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El abrazo del oso y el supervisor de nubes

27 abril 2014

Según avanza la legislatura va aclarándose el paisaje, sobre todo cuando el ambiente tiene ya olor electoral. Quienes van despejando sus nieblas son los partidos que apuntalaban sus posibilidades electorales en la indefinición. A UPyD, por ejemplo, le han salido competidores en los que consideraba caladeros electorales: la derecha despistada y el centro.

Rosa Díez, que no sólo es la mano de hierro de su  partido, es el partido mismo, ha girado a la izquierda, o sea: se ha quitado el disfraz. Sus declaraciones repudiando la celebración de un funeral de Estado por Adolfo Suárez, y criticando la interpretación del Himno Nacional durante la consagración, fueron sintomáticas, aparte de pruebas de la  incultura de quien profesionalmente no es otra cosa que una administrativa del Gobierno Vasco venida a más desde la soberbia tanto como desde el zigzagueo político. Corresponde a la cultura general saber que en la consagración de la misa no se toca himno alguno, sino inmediatamente después. También debería figurar entre los conocimientos de un líder de partido que la celebración de funerales de Estado no es decisión de los Gobiernos, sino del ámbito familiar.

Se recuerda por su relevancia el funeral por Mitterrand, 1996, en la catedral de Notre-Dame, en la que el cardenal–arzobispo de París Lustiger se refirió en su homilía a algunas opiniones  del ex–presidente socialista  francés sobre la “sequía espiritual” de nuestro tiempo. Al funeral en Notre-Dame asistieron más de sesenta jefes de Estado y de Gobierno y representaciones de un centenar de países, en un Estado como Francia cuya Constitución lo define como laico y no como aconfesional, que es lo que señala nuestra Constitución en el caso de España. No sé si Díez llegará a diferenciar ambos conceptos. En aquella ocasión Felipe González definió a Mitterrand: “Era un hombre de formación católica y, aunque agnóstico, no renunciaba a ella”. Probablemente pensaba en sí mismo que a la hora de elegir un centro universitario para ampliar sus estudios optó por la Universidad Católica de Lovaina.

UPyD, que ha padecido una sangría de abandonos de no pocas de sus organizaciones locales, provinciales y regionales por “el autoritarismo” de Rosa Díez, apoya ya abiertamente al PSOE y a IU en varios parlamentos autonómicos. La Asamblea de Madrid es un ejemplo en donde se ha conformado un tripartito, una especie de frente anti-PP. De la indefinición mantenida por UPyD desde el principio de la legislatura, con permanentes abstenciones incluso en las iniciativas más sorprendentes, lo que hizo que muchos en la Asamblea llamaran al partido de Rosa Díez “Unión, Progreso y Abstencion”,  ha pasado a votar comúnmente con la izquierda convirtiéndose en un caballo de Troya para tocar poder al precio que sea si el PP llegara a perder la mayoría suficiente. Y eso deben saberlo y reflexionarlo algunos despistados que desde el centro y la derecha pudieran creer aún que UPyD puede representar un día sus principios.

Los impacientes diputados del partido de Rosa Díez en la Asamblea padecen adanismo porque creen que la Comunidad de Madrid y la Asamblea de Madrid no existían antes de llegar ellos a la política y que nadie se ocupaba de resolver los problemas de los madrileños hasta su aparición en la escena. Ahora han optado por recibir el abrazo del oso de la izquierda radical sin reflexionar sobre sus consecuencias. El abrazo del oso suele ser mortal. Imaginar un Gobierno regional formado por este tripartito de ocasión pivotando sobre un radicalismo desbocado, una percepción irreal, un intervencionismo  trasnochado y unas ideas que no circulan ya en Europa, es para  echarse a temblar.

Mientras, el PSOE se enfrenta a la desorientación más acusada de su historia tras el desencuentro consigo mismo que supuso la peor derrota sufrida por el partido, la de las últimas elecciones generales. Rubalcaba es un líder amortizado ya en sus propias filas que ahora padece el último acto de una supervivencia política que probablemente le sorprende a él mismo. Ya se vive el principio de la superación de la crisis gracias a las medidas del Gobierno de Rajoy que el PSOE, y no digamos IU, previeron inútiles.  Toda noticia positiva en los indicadores de crecimiento económico, constatada y valorada por instituciones y organismos internacionales, resulta ser una mala nueva para la oposición, y en especial para los socialistas.  Lo que conviene al conjunto de los españoles parece que no beneficia las estrategias partidistas de la izquierda. Cuanto mejor para todos, peor para quienes negaron la crisis, no fueron capaces de atajarla porque no se podía solucionar lo que según ellos no existía, y con una amnesia culpable pretendieron, desde que llegaron a la oposición, la recuperación del poder poniendo palos en las ruedas del Gobierno y votando negativamente a todas sus medidas por razonables que fuesen. Incluso a medidas ya iniciadas en la etapa de Zapatero, como la estabilidad presupuestaria.

Al mismo tiempo, el equipo de perdedores que eligió Rubalcaba para la cúpula del PSOE, Elena Valenciano y Óscar López, hacen permanentemente el ridículo. Valenciano fue la directora de campaña de Rubalcaba en las elecciones generales, con los peores resultados del PSOE en su historia, y López fue el candidato a la Presidencia de Castilla y León que consiguió menos votos desde las primeras elecciones autonómicas en aquella Comunidad. Son conocidas sus contradicciones. La última, menor pero significativa: la exigencia socialista a Arias Cañete para que dimita como ministro porque encabeza la lista popular a los comicios europeos. Sigue la amnesia del PSOE. Juan Fernando López Aguilar, nombrado candidato a la Presidencia de Canarias en octubre de 2006, fue mantenido por Zapatero como ministro de Justicia hasta febrero de 2007. Ahora este mismo personaje se ha atrevido a decir que “es una técnica miserable y despreciable permitir a Cañete calentar el sillón en el Consejo de ministros”.  En diciembre de 2006 el entonces ministro hoy desmemoriado aseguraba que iba a seguir atendiendo todas sus obligaciones de ministro y que no le apartarían de ellas “ni la demagogia, ni el nerviosismo ni la falta de estilo del Partido Popular”. Ocho años después López Aguilar piensa lo contrario y con evidente desvergüenza política lo proclama.

El gran refuerzo de la campaña de Elena Valenciano es Zapatero que se ha definido como “valencianista”, aunque acaso se refería a que es seguidor del Valencia Club de Fútbol, lo que sería apelativo más propio. El causante del despilfarro, los millones de parados y el agravamiento de la crisis económica se atreve a ofrecer fórmulas a Europa a través de un PSOE que él dejó bajo mínimos.

El supervisor de nubes ha abandonado la hamaca para lanzar sobre los socialistas sus homilías políticas. Es hombre de escasos mimbres, y ni siquiera lo de sentarse a supervisar nubes es de su cosecha. Ramón Gómez de la Serna se le anticipó; la frase de Zapatero es un plagio. El gran Ramón escribió: “El mejor destino es el de supervisor de nubes acostado en una hamaca y mirando al cielo”. Pero para ese menester no tenía que dejar la Moncloa. Zapatero ya supervisaba nubes mientras el país se hundía. A los interesados en profundizar en el asunto les recomiendo la lectura del libro “Recuerdos” de Pedro Solbes. Que Zapatero entre en campaña para ofrecer recetas a Europa es como si Carpanta ejerciese de asesor de un vegetariano.

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El necesario referéndum sobre los sindicatos

17 noviembre 2012

Propongo a quien corresponda que se convoque un referéndum para saber la opinión de los españoles sobre los sindicatos. Ellos piden una consulta sobre las acciones de un Gobierno que tomó posesión hace menos de un año y consiguió el mayor apoyo en votos conseguido por el centro-derecha en España, mientras su principal oponente, el PSOE, recibió su peor resultado desde el inicio de  la democracia. En un Estado de Derecho el Gobierno salido de las elecciones tiene cuatro años hasta su nueva  comparecencia en las urnas. Y la petición no se puede achacar con rigor a que el Gobierno no cumple su programa, obviando las circunstancias, porque nadie pidió, y los sindicatos menos, que Zapatero se sometiese a referéndum por no conseguir el pleno empleo que prometió, por congelar las pensiones que antes negó, o por incluir en sus acciones leyes como la llamada de la “memoria histórica” que no mencionó ni en su discurso del debate de investidura.

Es necesario saber qué juicio les merece a los ciudadanos el sindicalismo de su país, qué opina de sus métodos, de sus estrategias y de sus manejos económicos. Pero me temo que quienes llevan el timón sindical no se van a mostrar partidarios de esta consulta popular.

Acabamos de asistir a una nueva huelga general, la segunda en los diez meses que lleva Rajoy en Moncloa. Según los sindicatos ha sido un éxito, según los ciudadanos que pudieron hacer sus compras con normalidad y que no vieron impedida su actividad salvo por la menor cadencia del transporte público, la convocatoria fue un fracaso; como ya lo fue la anterior. La guerra de cifras es natural en estos casos, pero lo cierto es que las manifestaciones, sobre todo la de Madrid, resultaron muy concurridas pero la huelga zozobró. El país no paró. Todos los medios informativos, incluidos los cercanos a las posturas de la oposición, lo han reflejado así.

CC.OO. montó una primera huelga general a Felipe González dos años y seis meses después de llegar éste al Gobierno; UGT y CC.OO. tardaron seis años y un mes en convocarle una huelga general a José María Aznar, que fue declarada inconstitucional cinco años después; a José Luis Rodríguez Zapatero le hicieron una huelga general, considerada “light” y que fue un fracaso, a los seis años y cinco meses de instalarse en Moncloa, y a Mariano Rajoy los aguerridos sindicatos no le dieron ni cien días de gracia para convocarle una primera huelga. Y era el Gobierno de un partido que recibió el apoyo de la mayoría absoluta de los votantes en las elecciones generales de hacía entonces menos de cuatro meses.

En esta ocasión un partido político de gobierno, como es el PSOE, se sumó rampante a la huelga general. No es normal. El Partido Popular entonces en la oposición no apoyó la huelga en tiempos de Zapatero. La debilidad del liderazgo de Rubalcaba y su falta de brújula le llevan a menudo al disparate.

Paralelamente se ha sabido que los dirigentes sindicales se han subido el sueldo y cobran quince pagas al año. También se ha sabido que en los despidos decididos por los sindicatos entre el personal que trabaja en sus organizaciones se aplica la reforma laboral tan denostada por ellos. Trataron de justificar la primera huelga general contra Rajoy en la reforma laboral, que entonces era sólo un anuncio, y resulta que se acogen a ella a la hora de pagar sus despidos.

El conocimiento de las altas retribuciones bancarias de José Ricardo Martínez, secretario general de UGT de Madrid y, desde su caso, de lo que cobran otros dirigentes sindicales en consejos de administración y otras actividades que directamente no tienen relación con la dedicación que se les supone, aireó en su día un tema que ya traté hace tiempo en otras paginas: el oscurantismo sindical.

La explicación de Martínez para justificar su abultado sueldo fue sorprendente: que su declaración de la renta la elabora un técnico del sindicato y no la recuerda. Pero es obvio que él la firmó. ¿Alguno de los lectores desconoce su declaración de Hacienda o no la recuerda?  Asegura que todo lo que gana va a parar a las arcas de UGT salvo la cantidad de 2.300 euros, por cierto no mileurista, que percibe como técnico ferroviario liberado. Pero no presentó documento alguno que justificara cómo paga sus impuestos y a cuánto asciende ese pago.

Cándido Méndez y Fernández Toxo apoyaron la explicación de Martínez. Para ellos que se desvelase lo que cobra su compañero es una maniobra de la derecha contra los sindicatos. Pero lo cobra ¿no? Lo impresentable es que los sindicatos se defiendan a sí mismos, defiendan más tímidamente los derechos de los trabajadores con empleo, no defiendan nada a los parados, que olvidaron durante años, y desde luego no defiendan la transparencia de sus cuentas. Hubiese sido una ocasión de oro para que  Méndez y Toxo, a los que tanto les gusta comparecer juntos anunciando catástrofes cuando temen pérdida de poder, hubiesen comparecido para mostrar la relación de todos sus emolumentos en lugar de apuntalar explicaciones chuscas.

Martínez, que lleva a su prole a un colegio privado mientras encabeza las manifestaciones a  favor de la enseñanza pública, es un conocido faltón que entre otras perlas mandó a su “puta casa” al anterior gobernador del Banco de España, que cobraba menos que él. Ya dice el “Refranero”, cómputo de la sabiduría popular, que por la boca muere el pez.

Detrás de las retribuciones millonarias de los dirigentes sindicales, se esconde un oscurantismo impresentable. En este país cualquiera puede conocer con detalle en la página web del Congreso y del Senado las percepciones de los parlamentarios, son públicos los sueldos de diputados autonómicos, concejales, alcaldes y altos cargos. Quienes cobran del dinero público ven reducidos sus salarios, incluidos los directivos de empresas estatales y autonómicas, y se han limitado o suprimido las dietas por asistencia a muchos de sus consejos y órganos asesores y de gobierno. Los ex–presidentes y los ex–ministros han visto reducidas sus percepciones. Se anuncia una homologación en los sueldos de la Administración Local, la desaparición de cientos de empresas públicas y otra batería de medidas de austeridad. ¿No es suficiente? Pues no; pero ese es el camino.

En cada vez más casos esa información está en Internet. ¿Con qué ha topado la transparencia? ¿Qué les queda por saber a los ciudadanos? Como ámbito relevante las cuentas de los sindicatos qué empresas controlan, quiénes pertenecen a sus consejos de administración y otros órganos rectores y qué emolumentos perciben. Nada de eso sabemos. Es una responsabilidad de los grandes sindicatos que sus afiliados, por cierto escasísimos en relación con el número de trabajadores del país y cada vez menos según los últimos datos conocidos, sepan lo que ganan sus dirigentes, y que, en general, todos los españoles tengamos acceso a esas cifras.

Vivimos una crisis económica grave con más de cinco millones y medio de parados y con más de un millón de familias con todos sus miembros desempleados. Y se anuncian tiempos peores. Los sindicatos deberían apostar por la responsabilidad y la cordura. Estamos viendo el patético ejemplo de Grecia. En España hacían falta reformas de calado. Que un Gobierno no haga nada favorece a quienes pueden mantener desde la presión una opción obsoleta de poder. A Méndez se le llamó vicepresidente en la sombra de Zapatero. O se equilibran las cuentas o quienes lleguen detrás heredarán escombros. Coincida o no con las estrategias sindicales es obvio que los empleos se crean en las empresas. La manipulación de la reforma laboral nace de creer que a los empresarios les gusta despedir a los trabajadores cuando lo que buscan es que sus empresas salgan adelante. Y con normas heredadas del pasado y fuera de la realidad no es posible.

Que los socialistas se subieran desde un principio al carro contra la reforma laboral es una irresponsabilidad. El propio Gobierno de Zapatero hizo un tímido intento. Estamos dónde estamos porque ellos por cobardía no hicieron los deberes. Eran medidas impopulares, y optaron por mentir. Desde el origen y desarrollo de la crisis hasta el letal déficit que dejaban.

En la primera huelga general de la etapa de Rajoy los sindicatos acusaron al Gobierno de no negociar, pero ellos fueron incapaces de llegar a acuerdos en largas conversaciones, que duraron meses y meses, durante la etapa de Zapatero, y tampoco fueron capaces de acordar nada tras la formación del nuevo Gobierno. Entienden el consenso como una rendición al servicio de sus intereses. Pero el Gobierno, cualquier Gobierno, se debe a los intereses generales de los españoles. Los sindicatos no van más allá de la defensa de sus privilegios.

Los sindicatos no movieron un dedo, no dijeron ni pío, mientras el paro crecía y afectaba a millones de españoles y a casi la mitad de nuestros jóvenes. Ahora consideran irrenunciables las huelgas generales pero saben que toda huelga general,  aunque sólo la secundase un 30% de trabajadores (en las últimas ni eso) supone una pérdida de mil millones de euros y, paralelamente, una imagen negativa de España en el mundo cuando más credibilidad necesitamos. Las televisiones europeas abrieron sus informativos del pasado día 15 con imágenes de la violencia callejera del día 14 en Madrid y Barcelona. Menudo aval. Los sindicatos no piensan en España ni en los españoles sino en mirarse el ombligo.

Los dos grandes sindicatos están anclados en el siglo XIX aunque cobran en euros del siglo XXI.  Manejan cien empresas, con sus consejos de administración y sus órganos de gobierno para colocar a los suyos, recibían (y en parte siguen recibiendo) subvenciones de más de cien millones de euros y quinientos por vías indirectas: fundaciones, cursos de formación, “memoria histórica”, etcétera, y entre sus dirigentes hay muchos liberados de sus trabajos pero que los cobran, y algunos de ellos, además, son consejeros de bancos con sueldos millonarios.

En este tiempo de inmediatez en la información, en las huelgas generales ejercen su presión,  no pocas veces violenta, los mal llamados “piquetes informativos”. Informan de lo que todo el mundo ya sabe: que hay una huelga general. Hace bastante más de un siglo, en el inicio del movimiento sindical, era necesario informar a los trabajadores a la puerta de las empresas de que su sector estaba en huelga; una mayoría no sabía leer, no seguía los periódicos, o esos periódicos no daban publicidad a la huelga; ahora esa información llega con inmediatez desde los poderosos medios de comunicación actuales.

Los llamados “piquetes informativos” en realidad tratan a menudo de impedir la libertad de quienes optan por acudir a su trabajo, derecho tan constitucional como el derecho de huelga. Una anacrónica desvergüenza. En la Comunidad de Madrid una trabajadora de Pinto y un comerciante y un concejal de Aranjuez sufrieron agresiones y tuvieron que acudir al Hospital; existen los partes de lesiones y las correspondientes denuncias policiales. Los “piquetes informativos” no sólo informaron.

Los sindicatos vivieron una época dorada como receptores del dinero público dándole  “cariño” al Gobierno socialista anterior. Pocas semanas después de aquella huelga “light” que le montaron a Zapatero consiguieron el cese de Celestino Corbacho como ministro de Trabajo y colocaron en esa poltrona a uno de los suyos, Valeriano Gómez, que luego, una vez fuera del Ministerio, tuvo el desahogo de manifestarse contra la reforma laboral. Él no fue capaz de hacer nada mientras crecían los parados. Más que ministro de Trabajo fue ministro del Paro.

Con las huelgas generales los sindicatos no defienden los intereses de los trabajadores sino sus propios dineros. No defienden el empleo, sólo tratan de debilitar al Gobierno moviéndose al servicio de partidos que perdieron contundentemente las elecciones. Es un clamor de la calle que los sindicatos deben financiarse con las cuotas de sus afiliados. Como deben hacer los partidos políticos y la patronal. El sindicalismo español es una antigualla desacreditada que se debe remozar. Si el Gobierno en vez de caer en la tentación de achicarse incluye entre las decenas de miles de millones de recortes, que afectan y afectarán a todos los españoles, una nueva rebaja sustancial en las subvenciones, y singularmente a sindicatos, partidos y patronal, los ciudadanos aplaudirán.

Méndez y Toxo se han movilizado por asuntos menores en las Comunidades gobernadas por el Partido Popular, que eran bastantes menos antes de las elecciones del 22 de mayo de 2011, pero nose les escuchó nada respecto a los parados que iban creciendo. Los Sindicatos se han convertido en unos paquidermos institucionales que responden a parámetros de actuación de hace un siglo y no a las demandas de la realidad del siglo XXI. Deben afrontar más pronto que tarde una renovación profunda. Ni defienden los intereses de los trabajadores, concepto que no debe entenderse de la misma manera que hace un siglo en una sociedad con una amplísima clase media en la que el puro concepto de “proletario” no tiene sentido, ni puede mantenerse el oscurantismo de una gestión que choca con la transparencia de una sociedad libre y de información abierta.

Los ciudadanos tienen derecho a saber todos los sueldos de Méndez, Toxo y de la turbamulta de líderes sindicales en todos sus niveles. Y  no me refiero obviamente a sus sueldos directos, sino a todas sus actividades. En cuanto a sus bienes, hubo que esperar a que lo destapase la prensa para enterarnos de que Toxo es propietario de un par de áticos unidos en un edificio de viviendas de protección oficial, adjudicación que con sus ingresos declarados me malicio no cumplía la norma. Los sindicalistas deberían ser los primeros interesados en que se conozcan las actividades y bienes de sus dirigentes. Pero no lo son.

También hay que revisar el concepto de “liberados sindicales”. Podrían ejercer su función de otra manera. Cuando existe, y crece, una fórmula de trabajo domiciliario, vía Internet, es muy discutible la necesidad de locales habilitados para ese menester y de liberados innumerables. Es una realidad sobredimensionada y una anomalía en tiempos de crisis.

A menudo los “liberados sindicales” ejercen de figurantes o comparsas en toda movilización callejera sea en donde sea y para lo que sea. En televisión, una señora  comentaba que había reconocido a un jardinero municipal, un conserje, y un cuidador de piscina de su ciudad, sin hijos en edad escolar, vestidos con la camisa verde, en una movilización educativa en Madrid. Los ciudadanos no nos merecemos estas imposturas.

El derecho de huelga se regula por un Decreto-Ley preconstitucional, de 1977, y la propia Constitución en su artículo 28.2 remite a una futura Ley reguladora del derecho de huelga. Resulta obvio que a los 34 años de promulgarse la Constitución es necesaria una nueva norma, puesta al día,  sobre este importante derecho, que normalice los papeles a jugar por las diversas partes implicadas sin mermar su libertad y el derecho al trabajo de quienes no quieran seguirla. De acuerdo con la norma vigente esta huelga general, y las anteriores, serían ilegales al ser políticas ya que las huelgas políticas se prohíben. En esa nueva regulación, que hasta ahora los sucesivos Gobiernos no han querido afrontar, deben suprimirse, por innecesarios, los obsoletos “piquetes informativos”.

La afiliación del sindicalismo español no se corresponde con su pretendido peso político. Si tuviese que vivir de las cuotas de sus afiliados otro gallo cantaría. A primeros de los ochenta Margaret Thatcher planteó un pulso de renovación profunda al sindicalismo británico; y lo ganó. Los Sindicatos no pueden seguir siendo una especie de Ministerio externo en gobiernos de izquierdas y de palancas de agitación cuando gobiernan otros. Una antigualla. La Thatcher lo tuvo claro.

La consulta popular sobre nuestra realidad sindical es necesaria y urgente. Todos saldríamos de dudas (yo no las tengo sobre su resultado) y los sindicatos bajarían sus humos. Y mientras que nos enseñen sus cuentas. 

Los pacíficos, el pato cojo y el pato atado

31 agosto 2011

Desde el 10 de agosto no he escrito en el blog; me he ocupado de concluir y ordenar un nuevo libro de poemas que es cuestión distinta, probablemente menos divertida. Pero desde entonces han sucedido muchas cosas buenas, regulares y malas. La más trascendente ha sido la celebración de la XXVI Jornada Mundial de la Juventud presidida por Su Santidad el Papa Benedicto XVI. La Jornada fue un éxito y el millón y medio de jóvenes asistentes, llegados a Madrid desde todos los países del mundo (no es un decir: desde todos los países del mundo), alegraron la ciudad. Hubo ciertos “daños colaterales”, no contra la Jornada sino contra la credibilidad y la imagen de España, por la acción de unos energúmenos que trataron de manchar una realidad hermosa. El resultado fue que sus excesos, y no sólo verbales, aparecieron en los medios informativos internacionales con lo que la imagen de nuestro país quedó en entredicho.

No me referiré a la Jornada, que era un éxito anunciado, como así fue, sino a esos “daños colaterales” porque me produjeron vergüenza como ciudadano español. Hace mucho tiempo que uno convive con la ignorancia y más mal que bien va tirando. Lo que me abruma es que hayamos dado al mundo la imagen de que, con cierto amparo oficial ya que se ha sabido que la policía tenía orden de no identificar a quienes no respetasen las leyes y desde luego de no detenerlos, en España en pleno siglo XXI hay colectivos autoproclamados “librepensadores” que no distinguen conceptos tan nítidos como son “aconfesionalidad”, “laicismo”,  “anticatolicismo”, “anticlericalismo” y “ateísmo”, por ejemplo. La Constitución Española declara en su artículo 16.3 que “ninguna confesión tendrá carácter estatal”, es decir que España es un Estado “aconfesional”, pero eso no es que España sea un Estado “laico”, y mucho menos un Estado “ateo” o un Estado “anticatólico”. De hecho la única confesión que se cita expresamente en nuestra Constitución es la Iglesia Católica (artículo 16.3), y por algo será.

La historia de lo ocurrido en la Puerta del Sol, Tirso de Molina, Gran Vía, Espoz y Mina, Carretas y Canalejas es conocida. Una llamada Asociación de Ateos y Librepensadores, y Europa Laica, e integrantes del residual 15-M, entre otras, y lo que es más grave con el apoyo de una coalición parlamentaria: IU, habían solicitado una manifestación de queja por el supuesto gasto público que supondría la celebración en Madrid de la Jornada Mundial de la Juventud. La Delegada del Gobierno, Dolores Carrión, pidió informes y el Cuerpo Nacional de Policía, el Ayuntamiento de Madrid, el Tribunal Superior de Justicia de Madrid y la Abogacía del Estado desaconsejaron el itinerario propuesto por los organizadores porque eran previsibles enfrentamientos ya que los cientos de miles de peregrinos transitarían por el centro turístico de Madrid. La tal Carrión no aceptó el itinerario de la manifestación y autorizó que se celebrase en Lavapiés. Como en la España de Zapatero los radicales tienen barra libre para no cumplir la ley, no en vano el Presidente de Gobierno que gozamos se definió un día a sí mismo como “un rojo” (sin precedentes entre sus homólogos occidentales), los convocantes de la manifestación “pacífica” declararon que era innegociable que les prohibieran ocupar la Puerta del Sol. Entonces Dolores Carrión se acoquinó y permitió lo que querían los energúmenos. “Es el itinerario más adecuado para garantizar la seguridad de todos” ya que “la marcha laica se producirá en un clima de cordialidad”, declaró la émula del oráculo de Delfos que no sé si sólo es inepta o además es imbécil.

Y tras esa victoria inicial, los pacíficos convocantes  repartieron  en Tirso de Molina mitras de cartón en las que podía leerse “abortar es mi libertad” y pancartas en las que se leía “Papa okupa”. Apareció  un tipo disfrazado de Pontífice montado en una burla del “papamóvil” rodeado de jovencitas disfrazadas de monjas que se levantaban los hábitos hasta la cintura sin mayor miramiento y sin cortarse un  pelo. Con estos pertrechos y ese espíritu conciliador que, según la petición escrita a la Delegación del Gobierno para que se les autorizase la manifestación, era “pacifico” y para nada era “anti-Papa”, los manifestantes llegaron a la Puerta del Sol y se toparon con cientos de peregrinos, muchos de ellos menores, chicas y familias enteras; entonces se desataron todos los resortes de su pacifismo: insultos, zarandeos, patadas, escupitajos y gestos vejatorios varios.

Los homosexuales se besaban, se hinchaban preservativos, los gritos eran “cuidado con los niños que viene el Papa”, “arderéis como en el 36”, “menos rezar y más follar”, “ignorantes”, “nazis”, “cuidado con la cartera que viene el Papa”, “que el Papa se pague sus vacaciones”, “la juventud del Papa también se la machaca”… Cada vez que los peregrinos, fácilmente reconocibles por sus mochilas naranjas, sus crucifijos y sus camisetas, rezaban o gritaban “Benedicto”, aquellos pacifistas contestaban “asesino”. Todo sin perder la compostura, claro, porque iban de pacíficos.

Dos horas después la policía no había intervenido salvo para aconsejar a los peregrinos que abandonaran la Puerta del Sol, pero no podían hacerlo porque estaban rodeados, y para intentar inútilmente separar a los peligrosos peregrinos de los pacíficos “laicos”. Fernando Lázaro, periodista de “El Mundo”, como “testigo directo”, contó que, preguntado por qué consideraba que estaban siendo provocados si los peregrinos sólo rezaban, uno de los pacíficos “laicos” le contestó: “Porque están ahí, porque existen, porque les vamos a prender fuego otra vez como en el 36”. La policía cargó cuando un tipo (M.P.G. que resultó tener numerosos antecedentes por robos con violencia e intimidación) lanzó una botella contra un agente de la UIP.

Esta es la historia. Hubo detenidos por agresión a la policía pero nadie dijo ni pío por algo elemental: los convocantes de la manifestación autorizada no habían cumplido la ley al no respetar los términos de su autorización. El resultado: tres policías expedientados por su dureza… ¡Manda huevos…! Hay una denuncia de un grupo de  jóvenes francesas por agresiones, y numerosas quejas de súbditos italianos, australianos, belgas, franceses y egipcios… que acabarán en nada. Dolores Carrión sigue siendo Delegada del Gobierno, pese a su ineptitud o su estulticia, y el flamante Camacho, ministro del Interior, presunto buen conocedor del feo asunto del Bar Faisán, no ha dado la más mínima explicación. Aquí  no dimite nadie salvo para ser candidato sin primarias.  

A los convocantes de la manifestación “anti-Papa”, que obviamente no fue una manifestación “laica” y yo supongo que estos librepensadores a la violeta no saben bien qué es eso o acaso lo saben demasiado, habría que leerles el artículo 16.1 de la Constitución: “Se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y comunidades sin más limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la Ley”. Pues eso. Y de paso que le lean este mandato constitucional a Antonio Camacho y a Dolores Carrión. El mundo al revés: el ministro del Interior ampara y protege a quienes no cumplen las leyes, pero no deje usted de pagar una multa de tráfico porque va arreglado.

La CEIM y varias Asociaciones de hostelería, bares y cafeterías de Madrid calcularon en 160 millones de euros las ganancias que produjo la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud  para el comercio de su sector. El coste en dinero público, que tanto parecía inquietar a los “anti-Papa”, es similar al que genera cualquier viaje oficial de un Jefe de Estado: seguridad, protocolo, lo normal… Porque el Papa es, además, el Jefe de un Estado con el que España mantiene relaciones a nivel de embajadores y con el que desde hace muchos años  tiene firmado un Concordato. Parece que ni eso saben estos “librepensadores” ignorantes con ínfulas de teólogos. Al último y más modesto acompañante del Papa no le durarían en un debate serio sobre teología ni medio asalto.

Hemos hecho el ridículo a escala planetaria, que diría Pajín. Menuda imagen de país desarrollado y plural. Hemos lastrado el turismo; las informaciones de lo ocurrido en la Puerta del Sol y alrededores han sido publicadas y jaleadas en países que son competidores turísticos nuestros.  Este año el turismo está siendo el oxígeno de nuestra economía casi en fase terminal, y todo para que a unos tipos ignorantes y violentos se les llenase la boca con un grito que estremece por lo que tiene de chulesco y de necio: “Esta plaza es nuestra”. Y ello provocado por quienes tenían que haberlo impedido a tiempo, en lugar de darles alas. Pero todo eso parece venirle  bien al candidato Rubalcaba en sus oscuros designios estratégicos. Media España se pregunta ¿qué preparará? La otra media no se lo pregunta, sólo lo espera.

Y de estos pacíficos “laicos”, convertidos en antipapas, al “pato cojo”. Los norteamericanos llaman “pato cojo” al presidente que transita su segundo mandato; tiene fecha de caducidad. En España tuvimos nuestro “pato cojo” desde que José María Aznar anunció que no se presentaría a una nueva reelección a la Presidencia del Gobierno (yo creo que hizo mal) y lo tenemos ahora desde que Zapatero hizo lo propio (y creo que hizo bien, pero tarde).

Algún comentarista “zurdo”, de los últimos de Filipinas del zapaterismo rampante, ha comparado estas dos “cojeras”, la de Aznar y la de Zapatero, pese a que realmente poco tienen que ver. Mientras Aznar anunció que no optaría a un segundo mandato sentado sobre el sillón de una cómoda mayoría absoluta, Zapatero nos dio a conocer su decisión desde una debilidad parlamentaria que le abrasaba; nadie le quería en la Moncloa, ni propios ni extraños; se mantenía gracias a agobiantes concesiones a los nacionalistas que subían cada vez más su precio. La decisión de Zapatero era obligada mientras que la decisión de Aznar era voluntaria. Ni una sola encuesta anunciaba una derrota del Partido Popular en las elecciones generales del año 2004 antes de la calculada intervención de los asesinos de los trenes; sólo tres días antes de las elecciones generales. Ninguna encuesta preveía la victoria de Zapatero antes de su anuncio de que no sería candidato. Esa es una apreciable diferencia entre ambos “patos cojos”.

Hay que añadir que a Rajoy, candidato sucesor de Aznar, las encuestas le anunciaban como ganador en 2004, y la victoria de Rubalcaba, candidato sucesor de Zapatero, no la anuncia ninguna encuesta seria por mucho que se aderezase la “cocina” en el amable sondeo del CIS, único que no le pronosticaba una catástrofe. Por no recordar que a Rajoy nunca se le ocurrió decir que él era el líder del PP, sencillamente porque no lo era y es persona seria, y Rubalcaba no perdió ocasión de decirlo. Esos supuestos analistas políticos caseros deberían leer más y sacar menos pecho.

Pero Zapatero es un “pato cojo” al que los suyos han cabreado demasiado y con demasiada desfachatez y desahogo. Desde que Rubalcaba pecó de imprudente al proclamar a bombo y platillo que él era el líder del PSOE, y no faltaron palmeros que lo jalearon, y no lo era, Zapatero no ha dejado de lanzarle avisos envenenados. El último el del pacto directo con Rajoy para la reforma constitucional sobre el techo del gasto y el déficit. Zapatero había derogado la Ley de Equilibrio Presupuestario de Aznar gracias a la cual pasamos unos años sin déficit. Rubalcaba, otra vez imprudente, se había mofado (ya el 25 de junio de 2010) en el Congreso de los Diputados de esa propuesta de Rajoy y, zas, Zapatero, acaso no líder del PSOE de hecho pero sí de derecho y, sobre todo, agazapado Presidente de Gobierno, dejo a su presunto sucesor en calzoncillos con sólo una llamada telefónica desde Moncloa a Génova.

La pobre Elena Valenciano, qué incontinencia verbal la suya, no logró convencer a nadie cuando anunció que en esa negociación había participado de forma relevante Rubalcaba; el PP lo negó y fuentes del equipo del Presidente miraron para otro lado. Luego se supieron los nombres de quienes habían llegado al acuerdo; no estaba Rubalcaba que, en su difícil posición, se había convertido en “pato atado”. Su libertad de movimientos termina donde le deja Zapatero; es un pato libre, sí, pero atado a una cuerda cuya longitud decide en cada caso el todavía inquilino de Moncloa. Anuncio, sin mucho riesgo de error, que no será el último dardo envenenado de Zapatero al candidato si éste continúa con sus imprudencias. No parece tan inteligente como él mismo cree y como se nos vende.

El equipo de campaña que ha reunido Rubalcaba es de traca. En él los nombres estrella son Elena Valenciano, Jesús Caldera y Cristina Narbona, qué trío. Los dos últimos fueron fumigados en crisis ministeriales hace ya tiempo, y concretamente Caldera es recordado porque siendo Portavoz parlamentario del PSOE presentó a sus señorías en un Pleno del Congreso un documento por el que había pasado el tippex. Esa mutilación documental ante la soberanía nacional le hubiese costado la dimisión a cualquier político europeo; pero en España no. Cristina Narbona fue ministra de Medio Ambiente; la primera y la última del PSOE; se le debe haberle dado la puntilla al Plan Hidrológico Nacional, el único intento serio de resolver el esquinado problema del agua en España; de la mayoría de sus desaladoras nunca más se supo. Elena Valenciano tiene el copyright de pintorescas declaraciones y acaso una de las menos chocantes fue pedir que el entonces ya ministro José Blanco no fuese llamado “Pepiño” como si el apelativo afectuoso por el que era conocido fuese un desdoro. Tony Blair, Bob Kennedy, Ted Kenney, Bill Clinton, Ike Eisenhower, etcétera, nunca se enfadaron por sus habituales apelativos. Importante: nadie puede molestarse cuando le llaman “Pepiño” si se sabe merecedor de ser “urbi et orbi” don José. No creo que al ministro le importe un comino el asunto; pienso que es cosa de la Valenciano que para darle jabón resultó más papista que el Papa, con perdón por la cita en este contexto.

Rubalcaba, candidato sin primarias y autonombrado líder del PSOE sin Congreso, está en horas bajas. Además de sus patéticas propuestas electorales que siempre las han presentado antes otros y, por cierto el PSOE las votaba en contra; además de las visibles improvisaciones que le obligan a rectificarse; además de las chinitas en el camino que le pone Zapatero, las encuestas le dan un techo de 117 escaños, y ello supondría la menor representación del PSOE desde la recuperación de la democracia. Pienso que a quien trata de ganar Rubalcaba es a Almunia que consiguió 125 escaños en 2000, y no a Rajoy; pero lo tiene difícil. Ya he escrito alguna vez que lo que trataba de conseguir Tomás Gómez en las últimas elecciones autonómicas de Madrid no era ganar a Esperanza Aguirre sino a Rafael Simancas; no lo logró y cosechó el mayor descalabro electoral del socialismo madrileño en la historia de la democracia que conocemos: 36 escaños del PSOE mientras el PP alcanzaba el doble: 72.

Tengo una sospecha debida acaso a mi veteranía, no a mi mala leche: Zapatero no sería especialmente feliz en el improbable caso de que Rubalcaba ganase las elecciones. Hasta ahora el presidente de que gozamos es el único inquilino de Moncloa que triunfó a la primera; llegó, vio y venció; el “veni, vidi, vici” de Julio César tras la batalla de Zela. Y no creo que Zapatero esté dispuesto a perder ese título que, hoy por hoy, nadie puede negarle.

Concluyo con una perla histórica que recordé al leer la tremenda crónica, que ya he mencionado, de Fernando Lázaro en “El Mundo” sobre la “batalla de Sol” entre quienes daban leña (los llamados a sí  mismos “laicos”) y los que la recibían (los peregrinos) .  Precisamente recordé este documento cuando leí que el pacífico tipo “laico”, preguntado por qué consideraba que los peregrinos le provocaban, le dijo al periodista: “Porque están ahí, porque existen, porque les vamos a prender fuego otra vez como en el 36”.

El documento se titula “Bando”, y está fechado en Játiva el 24 de octubre de 1936. Su primera línea es: “El Comité Revolucionario de esta Ciudad, Ordena”. Debajo catorce líneas aterradoras, o sea que producen terror. Resumo. El tal Comité Revolucionario (nadie firma, sólo hay un sello de UGT al final del texto) conmina a los vecinos a que entreguen todas las imágenes religiosas, o estampas, que tengan en sus domicilios, da un plazo de cinco días para ello, anuncia inspecciones domiciliarias para averiguar si la orden se cumple, y señala la pena para quienes la incumplan: “ser pasados por las armas”.

No me extraña nada, con estos antecedentes, que el interlocutor de Fernando Lázaro considere una provocación la sola existencia de quienes no piensan como él. Modérese el cromagnon. Los fuegos del 36 de que habla no acabaron con los católicos y hay que recordar que los fuegos de la Inquisición no acabaron con los herejes. El fuego de Nerón tampoco consiguió su propósito. Ante esta realidad de supervivencia de los “provocadores” ¿por qué este muchacho pacífico, “laico” y probablemente majete no se ata una tea en los cataplines y así ve fuego, que parece que es la purificación que quiere, y deja en paz a los demás?  “Los muertos que vos matáis gozan de buena salud” habría que decirle al seguramente simpático y sin duda ignorante personajillo. 

El abrazo del oso y el “okupa” Rubalcaba

10 agosto 2011

Bono, qué tipo, entre caballo y caballo y ático y ático, propone ahora un Gobierno de concentración entre PP y PSOE ya que la situación es grave; antes no debía parecerle grave. Hasta Fernández Vara, que padece el frío de la oposición en Extremadura, se ha apuntado a ese carro. Inmediatamente, claro, se ha sumado a la pedrea Durán i Lleida que dice que la solución es necesaria y amplía esa “concentración” a CiU y al PNV.

Este hombre lleva años queriendo ser ministro de lo que sea y de cualquier Gobierno, y seguro que su próxima propuesta será que la salvación del país es un Presidente  “independiente” de los dos grandes partidos, o sea él. ¿Pero no fue su jefe, Artur Mas, quien acudió a un notario para remachar que nunca pactaría con el PP? Aquella enormidad sin precedentes era, además de una memez, una sobreactuación innecesaria. Cuando un político tiene que acudir al fedatario público para hacerse creer es que su palabra no vale nada. Antes se había producido el llamado “pacto del Tinell” y después aquello del “cordón sanitario” para aislar al PP que lanzó Federico Luppi, un agradecido de los de la ceja.

Leal a esa línea Durán i Lleida ha sido el salvavidas del políticamente extinto Zapatero en ocasiones parlamentarias memorables como en el célebre “decretazo” de las pensiones y en las últimas tímidas reformas. Si en aquel “decretazo” Durán i Lleida hubiese votado en contra, Zapatero hubiera tenido que dimitir como lo hizo en una situación similar el socialista portugués José Sócrates, provocando elecciones inmediatas. Pero Durán i Lleida no quiso forzar unas elecciones hace meses porque aún podía sacar beneficios políticos, y más, para los intereses de su partido nacionalista, importándole un comino los intereses generales de España.

Ahora unos y otros quieren un Gobierno de concentración porque temen más que a la peste una mayoría absoluta del PP. Se ha movilizado la factoría Rubalcaba y pronto ha encontrado aliados sumisos. Entre las declaraciones sonadas sobre esta “concentración” destaco las de Marcelino Iglesias, el esquiador, al que se le entiende moderadamente pero cuando se le entiende es peor. Esta vez recomienda al PP que no se ponga nervioso. Quien lanzó la idea del Gobierno de concentración fue Bono. ¿Es que Bono es del PP?

Desde hace dos años me he referido hasta tres veces en este blog a la necesidad de un Gobierno de salvación nacional o, si no, a la convocatoria de elecciones anticipadas. Entonces sí, pero ya es tarde para ese Gobierno. Bono y sus amigos recuerdan el precedente alemán, promovido por Angela Merkel, pero es una falacia. Allí hubo unas elecciones y sólo tras conocerse la opinión de los ciudadanos en las urnas los dos grandes partidos tomaron la decisión de formar un Gobierno conjunto. Vamos a dejar de una vez, y ya es tarde, la palabra al pueblo español. Un Gobierno de concentración hoy sería para el PP el abrazo del oso. Los socialistas no recibirían el veredicto condenatorio de las urnas a sus desmanes y el PP no podría poner en marcha su programa porque esa “concentración” supondría echar agua al vino, de modo que, al final, no se patentizaría realmente la alternativa de Gobierno que está en la esencia de la democracia

Rubalcaba sigue a lo suyo, que no sé sabe muy bien qué es salvo el desesperado intento de que Rajoy no consiga la mayoría absoluta en las elecciones generales que, por ahora, se mantienen el  próximo 20 de Noviembre. En ese empeño Rubalcaba llegará hasta donde tenga que llegar; tiene mucho peligro. Antecedente: la bochornosa jornada de reflexión del 13 de marzo de 2004. Rajoy no debería estar tranquilo y supongo que, visto lo que se vio, nada le sorprenderá.

El dirigente del PP Esteban González Pons ha afirmado con razón que España “no puede estar tres meses sin economía y sin Gobierno”. Pero esa minucia no inquieta nada en Ferraz ni en Moncloa. Ya vendrán otros tras el 20 de Noviembre a arreglar los desaguisados socialistas. La directora de la campaña electoral de Rubalcaba, Elena Valenciano, que es una fábrica de frases vacías y de inútiles dardos envenenados, le respondió que  “el anuncio de que las elecciones se celebrarán el 20 de Noviembre ha generado estabilidad”. ¿En qué país vive esta mujer? Después del anuncio de la fecha electoral España ha padecido el mayor riesgo de su deuda, llegando a los 424 puntos porcentuales, el máximo de todos los tiempos, y sólo ha bajado hasta menos de 300 por la intervención del Banco Central Europeo, a instancias de Sarkozy y de Merkel, no porque el veraneante Zapatero haya movido un dedo. Superar los 300 puntos se entendía como “valor de intervención” dela UE.

Elena Valenciano ha acusado a Rajoy de “mafioso” y de “traidor a los intereses de España” porque el PP pide unas elecciones más anticipadas aún. Lo de Elena Valenciano es un “tic” totalitario más: identifica los intereses de España con los intereses de su partido; eso lo hacía Franco cuando le criticaban desde el exterior. Deseo más suerte (es un decir) a Elena Valenciano como directora de la campaña de Rubalcaba que la que tuvo el propio Rubalcaba cuando dirigió la campaña de Trinidad Jiménez al Ayuntamiento de Madrid; incluso le deseo más éxito (también es un decir) que el que consiguió Blanco cuando dirigió la campaña de Troitiño a la presidencia dela Xunta.

Rubalcaba es un personaje listo. Consiguió ser candidato sin “primarias” y ahora ha conseguido ser líder del PSOE sin Congreso. Lo ha dicho él mismo: “El líder del PSOE soy yo”, y el pobre Zapatero no ha abierto la boca. ¿Alguien se imagina el peso del Gobierno de España en los foros internacionales con un Presidente que no ejerce y con un líder del partido supuestamente gobernante que no ha sido elegido, o sea en precario? Rubalcaba es el hombre de las grandes proclamaciones. Afirma sin cortarse un pelo que él hubiese ganado las “primarias” por goleada, pero no jugó el partido;  afirma “ya me gustaría a mí ser Zapatero”, pero le ha echado del “ring”; enfatiza que hay que llegar a un pacto entre empresarios y sindicatos, pero el Gobierno del que él era vicepresidente fue incapaz de conseguirlo. Lo que no aclara es por qué no llevó al Consejo de Ministros sus “soluciones” a la crisis y las guardó para anunciar ahora que las tiene, aunque no  desvela nada verosímil en alguien que acaba de dejar la vicepresidencia del Gobierno que nos ha llevado a la situación en que estamos. Rubalcaba es un artista. Eso sí, se presenta en una reunión conduciendo un utilitario y sacando él mismo el tique del aparcamiento. Lleva treinta años sin bajarse del coche oficial pero sigue creyendo que la demagogia tira del voto. Está antiguo en plena sociedad de la información.

Lo de la  demagogia antigua del utilitario de Rubalcaba me recuerda la anécdota tan conocida de Pablo Iglesias, fundador del PSOE, del que se dijo que hacía el viaje en tren en un vagón de primera y en la estación de destino descendía de uno de tercera porque allí le esperaban los compañeros de UGT o del PSOE. Pablo Iglesias, llamado “el abuelo”, que ha llegado a nosotros desde una mitología dulce, y por cierto eficaz ya que pocos la discuten, dijo en su primera intervención en el Congreso de los Diputados, el 7 de julio de 1910, aquello de que entendería un atentado personal contra el jefe de los conservadores, Antonio Maura; el día 22, dos semanas después, el socialista Manuel Posa disparó contra Maura en Barcelona y lo hirió. Comola Historiase repite, un cuarto de siglo más tarde, el 1 de julio de 1936, otro dirigente socialista, Ángel Gallarza, dijo en el Congreso lo mismo refiriéndose al diputado derechista José Calvo Sotelo, pero en este caso el amenazado no tuvo la suerte de Maura; el día 13 murió de dos disparos en la nuca hechos a bocajarro por el socialista Victoriano Luis Cuenca.

Con la treta del utilitario ¿a quién quiere engañar Rubalcaba? ¿Se creerá que todos los españoles somos “tontos de los cojones” como decía de los votantes del PP el delicado Pedro Castro, ex alcalde de Getafe? Castro ha tenido que padecer que la mayoría de sus vecinos eran, según su definición, “tontos de los cojones”.

Mientras, se están produciendo situaciones curiosas. Por ejemplo, un portavoz del PSOE en la Comunidad de Castilla-La Mancha, Fernando Mora, ha declarado que le “preocupa” la deuda de 125 millones de euros que mantiene la Junta con las oficinas de Farmacia de la Comunidad, que ya han comenzado a quejarse y con razón.  “Durante los 11 años que los socialistas llevamos gestionando la Sanidad en Castilla-La Mancha nunca hemos dejado de pagar la factura farmacéutica”, ha dicho Mora. Habiendo dejado los Gobiernos de Bono y Barreda una deuda global de 7.400 millones de euros, que se ha encontrado María Dolores de Cospedal, hay que tener mucho cuajo para decir eso. ¿En qué se gastaban el dinero público? ¿Por qué eran cumplidores con las farmacias y no con los demás? A lo mejor Mora lo explica.

También sobre la deuda, el montaraz e incontinente verbal Tomás Gómez ha pedido en Valdemoro que se realice una auditoría en el municipio porque “no cuadran los números” ya que, según dice pero no avala documentalmente, el Ayuntamiento mantiene una deuda que se acerca a  los 80 millones. ¿Y por qué no habla Gómez, por ejemplo, de los 175,7 millones de euros de la deuda que ha dejado su amigo y compañero de Ejecutiva Jesús Dionisio en Aranjuez? Son 29.000 millones de las antiguas pesetas, cuatro veces el presupuesto anual del Ayuntamiento. ¿Y por qué no habla Gómez, por ejemplo, de la deuda de 250 millones de euros dejada por su amigo y compañero de Ejecutiva Enrique Cascallana en Alcorcón? Son 41.500 millones de las antiguas pesetas. Cifras constatadas por los interventores municipales y no inventadas. Las respuestas, a modo de justificación, de Dionisio y Cascallana sobre hipotéticos futuros cobros seguros en los municipios que rigieron son patéticas; algo así como las cuentas de la lechera. Las que son evidentes, por constatadas y porque ya las sufren los vecinos, son las deudas que ellos han dejado por su mala gestión municipal. Cosas como éstas no deberían quedar impunes y  el Código Penal tendría que contemplarlas. Los nuevos regidores de Aranjuez, María José Martínez de la Fuente, y de Alcorcón, David Pérez, se han encontrado un erial económico.

¿Y por qué no habla Gómez, por ejemplo, de él mismo, de su gestión como alcalde de Parla? Dejó la ciudad con el mayor índice de paro de la Comunidad de Madrid, no presentaba las cuentas presupuestarias, su gestión estaba envuelta en oscurantismo, las cifras siguen sin conocerse (por 22 votos más que el PP el PSOE continúa gobernando en Parla), y su gran invento, el tranvía, está prácticamente en situación de quiebra técnica. Y de paso debería explicar Tomás Gómez la inclusión de la llamada “conexión Parla” (página 24) en el “Informe Abubilla” (57 páginas) sobre corrupción en Castilla-La Mancha con epicentro en Carranque, lugar en el que tiene su casa Gómez, en la urbanización “Coto del Zagal”. El asunto de la trama “Abubilla” lo llevó a los Tribunales “Manos Limpias”. 

Se esperan movilizaciones alrededor de la visita del Papa Benedicto XVI a Madrid, aderezadas entre otros grupos por los “indignados” que de una vez se quitan la careta porque coinciden exactamente con la posición de Izquierda Unida. En los Ayuntamientos de la Comunidad de Madrid Izquierda Unida presentó propuestas contra la visita del Papa y en los municipios en los que la coalición de izquierda no tiene representación los “indignados”, o quienes se identificaban como tales, hicieron llegar a los distintos grupos municipales propuestas similares, palabra por palabra, a la propuesta de Izquierda Unida. Los que se presentaban como “independientes” desde el “15 M” han actuado como correa de transmisión de Izquierda Unida. Ya se veía venir: siempre atacaron al PP y nunca se les ocurrió criticar al Gobierno que es el responsable del lacerante 45% de paro que padecen los jóvenes.

Estos “indignados”, que ya nos indignan a muchos porque no son lo que eran y están manejados por antisistemas y okupas, ya dieron el cante al fustigar con gritos y provocaciones a una marcha de jóvenes que recorría Madrid llevando la Cruz de la Jornada Mundial de la Juventud. Los gritos, que se convirtieron en pintadas, eran, por ejemplo, “Muera la Iglesia” y “Arderéis como en el 36”. A eso nos ha llevado la mal llamada “memoria histórica” desenterrada como arma arrojadiza por Zapatero.

Mientras, el candidato Rubalcaba hace guiños a los “indignados” y al ministro Jáuregui se le ocurre decir que no sería “aconsejable” que Benedicto XVI se refiriera a cuestiones internas durante su visita a España. El portavoz del PP en la Asamblea de Madrid, Iñigo Henríquez de Luna, ha considerado “amenazantes” y un modo de “coartar la libertad” del Papa las palabras del ministro, y tiene razón. Estos grupos anti-visita del Papa confunden, no sé si por ignorancia o interesadamente, conceptos como “ateísmo”, “laicismo” y “aconfesionalidad” y, desde luego, no respetan la libertad religiosa.

Además, habría que recordarle a Jáuregui que Benedicto XVI es Jefe de un Estado con el que España mantiene relaciones diplomáticas plenas a nivel de embajadores, y tiene vigente un Concordato no denunciado por ningún Gobierno de España desde que se firmó. Sin contar con los valores que defiende, y es lógico que lo haga, como Sumo Pontífice de la Iglesia Católica, mayoritaria en España, y la única mencionada en la Constitución.

Pedirle al Papa que no exprese sus opiniones en España es una desmesura respecto al Sumo Pontífice y una actitud inexplicable en las relaciones entre dos Estados que mantienen relaciones normales. Ni Fidel Castro le pidió al Papa Juan Pablo II algo parecido durante su visita a Cuba en 1998. 

La propuesta presentada en los Ayuntamientos por Izquierda Unida, y como correa de transmisión por los “indignados”, es una colección de disparates jurídicos, diplomáticos, históricos y constitucionales; no nos sorprende demasiado en Izquierda Unida, pero que quien disparate sea un ministro, aunque pertenezca a este Gobierno tan manifiestamente mejorable en la valía de sus miembros, es de traca.

Y al fondo, feliz en sus vísperas, Rubalcaba, que actúa como “okupa” de la secretaría general del PSOE para la que no ha sido elegido. Es un “okupa” porque ese cargo tiene dueño como ocurre con las casas “okupadas”. El candidato recibió con satisfacción una encuesta del CIS que le daba ganador. Una encuesta del CIS, con los antecedentes que hay, es algo así como si la hubiese hecho el mismísimo Blanco entre sus compañeros de cena veraniega en “villa PSOE”. Era la única encuesta que no daba mayoría absoluta al PP. Ahora hay un último sondeo, ya después del anuncio electoral, elaborado por una empresa demoscópica independiente, que da 12,6 puntos de ventaja al PP, 2,5 puntos más que la diferencia global obtenida el 22 de mayo en las urnas. Esos resultados supondrían para el PP la mayoría absoluta. Supongo que Rubalcaba, en utilitario o en coche oficial, no estará contento con esta previsión. Tampoco Durán i Lleida. Su gozo en un pozo.

Rubalcaba o durmiendo con su enemigo

25 julio 2011

No sé si recuerdan la película con el título de este post, dirigida por Joseph Ruben en 1991 y protagonizada por Julia Roberts y Patrick Bergin. Laura y Martin se separan tras unos años de convivencia, y ella finge su muerte y cambia de identidad para empezar una nueva vida. Pero la huida es inútil.  La película no era buena, pero entretenía.

La cojitranca España que vivimos me recuerda aquella ficción fílmica. A Rubalcaba le pasa  como a Laura. Ha dormido políticamente muchos años con su enemigo, ha sido su confidente, su hombre orquesta, pero de pronto ha huido, ha fingido la muerte de su “yo” anterior, ha cambiado de identidad y de escenario para empezar una nueva vida. “Llamadme Alfredo”. Pero sin hacer ascos a un Alfredo P similar al célebre ZP. Alfredo P(residente) como Z(apatero) P(residente). Debe haberle aconsejado la misma empresa de creación de imagen. La nueva vida de Rubalcaba ha empezado mal. La verdad es que tiene difícil desligarse de su vida anterior. En el primer mitin se le ocurrió anunciar: “No voy a prometer nada que no  pueda cumplir”. Inevitablemente todos recordamos aquel cartelón de las elecciones generales de 2008 en el que un sonriente (cómo no) Zapatero prometía “Pleno empleo”. Y ya se vio. También recordamos aquello de que España estaba en la “Champions League” de la economía, que no llegaríamos nunca a los 4.000.000 millones de parados, que nos envidiaba Francia, y tantas y tantas botaratadas de nuestro optimista compulsivo que se quedaron en nada. Detrás de él estaba siempre Rubalcaba, su sombra, responsable solidario de todas las decisiones del Presidente como miembro del Consejo de Ministros; pero con el plus de su personalidad política y de su trayectoria.

Ahora el “otro” Rubalcaba quiere hacernos creer que él será distinto, que su hipotético Gobierno en 2012, o antes si se convocan elecciones generales, será arcangélico y pleno de soluciones a los problemas que el Gobierno al que Rubalcaba pertenecía en lugar preeminente creó o no supo atajar. Es una cuestión de fe: creer lo que no se ve. Ha dicho el ministro Jáuregui que él no cree que un Gobierno presidido por Rajoy vaya a solucionar la crisis. Pero es una hipótesis interesada. Qué va a decir él, pringado como los demás en la masa de la panadería zapaterista. Lo que ya sabemos por dolorosa experiencia es qué Gobierno no la va a arreglar: el de Rubalcaba, antes Zapatero. Pero no hay que preocuparse. Las posibilidades que tiene Rubalcaba de ganar las elecciones y ser Presidente de Gobierno son similares a las que tengo yo de  ganar el próximo maratón de Madrid. Ninguna. Pero yo no competiré en el maratón y él es candidato a la Presidencia del Gobierno. Aunque no para ganar las elecciones sino para tratar de  impedir que el Partido Popular con Rajoy tenga mayoría absoluta. Y luego intentar ganar en los despachos, en un oficio en el que Rubalcaba es experto, lo que no haya ganado en las urnas. Pero no le saldrá bien.

Es un caso parecido al del pobre Tomás Gómez en las elecciones autonómicas del pasado 22 de mayo. Desde antes de comenzar la campaña sabía que no ganaría pero se conformaba con ganar a Rafael Simancas. Con conseguir un diputado más que su antecesor en la candidatura autonómica, Gómez hubiese sido feliz, pero consiguió  unos cuantos diputados menos y puso el listón del PSOE más bajo que nunca. Así son las cosas. Una buena lección de humildad para “Invictus” que se quedó con la armadura y el sueño, pero sin votos.

Otra buena lección que ha recibido el PSOE la ha protagonizado Francisco Camps. Su dimisión ha descolocado a quienes tendrían motivos de más calado para dimitir que el presunto regalo de unos trajes que, por cierto, Camps niega. Si los recibió o no tendrá que decidirlo el Jurado. La acusación es de “cohecho impropio”, o sea que, si se prueba, Camps habría recibido el regalo de los célebres trajes pero sin que ello supusiese ningún trato de favor a empresa alguna por parte del Gobierno dela Generalidad Valenciana. Eso queda patente en la documentación procesal, pero se ha ocultado o ninguneado  interesadamente. La condena, si se probase la acusación, sería de una multa. Obviamente, si es inocente, Camps sería absuelto. Y yo creo que lo es, como lo creyó el anterior juez que se encargó del caso antes de que, tras dos años de presión aderezada por quienes han perdido repetidamente las elecciones en la Comunidad Valenciana, pasase a otro juez: el señor Flors.

Rubalcaba se ha atrevido a decir sobre los trajes de Camps que nos encontramos ante la mayor trama de corrupción conocida en España. Tiene muy mala memoria. La corrupción generalizada en España se produjo cuando Rubalcaba era ministro de Felipe González. Ya lo he recordado alguna vez, pero no está mal refrescar la memoria al amnésico Rubalcaba.

Comencemos por el “caso Filesa” de financiación ilegal del PSOE, y sigamos por el “caso Malesa”, el “caso Rumasa”, el “caso Galerías Preciados”, el “caso RENFE”, el “caso Expo92”, el caso de “mi henmano”, que así lo pronunciaba él, o sea el hermano de Alfonso Guerra, vicepresidente del Gobierno, que instaló un chiringuito de corrupción en el propio Gobierno Civil de Sevilla. Por los manejos de aquel Gobierno al que perteneció el impoluto Rubalcaba, dos vicepresidentes del Gobierno dimitieron, un ministro del Interior y sus dos secretarios de Estado acabaron entre rejas, otro ministro del Interior dimitió, otro ministro del Interior fue condenado por desviación de fondos públicos, y también fueron condenados un director general de la Policía y un director general de la Guardia Civil, igual que dos Presidente de la Comunidad Foral de Navarra, y dimitieron un presidente dela Comunidadde Aragón y un presidente de la Comunidadde Murcia. También fueron condenados el Gobernador del Banco de España, la directora del Boletín Oficial del Estado, el responsable de Finanzas del PSOE, y hasta tuvo que dimitir la presidenta de la Cruz  Roja. Con estos antecedentes la desmemoria de Rubalcaba es, como casi todo en este hombre, teatral. ¿Quién puede creerle?

Mientras, Chaves y Griñán con sus ERES fraudulentos, los manejos de los hijos de Chaves, y la amenaza de las encuestas electorales en Andalucía; las previsiones cantan que el PSOE perderá su última Comunidad Autónoma cuando se celebren las elecciones andaluzas. Bono con el aumento patrimonial no investigado y presuntos cohechos impropios; Rubalcaba y Camacho, que tanto monta, con el faisán volando bajo, pese a la ultima estratagema del amigo Conde Pumpido, que actúa  a menudo como Fiscal General del Gobierno y no del Estado, que debería ser su menester. Para quitar el “caso Faisán” a la Audiencia Nacional y, con ello, al juez Ruz, y mandarlo a un juzgado de Irún, la Fiscalía General del Estado ha dado instrucciones de que sólo se consideren “colaboración con ETA” los delitos que supongan “afinidad ideológica” con la banda. Es nuevo.

Esa enormidad de la Fiscalía, según entiendo, quiere decir nada menos que si un ciudadano acoge en su casa a un etarra, presta ayuda a la banda, aporta información que lleva a cometer delitos a ETA, no será colaboración con los terroristas si ese ciudadano declara que no comparte la ideología de ETA. Qué cosas. Lo que hay que hacer para tapar algo tan asqueroso como fue el chivatazo por parte de mandos dela Policía (obviamente no por decisión propia sino recibiendo instrucciones del “mando político”) al aparato de extorsión de los etarras de que si pasaban la frontera serían detenidos. Todo por seguir los pasos pactados de una negociación que ponía, y sigue poniendo, al Estado de rodillas. En ese camino hay que anotar como penúltima parada la legalización de Bildu, la muy probable legalización de Sortu, y no sé que nos esperará más. Deseo que el juez Ruz mantenga su apuesta por la verdad, aunque lo que querría más de uno es que el “caso Faisán” se pusiese en manos del juez Flors, el de los trajes. La tramoya es muy burda. En el caso Bildu es inconcebible que el Tribunal Constitucional actuase como un tribunal de casación enmendando, al entrar impropiamente en el análisis de pruebas ya valoradas por el Tribunal Supremo, nada menos que la sentencia de la más alta instancia judicial.

Zapatero cree que puede enmendar su imagen ante los españoles, su pésima gestión como gobernante, presentando antes de su salida de Moncloa el final de ETA, que no muestra arrepentimiento, y que siempre sería un “hasta luego”. Hasta que le conviniese en su loca estrategia de independencia. Pero el Gobierno de Zapatero no ha hecho otra cosa que engordar o al menos no detener el independentismo allá donde quería sacar cabeza. Y ahora nos vemos como nos vemos. Al cabo, tendremos una farsa; habrá una ETA que pactará su disolución y otra, que ellos llamarán “residual” e “incontrolada”, que mantendrá su amenaza. El caso del poli bueno y del poli malo. Lo cierto es que también en esa estrategia del final de ETA se equivoca Zapatero. No sólo ofende a las víctimas; traiciona desde la equidistancia de víctimas-verdugos todo lo que debería defender desde su responsabilidad. Un Gobierno a la desesperada, extinto desde hace tiempo, con un presidente políticamente difunto, sin ideas, desnortado, que se aferra a unos últimos meses de agonía por permanecer en Moncloa a la espera de no se sabe qué milagro o a la espera de nada, es sólo un resistente inútil.

En este camino de agonía gubernamental Durán Lleida ha resultado ser la “muleta” necesaria demasiadas veces. Si ha habido un cómplice que ha supuesto oxigeno para Zapatero éste ha sido Durán Lleida. Pudo forzar la dimisión de Zapatero no votando aquel decretazo de las pensiones y hace bien poco ha salvado, otra vez, las últimas medidas de Zapatero. Luego, de cara a la galería, critica al Gobierno socialista, pero es un mero gesto teatral desmentido por la realidad de lo que decide en el Congreso de los Diputados. Ahora proclama que su objetivo es impedir una mayoría absoluta del Partido Popular en las próximas elecciones generales. En eso Durán Lleida coincide, una vez más, con Rubalcaba. Ni uno ni otro quieren que se les acabe el chollo. Temen que se ponga fin al mercadeo.

Rubalcaba, que es un tipo de declaraciones curiosas, ha opinado sobre el cruento atentado en Noruega que “le duele más” porque afecta “a su familia política”. Hubiese estado mejor calladito. Ese atentado afecta a todo ser humano independientemente de las ideologías propias o las del Gobierno noruego. Pero lo que probablemente quería Rubalcaba, el candidato, que tiene fama de no dar puntada sin hilo, es decirnos a los españoles que por esos mundos también hay gobiernos socialistas. Mal de muchos…ya se sabe. Pero ni en eso ha estado fino el candidato. El Partido de los Trabajadores o Partido Laborista gobierna Noruega en coalición con otros partidos de izquierda y de centro, y bajó en votos en las últimas elecciones respecto a las elecciones anteriores. Sacó sólo tres escaños a la coalición rival de centro-derecha. En Europa sólo quedan cuatro países con gobiernos socialistas: Grecia, Eslovenia, España y Chipre. Esa es la corta familia política gubernamental europea de Rubalcaba.

Por cierto, Rubalcaba nunca mencionó que el Partido Democrático Nacional, de Mubarak, en Egipto, y la Agrupación Constitucional Democrática, el partido de Ben Alí, en Túnez, eran “de su familia política” ya que estaban integrados desde su fundación, como el PSOE, en la Internacional Socialista. La acción o la omisión de Rubalcaba respecto a estos asuntillos es mera oportunidad. O acaso oportunismo.

Con un Gobierno de uno u otro color, los atentados de Noruega, considerado el país más seguro y pacífico de Europa, son una verdadera tragedia. El presunto autor, un psicópata  que responde al nombre de Anders Behring Breivik, ha sido presentado como “fundamentalista cristiano”, “de extrema derecha”, “neonazi”, y  no sé qué más… Pero al tiempo este tipo se declara admirador de Churchill, la bestia negra del nazismo, y del teniente Max Manus, legendario héroe de la resistencia noruega contra la ocupación nazi. Algunos medios de comunicación de izquierdas parecían enviarnos un mensaje para que fuese entendido, en traslación nacional, como que el asesino múltiple era poco menos que un “extremista cristiano” o algo así. Pero lo cierto es que en Noruega el 86% de la población pertenece a la Iglesia Evangélica Luterana de Noruega, apoyada por el Estado; el Rey nombra a los clérigos. Otras iglesias protestantes y la religión católica cuentan con un 4,1% de la población. Practica el islamismo un 1% de los habitantes de Noruega, prácticamente todos inmigrantes. Obviamente hay libertad de creencias religiosas y de cultos.

Este tipo, capaz de fabricar y montar una o más bombas, presentarse con uniforme policial en un campamento juvenil y matar, en total, a cerca de un centenar de personas, es un loco tenga las ideas que tenga o crea tener. Autor de un manifiesto de 1.500 páginas, más que las obras completas de Borges, en el que no deja títere con cabeza, este Breivik será recordado como un demente y, desgraciadamente, acaso eso le salve de más condena que la de pasar unos años en un psiquiátrico. En todo caso, las leyes noruegas penan con dos meses y medio de prisión cada vida segada por este monstruo ya que no pasaría en la cárcel sino veintiún años.

Y algo que cuidadosamente han ocultado ciertos medios de comunicación de izquierdas es la adscripción masónica del múltiple asesino. Era venerable maestro de la logia John Lodge. Las fotos en que aparecía con los atributos masónicos fueron convenientemente recortadas en algunos medios, de modo que no se le veía vistiendo el ritual mandil masónico y con los guantes blancos. Estudié con cierta profundidad la masonería cuando documentaba mi novela “Memoria secreta del Hermano Leviatán”, y un masón “fundamentalista cristiano” me resulta tan raro como un “fundamentalista  islámico” que bebiese whisky; bueno, no tan raro si tenemos en cuenta que los supuestos autores  directos de los cruentos atentados del fatídico 11-M en los trenes de Madrid, fallecidos en el piso de Leganés, eran bebedores empedernidos y muy poco conocidos en la mezquita.

No me explico demasiado como un solo tirador pudo asesinar a cerca de noventa personas, disparando dos veces sobre cada víctima para rematarla, aunque utilizase tres armas. Lo que me extraña no es el armamento sino la munición. Para esos asesinatos precisaría 180 proyectiles y no fallando ningún disparo. Los expertos calculan, en casos como el trágico episodio de la isla de Utoya, un número de proyectiles muy superior. ¿Dónde portaba, por ejemplo, 300 proyectiles? Y al tiempo un fusil automático, una escopeta y una pistola. Pero si los investigadores dicen que es posible y el asesino declara que actuó solo, habrá sido tal cual.

Acompaño en el sentimiento a Rubalcaba por la muerte tan horrenda de sus correligionarios del Partido de los Trabajadores de Noruega, que él dice haber sentido más, precisamente por esa coincidencia ideológica, pero me duelo por esas víctimas inocentes independientemente de su adscripción política, y me siento muy cerca del dolor de sus familiares, de sus amigos, de los noruegos, como les ocurrirá a todos los seres humanos de buena fe en el ancho mundo.

Una diferencia entre la película “Durmiendo con su enemigo” y la realidad de nuestro Rubalcaba que, tras dormir políticamente con quien ahora parece su enemigo quiere tomar una nueva identidad, hacer otras cosas y olvidar las más: el compañero de cama política está muerto. El escenario no es un dormitorio. Es una morgue.