Archive for the ‘Pedro Sánchez’ Category

Los errores de Sánchez

28 mayo 2015

El resultado de las elecciones del pasado día 24 ha supuesto un vuelco pero en cierto modo no una sorpresa. Es obvio que las medidas adoptadas por el Gobierno de Rajoy para salvar el desastre económico que dejó Zapatero, hasta ahora el peor presidente de la democracia, han sido duras aunque necesarias. España estaba al borde del rescate, con una prima de riesgo de 632 puntos a mediados de 2012 y creciendo, y con una consideración exterior infumable. Había que salir del túnel. Ocurre que el pueblo español, los votantes que apoyaron mayoritariamente al PP en 2011 para que sacara al país de la crisis, en buena medida han entendido, pasados algo más de tres años, que remontar la crisis era gratis y su percepción parece haber sido que estaba bien que el común de los españoles se apretasen el cinturón pero no ellos mismos ni su gremio.  Pensaban que debían apretarse el cinturón los demás. En este contexto no es sorprendente que el PP haya recibido un castigo en las urnas y se haya producido un vuelco.

¿Qué ha ocurrido con el PSOE? Si se leen algunos periódicos y se escucha a Pedro Sánchez parece que los votantes han favorecido a los socialistas, pero no es así; es una falacia. El PSOE ha sido la tercera, la cuarta, incluso la quinta fuerza política en importantes ayuntamientos en los que el PP ha sido la primera. Ha perdido casi 600.000 votos en el conjunto de España, 400.000 de ellos en grandes ciudades, y en muchas circunscripciones ha cosechado los peores resultados de su historia. El que no se conforma es porque no quiere. Que un partido que ha gobernado en un tiempo difícil y tomando medidas duras y a menudo lógicamente impopulares pierda 2.500.000 votos desde 2011 que consiguió casi 11.000.000, resulta comprensible. Que un partido que no ha gobernado, que supuestamente no tenía que haber sufrido desgaste porque se ha opuesto a todas y cada una de las medidas y reformas propuestas por el Gobierno, haya perdido cerca del 10% de sus votos de 2011, que fueron 6.900.000, es preocupante.

Sánchez dijo -ay, el poder de las hemerotecas y las videotecas- que nunca pactaría con Podemos ni con el populismo ni en el más modesto ayuntamiento, ahora se pone meloso con Pablo Iglesias y con sus damas Manuela Carmena, de profesión juez, en Madrid, y Ada Colau, de profesión activista, en Barcelona. Sánchez quiere “protagonizar el cambio” y lo ve no sólo posible sino seguro. Además ha decidido hacerlo echándose en los brazos de Podemos. El optimismo de Sánchez contrasta con la reacción de la Bolsa y las declaraciones de grandes empresarios españoles y de inversores extranjeros que ven el avance del populismo como un peligro cierto para la estabilidad y el crecimiento económico. Podemos  se ha presentado a las elecciones con diversas marcas a lo largo y ancho del país para jugar al despiste. Esa variedad de disfraces electorales supone, en cierto modo, un fraude al votante, pero ya sabemos que se atribuye a Maquiavelo, aunque es anterior, la sentencia “el fin justifica los medios”; puro leninismo.

Sánchez tiene prisa y está políticamente demasiado verde. Mientras el líder del PSOE se las promete felices en sus mieles pactistas, Pablo Iglesias asegura que Podemos fagocitará al PSOE al que le ocurrirá como al PASOK en Grecia. No es la primera vez que se establece esa comparación. En febrero pasado el semanario británico “The Economist” se refería a esta cuestión en un artículo titulado “¿Pueden?”, que llevaba el antetítulo “España y Podemos”. Hablaba de la inestabilidad que amenazaba -entonces- no sólo a Andalucía sino también a España. En eso estamos en mayo de 2015.

El primer error de Sánchez es haber optado por convertirse en un segundo Zapatero en lugar de en un segundo Felipe González. El primer presidente socialista del Gobierno centró el PSOE, lo convirtió en un partido preferido por las clases medias, obvió el viejo recelo que entonces  no pocos tenían a las siglas, superó las partes más oscuras de su historia, y consiguió la mayoría electoral más contundente de la democracia. Zapatero apostó por la división de los españoles, resucitó el guerracivilismo, representó un radicalismo trasnochado, y por sus torpezas favoreció el nacimiento y fortaleza del populismo aupado por televisiones afines que él había propiciado, aparte de dar oxígeno a un independentismo catalán hasta entonces más o menos encauzado. Sánchez es un Zapatero en caricatura, de segunda, que no ha hecho otra cosa que conducir al PSOE hacia la irrelevancia. Viene a serla la caricatura de una caricatura. Su gran opción, Ángel Gabilondo en Madrid, sólo consiguió un diputado más que el denostado Tomás Gómez en 2011, que entonces fue y ahora es el peor resultado socialista en toda la democracia. Y Carmona ha llevado al PSOE a su más baja cota de las conocidas en unas municipales madrileñas.

Tras manifestarse repetidamente contra los pactos con el PP, confundiendo al adversario a ganar con el enemigo a destruir, y coincidiendo en ello con Podemos, Sánchez ha cometido un segundo error: no calibrar que dejarse abrazar políticamente por Pablo Iglesias supondrá condenar al PSOE a ser absorbido por Podemos. Condenar a la irrelevancia a un partido centenario. El populismo ya ha fagocitado a IU en las municipales y autonómicas y en las generales aspira a hacerlo con el PSOE. Y así será por la ceguera de Sánchez al que no preocupa quebrar la estabilidad y con ella el camino hacia el desarrollo y la bonanza económica. Podemos confunde la gobernación de una nación europea con el manejo de una asamblea de facultad o la dirección de una comunidad de vecinos. España por los errores de Sánchez puede perder su credibilidad y peso dentro de la Unión Europea porque con recetas bananeras y utopías añejas ya fracasadas en el mundo, no se sale de ningún túnel sino que se vuelve a él. Y la crisis desembocará en algo peor: pobreza, desabastecimiento, huida de inversiones, recesión… Que Sánchez crea que el PSOE será quien fagocite a Podemos es sencillamente un sueño. Las señales contrarias son muy claras.

El momento obliga a decisiones valientes como las que se viven con normalidad en otras naciones europeas. Grandes pactos de Estado que garanticen la gobernabilidad desde la moderación y el realismo. Lo que debería haber hecho el líder socialista es fortalecer fórmulas para salir de la crisis no para profundizarla. Parón a las reformas, más gasto público, menos apoyo empresarial, congelación de proyectos que suponen empleo y dinamización económica… No son soluciones sino problemas. Sánchez no es precisamente un estadista y no lo ve. Allá él y su responsabilidad. Lo peor es que no sólo enterrará al PSOE; también perjudicará gravemente al conjunto de los españoles que cuando -cada uno según su saber y entender- se arrepientan de haber dado su voto al radicalismo, será muy tarde. Acaso ya no habrá posibilidad de macha atrás. En Venezuela, por ejemplo, lo saben bien para su desgracia. Del aplauso confiado a Chávez se ha pasado a las cartillas de racionamiento y a las colas un día determinado a la semana para hacer la compra de lo que hay. Y a la violencia política, a los medios de comunicación amordazados o cerrados y, en esa vía, a elecciones viciadas porque sin libertad de opinión no existen procesos electorales libres. ¿Por qué, pese a lo que prometió, Sánchez ha olvidado todo esto?  Desdecirse también es un error y una cierta desvergüenza política porque votantes de su partido -muchos o pocos- acaso no lo hubieran  sido si no miente  sobre su apoyo a Podemos.

Anuncios

El estallido de la irrelevancia

12 febrero 2015

Escribo en la madrugada del 12 de febrero, y no quiero que se tome este comentario como una interferencia en las decisiones libérrimas de un partido que no es el mío. Soy respetuoso con las decisiones de los demás. Sencillamente es eso: un comentario de actualidad escrito por quien durante decenios ha ejercido y ejerce como  comentarista político.

César Luena, secretario de organización del PSOE, la persona elegida por Pedro Sánchez para anunciar el cese al completo del órgano dirigente del Partido Socialista de Madrid y el nombramiento de Rafael Simancas como presidente de la Comisión Gestora, es nuevo en la política nacional, y fue un oscuro diputado de los de apretar el botón del voto hasta que lo llamó a su lado Pedro Sànchez en 2014.

El propio Pedro Sánchez era un diputado prácticamente desconocido hasta su encumbramiento democrático a la secretaría general de los socialistas en el XXXIX Congreso Extraordinario Federal de julio de 2014 tras la dimisión de Rubalcaba. Había sido concejal del Ayuntamiento de Madrid por renuncia de quien le precedía en la lista municipal.  Entre 2004 y 2009 fue miembro de la Asamblea General de Caja Madrid, a propuesta del PSOE del Ayuntamiento de la capital, función que le han recordado en la prensa, con indudable malicia, en alguna ocasión. En 2009 llegó al Congreso por renuncia de Pedro Solbes y en 2013 volvió a ser diputado en la vacante de Cristina Narbona. Nunca perteneció ni a la Ejecutiva ni al Comité Federal del partido. Su promesa ante los congresistas cuando fue elegido secretario general fue “desterrar el paro, la pobreza, la desigualdad y el independentismo de España”, además de “derogar la reforma laboral y romper los acuerdos con la Santa Sede”, entre otros aparatosos anuncios.

Desde la oposición no ha podido desterrar la pobreza ni la desigualdad, pero sí nos ha dado su fórmula para el destierro del independentismo. Su as en la manga es una reforma constitucional que supuestamente contentaría los delirios de Artur Mas y sus acólitos, a cambio de lanzar ese trágala al resto de las Comunidades Autónomas, de modo que para que se encontraran cómodos los catalanes independentistas tendrían que pasar por el aro de esa reforma las demás regiones que no sienten ahora ninguna incomodidad. Pedro Sánchez debe pensar que España es un sofá. En cuanto a la derogación de la reforma laboral, supongo que Sánchez se lo estará pensando; su compañero Renzi ha promovido en Italia una reforma en la misma línea que la afrontada por Rajoy en España, que pone como ejemplo. Y Valls en Francia sigue la vía de la austeridad -que en España llaman recortes- de modo que los ingresos y los gastos traten de estar equilibrados.

La primera gran decisión de Pedro Sánchez como líder del PSOE fue no respetar el acuerdo firmado por Rubalcaba  con los partidos socialistas del Europarlamento para votar al luxemburgués  Jean-Claude Juncker como presidente de la Comisión Europea, como contrapartida a que el centro derecha votara al socialista alemán Martin Schulz para presidir el Parlamento Europeo. Fue un error que comenzó a desplegar desconfianza en Europa sobre el rigor del nuevo referente del socialismo español. Es  extraño que Pedro Sánchez no valorase cómo se reciben en Bruselas esas traiciones a la palabra dada (y en este caso firmada) ya que Sánchez, cuando contaba 26 años, trabajó bastante tiempo como asesor en el Parlamento Europeo con la eurodiputada socialista Bárbara Dührkop.

Decía Felipe González que el socialismo madrileño empezó sus ansias cainitas ya en tiempos de Pablo Iglesias -el fundador, no el de la coleta- y hasta ahora no lo ha dejado. Cualquier observador más o menos de primera fila ha visto de todo, y las navajas cachicuernas han lanzado tajos acá y allá de unas a otras familias de un PSOE madrileño en el que parece obligada la cota de malla. Pero Pedro Sánchez, puesto a renovar, ha incorporado un nuevo elemento: la defenestración desde arriba, en lo que es probablemente un virtuosismo de los tiempos nuevos. Hasta ahora cuando desde Ferraz decidían el retiro del secretario de una federación regional, le citaban, le leían la papela y el afectado salía cabizbajo y con la dimisión presentada. El caso de Tomás Gómez ha sido distinto. Citado que fue en la planta noble de Ferraz y maliciándose el recado, no acudió, esperó a enterarse por los medios de comunicación, y montó una comparecencia airada sin pelos en la lengua. La primera fase de la “operación Sánchez” había zozobrado.

Tomás Gómez, al que he citado no poco en este blog durante los últimos años, me pareció un mal alcalde de Parla, un pésimo candidato a la autonomía madrileña que en cada elección conseguía superarse a sí mismo en pérdida de votos, y me parece un contradictorio y sectario político de una izquierda de catón, radicalizada y antigua. Pero los afiliados lo habían elegido y las formas en política cuentan. Las formas de Sánchez en el manejo de la navaja cachicuerna no son de recibo. Cuando se habla tanto de democracia interna hay que respetarla. Uno, desde la veteranía, sabe que las primarias socialistas son a menudo una fantasmagoría. ¿En qué primarias fueron elegidos candidatos al Ayuntamiento Trinidad Jiménez o Miguel Sebastián? ¿Cuánto tardaron en podarle el césped bajo los pies a Borrell que ganó con holgura las primarias a Almunia, y al final el candidato a la presidencia del Gobierno fue el perdedor?

Pedro Sánchez fue el muñidor electoral de Trinidad Jiménez cuando se presentó contra Tomás Gómez en el Partido Socialista de Madrid. Tenían cuentas pendientes. Hasta pocas horas antes de la decisión letal de Sánchez sobre Gómez, cualificados dirigentes del PSOE aseguraban públicamente que el secretario general de los socialistas madrileños contaba con el apoyo de Ferraz pasase lo que pasase (se referían al costoso invento del tranvía de Parla). Y no ha sido así. ¿Otra decisión improvisada de Sánchez? Este hombre que un día tuvo la ocurrencia de anunciar que si gobernaba suprimiría el Ministerio de Defensa, parece que a veces emite los primeros mensajes que se le ocurren. Creo que en el tema de Gómez su decisión ha sido meditada.

Ha lanzado un dardo envenenado a Susana Díaz y en un momento inoportuno: a pocas semanas de sus elecciones autonómicas. Si él da un puñetazo en la mesa y descabalga al secretario general de una organización tan tradicionalmente poderosa como la de Madrid, que además le apoyó para conseguir  la secretaría general, y antes de que caiga sobre él imputación alguna, es obvio que la lideresa andaluza no queda bien al mantener el statu quo de Griñán, Chaves y sus compañeros de Gobierno y colaboradores arrasados por los ERE y los cursos de formación, un agujero de varios miles de millones de euros.  Susana Díaz, que no sabía los planes de Sánchez, balbuceó unas palabras evasivas, y Chaves no quiso decir ni pío. A Griñán no lograron encontrarle los periodistas.

La política da muchas vueltas y a gran velocidad. Resulta que a fecha de hoy el paisaje electoral madrileño, en cuanto a candidaturas autonómicas, es singular. El PSOE no tiene candidato confirmado, IU tampoco, el PP ídem, e incluso se da el caso de una presunta candidata sin partido: Tania Sánchez, que no se sabe si se presentará por una Unidad Popular, una Plataforma de Izquierdas, una Agrupación Ciudadana o un Frente Popular… No lo ha decidido todavía Pablo Iglesias -el de la coleta,  no el fundador-. Estas dudas no son demasiado extrañas. Quien no sabía que en casa de su señor padre estaba residenciada una empresa que recibió más de un millón de euros de dinero público con su voto como concejal de Rivas, y que esa empresa era de su señor hermano ¿Cómo va a saber sin que se lo diga alguien qué partido, coalición o agrupación de electores va a encabezar? El único candidato confirmado a esta fecha es el de UPyD: Ramón Marcos Allo, cuyo nombre no dirá demasiado al común de los electores.

Y una curiosidad: Tania Sánchez, hoy candidata  de la nada, va a ponerse políticamente de largo el día 18 de febrero en un desayuno sobre las alfombras del Ritz, en la tribuna del Fórum Europa. En junio de 2014 esta tribuna, por la que han pasado los más empingorotados personajes, recibió en su bautismo político de cara a la España de los poderosos a Pablo Iglesias. En esta ocasión el desayuno con Tania lo patrocinan las mismas empresas que patrocinaron el desayuno de Pablo: Asisa, BT y Red Eléctrica de España.

Asisa es un gigante de la sanidad privada con una presencia muy importante  en el sector; la sanidad privada es una de las bestias negras de Tania Sánchez y también de  Pablo Iglesias. BT es una empresa británica que opera en España desde hace veinte años, dedicada a los servicios de Comunicaciones y Tecnología de la Información, entre cuyos clientes se encuentran 28 de las 35 empresas del IBEX 35, y 2.000 de las 5.000 mayores empresas españolas. Red Eléctrica de España transporta la energía eléctrica en alta tensión, y lo hace como transportista único, en régimen de exclusividad. La SEPI (Sociedad Española de Participaciones Industriales) tiene una participación en R.E.E. como socio mayoritario. El presidente de la SEPI es nombrado por el Consejo de Ministros, a propuesta del Ministro de Hacienda y Administraciones Públicas. Desde 2012 lo es Ramón Aguirre, ex diputado del Partido Popular. El presidente de R.E.E. es José Folgado, antiguo director del Departamento de Economía de la CEOE que luego ocupó tres secretarias de Estado consecutivas en el Ministerio de Economía y Hacienda en los gobiernos de Aznar, fue diputado del Partido Popular, y hasta su nombramiento para la presidencia de R.E.E. fue alcalde popular de Tres Cantos.

En el desayuno de Pablo Iglesias los patrocinadores debieron colocarse tapones en los oídos, y supongo que harán lo mismo el día 18 en el desayuno de Tania Sánchez. Este doble patrocinio de una pareja política y sentimental confieso que, acaso ingenuamente, no sé bien a qué responde. ¿Masoquismo? ¿Buenismo? Un sentimiento parecido al de las cadenas privadas de televisión que llevan muchos meses aupando a Pablo Iglesias desde cierta amnesia que les impide recordar que entre los postulados del inquieto y contradictorio líder revolucionario figura la desaparición de los medios de comunicación privados porque “lo privado lleva siempre a la corrupción”. El país está cada vez más ciego, o contemporiza con quien lo utiliza, o sencillamente es cobarde.

Cuando concluyo este post circula el nombre de Ángel Gabilondo,  ex-ministro de Zapatero (que no es aval fiable) como sustituto de Tomás Gómez al frente de la candidatura autonómica del PSOE. La resurrección política de Gabilondo es para el PSOE una renovación. Qué cosas. ¿Otra ocurrencia de Pedro Sánchez o esta vez de Rubalcaba? Sin reunirse la Comisión de Listas y sin que haya empezado a ejercer la Comisión Gestora que preside Rafael Simancas, Ferraz ya ha elegido su candidato. Ángel Gabilondo es un profesor de Filosofía brillante en la cátedra y en el despacho pero inédito en la gestión política de calle Cuando ejercía de ministro llegó a tener un nivel de conocimiento menor al 40%. Si al final se confirma, prometo regalarle una cota de malla para salvar su docta piel de las navajas del socialismo madrileño. La va a necesitar.

Lo de Tomás Gómez era una muerte política anunciada. Tiene más poso por el barullo que por sus protagonistas. Ha sido el estallido de la irrelevancia.

Artur Mas: el problema es él

27 diciembre 2014

El primer discurso navideño del Rey Felipe VI ha gustado a casi todos los partidos; naturalmente a IU y a Bildu, no. Ha sido el discurso de Navidad más seguido en televisión en muchos años. Lo único que no entiendo: la lejanía de la bandera nacional. No estaba detrás ni cerca del Rey sino en un rincón del salón en que se producía la comparecencia regia. El mensaje que se haya querido dar con esta presencia arrinconada del símbolo nacional me es desconocido.

La interpretación de algunos partidos es plural como la vida misma. Ha habido quien, como el PSOE, han entendido que el Rey avalaba sus apetencias de cambio constitucional, mientras a IU las palabras de Felipe VI le han decepcionado. Lo primero es una falacia, lo segundo una reacción que a nadie puede extrañar. Parece que a algunos les hubiese gustado el imposible de que el Rey hubiera aprovechado su primer discurso navideño para declararse republicano o poco menos. Qué cosas. A mi juicio el Rey dijo lo que tenía que decir, aunque algunos habían previsto una intervención acorde con sus intereses no con los intereses generales de España y de la Corona. Esperar que Felipe VI pidiese a la Infanta Cristina la renuncia a sus derechos sucesorios en un  discurso de Navidad dirigido a los españoles era una memez.

La reacción más patética se la debemos, como no, a Artur Mas. Ha declarado como gran hallazgo que “El Rey ha reconocido que en Cataluña hay un problema”. Claro. No es noticia, ya que todos los españoles, catalanes o no, sabemos que en Cataluña hay un problema, y el Rey también. El problemas es la enajenación política de Artur Mas. Él es el problema. Porque lleva más de una legislatura sin ocuparse de resolver los asuntos de la Comunidad que preside, porque genera cada día más desajuste económico que le resuelve el Gobierno de la Nación al insuflar dinero público de todos para pagar los gastos corrientes mientras Mas dedica buena parte de su presupuesto a alimentar estómagos agradecidos en apoyo de su locura secesionista y abriendo embajaditas por esos mundos. Si, por ejemplo, la Asamblea Nacional de Cataluña y Omnium Cultural actuaran por amor a la independencia cualquier observador no diría ni pio, pero viven y se mueven gracias a jugosas subvenciones.  Son terminales de la Generalidad.

Las reacciones ante el resumen del año ofrecido por Mariano Rajoy tras el último Consejo de Ministros han sido menos unánimes que las producidas por el discurso del Rey, como es lógico.  El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, se molestó porque el presidente del Gobierno habló de recuperación económica, y aportó al gallinero una frase de las suyas, de esas que le están haciendo famosillo: “Rajoy no debe emplear la palabra recuperación en vano, porque no habrá recuperación hasta que no se vuelva a las cifras de empleo y bienestar social que había antes de la crisis”. O sea que el bueno de Sánchez quiere que olvidemos quien ocultó la crisis, quién la negó, quién fue incapaz de afrontar a tiempo reformas para salir de ella, y quien mintió sobre las cifras reales de nuestra economía tanto a la Unión Europea como a los españoles. Sánchez era diputado cuando Zapatero, con el apoyo del Partido Popular, legisló, por ejemplo, el techo del gasto, y ya se ha apresurado a anunciar que lo abolirá si llega a gobernar España. Es decir: que cada Administración gaste lo que quiere. Traslade mentalmente el lector este desmadre a su economía familiar, y verá la locura que supone.

El PSOE, y en general la izquierda, no tienen alternativas reales y creíbles, sólo tienen palabrería hueca. Primero pedían que se creara empleo, y cuando se ha empezado a crear (como reconoce la Unión Europea, hoy España crece a más ritmo y crea más empleo que la media de los países del espacio europeo), piden que se cree más empleo y fijo. Cuando la mejora de la macroeconomía es innegable, paso previo para que la bonanza se refleje en la economía de las familias, denuncian que la recuperación va lenta. ¿Y que hicieron los gobiernos socialistas de Zapatero? Llevar al país a la ruina y crear cuatro millones de desempleados. La izquierda quiere convertir su amnesia interesada en amnesia colectiva de los españoles. Creo que al PSOE y a otros la recuperación económica les ha pillado con el paso cambiado. Les ha dejado sin más discurso que las contradicciones y las ocurrencias.

El secretario general del PSOE ha declarado que aspira a liderar un Gobierno de izquierda. O sea: él en compañía de otros. Esa experiencia ya la tenemos en Andalucía, la Comunidad Autónoma con más paro de España, en donde gobierna una coalición PSOE-IU que ha agravado todos los problemas, además de contar, presuntamente y según los jueces, con una corrupción institucionaliza. No es un asunto de chorizos o desaprensivos. Según la juez Alaya se trata de una corrupción amparada y con conocimiento de la Administración Autonómica, con la presunta implicación de los dos anteriores presidentes andaluces (y de PSOE) Chaves y Griñán, a los que no se les ha pedido que dimitan.

Por unos viajes de hace años, legales aunque no estéticos, los socialistas se hartaron de pedir la dimisión de Monago, el presidente extremeño. A nadie se le ha ocurrido pedir que se hagan públicos para analizarlos los viajes del diputado Pedro Sánchez. Ya me gustaría, como ciudadano, conocer el listado de los viajes pagados con dinero público de los diputados y senadores del PSOE, incluido desde luego Sánchez. Reitero que eran viajes legales; es un caso de estética. Pero, en su ley del embudo, los socialistas no piden la dimisión de Chaves y Griñán, aunque sólo fuese por estética. Estamos hablando de la corrupción en Andalucía:  más o menos mil millones de euros.

Sánchez, a la hora de mostrar a los españoles un adelanto, un resumen en pocas palabras de un programa de Gobierno, ha dicho: “Haré todo lo contrario de lo que ha hecho Rajoy”. Una marcha atrás, a lo más oscuro del túnel, a lo que siempre hicieron los socialistas en España: gastar, gastar y gastar para alegrar fugazmente al conjunto de los ciudadanos que después de su hipotético paso por el Gobierno tendrían que apretarse el cinturón mucho más de lo que se lo han apretado en estos años. Sin contar con la posición que asumiría la Unión Europea ante un gasto desbocado.

España es un país curioso. Nos debatimos entre el pequeño Nicolás y Pablo Iglesias. No se habla de otra cosa. El primero es un listillo, el segundo ha acertado en tocar una música que parece engatusar a las gentes como el flautista de Hamelin engatusaba a las ratas. Nos inundan las encuestas, y tienen trampa. Son sondeos cuya cocina tiene en cuenta un antecedente inválido a efectos demoscópicos: las elecciones europeas, que son en circunscripción única nacional y  nunca han resultado significativos como antecedente. Hemos olvidado que hasta Ruíz Mateos consiguió escaños en Europa.  Si no se dan los escaños predecibles por circunscripciones provinciales, y nunca se dan, las encuestas carecen de valor; son fotografías fijas que expresan una actitud, no una decisión que vaya a mantenerse hasta la llamada de las urnas. Supongo que las empresas que hacen las encuestas y los medios que las publican no desconocen estos condicionantes, pero nadie los recuerda a no ser que un amigo sociólogo experto en sondeos de opinión te lo matice tomando café. Quiero pensar que el sensato pueblo español  no ha perdido el norte.

Una sentencia del Tribunal Supremo podría considerarse una adenda a mi post anterior: “Radicalismo rampante y Estado de Derecho”. La Sala de lo Penal del Alto Tribunal ha librado de la cárcel al pintoresco Juan Manuel Sánchez Gordillo al sentenciar que no cometió delito de desobediencia cuando en compañía de algunos colegas ocupó durante dieciocho días la finca militar Las Turquillas situada en el municipio de Osuna. Se enmienda la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía que había condenado a Sánchez Gordillo y a otros tres miembros de su sindicato a penas de cárcel y a multas. Ahora el Tribunal Supremo sólo mantiene una multa de 1.200 euros por un delito de usurpación de inmueble. A ver si, al menos, la pagan. Me malicio que tampoco ocurriría nada si no lo hicieran.

Lo curioso es que en la sentencia se expresa que “el comportamiento enjuiciado debe ser considerado en todo caso como delictivo, al actuar los recurrentes al margen de la legalidad vigente y debe ser sancionado como delito de usurpación por el carácter indefinido y persistente de la ocupación realizada”. No entiendo nada, o poco. ¿No hubo desobediencia? La sentencia explica que los acusados accedieron “pacíficamente al desalojo cuando se recurrió a la fuerza policial”. Pues lo entiendo menos. ¿La Guardia Civil espero dieciocho días para intervenir? Y siendo una finca militar ¿el Ministerio de Defensa espero pacientemente, cándidamente, a que la tropilla de este impresentable asalta supermercados decidiese abandonar la presa? Me temo que es otra dejación del Estado de Derecho que no da la protección debida a la propiedad privada que recoge la Constitución, al menos hasta que los de Podemos no le den la vuelta a la Carta Magna como a un calcetón. Pablo Iglesias ya ha anunciado que la corrupción existe porque existe la propiedad privada, Por eso su mentor Chávez recorría las calles de Caracas expropiando y nacionalizando a troche y moche. Acaso  era un consejo de su bien pagado asesor Iglesias. Aquí no, gracias.

Cataluña y el voto de Bob Esponja

10 noviembre 2014

Un trabajo académico de cierta complejidad me ha distanciado del blog durante algunos meses; exactamente desde el día 7 de julio de 2014.

En este tiempo han ocurrido obviamente muchas cosas y bastantes de ellas desagradables y no pocas vergonzosas: la enormidad del caso de los ERE de Andalucía con más de doscientos imputados; el entramado corrupto de la familia Pujol, que indica que la familia que roba unida permanece unida;  las llamadas “tarjetas negras” de Caja Madrid, ahora Bankia, de las que se aprovecharon consejeros y altos cargos de la entidad financiera pertenecientes a todos los partidos y sindicatos representados en ella, los más despilfarradores de UGT y de IU, contando como referentes con Rato y Blesa; la “operación Púnica” que se ha llevado por delante, como cabecillas, al antiguo secretario general del PP de Madrid, Granados y a su amigo de la infancia y empresario, Marjaliza. Fueron detenidos el presidente de la Diputación de León, Marcos Martínez, y seis alcaldes de localidades madrileñas en una corrupción que implica a miembros del PP, del PSOE e independientes, además de algún cargo técnico municipal de IU. Todos los políticos fueron expulsados de sus partidos.

La corrupción no es sistemática, no es una corrupción del sistema ni de los partidos políticos; la corrupción es de las personas, la prueba es que en alguno de estos casos están implicados miembros que lo eran de formaciones políticas distintas, y ha existido en todas las épocas. Desde las llamadas “cuentas del Gran Capitán” al reloj de plata que unos estafadores avispados regalaron a un sobrino de Lerroux, y que llevó a éste a dimitir como presidente del Gobierno de la II República, pasando por la compra, con mordida, de una flota de barcos de guerra a Rusia, que resultaron inservibles, en tiempos de Fernando VII… La corrupción no es de un tiempo determinado ni de un sistema político concreto; va en la condición humana. A los corruptos hay que desenmascararlos, aislarlos, juzgarlos y hacer que devuelvan lo robado además de que cumplan sus condenas. Con la corrupción, tolerancia cero.

Por su parte Esperanza Aguirre se adelantó a pedir perdón por lo que toca a su partido, y se mostró avergonzada; Mariano Rajoy hizo otro tanto ante  el Congreso y el Senado. Pedro Sánchez no ha perdido perdón por lo que afecta a los socialistas, tampoco por los ERE andaluces. Al tiempo Rajoy anuncia leyes de transparencia y contra la corrupción que presentará en el Congreso de los Diputados el próximo día 27 de noviembre. Hasta ahora ningún partido, ni entre los que jalean la transparencia, se ha manifestado a favor de estas leyes anticorrupción.

La cuestión palpitante que nos preocupa a todos y que se está produciendo mientras escribo estas líneas, es la pantomima de una consulta catalana sin censo, con la mayoría lícita para emitir el voto a los 16 años, sin las mesas de votación constituidas objetivamente, sin interventores ni apoderados, sin hora fija de cierre de colegios, con un plazo para votar de quince días,  sin las mínimas garantías democráticas… Baste saber que Oriol Junqueras, presidente de ERC, y Francesc Homs, consejero de Presidencia y Portavoz de la Generalidad, presiden mesas electorales nombrados por sí mismos; son al tiempo jueces y partes.

La supuesta consulta tiene detrás dos resoluciones del Tribunal Constitucional que declaran su ilegalidad y condenan su desarrollo. Pero eso a Artur Mas le da igual porque merece estar en el “Guinness” de los récords por incumplimiento de leyes. Mas se ha declarado responsable de la mascarada de este 9-N y ha ofrecido como tal su cabeza política a la Fiscalía General del Estado. Se la pueden cortar. Y ha metido en el lío a todos los miembros de su Gobierno y a los directores de los centros educativos públicos convertidos en simulacros de colegios electorales, presuntamente protagonistas de  delitos de prevaricación. Sobre la cabeza de Mas se ciernen otros posibles delitos como desobediencia y malversación de caudales públicos, relativos también a su incumplimiento de la ley. Sería pintoresco de no ser, además, sedicioso (otro posible delito) que el “representante ordinario del Estado en Cataluña”, que esa es su responsabilidad, incumpla la Constitución de la que emana su cargo institucional.

La Fiscalía Superior de Cataluña había remitido a los Mozos de Escuadra, como policía autonómica, una orden para que informasen “de la relación de locales o edificios de titularidad pública (Institutos, Dependencias Municipales u Organismos) en los cuales se desarrolle el denominado proceso participativo” de este domingo 9-N. En la misma orden exigía al cuerpo policial, dependiente de la Generalidad, la identificación de “la persona responsable de la dependencia bajo cuya autorización se haya franqueado el acceso a los delegados de las entidades convocantes” de la consulta. Inmediatamente en fuentes de los Mozos de Escuadra se aseguró que el dispositivo policial se mantendría como estaba previsto y que no identificarían a quienes abriesen los institutos. Supongo que la actitud de los Mozos de Escuadra estará siendo evaluada por el Ministerio del Interior.

El ministro de Justicia aseguró que el Fiscal General del Estado analizará la situación en los próximos días. Si a Eduardo Torres-Dulce no le pilla visionando por enésima vez “Casablanca” o “El séptimo sello” es posible que olvide su condición de ilustre cinéfilo y acelere la actividad de la Fiscalía. De momento, en pleno Día D, varios jueces de Barcelona decidieron no suspender cautelarmente la patética consulta no  respaldando la petición de algunas querellas, al final una veintena, presentadas contra “el proceso participativo”. El Estado de Derecho funciona, pero lento. No sólo se había asegurado una y otra vez que no habría referéndum del 9-N; se nos dijo a los españoles que no habría urnas. Las ha habido.

Esta consulta es una pantomima. La web del proceso soberanista ofrece una imagen grotesca de Cataluña a España y al mundo por muchas cosas pero insisto en una especialmente locoide: admite la opción de inscribir nombres falsos. Aparecían inscritos como votantes de pleno derecho a Elvis Presley, Cristóbal Colón, Teresa de Jesús, El Cid Campeador y Bob Esponja… Y Mas, Oriol y los suyos quieren que nos tomemos en serio la opinión que salga de los votos depositados en esas urnas que ellos presiden, vigilan, intervienen, valoran, cuentan y, obviamente, manipulan a su gusto.

Mientras, el PSC se felicita por la participación en el bodrio y asegura que, aunque no tiene valor democrático, es un paso hacia la normalidad. A muchos kilómetros de Barcelona, Pedro Sánchez, que parece Zapatero vestido como un personaje de “El gran Gatsby” y sonrisa permanente de anuncio de dentífrico, ofrecía de nuevo como solución a todas las cuitas una reforma constitucional que nunca concreta pero que resume como el modo de que Cataluña se encuentre cómoda en España, como si el Estado fuese un sofá. Sánchez ofrece cambiar la Constitución de todos los españoles para que una parte de ellos, los catalanes, supuestamente sean más felices. Y mira para otro lado como si en el inicio de este delirio soberanista no estuviese aquella frase de Zapatero en el Palacio de San Jorge de Barcelona, en 2003: “Apoyaré la reforma del Estatuto que apruebe el Parlamento catalán”. Desde ahí crece el caos y las demencias soberanistas que hoy padecemos. Sánchez, el heredero de aquello, acaso con mejor imagen pero aún menos talento que Zapatero y nula experiencia de gestión pública, carece de credibilidad.

Ahora está sobre la mesa del país, a la contemplación de todos los españoles, en qué desembocará la aplicación del Estado de Derecho anunciada por el ministro de Justicia y que va a ser analizada por la Fiscalía General del Estado. Una de las opciones sería la aplicación de artículo 155 de la Constitución que hubiese podido aplicarse hace bastante tiempo porque las bravatas y desafíos de la Generalidad no son ni mucho menos nuevos. Sobre la opción del artículo 155 he escrito en este blog en varias ocasiones, la primera de ellas en el post titulado “El artículo 155 y los moriscos” (4/12/2009), recogido en mi libro “La sonrisa de Robespierre”, de 2011. Entonces prediqué en un desierto. Ese artículo literalmente señala: “1. Si una Comunidad Autónoma no cumpliese las obligaciones que la Constitución u otras Leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al Presidente de la Comunidad Autónoma, y en el caso de no ser atendido, con la aprobación de la mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquélla al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general. 2. Para la ejecución de las medidas previstas en el apartado anterior, el Gobierno podrá dar instrucciones a todas las autoridades de las Comunidades Autónomas”. El PP tiene mayoría absoluta en el Senado.

Y algún recordatorio: un 67,90 por ciento de los catalanes votó en el referéndum constitucional de 1978. Y de ese 67,90 por ciento, un 90,46 por ciento votó “sí”, una cifra que supera la media española. El Estatuto de Cataluña lo votaron el 51% de los catalanes, y de ese 51% se manifestaron a favor el 74%. O sea que el Estatuto está respaldado por una minoría de poco más de un 30% de los electores. Y aquellas dos consultas no fueron una pantomima falsamente democrática y sin garantías como este 9-N. Comparemos. En el referéndum de la Constitución de 1978 no  votó Bob Esponja.

¿Vuelve el zapaterismo?

15 julio 2014

Pedro Sánchez ha ganado las elecciones internas del PSOE. Eduardo Madina ha conseguido menos apoyos de los previstos. José Antonio Pérez Tapias ha quedado el tercero de tres, pero ha devuelto un cierto protagonismo a una corriente lapidada hace años en el PSOE: Izquierda Socialista. No había representación de esa corriente en el Comité Federal; tampoco en el Congreso y en el Senado.

Deseo éxito a Pedro Sánchez -que no lo tiene fácil- además de porque así lo han decidido los militantes socialistas, con lo que sobrarían otros argumentos, porque es una opción para el futuro de un partido necesario para España, por ese sistema de pesas y medidas que, como escribió en su día Cánovas, es la democracia liberal; las llamadas democracias “populares” son otra cosa. En nuestro país esa democracia “popular” la  asume Pablo Iglesias Turrión y -cada vez de forma más explosiva- Cayo Lara. La política, si se pasa de la filosofía a la realidad, de las musas al teatro, no debe quedarse en vacías utopías, atractivas pero que no pasan de ser munición de charlatanes.

La cacareada democracia interna en el PSOE ha sido “de freno y marcha atrás”, como en el título de la célebre obra teatral de Jardiel. Se ha puesto cíclicamente en práctica y ha desembocado comúnmente en juego sucio y luchas fratricidas. Es discutible que haya favorecido la transparencia, pero lo que cualquier observador no duda es que no ha favorecido la unidad. Basta recordar algunos episodios.

La fórmula de las primarias se inició en el relevo de Felipe González, XXXIV Congreso Federal, 1997, cuando Joaquín Almunia llegó a la secretaría general. Impulsó una cascada de primarias como vía innovadora para democratizar el partido. No siempre salió bien. Los socialistas vascos eligieron a Nicolás Redondo Terreros -sobre su oponente, Rosa Díez- como candidato a lehendakari. Ya sabemos en dónde están ahora. En Madrid, no hubo primarias para la candidatura de la Comunidad que encabezó Cristina Almeida, que no era del PSOE sino de Nueva Izquierda, tras su expulsión del PCE, pero sí hubo primarias en la candidatura del Ayuntamiento. Y con sorpresa: Leguina fue derrotado por Fernando Morán, que ya se vio el papel que hizo, no más brillante que el de Almeida. Leguina Morán y Almeida están fuera de la política activa.

Los socialistas sólo han empleado las primarias en una ocasión para designar al aspirante socialista a la Presidencia del Gobierno. Fue el 24 de abril de 1998. El ex ministro Josep Borrell se impuso por más de 21.000 votos al entonces secretario general del PSOE, Joaquín Almunia, al que había apoyado el aparato del partido y expresamente Felipe González. Al final, asqueado por el juego sucio y por sentirse cercado en Ferraz, Borrell dimitió y Almunia se presentó como candidato a la Moncloa en las elecciones del año 2000, en las que el PP, con Aznar, consiguió su primera mayoría absoluta.

Pese a aquel desenlace -“frenazo y marcha atrás”- Ferraz en su día proclamó que el proceso de las primarias se había desarrollado de manera ejemplar y sin ninguna irregularidad. Tras aquellas primarias el veterano Alfonso Guerra había asegurado: “Hay un líder socialista  clarísimo, lo han votado los militantes en su conjunto, que es José Borrell”. Para el otrora poderoso ex-vicesecretario general “el entusiasmo que ha generado este proceso no tiene precedentes, no sólo en la militancia sino en la sociedad”. Y añadía: “Yo tengo la impresión de que esto no va a terminar aquí porque se ha introducido en la escena política un elemento que ha fundido el hielo que había entre ciudadanos y políticos”.

Estas muestras de optimismo glorioso se producían en 1998, y meses después aquel “hielo fundido” acababa en la dimisión de Borrell y en la marcha atrás que deseaba el aparato socialista. ¿Les suenan a los lectores esas palabras entusiastas? Hemos escuchado y leído cosas parecidas tras la elección de Pedro Sánchez. A ver qué ocurre en el Congreso Federal que se anuncia, y sobre todo en las primarias para la elección de candidato a la Presidencia del Gobierno que parece serán retrasadas a junio, pese a las reiteradas promesas del ya vencedor.

Ninguno de los tres candidatos a la Secretaría General del PSOE tenía tras de sí una experiencia institucional relevante ni una biografía política que apabulle. Madina ha escrito su biografía en el trabajo de partido desde que a los 17 años se afilió a las Juventudes Socialistas. Fue dos años concejal de Sestao y llegó al Congreso de los Diputados en 2004. Profesor asociado de Historia (no funcionario) de la Universidad Carlos III. Pérez Tapias fue delegado de Cultura de la Junta de Andalucía en Granada, y en 2006 llegó al Congreso de los Diputados en la vacante producida al abandonar su escaño Rafael Estrella; en 2011 no repitió. Es profesor titular de Filosofía (funcionario) de la Universidad de Granada. Pertenece a la corriente Izquierda Socialista. Sánchez fue concejal del Ayuntamiento de Madrid por abandono de dos concejales que le precedían en la lista, y llegó al Congreso de los Diputados en 2008 tras la renuncia de Pedro Solbes, y repitió en 2011 al dejar su escaño Cristina Narbona. Es profesor de Economía (no funcionario) de la Universidad privada Camilo José Cela.

Si hay que hacer un reproche a estas primarias es la incoherencia e inconcreción de los mensajes de los candidatos; el más claro ha sido Pérez Tapias. Madina y Sánchez se han desmentido a sí mismos en no pocas ocasiones. Sólo han dejado claro que son republicanos, pero pese a que han insistido en un cambio constitucional de contenido federalista nos hemos quedado sin saber por dónde iría ese cambio. Es razonable pensar que no se referirán al traspaso de competencias porque el sistema de las Autonomías consagrado en la Constitución de 1978 da a las Comunidades Autónomas más competencias que las que disfrutan no pocos Estados Federales. Como cuando el PSOE habla de “federalismo” parece hacerlo últimamente mirando a Cataluña, no resulta arriesgado sospechar que se refieren (aunque cucamente no lo concretan nunca) a una “soberanía plural” y no a la soberanía residenciada en el conjunto del pueblo español. Ya que ni el vencedor ni los otros candidatos lo han aclarado sería conveniente, para aviso de navegantes, que en el próximo Congreso Federal Extraordinario se detalle a los españoles ese puzle federal sin resolver.

Da la impresión de que los candidatos han dicho lo que querían escuchar sus auditorios según en dónde hablaban. De ahí las contradicciones. Los mensajes en Cataluña no eran los mismos que en Extremadura o en Andalucía. Sabemos lo que no quiere Pedro Sánchez, el vencedor: no quiere que haya paro, que haya deuda, que haya que apretarse el cinturón, que haya corrupción… Sánchez no quiere que se dañe a lo público, pero supongo que no entra en sus planes cualquier limitación a las Universidades privadas, porque él da clase en una. Y cuando habla de corrupción no olvidará el mayor caso de corrupción de España, mil millones, presuntamente consentido, por acción u omisión, por la Junta de Andalucía… Y Susana Díaz es su principal valedora. Su deseo es que los  españoles seamos “justos y benéficos” como soñaron ingenuamente los constitucionalistas de Cádiz, pero no sabemos los conejos que guarda en la chistera para concretar su arcadia feliz.

Más de un medio de comunicación ha lanzado las campanas al vuelo por la victoria de Pedro Sánchez. Me refiero a medios considerados en las antípodas del socialismo. Lo mismo han hecho altos círculos empresariales. Según se dice Sánchez es el más “moderado”. Desde luego es un político nuevo que asume una gran responsabilidad. Pero la renovación de los protagonistas de la Historia no siempre ha supuesto un paso hacia la solución de los problemas en épocas complicadas. No es raro que la mercadotecnia nos haga comprar productos por el reclamo o la apariencia y cuando llegas a casa no funcionan como creías.

Recuerdo -muchos recordarán- el XXXV Congreso Federal del PSOE, el del año 2000 que catapultó a un políticamente inédito Zapatero. Los muñidores de unos y de otros pasaron toda la noche del 21 al 22 de julio negociando. Hubo navajeos. El recuento avaló a Zapatero con 414 votos; Bono (el favorito) recibió 405. A mucha distancia los 109 votos conseguidos por Matilde Fernández, y Rosa Díez descolgada con solo 65 papeletas con su nombre. Cualquier asistente al Congreso podría contar (como me contaron a mí) que el discurso que pronunció Díez la hizo desaparecer; leerlo ahora, con todo lo llovido, produce sonrojo. Zapatero, sin experiencia política alguna, diputado silente pero arropado por una campaña hábil, se colocó en el camino de la Moncloa. ¿Cuántos en su propio partido se habrán arrepentido de aquel día de julio de 2000? Bono no gustaba a los “guerristas” ni a otras corrientes internas, pero era un candidato sólido y previsible.

La única decisión política de Pedro Sánchez hasta ahora ha sido romper un pacto firmado entre populares, socialistas y liberales europeos para elegir a Jean-Claude Juncker presidente de la Comisión Europea. El pacto incluía, y así se había cumplido, que populares, socialistas y liberales apoyasen juntos al socialista Martin Schulz para presidir el Parlamento Europeo. Los socialistas españoles votaron en contra de Juncker, con sorpresa y disgusto del eurodiputado Ramón Jáuregui que achacó la decisión “al mandato de Sánchez”. En el paquete del pacto para apoyar a Schulz-Juncker iban algunos flecos; uno de ellos permitió a Elena Valenciano convertirse en Presidenta de Comisión del Parlamento Europeo, una de las mayores bicocas de la Cámara. Estoy a la espera de que Sánchez, puesto a romper pactos, obligué a dimitir a Valenciano y a otros eurodiputados socialistas, elevados con los votos del Partido Popular Europeo, pero me temo que deberé esperar sentado… Los catorce eurodiputados socialistas españoles han iniciado su andadura parlamentaria europea haciendo el ridículo gracias a las redivivas técnicas zapateristas de Pedro Sánchez. No tiene palabra, ni mantiene la palabra comprometida por Rubalcaba. ¡Y aún no ha sido ratificado por el Comité Federal! Mal comienzo.

¿Estamos ante un nuevo Zapatero, producto de la imagen y de la mercadotecnia? Un síntoma: Sánchez se ríe siempre, con motivo o sin él; como él otro… Y algo que inquieta: ¿Hace el trabajo para él o lo hace para aupar a Susana Díaz en las primarias para la candidatura a la Presidencia del Gobierno? No supondría una sorpresa que la “tapada” en esta operación de diseño fuese la presidencia andaluza. Al día siguiente de la elección del nuevo Secretario General, Susana Díaz estaba visitándolo en Madrid con posado fotográfico callejero, probablemente para que quedase claro quién manda.

Con tantas incógnitas abiertas, a falta de concreción en los mensajes, con buenas palabras pero con mucho margen imprevisible, mirando a la dura experiencia, hay que desear, por el bien y la tranquilidad de los españoles, que no estemos ante un segundo Zapatero. Una nueva edición del zapaterismo con otro nombre. ¡Cuerpo a tierra!