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El estallido de la irrelevancia

12 febrero 2015

Escribo en la madrugada del 12 de febrero, y no quiero que se tome este comentario como una interferencia en las decisiones libérrimas de un partido que no es el mío. Soy respetuoso con las decisiones de los demás. Sencillamente es eso: un comentario de actualidad escrito por quien durante decenios ha ejercido y ejerce como  comentarista político.

César Luena, secretario de organización del PSOE, la persona elegida por Pedro Sánchez para anunciar el cese al completo del órgano dirigente del Partido Socialista de Madrid y el nombramiento de Rafael Simancas como presidente de la Comisión Gestora, es nuevo en la política nacional, y fue un oscuro diputado de los de apretar el botón del voto hasta que lo llamó a su lado Pedro Sànchez en 2014.

El propio Pedro Sánchez era un diputado prácticamente desconocido hasta su encumbramiento democrático a la secretaría general de los socialistas en el XXXIX Congreso Extraordinario Federal de julio de 2014 tras la dimisión de Rubalcaba. Había sido concejal del Ayuntamiento de Madrid por renuncia de quien le precedía en la lista municipal.  Entre 2004 y 2009 fue miembro de la Asamblea General de Caja Madrid, a propuesta del PSOE del Ayuntamiento de la capital, función que le han recordado en la prensa, con indudable malicia, en alguna ocasión. En 2009 llegó al Congreso por renuncia de Pedro Solbes y en 2013 volvió a ser diputado en la vacante de Cristina Narbona. Nunca perteneció ni a la Ejecutiva ni al Comité Federal del partido. Su promesa ante los congresistas cuando fue elegido secretario general fue “desterrar el paro, la pobreza, la desigualdad y el independentismo de España”, además de “derogar la reforma laboral y romper los acuerdos con la Santa Sede”, entre otros aparatosos anuncios.

Desde la oposición no ha podido desterrar la pobreza ni la desigualdad, pero sí nos ha dado su fórmula para el destierro del independentismo. Su as en la manga es una reforma constitucional que supuestamente contentaría los delirios de Artur Mas y sus acólitos, a cambio de lanzar ese trágala al resto de las Comunidades Autónomas, de modo que para que se encontraran cómodos los catalanes independentistas tendrían que pasar por el aro de esa reforma las demás regiones que no sienten ahora ninguna incomodidad. Pedro Sánchez debe pensar que España es un sofá. En cuanto a la derogación de la reforma laboral, supongo que Sánchez se lo estará pensando; su compañero Renzi ha promovido en Italia una reforma en la misma línea que la afrontada por Rajoy en España, que pone como ejemplo. Y Valls en Francia sigue la vía de la austeridad -que en España llaman recortes- de modo que los ingresos y los gastos traten de estar equilibrados.

La primera gran decisión de Pedro Sánchez como líder del PSOE fue no respetar el acuerdo firmado por Rubalcaba  con los partidos socialistas del Europarlamento para votar al luxemburgués  Jean-Claude Juncker como presidente de la Comisión Europea, como contrapartida a que el centro derecha votara al socialista alemán Martin Schulz para presidir el Parlamento Europeo. Fue un error que comenzó a desplegar desconfianza en Europa sobre el rigor del nuevo referente del socialismo español. Es  extraño que Pedro Sánchez no valorase cómo se reciben en Bruselas esas traiciones a la palabra dada (y en este caso firmada) ya que Sánchez, cuando contaba 26 años, trabajó bastante tiempo como asesor en el Parlamento Europeo con la eurodiputada socialista Bárbara Dührkop.

Decía Felipe González que el socialismo madrileño empezó sus ansias cainitas ya en tiempos de Pablo Iglesias -el fundador, no el de la coleta- y hasta ahora no lo ha dejado. Cualquier observador más o menos de primera fila ha visto de todo, y las navajas cachicuernas han lanzado tajos acá y allá de unas a otras familias de un PSOE madrileño en el que parece obligada la cota de malla. Pero Pedro Sánchez, puesto a renovar, ha incorporado un nuevo elemento: la defenestración desde arriba, en lo que es probablemente un virtuosismo de los tiempos nuevos. Hasta ahora cuando desde Ferraz decidían el retiro del secretario de una federación regional, le citaban, le leían la papela y el afectado salía cabizbajo y con la dimisión presentada. El caso de Tomás Gómez ha sido distinto. Citado que fue en la planta noble de Ferraz y maliciándose el recado, no acudió, esperó a enterarse por los medios de comunicación, y montó una comparecencia airada sin pelos en la lengua. La primera fase de la “operación Sánchez” había zozobrado.

Tomás Gómez, al que he citado no poco en este blog durante los últimos años, me pareció un mal alcalde de Parla, un pésimo candidato a la autonomía madrileña que en cada elección conseguía superarse a sí mismo en pérdida de votos, y me parece un contradictorio y sectario político de una izquierda de catón, radicalizada y antigua. Pero los afiliados lo habían elegido y las formas en política cuentan. Las formas de Sánchez en el manejo de la navaja cachicuerna no son de recibo. Cuando se habla tanto de democracia interna hay que respetarla. Uno, desde la veteranía, sabe que las primarias socialistas son a menudo una fantasmagoría. ¿En qué primarias fueron elegidos candidatos al Ayuntamiento Trinidad Jiménez o Miguel Sebastián? ¿Cuánto tardaron en podarle el césped bajo los pies a Borrell que ganó con holgura las primarias a Almunia, y al final el candidato a la presidencia del Gobierno fue el perdedor?

Pedro Sánchez fue el muñidor electoral de Trinidad Jiménez cuando se presentó contra Tomás Gómez en el Partido Socialista de Madrid. Tenían cuentas pendientes. Hasta pocas horas antes de la decisión letal de Sánchez sobre Gómez, cualificados dirigentes del PSOE aseguraban públicamente que el secretario general de los socialistas madrileños contaba con el apoyo de Ferraz pasase lo que pasase (se referían al costoso invento del tranvía de Parla). Y no ha sido así. ¿Otra decisión improvisada de Sánchez? Este hombre que un día tuvo la ocurrencia de anunciar que si gobernaba suprimiría el Ministerio de Defensa, parece que a veces emite los primeros mensajes que se le ocurren. Creo que en el tema de Gómez su decisión ha sido meditada.

Ha lanzado un dardo envenenado a Susana Díaz y en un momento inoportuno: a pocas semanas de sus elecciones autonómicas. Si él da un puñetazo en la mesa y descabalga al secretario general de una organización tan tradicionalmente poderosa como la de Madrid, que además le apoyó para conseguir  la secretaría general, y antes de que caiga sobre él imputación alguna, es obvio que la lideresa andaluza no queda bien al mantener el statu quo de Griñán, Chaves y sus compañeros de Gobierno y colaboradores arrasados por los ERE y los cursos de formación, un agujero de varios miles de millones de euros.  Susana Díaz, que no sabía los planes de Sánchez, balbuceó unas palabras evasivas, y Chaves no quiso decir ni pío. A Griñán no lograron encontrarle los periodistas.

La política da muchas vueltas y a gran velocidad. Resulta que a fecha de hoy el paisaje electoral madrileño, en cuanto a candidaturas autonómicas, es singular. El PSOE no tiene candidato confirmado, IU tampoco, el PP ídem, e incluso se da el caso de una presunta candidata sin partido: Tania Sánchez, que no se sabe si se presentará por una Unidad Popular, una Plataforma de Izquierdas, una Agrupación Ciudadana o un Frente Popular… No lo ha decidido todavía Pablo Iglesias -el de la coleta,  no el fundador-. Estas dudas no son demasiado extrañas. Quien no sabía que en casa de su señor padre estaba residenciada una empresa que recibió más de un millón de euros de dinero público con su voto como concejal de Rivas, y que esa empresa era de su señor hermano ¿Cómo va a saber sin que se lo diga alguien qué partido, coalición o agrupación de electores va a encabezar? El único candidato confirmado a esta fecha es el de UPyD: Ramón Marcos Allo, cuyo nombre no dirá demasiado al común de los electores.

Y una curiosidad: Tania Sánchez, hoy candidata  de la nada, va a ponerse políticamente de largo el día 18 de febrero en un desayuno sobre las alfombras del Ritz, en la tribuna del Fórum Europa. En junio de 2014 esta tribuna, por la que han pasado los más empingorotados personajes, recibió en su bautismo político de cara a la España de los poderosos a Pablo Iglesias. En esta ocasión el desayuno con Tania lo patrocinan las mismas empresas que patrocinaron el desayuno de Pablo: Asisa, BT y Red Eléctrica de España.

Asisa es un gigante de la sanidad privada con una presencia muy importante  en el sector; la sanidad privada es una de las bestias negras de Tania Sánchez y también de  Pablo Iglesias. BT es una empresa británica que opera en España desde hace veinte años, dedicada a los servicios de Comunicaciones y Tecnología de la Información, entre cuyos clientes se encuentran 28 de las 35 empresas del IBEX 35, y 2.000 de las 5.000 mayores empresas españolas. Red Eléctrica de España transporta la energía eléctrica en alta tensión, y lo hace como transportista único, en régimen de exclusividad. La SEPI (Sociedad Española de Participaciones Industriales) tiene una participación en R.E.E. como socio mayoritario. El presidente de la SEPI es nombrado por el Consejo de Ministros, a propuesta del Ministro de Hacienda y Administraciones Públicas. Desde 2012 lo es Ramón Aguirre, ex diputado del Partido Popular. El presidente de R.E.E. es José Folgado, antiguo director del Departamento de Economía de la CEOE que luego ocupó tres secretarias de Estado consecutivas en el Ministerio de Economía y Hacienda en los gobiernos de Aznar, fue diputado del Partido Popular, y hasta su nombramiento para la presidencia de R.E.E. fue alcalde popular de Tres Cantos.

En el desayuno de Pablo Iglesias los patrocinadores debieron colocarse tapones en los oídos, y supongo que harán lo mismo el día 18 en el desayuno de Tania Sánchez. Este doble patrocinio de una pareja política y sentimental confieso que, acaso ingenuamente, no sé bien a qué responde. ¿Masoquismo? ¿Buenismo? Un sentimiento parecido al de las cadenas privadas de televisión que llevan muchos meses aupando a Pablo Iglesias desde cierta amnesia que les impide recordar que entre los postulados del inquieto y contradictorio líder revolucionario figura la desaparición de los medios de comunicación privados porque “lo privado lleva siempre a la corrupción”. El país está cada vez más ciego, o contemporiza con quien lo utiliza, o sencillamente es cobarde.

Cuando concluyo este post circula el nombre de Ángel Gabilondo,  ex-ministro de Zapatero (que no es aval fiable) como sustituto de Tomás Gómez al frente de la candidatura autonómica del PSOE. La resurrección política de Gabilondo es para el PSOE una renovación. Qué cosas. ¿Otra ocurrencia de Pedro Sánchez o esta vez de Rubalcaba? Sin reunirse la Comisión de Listas y sin que haya empezado a ejercer la Comisión Gestora que preside Rafael Simancas, Ferraz ya ha elegido su candidato. Ángel Gabilondo es un profesor de Filosofía brillante en la cátedra y en el despacho pero inédito en la gestión política de calle Cuando ejercía de ministro llegó a tener un nivel de conocimiento menor al 40%. Si al final se confirma, prometo regalarle una cota de malla para salvar su docta piel de las navajas del socialismo madrileño. La va a necesitar.

Lo de Tomás Gómez era una muerte política anunciada. Tiene más poso por el barullo que por sus protagonistas. Ha sido el estallido de la irrelevancia.

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Artur Mas: el problema es él

27 diciembre 2014

El primer discurso navideño del Rey Felipe VI ha gustado a casi todos los partidos; naturalmente a IU y a Bildu, no. Ha sido el discurso de Navidad más seguido en televisión en muchos años. Lo único que no entiendo: la lejanía de la bandera nacional. No estaba detrás ni cerca del Rey sino en un rincón del salón en que se producía la comparecencia regia. El mensaje que se haya querido dar con esta presencia arrinconada del símbolo nacional me es desconocido.

La interpretación de algunos partidos es plural como la vida misma. Ha habido quien, como el PSOE, han entendido que el Rey avalaba sus apetencias de cambio constitucional, mientras a IU las palabras de Felipe VI le han decepcionado. Lo primero es una falacia, lo segundo una reacción que a nadie puede extrañar. Parece que a algunos les hubiese gustado el imposible de que el Rey hubiera aprovechado su primer discurso navideño para declararse republicano o poco menos. Qué cosas. A mi juicio el Rey dijo lo que tenía que decir, aunque algunos habían previsto una intervención acorde con sus intereses no con los intereses generales de España y de la Corona. Esperar que Felipe VI pidiese a la Infanta Cristina la renuncia a sus derechos sucesorios en un  discurso de Navidad dirigido a los españoles era una memez.

La reacción más patética se la debemos, como no, a Artur Mas. Ha declarado como gran hallazgo que “El Rey ha reconocido que en Cataluña hay un problema”. Claro. No es noticia, ya que todos los españoles, catalanes o no, sabemos que en Cataluña hay un problema, y el Rey también. El problemas es la enajenación política de Artur Mas. Él es el problema. Porque lleva más de una legislatura sin ocuparse de resolver los asuntos de la Comunidad que preside, porque genera cada día más desajuste económico que le resuelve el Gobierno de la Nación al insuflar dinero público de todos para pagar los gastos corrientes mientras Mas dedica buena parte de su presupuesto a alimentar estómagos agradecidos en apoyo de su locura secesionista y abriendo embajaditas por esos mundos. Si, por ejemplo, la Asamblea Nacional de Cataluña y Omnium Cultural actuaran por amor a la independencia cualquier observador no diría ni pio, pero viven y se mueven gracias a jugosas subvenciones.  Son terminales de la Generalidad.

Las reacciones ante el resumen del año ofrecido por Mariano Rajoy tras el último Consejo de Ministros han sido menos unánimes que las producidas por el discurso del Rey, como es lógico.  El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, se molestó porque el presidente del Gobierno habló de recuperación económica, y aportó al gallinero una frase de las suyas, de esas que le están haciendo famosillo: “Rajoy no debe emplear la palabra recuperación en vano, porque no habrá recuperación hasta que no se vuelva a las cifras de empleo y bienestar social que había antes de la crisis”. O sea que el bueno de Sánchez quiere que olvidemos quien ocultó la crisis, quién la negó, quién fue incapaz de afrontar a tiempo reformas para salir de ella, y quien mintió sobre las cifras reales de nuestra economía tanto a la Unión Europea como a los españoles. Sánchez era diputado cuando Zapatero, con el apoyo del Partido Popular, legisló, por ejemplo, el techo del gasto, y ya se ha apresurado a anunciar que lo abolirá si llega a gobernar España. Es decir: que cada Administración gaste lo que quiere. Traslade mentalmente el lector este desmadre a su economía familiar, y verá la locura que supone.

El PSOE, y en general la izquierda, no tienen alternativas reales y creíbles, sólo tienen palabrería hueca. Primero pedían que se creara empleo, y cuando se ha empezado a crear (como reconoce la Unión Europea, hoy España crece a más ritmo y crea más empleo que la media de los países del espacio europeo), piden que se cree más empleo y fijo. Cuando la mejora de la macroeconomía es innegable, paso previo para que la bonanza se refleje en la economía de las familias, denuncian que la recuperación va lenta. ¿Y que hicieron los gobiernos socialistas de Zapatero? Llevar al país a la ruina y crear cuatro millones de desempleados. La izquierda quiere convertir su amnesia interesada en amnesia colectiva de los españoles. Creo que al PSOE y a otros la recuperación económica les ha pillado con el paso cambiado. Les ha dejado sin más discurso que las contradicciones y las ocurrencias.

El secretario general del PSOE ha declarado que aspira a liderar un Gobierno de izquierda. O sea: él en compañía de otros. Esa experiencia ya la tenemos en Andalucía, la Comunidad Autónoma con más paro de España, en donde gobierna una coalición PSOE-IU que ha agravado todos los problemas, además de contar, presuntamente y según los jueces, con una corrupción institucionaliza. No es un asunto de chorizos o desaprensivos. Según la juez Alaya se trata de una corrupción amparada y con conocimiento de la Administración Autonómica, con la presunta implicación de los dos anteriores presidentes andaluces (y de PSOE) Chaves y Griñán, a los que no se les ha pedido que dimitan.

Por unos viajes de hace años, legales aunque no estéticos, los socialistas se hartaron de pedir la dimisión de Monago, el presidente extremeño. A nadie se le ha ocurrido pedir que se hagan públicos para analizarlos los viajes del diputado Pedro Sánchez. Ya me gustaría, como ciudadano, conocer el listado de los viajes pagados con dinero público de los diputados y senadores del PSOE, incluido desde luego Sánchez. Reitero que eran viajes legales; es un caso de estética. Pero, en su ley del embudo, los socialistas no piden la dimisión de Chaves y Griñán, aunque sólo fuese por estética. Estamos hablando de la corrupción en Andalucía:  más o menos mil millones de euros.

Sánchez, a la hora de mostrar a los españoles un adelanto, un resumen en pocas palabras de un programa de Gobierno, ha dicho: “Haré todo lo contrario de lo que ha hecho Rajoy”. Una marcha atrás, a lo más oscuro del túnel, a lo que siempre hicieron los socialistas en España: gastar, gastar y gastar para alegrar fugazmente al conjunto de los ciudadanos que después de su hipotético paso por el Gobierno tendrían que apretarse el cinturón mucho más de lo que se lo han apretado en estos años. Sin contar con la posición que asumiría la Unión Europea ante un gasto desbocado.

España es un país curioso. Nos debatimos entre el pequeño Nicolás y Pablo Iglesias. No se habla de otra cosa. El primero es un listillo, el segundo ha acertado en tocar una música que parece engatusar a las gentes como el flautista de Hamelin engatusaba a las ratas. Nos inundan las encuestas, y tienen trampa. Son sondeos cuya cocina tiene en cuenta un antecedente inválido a efectos demoscópicos: las elecciones europeas, que son en circunscripción única nacional y  nunca han resultado significativos como antecedente. Hemos olvidado que hasta Ruíz Mateos consiguió escaños en Europa.  Si no se dan los escaños predecibles por circunscripciones provinciales, y nunca se dan, las encuestas carecen de valor; son fotografías fijas que expresan una actitud, no una decisión que vaya a mantenerse hasta la llamada de las urnas. Supongo que las empresas que hacen las encuestas y los medios que las publican no desconocen estos condicionantes, pero nadie los recuerda a no ser que un amigo sociólogo experto en sondeos de opinión te lo matice tomando café. Quiero pensar que el sensato pueblo español  no ha perdido el norte.

Una sentencia del Tribunal Supremo podría considerarse una adenda a mi post anterior: “Radicalismo rampante y Estado de Derecho”. La Sala de lo Penal del Alto Tribunal ha librado de la cárcel al pintoresco Juan Manuel Sánchez Gordillo al sentenciar que no cometió delito de desobediencia cuando en compañía de algunos colegas ocupó durante dieciocho días la finca militar Las Turquillas situada en el municipio de Osuna. Se enmienda la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía que había condenado a Sánchez Gordillo y a otros tres miembros de su sindicato a penas de cárcel y a multas. Ahora el Tribunal Supremo sólo mantiene una multa de 1.200 euros por un delito de usurpación de inmueble. A ver si, al menos, la pagan. Me malicio que tampoco ocurriría nada si no lo hicieran.

Lo curioso es que en la sentencia se expresa que “el comportamiento enjuiciado debe ser considerado en todo caso como delictivo, al actuar los recurrentes al margen de la legalidad vigente y debe ser sancionado como delito de usurpación por el carácter indefinido y persistente de la ocupación realizada”. No entiendo nada, o poco. ¿No hubo desobediencia? La sentencia explica que los acusados accedieron “pacíficamente al desalojo cuando se recurrió a la fuerza policial”. Pues lo entiendo menos. ¿La Guardia Civil espero dieciocho días para intervenir? Y siendo una finca militar ¿el Ministerio de Defensa espero pacientemente, cándidamente, a que la tropilla de este impresentable asalta supermercados decidiese abandonar la presa? Me temo que es otra dejación del Estado de Derecho que no da la protección debida a la propiedad privada que recoge la Constitución, al menos hasta que los de Podemos no le den la vuelta a la Carta Magna como a un calcetón. Pablo Iglesias ya ha anunciado que la corrupción existe porque existe la propiedad privada, Por eso su mentor Chávez recorría las calles de Caracas expropiando y nacionalizando a troche y moche. Acaso  era un consejo de su bien pagado asesor Iglesias. Aquí no, gracias.

¿Vuelve el zapaterismo?

15 julio 2014

Pedro Sánchez ha ganado las elecciones internas del PSOE. Eduardo Madina ha conseguido menos apoyos de los previstos. José Antonio Pérez Tapias ha quedado el tercero de tres, pero ha devuelto un cierto protagonismo a una corriente lapidada hace años en el PSOE: Izquierda Socialista. No había representación de esa corriente en el Comité Federal; tampoco en el Congreso y en el Senado.

Deseo éxito a Pedro Sánchez -que no lo tiene fácil- además de porque así lo han decidido los militantes socialistas, con lo que sobrarían otros argumentos, porque es una opción para el futuro de un partido necesario para España, por ese sistema de pesas y medidas que, como escribió en su día Cánovas, es la democracia liberal; las llamadas democracias “populares” son otra cosa. En nuestro país esa democracia “popular” la  asume Pablo Iglesias Turrión y -cada vez de forma más explosiva- Cayo Lara. La política, si se pasa de la filosofía a la realidad, de las musas al teatro, no debe quedarse en vacías utopías, atractivas pero que no pasan de ser munición de charlatanes.

La cacareada democracia interna en el PSOE ha sido “de freno y marcha atrás”, como en el título de la célebre obra teatral de Jardiel. Se ha puesto cíclicamente en práctica y ha desembocado comúnmente en juego sucio y luchas fratricidas. Es discutible que haya favorecido la transparencia, pero lo que cualquier observador no duda es que no ha favorecido la unidad. Basta recordar algunos episodios.

La fórmula de las primarias se inició en el relevo de Felipe González, XXXIV Congreso Federal, 1997, cuando Joaquín Almunia llegó a la secretaría general. Impulsó una cascada de primarias como vía innovadora para democratizar el partido. No siempre salió bien. Los socialistas vascos eligieron a Nicolás Redondo Terreros -sobre su oponente, Rosa Díez- como candidato a lehendakari. Ya sabemos en dónde están ahora. En Madrid, no hubo primarias para la candidatura de la Comunidad que encabezó Cristina Almeida, que no era del PSOE sino de Nueva Izquierda, tras su expulsión del PCE, pero sí hubo primarias en la candidatura del Ayuntamiento. Y con sorpresa: Leguina fue derrotado por Fernando Morán, que ya se vio el papel que hizo, no más brillante que el de Almeida. Leguina Morán y Almeida están fuera de la política activa.

Los socialistas sólo han empleado las primarias en una ocasión para designar al aspirante socialista a la Presidencia del Gobierno. Fue el 24 de abril de 1998. El ex ministro Josep Borrell se impuso por más de 21.000 votos al entonces secretario general del PSOE, Joaquín Almunia, al que había apoyado el aparato del partido y expresamente Felipe González. Al final, asqueado por el juego sucio y por sentirse cercado en Ferraz, Borrell dimitió y Almunia se presentó como candidato a la Moncloa en las elecciones del año 2000, en las que el PP, con Aznar, consiguió su primera mayoría absoluta.

Pese a aquel desenlace -“frenazo y marcha atrás”- Ferraz en su día proclamó que el proceso de las primarias se había desarrollado de manera ejemplar y sin ninguna irregularidad. Tras aquellas primarias el veterano Alfonso Guerra había asegurado: “Hay un líder socialista  clarísimo, lo han votado los militantes en su conjunto, que es José Borrell”. Para el otrora poderoso ex-vicesecretario general “el entusiasmo que ha generado este proceso no tiene precedentes, no sólo en la militancia sino en la sociedad”. Y añadía: “Yo tengo la impresión de que esto no va a terminar aquí porque se ha introducido en la escena política un elemento que ha fundido el hielo que había entre ciudadanos y políticos”.

Estas muestras de optimismo glorioso se producían en 1998, y meses después aquel “hielo fundido” acababa en la dimisión de Borrell y en la marcha atrás que deseaba el aparato socialista. ¿Les suenan a los lectores esas palabras entusiastas? Hemos escuchado y leído cosas parecidas tras la elección de Pedro Sánchez. A ver qué ocurre en el Congreso Federal que se anuncia, y sobre todo en las primarias para la elección de candidato a la Presidencia del Gobierno que parece serán retrasadas a junio, pese a las reiteradas promesas del ya vencedor.

Ninguno de los tres candidatos a la Secretaría General del PSOE tenía tras de sí una experiencia institucional relevante ni una biografía política que apabulle. Madina ha escrito su biografía en el trabajo de partido desde que a los 17 años se afilió a las Juventudes Socialistas. Fue dos años concejal de Sestao y llegó al Congreso de los Diputados en 2004. Profesor asociado de Historia (no funcionario) de la Universidad Carlos III. Pérez Tapias fue delegado de Cultura de la Junta de Andalucía en Granada, y en 2006 llegó al Congreso de los Diputados en la vacante producida al abandonar su escaño Rafael Estrella; en 2011 no repitió. Es profesor titular de Filosofía (funcionario) de la Universidad de Granada. Pertenece a la corriente Izquierda Socialista. Sánchez fue concejal del Ayuntamiento de Madrid por abandono de dos concejales que le precedían en la lista, y llegó al Congreso de los Diputados en 2008 tras la renuncia de Pedro Solbes, y repitió en 2011 al dejar su escaño Cristina Narbona. Es profesor de Economía (no funcionario) de la Universidad privada Camilo José Cela.

Si hay que hacer un reproche a estas primarias es la incoherencia e inconcreción de los mensajes de los candidatos; el más claro ha sido Pérez Tapias. Madina y Sánchez se han desmentido a sí mismos en no pocas ocasiones. Sólo han dejado claro que son republicanos, pero pese a que han insistido en un cambio constitucional de contenido federalista nos hemos quedado sin saber por dónde iría ese cambio. Es razonable pensar que no se referirán al traspaso de competencias porque el sistema de las Autonomías consagrado en la Constitución de 1978 da a las Comunidades Autónomas más competencias que las que disfrutan no pocos Estados Federales. Como cuando el PSOE habla de “federalismo” parece hacerlo últimamente mirando a Cataluña, no resulta arriesgado sospechar que se refieren (aunque cucamente no lo concretan nunca) a una “soberanía plural” y no a la soberanía residenciada en el conjunto del pueblo español. Ya que ni el vencedor ni los otros candidatos lo han aclarado sería conveniente, para aviso de navegantes, que en el próximo Congreso Federal Extraordinario se detalle a los españoles ese puzle federal sin resolver.

Da la impresión de que los candidatos han dicho lo que querían escuchar sus auditorios según en dónde hablaban. De ahí las contradicciones. Los mensajes en Cataluña no eran los mismos que en Extremadura o en Andalucía. Sabemos lo que no quiere Pedro Sánchez, el vencedor: no quiere que haya paro, que haya deuda, que haya que apretarse el cinturón, que haya corrupción… Sánchez no quiere que se dañe a lo público, pero supongo que no entra en sus planes cualquier limitación a las Universidades privadas, porque él da clase en una. Y cuando habla de corrupción no olvidará el mayor caso de corrupción de España, mil millones, presuntamente consentido, por acción u omisión, por la Junta de Andalucía… Y Susana Díaz es su principal valedora. Su deseo es que los  españoles seamos “justos y benéficos” como soñaron ingenuamente los constitucionalistas de Cádiz, pero no sabemos los conejos que guarda en la chistera para concretar su arcadia feliz.

Más de un medio de comunicación ha lanzado las campanas al vuelo por la victoria de Pedro Sánchez. Me refiero a medios considerados en las antípodas del socialismo. Lo mismo han hecho altos círculos empresariales. Según se dice Sánchez es el más “moderado”. Desde luego es un político nuevo que asume una gran responsabilidad. Pero la renovación de los protagonistas de la Historia no siempre ha supuesto un paso hacia la solución de los problemas en épocas complicadas. No es raro que la mercadotecnia nos haga comprar productos por el reclamo o la apariencia y cuando llegas a casa no funcionan como creías.

Recuerdo -muchos recordarán- el XXXV Congreso Federal del PSOE, el del año 2000 que catapultó a un políticamente inédito Zapatero. Los muñidores de unos y de otros pasaron toda la noche del 21 al 22 de julio negociando. Hubo navajeos. El recuento avaló a Zapatero con 414 votos; Bono (el favorito) recibió 405. A mucha distancia los 109 votos conseguidos por Matilde Fernández, y Rosa Díez descolgada con solo 65 papeletas con su nombre. Cualquier asistente al Congreso podría contar (como me contaron a mí) que el discurso que pronunció Díez la hizo desaparecer; leerlo ahora, con todo lo llovido, produce sonrojo. Zapatero, sin experiencia política alguna, diputado silente pero arropado por una campaña hábil, se colocó en el camino de la Moncloa. ¿Cuántos en su propio partido se habrán arrepentido de aquel día de julio de 2000? Bono no gustaba a los “guerristas” ni a otras corrientes internas, pero era un candidato sólido y previsible.

La única decisión política de Pedro Sánchez hasta ahora ha sido romper un pacto firmado entre populares, socialistas y liberales europeos para elegir a Jean-Claude Juncker presidente de la Comisión Europea. El pacto incluía, y así se había cumplido, que populares, socialistas y liberales apoyasen juntos al socialista Martin Schulz para presidir el Parlamento Europeo. Los socialistas españoles votaron en contra de Juncker, con sorpresa y disgusto del eurodiputado Ramón Jáuregui que achacó la decisión “al mandato de Sánchez”. En el paquete del pacto para apoyar a Schulz-Juncker iban algunos flecos; uno de ellos permitió a Elena Valenciano convertirse en Presidenta de Comisión del Parlamento Europeo, una de las mayores bicocas de la Cámara. Estoy a la espera de que Sánchez, puesto a romper pactos, obligué a dimitir a Valenciano y a otros eurodiputados socialistas, elevados con los votos del Partido Popular Europeo, pero me temo que deberé esperar sentado… Los catorce eurodiputados socialistas españoles han iniciado su andadura parlamentaria europea haciendo el ridículo gracias a las redivivas técnicas zapateristas de Pedro Sánchez. No tiene palabra, ni mantiene la palabra comprometida por Rubalcaba. ¡Y aún no ha sido ratificado por el Comité Federal! Mal comienzo.

¿Estamos ante un nuevo Zapatero, producto de la imagen y de la mercadotecnia? Un síntoma: Sánchez se ríe siempre, con motivo o sin él; como él otro… Y algo que inquieta: ¿Hace el trabajo para él o lo hace para aupar a Susana Díaz en las primarias para la candidatura a la Presidencia del Gobierno? No supondría una sorpresa que la “tapada” en esta operación de diseño fuese la presidencia andaluza. Al día siguiente de la elección del nuevo Secretario General, Susana Díaz estaba visitándolo en Madrid con posado fotográfico callejero, probablemente para que quedase claro quién manda.

Con tantas incógnitas abiertas, a falta de concreción en los mensajes, con buenas palabras pero con mucho margen imprevisible, mirando a la dura experiencia, hay que desear, por el bien y la tranquilidad de los españoles, que no estemos ante un segundo Zapatero. Una nueva edición del zapaterismo con otro nombre. ¡Cuerpo a tierra!

Elena Valenciano y el machismo del PSOE

23 mayo 2014

La candidata que encabeza la lista socialista a las elecciones europeas del próximo domingo, vacía de ideas y con un conocimiento manifiestamente mejorable de la realidad de la Unión Europea, ha sobreactuado a cuento de una frase desafortunada de Miguel Arias Cañete, que de ninguna manera justifico pero sobre la que él ya pidió disculpas. La estrategia escapista del PSOE para eludir de la campaña los asuntos que importan en Europa, en los que el partido ha sido irrelevante, le ha funcionado ya que en los últimos días se habla sólo de machismo y por su cuenta Valenciano ha nombrado al candidato popular gran gurú de la incomprensión hacia las mujeres y se ha  autoproclamado defensora y representante del feminismo más activo.

Las acusaciones de misoginia al Partido Popular vienen siendo habituales entre los socialistas. Trinidad Jiménez, entonces ministra de Asuntos Exteriores, tachó en cierta ocasión las críticas populares a Carme Chacón por retirar las tropas de Kosovo como expresiones de machismo. No ha sido ni es extraño que tras cualquier debate parlamentario con una representante del PSOE el interviniente del Partido Popular sea adornado con el apelativo de machista sólo porque sus argumentos dolían. Me ocurrió más de una vez en el Senado en debates con Carmen Calvo o con Trinidad Jiménez.

Pero las acusaciones de machismo que los socialistas esgrimen tan a menudo chocan con la evidencia de las hemerotecas en las que el menos curioso puede encontrar en las propias filas del PSOE aquello que denuncian. Las acusaciones socialistas son un arma de doble filo. La inconsecuencia es una de las actitudes del PSOE a lo largo de su historia. Entre las últimas pruebas de incoherencia socialista se cuenta invitar a Manuel Valls, primer ministro francés, para intervenir en un mitin de Elena Valenciano en Barcelona. A Valls, el campeón de los recortes (lo que la Valenciano llama “austericidio” porque obviamente no sabe latín),  le tocó hacer el papelón de negar sus recortes, los últimos de 50.000 millones de euros, su congelación de las pensiones, los sueldos de los funcionarios, y su cerrojazo a servicios sociales. El colofón de Valls: “Si queréis ver lo que es una política de izquierda, mirad lo que estamos haciendo en Francia”. Y se quedó tan fresco. Elena Valenciano sonreía.

Las hemerotecas ofrecen algunas perlas de estos campeones del feminismo y pertinaces arietes contra el machismo.

Jesús Eguiguren, presidente del PSE-PSOE, tuvo que dimitir en mayo de 1992 como vicepresidente de la Cámara Vasca porque su mujer, Assunta Zubiarrain, le había denunciado por malos tratos y fue condenado en sentencia firme por ello. Según la sentencia el dirigente socialista propinó una paliza a su mujer que sufrió hematomas y contusiones en las zonas parietal y occipital del cuero cabelludo, en los hombros, brazos, codos, manos, glúteos y muslos. Las lesiones tardaron en curar veinte días.

Eguiguren, el maltratador juzgado y condenado, no dejó su escaño en el Parlamento Vasco, el PSOE le respaldó durante el juicio y luego le premió sucesivamente con la secretaría general del partido en Guipúzcoa, con su nombramiento por Zapatero como miembro del Comité Federal y con la presidencia del PSE-PSOE, cargo en el que continúa. Ni entonces ni desde 1992 se escuchó una sola voz crítica de las tan activas feministas ni del PSOE. Al contrario, el  número 2 de Valenciano, Ramón Jáuregui,  ha considerado en esta campaña un “incidente” el maltrato de Eguiguren a su mujer.

El machismo del PSOE,  y en general de la izquierda, está documentado desde hace muchos decenios. Puede considerarse un hito el debate parlamentario que en 1931 estableció el voto femenino en España. La derecha y el centro-derecha votaron prácticamente en bloque a favor del voto de la mujer, mientras una gran parte de la izquierda, y entre ella del PSOE, votó en contra. Sobre aquel episodio el PSOE ha ejercido la oscuridad de su amnesia. Fueron célebres algunas opiniones de líderes socialistas. Indalecio Prieto consideró la aprobación del voto de la mujer como “una puñalada trapera a la República”, y Margarita Nelken defendió su voto negativo: “Poner un voto en manos de la mujer es hoy, en España, realizar uno de los mayores anhelos del elemento reaccionario”.

En aquellos debates tuvo una participación significada, entre los diputados de izquierda que se oponían al voto femenino, el patólogo gallego Roberto Novoa. De su intervención son estas frases. “¿Por qué hemos de conceder a la mujer los mismos títulos y los mismos derechos políticos que al hombre? ¿Son organismos igualmente capacitados? (…) La mujer es toda pasión, toda figura de emoción, es todo sensibilidad; no es, en cambio, reflexión, no es espíritu crítico, no es ponderación. (…) La mujer no la domina la reflexión y el espíritu crítico; la mujer se deja llevar siempre de la emoción, de todo aquello que habla a sus sentimientos, pero en una mínima escala de la verdadera reflexión crítica. (…) El histerismo no es una enfermedad, es la propia estructura de la mujer; la mujer es eso: histerismo, y por ello es voluble, versátil, es sensibilidad de espíritu y emoción. Esto es la mujer”. Ningún socialista dijo ni pío entonces. Y luego la izquierda en su conjunto lo olvidó.

Ya en la transición hay que recordar la frase de Felipe González al poco de ser derrotado en 1996: “Aznar ha cerrado la bodeguilla para que no le metan mano a la botella”. Zapatero en su campaña electoral en 2004 se definió como “un activo feminista” y trató de ganar un puñado de votos utilizando la violencia contra las mujeres. En sus mítines denunciaba que cuando las mujeres morían asesinadas el Gobierno popular miraba hacia otro lado. Zapatero anunciaba que si le votaban a él acabaría con los asesinatos de mujeres porque se aprobaría una ley contra la violencia de género. Lo cierto es que con Zapatero en el Gobierno y aprobada la ley, que era necesaria, desgraciadamente los asesinatos de mujeres no sólo no disminuyeron sino que aumentaron. Las leyes no impiden la comisión de delitos. Zapatero concedió 16 indultos a asesinos machistas; Rajoy ninguno. Acaso es que los beneficiados tenían carnet socialista como el maltratador Eguiguren, y de ahí la indulgencia.

Zapatero, además, fue un Presidente buscador del “glamour”. Por ser mujer, joven y glamurosa nombró ministra de Cultura a Ángeles González Sinde, y así se lo dijo al cesante César Antonio Molina.  Y se dice que por ser mujer, catalana, y estar embarazada nombró ministra de Defensa a Carme Chacón.

Elena Valenciano ofrece dos perlas sexistas. Su declaración en 2013: “Me desnudaría para pedir el voto si fuese imprescindible”. Y su aseveración sobre “la fealdad” del futbolista Frank Rivéry por sus cicatrices en el rostro debidas a un accidente de automóvil que padeció a los dos años. Rivéry alguna vez recordó que por esas cicatrices se burlaban de él sus compañeros de colegio. Al cabo de los años tomó el relevo de las burlas la lenguaraz Valenciano.

Y algún otro ejemplo del muestrario machista y sexista: José Bono cuando era ministro de Defensa afirmó que “Esperanza Aguirre es de las que besan de día y muerden de noche” (2005). Tomás Gómez, entonces alcalde de Parla y hoy jerifalte socialista de Madrid, llamó a Charo Carrasco, portavoz popular en su Ayuntamiento, “cabaretera y chica fácil” (2007).  Emilio de Llera, consejero de Justicia e Interior de la Junta de Andalucía, dijo sobre la jueza Mercedes Alaya: “Trabaja mucho y además sigue guapa” (2012). Jesús Valderas, hoy vicepresidente de la Junta de Andalucía (IU), delante de Cayo Lara: “¿Sabes que la delegada de Educación es la de las tetas gordas”? (2012). Se refería a Blanca Alcántara. La caseta del PSOE en la Feria de Melilla utilizó como reclamo publicitario la posibilidad de hacerse fotos junto a una conocida actriz porno (2013). Jesús Ferrera, secretario del PSOE en Huelva recomendó: “Que Fátima Báñez haga punto de cruz  en lugar de ser ministra” (2013). Diego Díaz Jiménez (IU), concejal de Manilva, escribió que la secretaria general del Partido Popular, María Dolores de Cospedal, “no está mal sexualmente” (2013).

No se conoce disculpa alguna por parte de esos machistas. Tampoco las activas feministas levantaron la voz para denunciar estas lindezas, probablemente porque la izquierda tiene barra libre para decir lo que quiera sin consecuencias.

En 2013 tres activistas de FEMEN interrumpieron a pecho descubierto una sesión plenaria del Congreso de los Diputados. Recibieron aplausos de los escaños de la izquierda, y la comprensión de la portavoz socialista Soraya Rodríguez hacia “esa forma de protesta” que entendió “como cualquier otra”. Parece evidente que aquella escenificación era sexista. Que se reivindique la igualdad utilizando el desnudo femenino no es de recibo. Además, la actuación de aquellas  feministas viene recogida en el artículo 497 del Código Penal. La ley le importa bien poco a la izquierda cuando le conviene.

Desde aquel posado glamuroso en 2004 de la vicepresidenta y las  ministras del primer Gobierno de Zapatero para “Vogue” ante el palacio de la Moncloa, utilizando el edificio presidencial y el mobiliario oficial, con una escenificación de pieles y vistiendo ropa de diseño, no entiendo algunas formas socialistas y del conjunto de la izquierda para defender la igualdad. Si aquel posado tenía como objeto manifestar la paridad del Gobierno socialista ¿por qué no se programó también otro posado con los ministros vestidos de Armani? Parece obvio que aquellas imágenes no cumplieron el objetivo apetecido por Zapatero ya que resultaban cuanto menos clasistas.

Me inquieta que nuestras activas feministas no hayan alzado su voz condenando el secuestro de más de dos centenares de niñas en Nigeria con riesgo cierto de ser violadas y vendidas como esclavas. Si lo han hecho su voz ha sido muy queda. La izquierda española, con el socialismo como ariete, es muy complaciente con las desigualdades de derechos y el papel de la mujer en el Islam. Mira para otro lado. Su pintoresca y anacrónica batalla para “recuperar” la mezquita-catedral de Córdoba, antigua mezquita musulmana y antes basílica visigoda de San Vicente Mártir,  no hubiese existido si el proceso fuese a la inversa. La mentira y la incoherencia, aderezadas por la amnesia, van en el ADN del PSOE y del conjunto de la izquierda. En esa zona de sombra hay que situar su machismo y su sexismo.

El abrazo del oso y el supervisor de nubes

27 abril 2014

Según avanza la legislatura va aclarándose el paisaje, sobre todo cuando el ambiente tiene ya olor electoral. Quienes van despejando sus nieblas son los partidos que apuntalaban sus posibilidades electorales en la indefinición. A UPyD, por ejemplo, le han salido competidores en los que consideraba caladeros electorales: la derecha despistada y el centro.

Rosa Díez, que no sólo es la mano de hierro de su  partido, es el partido mismo, ha girado a la izquierda, o sea: se ha quitado el disfraz. Sus declaraciones repudiando la celebración de un funeral de Estado por Adolfo Suárez, y criticando la interpretación del Himno Nacional durante la consagración, fueron sintomáticas, aparte de pruebas de la  incultura de quien profesionalmente no es otra cosa que una administrativa del Gobierno Vasco venida a más desde la soberbia tanto como desde el zigzagueo político. Corresponde a la cultura general saber que en la consagración de la misa no se toca himno alguno, sino inmediatamente después. También debería figurar entre los conocimientos de un líder de partido que la celebración de funerales de Estado no es decisión de los Gobiernos, sino del ámbito familiar.

Se recuerda por su relevancia el funeral por Mitterrand, 1996, en la catedral de Notre-Dame, en la que el cardenal–arzobispo de París Lustiger se refirió en su homilía a algunas opiniones  del ex–presidente socialista  francés sobre la “sequía espiritual” de nuestro tiempo. Al funeral en Notre-Dame asistieron más de sesenta jefes de Estado y de Gobierno y representaciones de un centenar de países, en un Estado como Francia cuya Constitución lo define como laico y no como aconfesional, que es lo que señala nuestra Constitución en el caso de España. No sé si Díez llegará a diferenciar ambos conceptos. En aquella ocasión Felipe González definió a Mitterrand: “Era un hombre de formación católica y, aunque agnóstico, no renunciaba a ella”. Probablemente pensaba en sí mismo que a la hora de elegir un centro universitario para ampliar sus estudios optó por la Universidad Católica de Lovaina.

UPyD, que ha padecido una sangría de abandonos de no pocas de sus organizaciones locales, provinciales y regionales por “el autoritarismo” de Rosa Díez, apoya ya abiertamente al PSOE y a IU en varios parlamentos autonómicos. La Asamblea de Madrid es un ejemplo en donde se ha conformado un tripartito, una especie de frente anti-PP. De la indefinición mantenida por UPyD desde el principio de la legislatura, con permanentes abstenciones incluso en las iniciativas más sorprendentes, lo que hizo que muchos en la Asamblea llamaran al partido de Rosa Díez “Unión, Progreso y Abstencion”,  ha pasado a votar comúnmente con la izquierda convirtiéndose en un caballo de Troya para tocar poder al precio que sea si el PP llegara a perder la mayoría suficiente. Y eso deben saberlo y reflexionarlo algunos despistados que desde el centro y la derecha pudieran creer aún que UPyD puede representar un día sus principios.

Los impacientes diputados del partido de Rosa Díez en la Asamblea padecen adanismo porque creen que la Comunidad de Madrid y la Asamblea de Madrid no existían antes de llegar ellos a la política y que nadie se ocupaba de resolver los problemas de los madrileños hasta su aparición en la escena. Ahora han optado por recibir el abrazo del oso de la izquierda radical sin reflexionar sobre sus consecuencias. El abrazo del oso suele ser mortal. Imaginar un Gobierno regional formado por este tripartito de ocasión pivotando sobre un radicalismo desbocado, una percepción irreal, un intervencionismo  trasnochado y unas ideas que no circulan ya en Europa, es para  echarse a temblar.

Mientras, el PSOE se enfrenta a la desorientación más acusada de su historia tras el desencuentro consigo mismo que supuso la peor derrota sufrida por el partido, la de las últimas elecciones generales. Rubalcaba es un líder amortizado ya en sus propias filas que ahora padece el último acto de una supervivencia política que probablemente le sorprende a él mismo. Ya se vive el principio de la superación de la crisis gracias a las medidas del Gobierno de Rajoy que el PSOE, y no digamos IU, previeron inútiles.  Toda noticia positiva en los indicadores de crecimiento económico, constatada y valorada por instituciones y organismos internacionales, resulta ser una mala nueva para la oposición, y en especial para los socialistas.  Lo que conviene al conjunto de los españoles parece que no beneficia las estrategias partidistas de la izquierda. Cuanto mejor para todos, peor para quienes negaron la crisis, no fueron capaces de atajarla porque no se podía solucionar lo que según ellos no existía, y con una amnesia culpable pretendieron, desde que llegaron a la oposición, la recuperación del poder poniendo palos en las ruedas del Gobierno y votando negativamente a todas sus medidas por razonables que fuesen. Incluso a medidas ya iniciadas en la etapa de Zapatero, como la estabilidad presupuestaria.

Al mismo tiempo, el equipo de perdedores que eligió Rubalcaba para la cúpula del PSOE, Elena Valenciano y Óscar López, hacen permanentemente el ridículo. Valenciano fue la directora de campaña de Rubalcaba en las elecciones generales, con los peores resultados del PSOE en su historia, y López fue el candidato a la Presidencia de Castilla y León que consiguió menos votos desde las primeras elecciones autonómicas en aquella Comunidad. Son conocidas sus contradicciones. La última, menor pero significativa: la exigencia socialista a Arias Cañete para que dimita como ministro porque encabeza la lista popular a los comicios europeos. Sigue la amnesia del PSOE. Juan Fernando López Aguilar, nombrado candidato a la Presidencia de Canarias en octubre de 2006, fue mantenido por Zapatero como ministro de Justicia hasta febrero de 2007. Ahora este mismo personaje se ha atrevido a decir que “es una técnica miserable y despreciable permitir a Cañete calentar el sillón en el Consejo de ministros”.  En diciembre de 2006 el entonces ministro hoy desmemoriado aseguraba que iba a seguir atendiendo todas sus obligaciones de ministro y que no le apartarían de ellas “ni la demagogia, ni el nerviosismo ni la falta de estilo del Partido Popular”. Ocho años después López Aguilar piensa lo contrario y con evidente desvergüenza política lo proclama.

El gran refuerzo de la campaña de Elena Valenciano es Zapatero que se ha definido como “valencianista”, aunque acaso se refería a que es seguidor del Valencia Club de Fútbol, lo que sería apelativo más propio. El causante del despilfarro, los millones de parados y el agravamiento de la crisis económica se atreve a ofrecer fórmulas a Europa a través de un PSOE que él dejó bajo mínimos.

El supervisor de nubes ha abandonado la hamaca para lanzar sobre los socialistas sus homilías políticas. Es hombre de escasos mimbres, y ni siquiera lo de sentarse a supervisar nubes es de su cosecha. Ramón Gómez de la Serna se le anticipó; la frase de Zapatero es un plagio. El gran Ramón escribió: “El mejor destino es el de supervisor de nubes acostado en una hamaca y mirando al cielo”. Pero para ese menester no tenía que dejar la Moncloa. Zapatero ya supervisaba nubes mientras el país se hundía. A los interesados en profundizar en el asunto les recomiendo la lectura del libro “Recuerdos” de Pedro Solbes. Que Zapatero entre en campaña para ofrecer recetas a Europa es como si Carpanta ejerciese de asesor de un vegetariano.