflamas, los anatemas, las descalificaciones, y la invocación al voto del miedo. Es el Gómez látigo de la señá condesa, machismo incluido. Es el Gómez que dijo que todo va mal en Madrid, mintió una y otra vez sobre el copago sanitario, la privatización del agua, la excelencia educativa, los negocietes ajenos, y tantas cosas más. Ecce homo.

El abrasado -más que derrotado- candidato a la presidencia de la Comunidadde Madrid tuvo su minuto de gloria hace unos meses. Fue cuando miro a los ojos claros de Zapatero con esa penetrante convicción que -es fama- Tomás emplea en contadas ocasiones, y le dio calabazas. No apoyaría a Trinidad Jiménez y exigía unas primarias. Fue su minuto de gloria y su hundimiento. Si le hubiera dado el sí a Zapatero en aquel singular desposorio político acaso Gómez sería ministro a estas alturas y Trinidad estaría mordiendo con gracejo andaluz esta gran derrota. De paso nos hubiese evitado a las gentes comunes el bochorno de seguir los zigzagueos internacionales de semejante ministra de Asuntos Exteriores.

Pero Gómez fue a por todas. Y, como en el arranque del soneto de Pepe Hierro: “después de todo, todo ha sido nada, / a pesar de que un día lo fue todo”. Pobre Gómez que se las prometía tan felices, él que había quedado el segundo en el master de optimismo en el que Zapatero consiguió brillantemente la mejor nota. En vez de distanciarse políticamente del zapaterismo rampante, que hubiese sido lo inteligente para cosechar votos, pronunció aquella frase de la que se habrá arrepentido hasta la náusea: “Quiero hacer en Madrid lo que Zapatero ha hecho en España”, y la gente común, que por lo que se ve no era su gente, salió corriendo ante tal perspectiva. El dardo era mortal de necesidad. Nadie quiere hacer en sus Comunidades, en sus provincias o en sus municipios lo que ha hecho Zapatero en España. A Dios gracias.

Desde un rigor impostado y una prepotencia de catón (y de cartón), Tomás Gómez ha recorrido el camino de la nada ala nada. Zapaterono sólo ha hundido a España, que es lo importante, también ha hundido al PSOE. Gómez ha sumido al socialismo madrileño en la peor situación electoral de su historia. Nunca el PSOE obtuvo en Madrid un apoyo electoral menor al 30% y Gómez lo ha colocado en el 26%. Y tras una campaña técnicamente malísima en la que también brillaron su soberbia y su mitomanía, en la noche electoral se escudó en la derrota generalizada, debida según él a la crisis, para mirar a otro lado y no asumir su responsabilidad. Se había pasado la campaña pidiendo al Partido Popular que hablase de temas municipales y mira por donde achacó su derrota a un tema nacional.

A Gómez no le van a perdonar sus compañeros de partido porque la purga en el socialismo madrileño fue mayúscula tras las primarias, Exilió a quienes habían tenido la osadía de apoyar a Trinidad, abrió heridas que las agrupaciones socialistas de Madrid habían cerrado -y no del todo- con mucho esfuerzo, y no se cumplió su sueño que desde el ecuador de la campaña electoral no era vencer en las urnas a Esperanza Aguirre sino vencer a Rafael Simancas, su antecesor y candidato en las elecciones de 2007. Simancas consiguió 42 escaños en la Asamblea de Madrid y Gómez ha cosechado 36. Con un escaño más de los que sumó Simancas, Gómez hubiese sido el hombre más feliz de la tierra. No ha sido así. Y, mientras, la señá condesa le duplica los escaños: 72. Y sin despeinarse. Una humillación así hubiese supuesto la dimisión inmediata del causante, pero Tomás ni se inmuta. Tiene piel de tortuga. Es un clon de Zapatero.

Acabo de escuchar a Gómez en una entrevista radiofónica. Insólitamente sigue en sus trece tras su contundente derrota. Insiste en que el Partido Popular de Madrid es la derecha más derecha de Europa y que el PSOE es un partido moderado y fiable. ¡Y el Partido Popular obtuvo el 52,00% de los votos y el PSOE el 26%! Es tanto como considerar de nuevo tontos de los cojones a los votantes del Partido Popular y proclamar que el pueblo se ha equivocado al votar. O algo tan pintoresco como creer que el 52% de los votantes madrileños son de extrema derecha. Este hombre no sólo parece marciano, eso sí: en modelo musculitos; es que tiene ciertos “tics” totalitarios: el pueblo acierta sólo cuando le vota a él. Penoso. Por favor, que se haga mayor, que madure. O que se ponga en manos de un especialista…

El espejo de Tomás, como él mismo proclamó, es Zapatero. Y al presidente no le faltó cuajo para acusar de su derrota a la crisis y no a la pésima gestión de la crisis que ha hecho su Gobierno. No parece que esa actitud sea muy valerosa; Zapatero no es Ivanhoe. En campaña los socialistas acusaron a Rajoy de cobarde, pero hay que ser muy valiente para seguir con la cabeza alta y sin cambiar el paso sabiendo el panorama que se va a encontrar cuando a Zapatero le venga en gana convocar elecciones, que parece que no está en sus inmediatos planes.

No escuché en la campaña un insulto en boca de Rajoy; dijo sencillamente lo que  piensa la gente común. Zapatero le descalificaba en cada mitin y Gómez no hizo otra cosa con Aguirre. Llegó a decir que la “única antisistema está en la Casa de Correos de la Puerta del Sol”. Fue cuando cortejaba a los llamados “indignados” que han montado un botellón gigante en Sol con la complicidad de Rubalcaba que, una vez más, no cumplió las resoluciones que le obligaban, esta vez de la Junta Electoral Central refrendadas por el Tribunal Supremo. En Sol los “indignados” tuvieron y aún tienen, pero menos, el acompañamiento de gentes de buena fe que no saben lo que hay detrás de unos tipos que al mismo tiempo proclaman su exigencia de un cambio de la Ley Electoral y en un cartel vecino movilizan la abstención. Menudo galimatías. Si no creen en las elecciones, abominan de los partidos, piden la abstención, y dicen que el sistema no sirve ¿para qué cambiar las Leyes si ellos empiezan por no acatar las resoluciones que les afectan? El manifiesto de estos “indignados” contiene las mayores contradicciones y perogrulladas que uno haya podido leer seguidas. Groucho Marx  sería feliz.

Gómez y Zapatero coincidieron en los mensajes: ellos también están “indignados por la crisis”, les “duele el paro” y “sobre todo el paro juvenil”. ¿Y qué han hecho para buscar soluciones a lo que tanto les preocupa? A punto han estado Gómez y Zapatero de montar su tenderete en Sol. Al mismo tiempo de la acampada consentida en pleno centro de Madrid, ocupando un espacio público que están degradando con grave perjuicio al comercio de la zona y a sus puestos de trabajo, a Segundo Quiñones le han desalojado por segunda vez de su campamento-protesta junto al Palacio de Moncloa. Es un parado que vino andando desde  Elche para contarle a Zapatero que le habían embargado su piso y su familia no tenía qué comer. Zapatero no se ha ocupado de  su caso, no ha enviado a ninguno de sus seiscientos asesores a hablar con él. El hombre no se explica “que a los de Sol  no los desalojen y a mí sí; el ministro del Interior dice que ellos tienen derechos, yo no; para mí sí existen las leyes, para los de Sol, no”. Pero la trampa que debería entender Segundo Quiñones, y probablemente entiende, es que mientras los “indignados” digan que “el culpable de la situación es el sistema” Zapatero es feliz, porque el culpable no es su Gobierno. Pero lo que falla no es el sistema, falla el Gobierno de Zapatero.

El vuelco político producido en las urnas del 22 de mayo ha sido espectacular y lo conocemos todos. La joya de la corona: Castilla-La Mancha (con Cospedal). La sorpresa: Extremadura (con Monago), que se ha quedado en puertas. En todas las Comunidades Autónomas menos en Asturias  ha ganado el Partido Popular, otra cosa es que en alguna el PSOE pueda salvar los muebles gracias a muletas políticas generosas. Cuarenta y una capitales de provincia han votado mayoritariamente al Partido Popular. Un millón de votantes han pasado su voto del PSOE al Partido Popular, que ha sacado dos millones de votos al PSOE en las municipales en la que es su mayor ventaja histórica.

En los municipios de la Comunidad de Madrid el Partido Popular consigue 109 mayorías absolutas. Gana en prácticamente todos los municipios y cosecha resultados espectaculares en los municipios del Sur. En Parla, municipio del que fue alcalde Gómez, el PSOE ha sacado sólo veintidós votos al Partido Popular. Los tiempos de invictus han caducado.

Por citar un resultado vivido, ya que fui apoderado en la jornada electoral, las urnas en Aranjuez supusieron un vuelco. El Partido Popular se vio respaldado por el  46,19% de los votos, 14 concejales, mientras el PSOE alcanzó el 26,71%, 8 concejales. María José Martínez de la Fuente será la primera alcaldesa en la historia de Aranjuez y con ella el Partido Popular consigue más concejales que nunca, mientras el PSOE sufre su mayor castigo electoral hasta ahora. La candidatura del Partido Popular fue la más votada en todas las mesas electorales menos en una.

Otros grandes municipios del Sur cambiaron también de color político. Alcorcón (con David Pérez): Partido Popular  48,44% de los votos, PSOE  31,41%. 15 concejales frente a 9. Getafe (con Juan Soler-Espiauba): Partido Popular 41,35% de los votos, PSOE 31,87%. 12 concejales frente a 9. Leganés (con Jesús Gómez): Partido Popular 40,08% de los votos, PSOE 27,72%. 12 concejales frente a 8. Pinto (con Miriam Rabaneda): Partido Popular 51,10% de los votos, PSOE 22,69%. 12 concejales frente a 5.

En Fuenlabrada y en Parla gana el PSOE pero sus apoyos han descendido notablemente. Los populares consiguen unos resultados inimaginables hasta ahora. En Fuenlabrada (Manuel Molina) el Partido Popular se queda a un concejal del PSOE y en Parla (Miguel Ángel López) iguala al PSOE y consigue 11 concejales; tenía 4. En votos porcentuales ambas formaciones están igualadas. En Parla 37,09% y 37,14%; veinte votos de diferencia entre los dos partidos. El apoyo de los votantes al PSOE en la ciudad de la que invictus fue alcalde ha pasado del 74,43% al 37,14%. Una debacle. Y quien quiera entender en la Plaza del Callao que entienda. Gómez tendría que haber dimitido ya.

Los siete municipios citados conformaban aquel viejo “cinturón rojo”, ya “cinturón azul”, que los socialistas habían llamado impropiamente “los municipios del Sur” (como si no hubiese otros muchos) desde los que fustigaban al Gobierno de Esperanza Aguirre, incluidas movilizaciones hasta la Puerta del Sol que comenzaban a pie y concluían en sus lujosos audis por aquello de que los duelos con pan son menos.

En Móstoles (Esteban Parro), municipio que ya gobernaba, el Partido Popular superó sus marcas: 17 concejales frente a 7 del PSOE, y una diferencia porcentual del 55,92% al 24,67%. En 2007 el Partido Popular había conseguido 16 concejales y el PSOE 10.

La irrupción de UPyD, el partido de Rosa Díez, pescando en río revuelto, ha sido otra sorpresa. Mis previsiones de viejo observador, y no sólo las mías, fueron erróneas. Y es de ley reconocerlo. Hay que dar la bienvenida a UPyD en algunos ayuntamientos madrileños, entre otros en el de la capital, y en la Asambleade Madrid. Ahora vamos a ver, ya en el inicio de la andadura municipal, si cumple lo que anunció. O sea: que no es un “partido cucaña” y que dejará gobernar a la formación más votada. Veremos. Como uno es veterano, en mi memoria está, por ejemplo, el apoyo a Leguina en 1991 de un CDS que quería también dar imagen equidistante; luego trató de rectificar; ya era tarde. Apoyar al PSOE con lo que está cayendo sería abrazarse a un cadáver hoy insepulto pero por poco tiempo y convertir un partido con ganas y nervio, aunque en una generalizada indefinición, en colaborador necesario de una agonía que afecta a todos los españoles.

De la llegada de Bildu a ayuntamientos y otras instituciones del País Vasco y Navarra con una fuerza acaso no esperada por quienes prohijaron al monstruo, prefiero no hablar. Sencillamente me da asco. No quiero dar chuches a la niña del Exorcista.

Envío final a Gómez, el repelente (por empalagoso y faltón) invictus vencido, desde más versos de José Hierro: “No queda nada de lo que fue nada. / (Era ilusión lo que creía todo / y que, en definitiva, era la nada)”. El náufrago en su isla vacía, de la Nada, y con los tiburones acechando. No venció ni a Simancas. Criatura.

La valoración de los políticos “…si así os parece”.

30 abril 2011

Luigi Pirandello, que habría de conseguir en 1934 el Premio Nobel, escribió en 1917 “Así es (si así os parece)”, que él consideró una “farsa filosófica”, a la que trasladó las paradojas entre la realidad y la apariencia, entre lo que ocurre y lo que nosotros queremos creer que ocurre. A menudo pienso en esta obra del autor siciliano cuando leo periódicamente la valoración de los políticos en las encuestas. No dudo de la profesionalidad de las empresas demoscópicas ni de su probidad, pero las paradojas entre realidad y apariencia no vienen de las encuestas ni de lo que sociólogos llaman su “cocina” sino de su interpretación, o sea de lo que los afectados desean creer sobreactuando sobre la realidad que es.

¿A usted, lector, no le ha extrañado nunca, pongo por caso, que las valoraciones de Durán Lleida o de Rosa Díez sean superiores en la mayoría de las encuestas a las de Zapatero o Rajoy? Y eso a menudo ocurre también en los ámbitos autonómico y municipal.

La última valoración de políticos que he leído pertenece al sondeo publicado por un diario nacional sobre las elecciones municipales del próximo 22 de mayo. En relación con Madrid, la valoración de los candidatos a la alcaldía era, sobre 10 puntos, la siguiente: Ruíz-Gallardón, 5,92; David Ortega, 4,92; Jaime Lissavetzky, 4,87; Ángel Pérez, 4,61. Estoy seguro de que a la mayoría de los lectores de este post les sorprenderá, como me ha sorprendido a mí, que el segundo candidato en valoración sea David Ortega, de UPyD, por delante de los candidatos del PSOE y de IU, Lissavetzky y Pérez. El índice de conocimiento de estos dos últimos, sobre todo de Lissavetzky, no es objetivamente comparable al que puede suponérsele a Ortega. El hasta hace poco Secretario de Estado de Deportes tiene una larga trayectoria política y Ángel Pérez es un “clásico” de Izquierda Unida, también con una amplia experiencia pública. ¿Usted conocía la existencia de David Ortega antes de ser candidato a la alcaldía de Madrid? ¿Usted sabía quién era David Ortega? Y todo sea dicho con el lógico respeto personal a este señor, al que no tengo el gusto de conocer, y que no dudo desea lo mejor para Madrid y los madrileños.

Pues resulta que David Ortega, según el sondeo, es más valorado por los electores madrileños que Jaime Lissavetzky y que Ángel Pérez. ¿Sorprendente? Desde luego. La encuesta fue telefónica y el muestreo de 400 entrevistas. Método no “directo” y campo escaso.

Lo curioso es que acabo de escuchar en una emisora de radio a David Ortega y se ha mostrado muy confiado en el futuro de su opción de cara a las elecciones del 22 de mayo porque “soy el segundo candidato más valorado por los electores”. Ese mismo día la portada de un diario nacional anunciaba: “UPyD a punto de lograr hasta tres ediles en Madrid”. Las cursivas son mías. ¿Qué entidad tiene ese a punto? De superar el ansiado 5% de los votos desde luego un partido llegaría al Consistorio con tres concejales. Igual que si rebasa el 5% en las elecciones a la autonomía madrileña conseguiría de una tacada seis diputados. Sin embargo, en el mismo sondeo, no se daba opción alguna a la candidatura de UPyD en la Asamblea de Madrid. ¿Quiere esto decir que el supuesto tirón electoral de David Ortega conseguiría lo imprevisto en prácticamente todos los sondeos? “Así es (si así os parece)”.

En el panorama nacional no son pocos los sondeos en los que aparecen valorados, por encima de los líderes de grandes partidos, personajes políticos sin duda valorados en su medida pero no hasta dónde se nos dice. “Así es (si así nos parece)”. Ya me he referido a casos como los de Durán Lleida, de CiU, o Rosa Diéz, de UPyD, pero también se repite el caso con Cayo Lara, de IU, Joan Puigcercós, de ERC, o Iñigo Urkullu, del PNV, rebasando en valoración, en mayor o menor medida y según las encuestas, al propio presidente del Gobierno o al líder de un partido político que cuenta con más de diez millones de votos. 

 ¿Que hay detrás de estas sorpresas en las valoraciones de los políticos?

La valoración en los sondeos está relacionada con el nivel de conocimiento. Se pregunta, sobre todo en los muestreos telefónicos de escaso espectro, a qué políticos conoce el entrevistado y, dentro de los políticos a los que éste conoce, se pregunta qué valoración le merecen. Comúnmente sólo sobre los que declara conocer. Los políticos con menos relevancia, y por ello menor conocimiento, son lógicamente bien valorados por quienes les conocen. ¿Cómo no van a valorar a David Ortega quienes declaran conocerlo? Son “los suyos”. Sin embargo, esa respuesta es diferente para los políticos conocidos por amplias mayorías. Los encuestados los conocen pero muchos de ellos no son sus seguidores; incluso son sus detractores. Yo conozco a Zapatero, sé quién es, pero no lo valoro ni con un punto del 1 al 10. Las preferencias y valoraciones de los más conocidos aparecen divididas. Los más valorados suelen ser los que no despiertan grandes rechazos. Podríamos resumir, aunque las síntesis no son aconsejables, que a menor conocimiento mayor valoración. Pero esa valoración no deja de ser un espejismo. En los sondeos más fiables se publica, además del índice de valoración, el índice de conocimiento. Eso resulta, al menos, orientativo. Es una especie de prueba del algodón. Lo otro es, de nuevo, un “Así es (si así os parece)” y lleva al optimismo, explicable, de David Ortega en sus declaraciones radiofónicas que escuché hoy.

Otra cuestión es la valoración de la clase política o de los políticos en general. En varios sondeos, sobre todo en los del gubernamental Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), los políticos son una de las principales preocupaciones de los españoles. La primera preocupación es el paro y la segunda la situación económica. ¿Qué supone que algo sea una preocupación? Según el docto Diccionario de la Real Academia preocupación es “el sentimiento de inquietud, temor o intranquilidad que se tiene por una persona, una cosa o una situación determinada”.

De acuerdo con el barómetro de marzo del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) el paro sigue a la cabeza de los principales problemas para la población española. Sube más de un punto respecto al sondeo anterior (del 82,4% al 83,9%) y se coloca como la cifra más alta de la década. Por otra parte, el 79,2 de los ciudadanos califican la situación de la economía española como mala o muy mala. Tan solo el 20% de los españoles cree que la situación dentro de un año será mejor, frente al 73% que piensa que será igual o peor.

La preocupación que genera “la clase política” supone el 17,8% de las respuestas. ¿Qué nos enseñan estas cifras? Sencillamente que hay una sobrevaloración interesada de las propias opiniones de los ciudadanos. La comparación del 83,9% del índice de preocupación por el paro, el 79,2% de la mala calificación de la economía española y el 67,2% de la confianza en las leyes con el 17,8% de la preocupación por los políticos deja en su sitio la opinión general de los ciudadanos sobre estos asuntos.

Por otra parte ¿a quién debe achacarse que los ciudadanos estén preocupados por su “clase política”? Quieren generalizarse interesadamente las “culpas” adjudicándoselas a todos los políticos pero es obvio que si lo que preocupa a los españoles, en su opinión sobre la “clase política”, es la falta de consensos y la tensión, habrá que convenir que la responsabilidad mayor es de quienes gobiernan no de quienes ejercen la oposición. Es una manipulación repartir entre todos por igual las responsabilidades, y se hace un flaco servicio a las instituciones -los partidos políticos lo son y así aparecen en la Constitución- generalizando las supuestas culpas.

La oposición mayoritaria, el Partido Popular, que es la oposición más numerosa de toda la democracia, hace lo que puede; lo que el rodillo le permite. Cuando se dice que no presenta medidas, que no es alternativa, sencillamente se está falseando la realidad por ignorancia o por interés político. Lo que ocurre es que el Gobierno mercadea apoyos de los minoritarios, sobre todo de los nacionalistas, y las iniciativas parlamentarias del Partido Popular no salen adelante por esos votos “comprados”. Pero los centenares de medidas presentadas por el Partido Popular, no pocas para paliar la situación económica, existen.

Otro dique a estas medidas son los vetos que se producen en la Mesa del Congreso de los Diputados. Los gobiernos de Felipe González utilizaron en muy pocas ocasiones el veto, los gobiernos de Aznar no lo utilizaron ninguna vez y los gobiernos de Zapatero se han atrincherado tras ese veto decenas de veces, de modo que ni siquiera se da vía libre a que muchas iniciativas del primer partido de la oposición se debatan.

La última muestra del escudo que están suponiendo algunos grupos minoritarios de la oposición para blindar al Gobierno: el Partido Popular se quedó solo en la petición de que el vicepresidente y ministro Alfredo Rubalcaba, compareciera en el Congreso de los Diputados para informar sobre el chivatazo policial a ETA, el llamado “caso Faisán”. En la votación contraria a la comparecencia de Rubalcaba, pedida por el Partido Popular, votaron con el PSOE en la Junta de Portavoces CiU, ERC-IU-ICV y el Grupo Mixto. No sé quién acudiría a la Junta de Portavoces en nombre del Grupo Mixto, pero es el Grupo al que pertenece la única diputada de UPyD, Rosa Díez. Una vez más -si ella no asistió- nos enfrentamos con la duda, que nunca se aclarará, de qué hubiese votado la diputada “magenta”. Si no asistió y el representante del Grupo Mixto actuó en representación de todos los diputados de su Grupo, el voto fue negativo a que Rubalcaba explicase en el Congreso de los Diputados qué pasó en el “Faisán”, sobre todo porque hay datos nuevos sobre la vinculación del chivatazo con la negociación con ETA. Rubalcaba no tendrá que dar explicaciones. El Gobierno queda en deuda en este nuevo favor político con sus ocasionales socios.

En cuanto a la actualidad más candente, las elecciones próximas, ya está dado el pistoletazo de salida. El 22 de mayo está a la vuelta de la esquina. El pasado día 26 se publicaron en el BOCAM, en lo que concierne a Madrid, las listas electorales proclamadas. A nivel nacional las encuestas anuncian un vuelco electoral a favor del Partido Popular, pero el auténtico sondeo es el de las urnas. Las previsiones suelen ser interesadas: para movilizar a los propios y desmovilizar a los ajenos, y los políticos no deben confiarse. Las encuestas son fotografías fijas que reflejan la opinión de un momento. Tenemos el ejemplo de marzo de 2004. Antes del día 11 todos los sondeos auguraban una nueva mayoría absoluta del Partido Popular y pasó lo que pasó. El adivino Espurina alertó a César en el Foro de Roma: “Guárdate de los idus de marzo” poco antes de su asesinato. Aquí no hubo un Espurina ni un César pero la fatalidad de los idus de marzo se cumplió.

A uno le sorprende, o menos, que el PSOE acuse ahora al Partido Popular de utilizar políticamente el terrorismo, si miramos a las vísperas de aquellas elecciones generales. El PSOE en particular y la izquierda en general acusaron insólitamente al Gobierno en lugar de acusar a los terroristas; eso no hubiera ocurrido en ningún país de nuestro entorno; probablemente en ningún país. La vulneración de la jornada de reflexión, por primera vez en la historia de nuestra democracia, el acoso a las sedes del Partido Popular, aquella frase de Rubalcaba “España no se merece un gobierno que mienta”, son recuerdos tristes en democracia.

¿Nos merecemos ahora un Gobierno que no ha hecho otra cosa que mentirnos a los españoles? Negó la crisis, prometió pleno empleo, anunció una y otra vez “brotes verdes”, descartó que se llegara a los cuatro millones de parados, negó medidas que cuando nos las impusieron desde Berlín o París le parecieron excelentes… Y tantas otras cosas. Un rosario de despropósitos.

Nos despertamos ayer con la encuesta de la EPA. Hemos alcanzado 4.910.200 parados; rozamos los cinco millones. Llegamos al 21,29%. Hay que recordar aquella afirmación de Zapatero en el Congreso de los Diputados: “La peor cifra de paro de mi Gobierno será siempre mejor que la mejor cifra del Gobierno de Aznar”. Pues no, amigo. Este 21,29% está muy lejos, por desgracia, del 10,63% del Gobierno de Aznar; es el doble. A lo que se acerca peligrosamente esta cifra es al paro que recibió Aznar en 1996 del Gobierno de Felipe González: el 22,2%. En nuestra experiencia a nivel nacional socialismo supone paro. Y en el caso de Zapatero, además, ha supuesto ocurrencias, rectificaciones, estrategia de enfrentamiento entre españoles, negación de los valores de la transición, aparte de crisis de valores y crisis institucional. ¿Quién da más?

¿Cómo ha recibido estas desalentadoras cifras de paro el Gobierno de este presidente políticamente agónico que padecemos? Como siempre: desde un “buen talante” mentiroso. Rubalcaba ha declarado que “lo peor ya ha pasado”, que “desde ahora se creará empleo, empleo, empleo”. Recuerdo que Corbacho, el ministro del desempleo, aseguró ya que “nunca llegaremos a cuatro millones de parados”. Y Salgado recibía cada nueva cifra de paro creciente con un “hemos pasado lo peor” y “desde ahora todo será recuperación”. Parecido a lo que dice ahora el vicepresidente primero del Gobierno, pero mucho antes. Me pregunté por qué esta vez ha sido Rubalcaba quien ha valorado las cifras de paro y no la vicepresidenta económica o el ministro de Trabajo. Y tengo la respuesta: Rubalcaba miente con más naturalidad y convicción. Es el experto en mentiras de este Gobierno.

Lo cierto es que 1.400.000 familias tienen a todos sus miembros en el paro, y que el índice de pobreza en España preocupa, y mucho, a la Unión Europea. Mientras en España llegamos a las mayores cifras de paro desde que existen las mediciones oficiales, nuestros socios europeos mejoran las suyas o las mantienen. Nuestra economía crece un 0,2% y para crear empleo deberemos alcanzar al menos un 2,6%. Casi nada. Pero Rubalcaba asegura empleo para muy pronto, casi para mañana. Con el trampeo de las medidas dictadas por la Unión Europea, en las que el PSOE ni creyó ni cree, generaremos empleo en años. Ya no se lo creen ni los Sindicatos por mucho “cariño” que le hayan dado y le den a Zapatero. Los Sindicatos son, con el Gobierno, los grandes responsables de la situación que padecemos porque con su actitud han ralentizado las medidas y han dado oxígeno a un Gobierno justo en la dirección inadecuada.

No hemos sobrepasado los cinco millones de parados gracias al empleo público, utilizado como muleta forzada y a mi juicio errónea, y a las cosméticas que se aplican a las cifras: cursos de formación, etcétera. En la Junta de Extremadura lo arreglaron de otra manera con aquella publicidad: “No soy parado, soy un demandante de empleo”. “Así es (si así os parece)”.

Casi todo en este país nuestro es hoy un “Así es (si así nos parece)”. Lo que supone una deformación de la realidad, un querer darnos gato por liebre. Más mentiras y gordas.

La sentencia, Gómez en Babia y otras cosas

16 enero 2011

Una sentencia judicial ha sido la primera tormenta del año para el socialismo madrileño. Condena a la número dos de Tomás Gómez, Trinidad Rollán, a ocho años de inhabilitación. Resultan condenados trece concejales más de Torrejón de Ardoz, nueve de ellos del PSOE y cuatro del PADE.

La sentencia del “caso Rollán” (34 folios) tiene fecha de 13 de enero. Los hechos son conocidos, pero los refresco. El 26 de noviembre de 2001 el Pleno del Ayuntamiento de Torrejón de Ardoz  decidió, con los votos a favor del PSOE y del PADE, aprobar una  operación urbanística, que llamó impropiamente permuta, mediante un acuerdo con la empresa Patrimonios Siglo XXI S.A. para la construcción de un centenar de viviendas. El resto de los concejales votaron en contra o se abstuvieron. Existían informes anteriores al Pleno del Secretario municipal y del Interventor General de la Corporación que advertían la ilegalidad del acuerdo que se pretendía votar, manifestando los delitos que podrían cometerse de aprobarse aquel punto del Orden del Día.

Un particular, y no precisamente del Partido Popular ni cercano, denunció el acuerdo urbanístico ante la Fiscalía. El procedimiento se siguió en el Tribunal Superior de Justicia de Madrid (Esperanza Rozas es aforada como diputada de la Asamblea regional). La sentencia es muy expresiva. Uno no entiende la manipulación que de ella ha hecho el propio Tomás Gómez que llama a lo ocurrido “un error administrativo”, mientras la sentencia recoge la prevaricación como el delito más grave que puede cometer una autoridad o funcionario público: adoptar una decisión a sabiendas de que es ilegal. La sentencia no recoge (Fundamento Jurídico Segundo) “que no ha habido enriquecimiento personal” como afirma también Gómez, y sólo habla de “enriquecimiento personal” en términos generales, y no refiriéndose a este caso, cuando define el delito de prevaricación.

No era materia a juzgar si hubo o no el “enriquecimiento personal” que niega Gómez, pero es preciso insistir en el curioso empecinamiento, declarado en la sentencia, que tuvieron los procesados, sobre todo la alcaldesa y los ediles que explicaron y defendieron ante sus compañero la necesidad de votar favorablemente el ilegal acuerdo, habiendo sido advertidos de su ilegalidad por los funcionarios municipales competentes. ¿Por qué?

En la sentencia se dice que los condenados actuaron con “el torpe propósito de soslayar el nítido mandato que imponían las normas legales para lograr así el cumplimiento de sus ilícitos propósitos”. Considera la operación “un dislate, un desatino o una aberración desde la más laxa o tosca de las valoraciones jurídicas posibles que incluso resulta algo hasta risible, ridículo o grotesco para cualquier persona lega en Derecho por escaso que sea su sentido común”. Tilda la acción de los condenados como “una maniobra tan ilícita como burda y rudimentaria”, poniendo de manifiesto que “tal tramoya no tenía otro fin que el de burlar la norma jurídica que los encausados se habían obligado a respetar cuando accedieron al cargo del que abusaron”, y considera los hechos como “juegos de prestidigitación”, “manifiesto engaño hecho de forma rudimentaria para ignorar la ley”, “farsa pseudo-jurídica, inconsistente, burda, clamorosa y, en suma, esperpéntica”.

Otro párrafo significado de la sentencia señala: “Los ciudadanos de la localidad de Torrejón de Ardoz perdieron la propiedad de un bien inmueble que formaba parte del haber  municipal, de un modo ilegal, merced a una decisión de parte de quienes debían al pueblo la atribución de sus potestades de gobierno y que, como tales, tenían el deber de velar por sus intereses”. Parece claro para los magistrados que el empecinamiento en tomar aquel acuerdo en el Pleno, aún sabiendo que era ilegal, no se debió a servir a los intereses de Torrejón y de sus vecinos. ¿A qué se debió entonces?

La sentencia, además, recuerda que ya, y por anterior sentencia del 14 de diciembre de 2006, el Tribunal Superior de Justicia de Madrid había declarado nulo el acuerdo del Pleno Municipal y el posterior registro notarial de sus extremos, sentencia declarada firme por la Sala Primera de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Supremo. No auguro éxito al recurso ante el Tribunal Supremo anunciado por Tomás Gómez que dice buscar “una mejor justicia” dividiendo, al parecer, las sentencias en “buenas” y “malas” según den la razón o la quiten a conveniencia de parte. Una cosa es no compartir una sentencia, y otra hablar de “justicia buena” o “justicia mala”.

La inhabilitación, como recoge la sentencia, se refiere a “cargos de representación política electos o de designación directa”. Los partidos políticos son “instrumento fundamental para la participación política” según el artículo 6 de la Constitución; no son simples asociaciones o ONG’s. No parece razonable que quien ocupa un cargo relevante en una organización política, sobre todo si tiene entre sus responsabilidades influir decisivamente en la conformación de las candidaturas municipales, continúe en su cargo tras esta sentencia. Este es el caso de Trinidad Rollán. Menudo ejemplo para los ediles actuales y futuros.

Y lo peor es que Gómez, siempre ausente en su Babia predilecta, mantiene su enroque como si no hubiese pasado nada. “Nos da igual que nos ataquen. Este partido es una piña. Cuanto más traten de hacernos daño más unidos vamos a estar”. ¿Una sentencia es un ataque? ¿Quién les ataca? ¿Qué unidad? Cuando habla de unidad ¿se refiere al guirigay permanente del PSM, antes FSM? Esta vez, al menos, no podrán decir que es un invento del Partido Popular. Aunque no lo excluyo. La desesperación embota el entendimiento.

Tanto machacar con el “caso Gürtel” en Madrid cuyos imputados, no condenados, ya no están ni en los Grupos Municipales, ni en el Parlamentario de la Asamblea, ni en sus cargos. Y se sigue con la murga de hablar incluso de personas que no han estados imputadas nunca. Esperanza Rozas se ha sentado hasta ahora  en la Asamblea, y estaba imputada. Gómez es un virtuoso del doble rasero. Y Zarrías, llamado el hombre de los mil pies -con ellos , además de con las manos, votaba en el Senado- parece que tiene un ojo tapado como los caballos de los picadores. Su campo crítico visual se limita a la derecha.

Cuando se juzgó a Trinidad Rollán y a sus compañeros Gómez dijo que era un asunto administrativo, algo así como una falta menor. Sentenció que era como una multa de tráfico. Pese a la sentencia no ha cambiado su criterio, o esa impresión da.

Mientras, en España parece que vivimos en el país de las maravillas. Leire Pajin, ministra de Sanidad e Igualdad, fomenta la delación en el espinoso asunto de la llamada “ley antitabaco”. Al alcalde de Valladolid, Javier León de la Riva, conocido precisamente no por su continencia verbal, se le ocurrió comparar el asunto, supongo que humorísticamente, con la delación de los judíos durante el nazismo. Ha recibido fuego graneado desde los más varios pozos de tirador. Pero hete aquí que mi admirado amigo Arturo Pérez-Reverte, compañero de aventuras por esos mundos y genial fustigador de memos, intervino en Twitter: “Anna Frank fumaba. La delató un vecino a la Gestapo cuando bajó a fumar al bar”. “Era justo lo que nos faltaba. Que nos convirtieran en un país de chivatos”, escribe el académico.

“Prohibamos también las grasas, que engordan. Y toser por la calle, que contagia. Y vivir, que al final siempre mata”. Y señala Pérez-Reverte: “La libertad de unos procede de la prohibición a otros”. Y propone la fórmula para conseguir el equilibrio: “Elija. Entre en bares de no fumadores. Y deje los de fumadores para los que fuman. Así de fácil”. Sobre las palabras del alcalde vallisoletano, apunta: “No se hable más. Denunciemos al alcalde. Y a Delibes post mortem. Denunciemos a Valladolid. Denunciémoslos a todos. Y a todas”.

Esta vez en su condición de ministra de Igualdad, Leire Pajín ha anunciado una ley de Igualdad de Trato y No Discriminación, cuyo anteproyecto se aprobó en el Consejo de Ministros del 7 de enero. La ley va más allá de la Directiva Europea, porque en España somos más papistas que el Papa, y contempla no sólo los seis tipos de discriminación en Europa sino muchos más. La nueva ley tiene su raíz en el artículo 14 de la Constitución, y es necesaria, pero si vamos a la letra pequeña llega hasta el ridículo. Una Autoridad Estatal, que se crea en la norma, perseguirá de oficio a quienes discriminen a los feos, a los gordos, y así. Quienes se sientan menospreciados podrán denunciarlo. De este modo frases hechas como “bailar con la más fea”, “eres más feo que Picio” y “que se mueran los feos” (hay hasta una película de Nacho García Velilla con ese título), resultarán impropias y no me extrañaría que fuesen multados quienes las pronuncien. No creo que se llegue a prohibir ser guaperas o ser delgado como un lápiz. Pero ya veremos.

En la ley de Igualdad de Trato y No Discriminación se incluye que los colegios concertados que sean  de chicas o chicos, no recibirán ayudas del Estado. Es lo contrario que ocurre, por ejemplo, en Estados Unidos. Allí Obama, el durante tanto tiempo espejo de Zapatero, hasta que le tiró de las orejas por no abordar las necesarias reformas económicas, piensa y obra de otra manera; maneja estudios según los cuales es mejor el rendimiento académico en los colegios que aquí ciertos iluminados entenderían como discriminatorios. Y conste que estudié en colegios mixtos.

Otra memez que nos llega con el nuevo año es la molestia expresada por Elena Valenciano, entre otros conspicuos socialistas, por el hecho, según parece punible, de llamar Pepiño al ministro de Fomento, don José Blanco López. Traté a Blanco cuando fue senador y siempre le consideré una persona trabajadora y de trato encantador. No creo que al ministro le moleste nada ser llamado cariñosamente Pepiño. Aparece con ese apelativo afectuoso y cercano incluso en varias de sus biografías en Wikipedia, y en Galicia se le llamaba Blanquiño, pero también en el PSOE hay gentes más papistas que el Papa.

El presidente Obama cuando condenó el atentado en Arizona contra la congresista Gabrielle Giffords, la llamó Gabby. Al presidente Carter le llamaba todo el mundo Jimmy, y así aparecía en los medios de comunicación. Joseph Kenney fue Joe, Robert Kennedy fue Bobby y Edward Kennedy fue Ted. Eduardo Bautista, presidente de la SGAE, es Teddy. Y hasta Ernesto Guevara pasó a la historia como “Che”, y como tal firmaba en los billetes cuando presidía el Banco de Cuba. Conservo un par de ellos. Y pueden ponerse decenas de ejemplos.

¿Por qué Elena Valenciano se mosquea por lo de Pepiño? No llego a desentrañar semejante arcano, a no ser por su afán de triunfar en un concurso de palmeros. Me temo que la señora Valenciano (guardemos las formas, no se me enfade) se ha pasado de tiquismiquis. Sólo cuando no se está seguro de saber ser don Fulano se cabrea uno cuando le llaman Fulaniño con un infinitivo cariñoso. Y en este caso es una autonombrada defensora quien se mosquea, no el interesado. A mi abuelo, ya anciano, le seguían llamando Juanito. Qué maravilla tal cercanía que nunca entendió como menosprecio. Él supo siempre ser quién era.

En medio de la tormenta del PSOE, Rubalcaba le pide a Aznar y el esquiador Iglesias le exige a Rajoy  que el anterior Presidente del Gobierno rectifique lo que dijo en León: que España está de facto económicamente intervenida por la Unión Europea. Lo está.  Lo está desde aquella triste mañana del florido mayo. E pur si muove dijo Galileo. Y no dejan de venir a comprobar nuestra salud personalidades económicas europeas. Ahora nos pasa consulta una misión especial del FMI. Pero Zapatero, el eterno optimista, parece que ha contagiado el mal de altura a sus colegas. Más dura será la caída, como la peli de Robson, protagonizada por un espléndido Bogart, que retrataba ambición con un fondo de corrupciones. Amén.