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El debate “decisivo”

8 diciembre 2015

Escribo en la madrugada y ya se conocen valoraciones de los medios de comunicación sobre el que ha sido presentado como el debate “decisivo” de esta campaña electoral entre Soraya Sáenz de Santamaría, Pedro Sánchez, Albert Rivera y Pablo Iglesias. Como soy veterano escribir este comentario me trae recuerdos de mi larga etapa como analista antes de pasar de la fila cero al escenario de la política. Me referiré, sobre todo, a las intervenciones de los aspirantes. Tuve un profesor que el primer día de clase nos decía que él sabía todo sobre la asignatura y nosotros debíamos aplicarnos para saber una pequeña parte de lo que él sabía. Soraya, además de responsabilidades anteriores, tras cuatro años como portavoz de la oposición y cuatro como vicepresidente del Gobierno, se sabe bien la asignatura. No es aspirante sino titular.

Sánchez fue diputado por Madrid en dos legislaturas por renuncia de sus titulares Pedro Solbes y Cristina Narbona, y ha ejercido como secretario general del PSOE desde julio de 2014, poco más de un año. Rivera trabajó en La Caixa y se convirtió en presidente de Ciudadanos en 2006. Ese año fue elegido diputado del Parlamento de Cataluña, reelegido hasta las últimas elecciones autonómicas. Iglesias, iniciado en política en IU, fue profesor interino de la Complutense; fundó Podemos en 2014 del que fue elegido secretario general. Se convirtió en tertuliano de diversas televisiones lo que favoreció su acceso a la política. Él mismo se reconoció iniciador de la campaña por móvil que promovió el acoso a sedes del PP en el día anterior a las elecciones generales de 2004 tras los atentados de Atocha. No es un timbre de orgullo haber vulnerado la jornada electoral. entonces Pablo estaba en la caspa no en la casta.

En los debates preelectorales los participantes suelen conformarse con salvar los muebles. En éste iban a ganar. Había que saber quién liderará la oposición en la próxima legislatura. Sánchez se juega su futuro político porque lo miran con catalejo desde Sevilla. No fue una sorpresa que entre las balas en la recámara de los aspirantes figurasen la corrupción como tema fuerte y la ausencia de Rajoy como tema de acompañamiento y múltiple referencia.

La vicepresidenta tenía clara su respuesta al último reproche: el PP es un partido con banquillo, un equipo, un partido que gobierna. No un partido de tirón unipersonal y de aluvión como Ciudadanos y Podemos. Rajoy podía estar viendo este debate desde un sillón y reservarse para el debate de siempre entre quien ostenta la Presidencia del Gobierno y quien aspira a ocuparla. Y ese debate será el próximo día 14. En anteriores elecciones nadie pidió que en debates de cuatro, cinco o seis líderes estuviese el Presidente del Gobierno. Nadie en serio podía esperar que Rajoy participase en ese debate con Rivera e Iglesias, porque el debate con Sánchez ya está cerrado y tiene fecha. Es como si un cardenal fuese a un debate con un par de obispos aunque fuesen aspirantes a llegar al Sacro Colegio Cardenalicio. Ni Rivera ni Iglesias están en el Congreso de los Diputados y sus partidos tampoco. Su resquemor por la ausencia de Rajoy fue una impostura, a mi juicio poco elegante, de cara a la galería.

En cuanto a la insistencia en el tema de la corrupción, la vicepresidenta estuvo amable, prudente, y creo que acertó. Le hubiese sido fácil a Soraya recordarle machaconamente a Sánchez los ERES o los cursos de formación en Andalucía, o la última legislatura de Felipe González con ministros en la cárcel, secretarios de Estado procesados, y hasta el director general de la Guardia Civil, la directora del BOE y cuatro presidentes de Comunidad Autónoma imputados o en prisión. Soraya solo se refirió de pasada a los ERES. Las maniobras socialistas para dificultar el enjuiciamiento de dos expresidentes del PSOE, Chaves y Griñán, y la presión a la juez Alaya, incluso con manifestaciones ante su juzgado, pasarán a la historia negra del acoso a la Justicia. Y Soraya no exhumó para Iglesias los casos Errejón o Monedero; sólo citó a este último, de pasada; siguió eludiendo la agresividad.

Pablo Iglesias estuvo en Pablo Iglesias, si bien en su versión moderada que es la que toca ante unas elecciones en las que puede entrar en la meta el cuarto de cuatro, pese a que ya tiene elegidos sus ministros de Defensa y de Justicia, el ex-general Rodríguez (situar a un militar en Defensa no ocurre desde la aprobación de la Constitución; vuelta a la vieja política) y la ex-juez Rosell (investigada por un presunto caso de corrupción). Pablo estuvo sobrado, como es habitual, en camisa, y hábil. No peca de humilde. Lanzó sus mensajes con firmeza y trató de arañar votos al PSOE. Citó a Carmena y a Kichi y dos veces a Colau afirmando que esas franquicias de Podemos ganaron las elecciones, y olvidó que gobiernan esas ciudades gracias, entre otros, al PSOE. Carmena tiene 20 de 57 concejales; Colau 11 de 41 y Kichi 8 de 27. Resaltó Pablo que Kichi ha pagado las deudas municipales, y mintió. Reproduzco el titular de una noticia del pasado día 9 de octubre: “La banca se niega a financiar más deuda y Hacienda podría reducir las transferencias al municipio para pagar a sus proveedores”.

A los fieles de Podemos probablemente les dará igual que Pablo no conociese que la Constitución incluye la Educación entre los derechos de los ciudadanos, que asegurase que en 1977 hubo un referéndum en Andalucía para decidir si los andaluces querían seguir en España (¡no había entonces Constitución!),  que hiciese una cita en un inglés propio de cualquier niño de  colegio , y que atribuyese a Churchill una conocida frase del economista y Premio Nobel de Economía Ronald Coase. Tras confundir en su anterior debate con Rivera el título de Kant “Crítica de la razón pura” al que se refirió como “Ética de la razón pura”, estos lapsus de Pablo Iglesias sobre filosofía, historia y constitucionalismo no deben sorprendernos. Lo chocante es que sea profesor interino de Ciencia Política. ¿Qué sabiduría traslada a sus alumnos?

Los fieles de Podemos se lo tragan todo porque a estas cosillas culturales parece que no les dan importancia.Seguro que nadie se carcajea de Pablo por su desconocimiento del idioma inglés y que no se reproducirá lo que se montó con aquello del cafelito en la Plaza Mayor de Ana Botella. Pablo quiere gobernar como si actuase permanentemente en un plató de televisión. Aunque su desconocimiento se derrame urbi et orbi en cuanto buscas lo subcutáneo; bajo el barniz.

El otro candidato televisivo, Albert Rivera, es un personaje que también va sobrado, aunque él con más presumibles asistencias electorales que Pablo. Soraya no apagó algunas de las chispas de sus fogosas propuestas;  ya he insistido que la vicepresidente mantenía amordazada la agresividad.

¿Qué es ese batiburrillo de convertir el Senado en una conferencia de Presidentes de Autonomías? El aspirante no tiene idea de la división de poderes Ejecutivo y  Legislativo. Citó el modelo alemán, pero está claro que no sabe lo que es el Bundesrat, que constitucionalmente no forma parte de Parlamento, ni creo que Albert sepa tampoco lo que es el Bundestag. Tiene una cierta empanada. Las Autonomías españolas no son los Estados Federados alemanes. Se mantuvo en la indefinición que le ha producido tantas adhesiones. Quien no se define puede poner huevos sin riesgo en todos los cestos, aunque cuando llegan unas elecciones las propuestas deben aclararse. Soraya se lo dijo hasta dos veces: “Una cosa es hablar y otra gobernar”. No sabía Albert ni que se habían aprobado leyes sobre transparencia y anticorrupción en el Congreso de los Diputados. Estuvo nervioso, vaporoso, y al menos dejó claro que no apoyaría ni a Sánchez ni a Rajoy. Algo es algo. ¿Y entonces?

Sánchez estuvo nervioso, los asistentes le secaban el sudor de la frente en los tiempos muertos, y actuó desde una posición a veces recelosa y casi siempre defensiva. Sin embargo atacó a Podemos, que es su competidor en la izquierda, y al PP que es su oponente. Parecía afectado por los sondeos y que estaba en una confrontación dialéctica para ver quién de los tres “colocados” será jefe de la oposición tras el día 20.

El secretario general del PSOE invocó el pacto antiterrorista. Soraya no quiso recordarle que mientras Zapatero firmaba ese pacto (se supo más tarde)  negociaba con ETA, y casi a la misma hora en que el entonces ya presidente del Gobierno aseguraba que ETA no atentaría más se produjo el atentado de la terminal de Barajas. No sabía la cuantía de las prestaciones por desempleo, ni siquiera pudo entrar con conocimiento en la vigente ley de Educación, y se cuidó mucho de no referirse al inicio de la crisis económica. Aseguró que el PSOE es la solución (en economía siempre fue el problema) y negó que fuese posible bajar impuestos, pero sin dar una cifra. Recuerdo que eso lo repetía Gómez en la Comunidad de Madrid y se bajaron una y otra vez. Los socialistas suben los impuestos, el PP los baja. Eso es lo que la experiencia demuestra, salvo cuando se encuentra con una deuda oculta de 30.000 millones de euros, como le ocurrió a Rajoy al llegar a la Moncloa.

Tampoco supo Sánchez rebatir las cifras de Soraya sobre creación de 1.500 empleos diarios cuando el PSOE destruyó 1.500 empleos cada día durante su Gobierno, y solo dijo que se creaba empleo precario; antes ninguno. Cuando  Sánchez habló de corrupción  olvidó decir que el PSOE no votó a favor ninguna de las leyes en pro de la transparencia y en contra de la corrupción que se han aprobado en el Parlamento durante la  legislatura recién concluida.

El debate me resultó interesante sin más sorpresas que las nebulosas de los aspirantes y los errores de Pablo en sus citas  incluso en dos idiomas. A mi juicio Sánchez perdió el debate. Estaba inseguro. Creo que con sus intervenciones cedió votos a Podemos. Rivera se mostró indefinido, trató de aparecer equidistante, y en lo que se definió le dio votos al PP porque rompió la falsa imagen que tanto le interesa a la izquierda (y a veces a él) de que Ciudadanos es una especie de palanca de apoyo al PP; no lo es. Los habituales votantes del PP deben tenerlo claro. Iglesias se mostró firme e impecable para sus seguidores que no valorarán sus lagunas. Quitó votos al PSOE. Soraya no quiso estar agresiva y se mostró serena y experimentada. Compárese el último minuto de cada contrincante, su mensaje final. Los tres aspirantes atacando al competidor y Soraya desde una reflexión en positivo sin atacar a nadie. Creo que el PP tras el debate ampliará sus votos y recibirá votos de Ciudadanos. A mi juicio, el debate lo han ganado Soraya por la derecha y Pablo por la izquierda. Soraya abriendo el abanico de su clientela y Pablo recuperando sus apoyos perdidos.

Durante todo el debate Sánchez podía repetirse para sí, como en una psicofonía,  las palabras de Susana Díaz descartando un pacto a tres, de perdedores: “Quien  gane las elecciones tiene que formar  Gobierno”. La enésima discrepancia entre la Presidenta de Andalucía ¿y su antecesor en Ferraz?

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Mentiras y gordas

12 marzo 2011

La película “Mentiras y gordas”, de la que toma su título este post, se estrenó en 2009 y, según definió en su día “El Pais”, es una “comedia de sexo explícito”. Confieso que no me cuento entre sus espectadores. El guión es de Ángeles González-Sinde, que era Presidenta de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas, copia en plastilina de la de Hollywood. Al poco tiempo González-Sinde fue nombrada ministra de Cultura por Zapatero, al no aceptar el cargo Miguel Bosé al que se lo ofreció. “Mentiras y Gordas” fue un éxito. Consiguió más de cuatro millones de euros en taquilla y su coste no había llegado a los tres millones. Pese a ello, la película recibió en diciembre de 2010 un millón de euros de subvención del Ministerio de Cultura. La Orden que concedía tan jugosa ayuda estaba firmada por Carlos Cuadros, Director del ICAA, y antes director de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas cuando la ya ministra era presidenta. Todo quedaba en casa.

El título “Mentiras y Gordas” parece una definición del Gobierno de Zapatero. Aquel Gobierno que iba a suponer que los españoles nos encontrásemos, porque nos lo merecíamos, un equipo gubernamental que no mintiese (Rubalcaba dixit), ha resultado ser el mayor expendedor de mentiras, y gordas, que ha conocido la historia de la democracia.

Las mentiras y gordas se habían iniciado falseando la realidad sobre la intervención española en Irak, prosiguieron con la negación de la crisis económica y sus desastrosas consecuencias (no se tomaron medidas porque no se puede arreglar algo cuya existencia se niega), y han escrito sus últimos capítulos con la mentira y gorda de Rubalcaba falseando el requerimiento judicial sobre los Tedax del 11-M; la mentira y gorda de Chaves que dijo desconocer que su hija era apoderada de la empresa a la que la Junta de Andalucía concedió diez millones de euros de ayuda; la mentira y gorda del mismo personaje al asegurar su desconocimiento de los cientos de expedientes de regulación de empleo falsos que beneficiaban a cargos de la Junta de Andalucía y del PSOE y a sus familiares; la mentira y gorda de Chacón celebrando el décimo aniversario de la supresión de la mili sin mencionar a quién lo decidió: el presidente Aznar; la mentira y gorda de Salgado que proclama cada día que la economía española se acerca, también cada día, a climas de bonanza… Y tantas otras mentiras.

El brujo de las mentiras, el gran sacerdote de las mentiras y gordas en estado puro, es Zapatero. La última mentira y gorda (seguramente ya la penúltima porque en esto el presidente del Gobierno que gozamos es el rayo que no cesa), ha sido asegurar que él no se fía de la colleja que nos ha dado la prestigiosa agencia de medición de riesgos Moody’s al bajar nuevamente la calificación de riesgo de la deuda soberana española porque “los costes de la reestructuración del sistema financiero provocarán un aumento del déficit”. Según Zapatero, nuestro optimista convulsivo, se fía del Banco de España, que prevé “sólo” unos 20.000 millones de euros para reflotarlo, y no de Moody’s. ¿Por qué? “Porque el Banco de España es una institución fiable”. Se le debió alargar la nariz a nuestro Pinocho particular. Resulta que cuando en 2006 el mismo Banco de España, tan fiable, le anunció en un Informe que la crisis que se avecinaba afectaría más a España que a la mayoría de nuestros socios europeos y que era necesario tomar medidas urgentes, Zapatero entendió que el Banco de España exageraba y no hizo nada. Año y medio después afrontó la campaña de las elecciones generales negando la crisis y acusando de “antipatriotas” a quienes la anunciaban, por ejemplo al Partido Popular. Un ilustre sindicalista ante otra de las advertencias del Banco de España dijo, muy fino, que su gobernador debería “irse a su puta casa”. Con estos “economistas” aficionados, aprendices de todo y maestros de nada, no vamos a ninguna parte sino al hoyo.

Zapatero ha producido últimamente algunas afirmaciones jugosas. Nunca nos decepciona. Por ejemplo, en el último Comité Federal del PSOE lanzó a sus compañeros la siguiente perla: “Se gana cuando se sale a ganar”. Como si alguien saliese a perder. En democracia no gana quien sale a ganar sino quien recibe el apoyo de las urnas, porque todos los contendientes quieren ganar como es natural y lógico.

Zapatero ha mentido de nuevo, como no, en sus predicciones económicas o, al menos, ha persistido en su optimismo de tsunami. En el Pleno del Congreso anunció una inminente recuperación. Prometió empleo en un mes. Inmediatamente una encuesta del CIS constató que el pueblo español ya no cree en la frágil palabra de Zapatero. Tres de cada cuatro españoles creen que la situación será igual o peor en un año. Y luego llega el veredicto de Moody’s. Rajoy recordó al presidente que “sus palabras siempre se ven desmentidas por la realidad; con usted es muy difícil que el paro baje del 20%”. Zapatero recordó a Rajoy, naturalmente en el ultimo turno de palabra que no permite respuesta, que “conmigo en el Gobierno tuvimos la tasa de paro más baja de la historia de la democracia: el 8%”. El presidente jugaba con las cifras ya que olvidó decir que ese dato procedía de la situación anterior, la del Gobierno del Partido Popular; se benefició del “efecto Aznar”, que había creado cinco millones de empleos; Zapatero ha creado de hecho, sin cosméticas, cinco millones de parados. Nuestro optimista mayor del Reino ha sido y es el mayor creador de paro de la Unión Europea.

El optimismo antropológico de Zapatero tiene hitos señeros. Como profeta no tiene precio. Algunas de estas profecías, en definitiva mentiras y gordas, las recordé en un post hace quinces meses (“La mentira considerada como una de las bellas artes”), y otras son recientes. Por ejemplo:

3 de julio de 2007 (1.965.869 parados): “Lo anunciaré de forma sencilla pero ambiciosa: la próxima legislatura lograremos el pleno empleo en España”. (En aquella fecha un informe del Banco de España ya había advertido a Zapatero de la gravedad de la crisis que él negaba).

3 de marzo de 2008 (2.315.331 parados): “La desaceleración económica en España no va a ser profunda ni prolongada; prometo crear dos millones de empleos”.

9 de mayo de 2008 (2.353.575 parados): “España tiene condiciones para llegar a los niveles de empleo que supongan pleno empleo técnico”.

30 de diciembre de 2008 (2.989.269 parados): “Tenemos fortaleza para salir adelante; en el próximo mes de marzo comenzará a crearse empleo de manera intensa”.

30 de diciembre de 2009 (3.923.609 parados): “En 2010 se pasará de la fuerte pérdida de empleo a la moderación en esa pérdida y a la creación de puestos de trabajo a final de año”.

18 de noviembre de 2010 (4.085.976 parados): “El sector servicios está casi estabilizado y la industria y la construcción han moderado claramente sus ritmos de caida”.

31 de enero de 2011 (4.231.003 parados): “El empleo neto lo vamos a crear en la segunda parte de este año”.

9 de marzo de 2011 (4.299.263 parados): “La recuperación del empleo empezará este mismo mes de marzo, con toda seguridad”.

Este Zapatero es el mismo que aseguró solemne en abril de 2008: “La peor previsión sobre el paro será mejor que la que tuvo el Partido Popular”. ¡Manda huevos! Y  es el mismo Zapatero al que “The Economist” recibía, el 7 de enero de 2010, en la inauguración de su presidencia de turno de la Unión Europea, con este saludo: “Los editoriales de toda la UE se toman a risa la idea de que Zapatero vaya a asesorar a Europa sobre la recuperación económica».

Por cierto, el índice de miseria de España es el más alto de la Unión Europea, junto al de Lituania. El índice de la media europea es del 12,4% y el de España es del 22,9%. Nada más y nada menos.

Otra reciente perla de Zapatero dejó estupefacto al presidente chileno Sebastián Piñera. Fue en el Palacio de la Moncloa y gracias a esa confusión habitual de nuestro presidente entre lo institucional y lo partidista. Aprovechó tan solemne ocasión para ridiculizar a Mariano Rajoy en presencia de un jefe de Estado extranjero. Zapatero recomendó a Rajoy que hablase con Dios para saber qué plan de ahorro energético había que hacer porque el jefe de la oposición le había exigido un plan energético “como Dios manda”. Una gracieta sin precedentes en los usos internacionales.

Me encantaría saber qué comentarios se hicieron sobre tal ocurrencia en la comida en la Embajada de Chile a la que invitó Piñera a Rajoy, a Aznar, a Aguirre, a Cospedal y a Sáenz de Santamaría. Por la mañana Zapatero no había querido asistir a la recepción que ofreció a Piñera el Parlamento español en el Congreso de los Diputados. El presidente estaba en su despacho de la Cámara, que celebraba Pleno inmediatamente después, pero se quedó allí meditando o haciendo pajaritas de papel. Sí asistió cuando se ofreció, por ejemplo, una recepción similar a la presidenta de Argentina, Cristina Kirchner. Él sabrá. Pero en medios diplomáticos chilenos la ausencia de Zapatero, que parecía medida en sus consecuencias, no sentó nada bien.

En la gracieta de Zapatero sobre Dios se palpa el peso de la llamada Alianza de Civilizaciones”. ¿Se hubiese permitido Zapatero una broma semejante con Alá o con Mahoma, su profeta? Nuestro presidente es único, qué suerte tenemos los españoles. Zapatero debería mirar a Europa, más allá de su larga nariz de Pinocho. Jonas Gahr Stor, ministro de Asuntos Exteriores de Noruega, ha declarado que se rechazarán las donaciones millonarias de Arabia Saudí y de diversos empresarios musulmanes para financiar la construcción de mezquitas en Noruega. Según el ministro Gahr Stor las comunidades religiosas tienen derecho a recibir ayuda financiera, pero el gobierno noruego no apoya la financiación islámica con cientos de millones de euros. Jonas Gahr Stor afirmó que “sería paradójico y antinatural aceptar las fuentes de financiación de un país donde no hay libertad religiosa”. El ministro dijo que “la aceptación de ese dinero sería una paradoja” y recordó la prohibición que existe en el país árabe para la construcción de iglesias.

En este complejo de culpa (?) que muchos padecen en España ante todo lo que no sea tradicional o consustancial con nuestra propia realidad y nuestra historia, apoyan a Zapatero muchos socialistas, y algunos de ellos desde el esperpento. Por ejemplo, el Ayuntamiento socialista de Logroño ha publicado un calendario en el que se indican las fechas del nacimiento de Mahoma, la Fiesta del Cordero y otras celebraciones islámicas. En ese calendario no aparece el día de Santiago Apóstol (Patrón de España, 25 de julio) ni el día de la Virgen del Pilar (Patrona de España, 12 de octubre). El día de la Independencia de Pakistán sustituye a la Asunción de María (15 de agosto). El día de San Mateo deja de ser el del Patrón de Logroño para convertirse en Fiesta de la Vendimia. No veo que en ningún país de mayoría islámica nos traten a los “infieles” con tanta consideración y mimo. Así están las cosas.

El resultado de tanto despropósito de estos siete años políticamente nublados es que la marca Zapatero no vende. De aquel personalismo del omnipresente anagrama “ZP” de 2004 o del signo de la “ceja” no queda nada. Los candidatos del próximo 22 de mayo no quieren ver aparecer a su jefe por sus circunscripciones. Incluso esconden las siglas “PSOE” de sus escenarios y reclamos electorales. Como hace Tomás Gómez, al que tenemos cerca.

Blanco, eso sí, saca pecho de la nada y llama “cobarde” y “antipatriota” a Rajoy (otra vez, collons) porque dice que no quiere resolver la crisis económica sino “ganar al PSOE” y que “no le mueve el amor a España”. Esto lo decía el ministro en Alcorcón en un mitin junto a su enemigo íntimo el esquinado Tomás Gómez. Blanco insulta a los demás pero se molesta cuando alguien le llama Pepiño, qué cosas. Que Blanco de lecciones de amor a España me emociona.

En ese mismo mitin Gómez acusó a Esperanza Aguirre de “apoyar el liberalismo económico” que es un modo como otro cualquiera de atacar a Zapatero que está poniendo en práctica contra la crisis las medidas que le dictan Merkel, Sarkozy, Obama y hasta Wen Jiabao, que son las del liberalismo económico. También acusó Gómez a Aguirre de querer imponer el copago sanitario, pese a que la propia Aguirre lo ha negado expresamente asegurando que eso no ocurriría “mientras yo sea presidenta”. En 2007 Simancas (el perdedor que antecedió a Gómez como candidato) ya predijo que a los nuevos hospitales habría que ir con tarjeta de crédito y no con la tarjeta sanitaria. Ya se vio.

Estas últimas mentiras y gordas me recuerdan cuando en 1996 Felipe González decía que Aznar congelaría las pensiones. Y el que las ha congelado ha sido el socialista Zapatero. Mentiras y gordas, una tras otra. El miedo al hundimiento electoral lleva al ridículo. Estos personajes no sólo se han cargado la credibilidad y la confianza internacional en España; se han cargado al PSOE como opción de gobierno para muchos años. ¿Es que no hay nadie en sus filas que se movilice contra esa evidente arma letal?

De elecciones y reflexiones

28 febrero 2009

Hoy es jornada de reflexión en el País Vasco y Galicia. Mañana los ciudadanos de esas dos Comunidades acudirán a las urnas. Pero no podrán hacerlo todos los que quisieran. Hay doscientos mil vascos que han tenido que abandonar su tierra por miedo, por sentirse amenazados. Y esos ciudadanos no tienen derecho a votar porque por temas serios: por ejemplo escolarizar a sus hijos, o por temas menores: por ejemplo optar a una plaza de aparcamiento para residentes, entre otros motivos, han tenido que empadronarse en la ciudad que les ha acogido tras su exilio forzado.

El último alejado del País Vasco por miedo es el ciudadano de Lazcano, Emilio “el del mazo”.  La política de exclusión en el País Vasco se asemeja a la de los nazis en la Alemania de la anteguerra mundial. Pero parece que siempre pasa nada.

Si esos ciudadanos vascos residiesen en el extranjero tendrían derecho a voto. Pero como viven en un doloroso exilio interior, no lo tienen. Estas situaciones son las que el Gobierno tendría que resolver. Y doscientos mil votos suponen el diez por ciento del censo de votantes, y potenciamente darían un vuelco electoral a cualquier elección. ¿Que han hecho los sucesivos Gobiernos, los del Partido Popular incluídos, para resolver ésto? Nada.   

O el asunto pendiente más grave: la reforma de la Ley Electoral, que no se atrevieron a afrontar los sucesivos Gobiernos de la Nación. Es sorprendente, y si hablamos con cualquier analista extranjero, imparcial,  sabremos lo que se opina por esos mundos, que con el mismo número de votos los partidos nacionalistas condicionen los Gobiernos no sólo de sus Comunidades sino los Gobiernos de España.

Por ejemplo, podría exigirse a cualquier formación de ámbito regional que para optar a la representación en las Cámaras de la Nación tuviesen que presentar candidaturas al menos en la mitad más una de las circunscripciones electorales. Su representación electoral regional debería concluir en los Parlamentos de sus Autonomías, y la hipotética representación nacional debería cumplir otras condiciones. El modelo actual  fue un pacto de la transición, que quiso contentar a todos, pero su perversión democrática ha quedado muy clara en los treinta años de vigencia constitucional.

Poco queda para la sorpresa  en el País Vasco, porque si no gana el Partido Popular, el PSOE ya ha dicho que no pactará con  él. O sea que pactará con el PNV otra vez. Sin embargo, el PSOE tiene un colchón: el Partido Popular  le apoyaría en la investidura para que no gobernasen los nacionalistas y hubiese un Gobierno constitucionalista. Con todo, la estrategia del PSOE sigue siendo clara desde 2004: expulsar de todos los Gobiernos, autonómicos y nacionales, al Partido Popular pactando con quien sea. Así lo han hecho y así lo seguirán haciendo. Además el PSOE necesita al PNV para conseguir, a cualquier precio, y suele ser muy caro, ganar votaciones en el Parlamento de Madrid.

En Galicia podría gobernar el Partido Popular, porque ganar nadie duda que ganará. Así se pondría fin a la esquizofrénica Administración de Touriño-Quintana que ha supuesto dos Gobiernos y no uno. La corrupción, el despilfarro, los despropósitos del PSOE y del BNG, han empobrecido a los gallegos. Con tracas finales como el ático de Pepiño, los coches y el despacho de Touriño, la travesía en yate de Quintana con desembocadura en un contrato supermillonario, o las obras sin licencia en la casa de Vázquez, consejero de Medio Ambiente de la Xunta, que por cierto es propietario también de un lujoso piso en “villa PSOE” vulnerando no sólo la Ley de Costas nacional sino también la Ley del Litoral de su propio Gobierno y, aún más, de su propia Consejería.

Lo del Gobierno del PSOE-BNG en Galicia ha sido una agonía que han pagado los gallegos y que espero, salvo manipulación no improbale del voto exterior, que concluya mañana. En cualquier país normal ese Gobierno, como también el tripartito catalán, debería haber caído por la desvergüenza de sus enfrentamientos internos.

Por enfrentamientos internos cayeron casi todos los gobiernos de la II República. En cinco años la II República, presentada como un paraíso democrático por quienes escriben su amañada “memoria histórica”, tuvo veintiseis Gobiernos. Sólo uno de ellos, el último, duró un año, con lo que en los otros cuatro años se sucedieron veinticinco Gobiernos. Hubo Gobiernos de un mes, de dos, de tres, de cuatro, de seis meses…  Un Gobierno, el primero de Portela Valladares, duró quince días. Y Augusto Barcía presidió un Gobierno que duró tres días. Esa era la cacareada estabilidad política de la II República. Pero, al menos, era una situación más coherente que la de los inestables, espasmódicos y esquizofrénicos Gobiernos de Cataluña o Galicia en los que andan a la greña los partidos que los forman y ni siquiera tiran la toalla.

Y, mientras, en el bello pueblo de Alcaucín, su alcalde, “el patillas”, un corrupto de tomo y lomo, fue conducido por la Guardia Civil  mientras parte de los vecinos le aplaudían. Este “patillas”, que fue albañil y cantaor de flamenco antes de ser alcalde y multimillonario, acaso recibió el apoyo institucional de Bibiana Aido cuando la flamante ministra era la jefa de la Agencia del Flamenco en la Junta de Andalucía.  El aplauso al “patillas” me recuerda la ovación que recibió Bermejo en el Congreso de los Diputados desde la bancada socialista a los gritos de “¡torero, torero!” tras una intervención caótica y cínica del ya ex-ministro. Un bochorno.

Qué país. Somos un pueblo extraño, a veces heroico, a veces cobarde, que se deja engañar y que encima aplaude a quienes le engañan.  Y vota mayoritariamente al partido que le miente. ¿Será cierto que un pueblo tiene los gobernantes que merece? Esperemos que triunfe, más pronto que tarde, la razón.

Y hoy el que deba reflexionar que reflexione.

 

Nevada= caos

2 febrero 2009

Juan Van-Halen

Otra vez ha nevado en Madrid. Ha habido que cortar la A-6 y la A-1, dos autopistas nacionales dependientes del Ministerio de Fomento. Y aunque esta vez no se haya dicho, los problemas en Barajas se han producido. Lo que ocurre es que las autoridades competentes han optado por mantener numerosos aviones en pista media, una y hasta una hora y media por problemas de hielo, con los pasajeros en sus asientos y, por cierto, sin recibir explicaciones. ¿Cómo es posible que dos horas después de iniciarse la nevada en la A-6 hubiese sólo una máquina quitanieves? El cierre de una autopista no es muy normal. La inefable Maleni mirará de nuevo para otro lado y acaso volverá a echar las culpas a la Comunidad de Madrid. Eso es más fácil que trabajar. Ya declaró la semana pasada en el Congreso de los Diputados que había gozado mucho el día de la primera gran nevada porque la nieve es muy bonita. En esa apreciación coincide con mis nietas. Pero ella, casualmente, es ministra de Fomento y no está para hacer muñecos de nieve sino para resolver los problemas. Aunque bien pensado sería preferible que jugase con la  nieve y dejase la solución de los problemas a otro. Pero Zapatero  es un experto en rodearse de ineptos. Así se le nota menos a él. El duende de guardia me ha dejado sobre la mesa esta décima:
 
DÉCIMA DE MALENI Y LA NIEVE

Maleni goza mirando
-dice- como cae la nieve,
y, extasiada, no se mueve
ante el caos que se va armando.
Aún estamos esperando
que nos diga lo que ocurre.
Calla o duda y nos aburre.
Y aunque nunca se le entienda,
es grave que desatienda
su oficio, mienta y no curre.

Oh, Obama no es ZP

20 enero 2009

Juan Van-Halen

“Un fantasma recorre Europa, el mundo,  / nosotros le llamamos camarada”, escribió un gran poeta en sus efluvios estalinistas que luego olvidó. Hoy podríamos parafrasearlo: “Un fantasma recorre Europa, el mundo, / nosotros le llamamos Obama”. Son curiosas las manías colectivas. Hoy podríamos hablar de la “Obamamanía”. ¿Qué demuestra? Que la democracia de referencia para el planeta estaba necesitando una llamada, una convocatoria y un referente personal. En definitiva, un liderazgo nuevo que movilice su confianza.

Así, de pronto, estamos escuchando y leyendo cosas muy sabrosas. Por ejemplo: Obama es un gran orador, un gran escritor, un gran bailarín, un gran deportista, etcétera, etcétera. Es más que posible que sea todo eso y más, pero algo tendrá que ver su acierto al formar su equipo. El brillante universitario de 27 años Jon Favreau, Favs para el equipo, que escribe sus discursos, el artilugio colocado en el atril con su texto para evitar que el ya presidente se quede en blanco si no recuerda una frase…Pero sobre todo es fundamental el carisma de Obama, su tensión interior capaz de hacerse notar. Un gran político si no tiene carisma, esa cualidad indefinible pero indispensable, no pasa de ser un político del montón por alto que esté colocado en ese montón. Un político es –debe ser- “profesional” en lo suyo. Y Obama lo es. Cuando el juez del Tribunal Supremo que le tomó juramento cambió una palabra de lugar en la fórmula esperada Obama se quedó sin habla, titubeó unos eternos segundos. Un gran político huye de lo improvisado; apuesta por lo previsible.

Y Zapatero, que vio desde la Moncloa la ceremonia en directo probablemente reconociéndose en todo aquello con indudable auto-generosidad, declaró que el discurso de Obama le había parecido socialdemócrata. Vamos, como los suyos. Pues no. Obama invocó a Dios, recordó con orgullo a los padres fundadores y a la Historia de su gran nación, alertó sobre los principios y los valores tan necesarios para salir de la crisis,  convocó a todos en esos principios y valores, declaró el final de las banderías estériles…y comenzó -ya lo hizo con su oponente el mismo día de su victoria- con palabras de gratitud para Bush, que no se presentaba a las elecciones, pese a que los socialistas se manifiestan como si Obama hubiese vencido a Bush, que ha ganado las dos convocatorias a las que constitucionalmente podía presentarse. Lo mismito que Zapatero que en cuanto a los principios podría decir lo que Groucho Marx: “Estos son mis principios, señora, si no le gustan tengo otros”. Claro que Zapatero sigue al otro Marx, don Carlos, que tenía menos gracia, y por eso se autocalificó un día como rojo, cosa que nunca hará Obama. ¿Y de carisma? Zapatero ni sabe dónde poner las manos…

Oh, Obama, qué distinto de Zapatero. Y no sólo, obviamente, por el color de la piel.