Pancho Villa en Cibeles

17 julio 2015 by

El ejército de Pancho Villa se ha instalado en Cibeles y ha ocupado el Ayuntamiento de Madrid. Pancho Villa tuvo su ascenso y su caída. Fue el célebre comandante de la División del Norte en las pugnas internas mexicanas de principios del siglo XX, ganó batallas, luego las perdió, y acabó baleado en Hidalgo del Parral (Chihuahua)  en 1923, a  los 45 años. De la tropa de Villa se decía que era indomablemente indisciplinada. De ahí procede el calificativo de “ejército de Pancho Villa” que se da a un colectivo sin control o desorganizado.

El equipo de gobierno del Ayuntamiento de Madrid aparece ante la opinión pública como refractario a la disciplina. Cada concejal de área dice lo que se le ocurre, convoca ruedas informativas, lanza globos sonda, y la alcaldesa Manuela Carmena lo último que ha dicho sobre un reciente anuncio desmentido es que respeta lo que opine y proclame cada concejal. Luego, si era necesario, su portavoz saldría al quite, y esa importante función la ocupa Rita Maestre, procesada por el asalto en topless a una capilla de la Complutense. Esta mujer es la larga mano de Pablo Iglesias en el Ayuntamiento, su comisaria política, su vicaria. No se mueve un folio sin que esta comecuras otorgue su nihil obstat.

Lo que se le ha ocurrido a Rita es crear en internet una especie de página de avisos: “Madrid VO. Versión Original” para desmentir a los medios informativos. Una supuesta información de la buena… Pero los medios de comunicación no se inventan los anuncios de nuevos impuestos ni demás ocurrencias municipales que obviamente nacen del concejal responsable. Como aquello del tic-tac de Pablo Iglesias, en este invento existe el precedente de Maduro que creó “El noticiero de la verdad” para desmentir a los escasos medios que aún no ha cerrado. Carmena declaró tras una de las ocurrencias de su equipo: “Hay que procurar no alarmar con la difusión de noticias”. O sea: hay que poner bozal a los informadores. Tal que Maduro.

Toda la oposición, empezando por Esperanza Aguirre que ganó las elecciones, pide que se suspenda ese “Madrid VO”, Carmona incluido, aunque éste a la hora de la verdad diese un patético paso atrás. Conozco y trato a Carmona desde hace años y es hombre culto e inteligente. No creo que sea feliz con este equipo al que le obligaron a apoyar. No le habrá agradado la lectura de “Madrid VO” plagada de faltas de ortografía que fueron corregidas en el texto cuando las redes sociales pusieron en evidencia los atentados ortográficos. En su última rueda informativa la asaltante de capillas se negó a aclarar nada. Orilló unas preguntas porque según dijo eran viejas y otras porque para ella no necesitaban aclaración. Y se atrevió a definir el papel de los medios informativos. Los periodistas asistían al disparate entre la hilaridad y la sorpresa. Malos tiempos para el periodismo municipal.

El comandante de este ejército de Pancho Villa no es Manuela Carmena sino Luis Cueto Álvarez de Sotomayor -qué aristocrático apellido-, coordinador general del Ayuntamiento y marido de su sobrina. Sin embargo, no va más allá de lo que Rita Maestre le deja. Es un técnico, un funcionario que ha trabajado para gobiernos socialistas y populares. Recordaba hace poco Jon Juaristi en ABC que este funcionario  trabajó en el Instituto Cervantes cuando él fue director. Llevó allí la dirección de Recursos Humanos. En su delicioso artículo, Juaristi define a Cueto Álvarez de Sotomayor como “un organizador eficaz y un podador implacable, nada sentimental, de los que siempre hacen falta”. Y añade: “Si yo fuera un concejal de Ahora Madrid, empezaría a preocuparme”. Es el humor de Jon, que no es negro pero sí inteligente.

El hombre para todo de Manuela Carmena era últimamente subdirector general de Innovación Empresarial, en la Secretaría de Estado de I+D+I, que rige para asombro de no pocos Carmen Vela, que se destacó en la pasada legislatura como miembro de la Plataforma de Apoyo a Zapatero. Llegó a ejercer como maestra de ceremonias en un acto zapaterista en el Círculo de Bellas Artes. En aquella ocasión el director de cine José Luis Cuerda leyó un manifiesto de adhesión a Zapatero en el que pidió “que no vuelva la turba mentirosa y humillante” refiriéndose al Partido Popular que, según dijo, “piensa desde su imbecilidad que todos somos más imbéciles que ellos”. Puede que aquel nombramiento fuese una humorada del ministro Luis de Guindos. Luis Cueto Álvarez de Sotomayor es un técnico, un funcionario multiuso, pero a Carmen Vela se le dio una secretaría de Estado. De animadora de la “ceja” a un viceministerio de la turba mentirosa y humillante, para condenarla a estar rodeada de imbéciles. José Luis Cuerda dixit. Y Vela hace curriculum para ser ministra si un día vuelve la turba que no es mentirosa ni humillante. Ese sí que sería un provechoso curso de formación que no paga Luis de Guindos de su bolsillo sino que sufragan los impuestos de los españoles.

La alcaldesa no da un paso sin la compañía y asistencia de su coordinador general y creo que hace bien porque si se han dado tantos espectáculos chuscos en tan poco tiempo no sé lo que hubiésemos padecido sin la fiel asistencia del coordinador a la primera autoridad municipal. Ella intenta tomar el timón, apuntalar su autoridad ante sus concejales, conseguir que no la contradigan, pero a menudo fracasa. La ningunean. Bastarán dos ejemplos. Carlos Sánchez, edil de Hacienda, anunció que las tasas al turismo y a los cajeros bancarios “entrarán dentro de lo posible en los Presupuestos de 2016”. Dos días después la alcaldesa aclaraba: “No hay ningún propósito de llevar a cabo ninguna de las dos tasas. Soy rotunda”. Y en la tarde de ese mismo día el edil Sánchez insistía: “En 2015 no habrá tasa. En el presupuesto de 2016, cuando llegue el momento, lo veremos”. Más tarde también creó un lío el anuncio de Carmona, qué cuajo, de que había conseguido que la alcaldesa rectificase “El noticiero de la verdad” caraqueño, versión madrileña. No tardó Rita, como vicaria pablista, en rectificar,  pero a Carmona. Y el panfleto digital sigue tal cual. Al tiempo hicieron el ridículo Carmona y Carmena. Esperanza Aguirre tenía razón cuando predijo al portavoz municipal socialista que no le harían caso. Cuestión de experiencia y conocimiento del percal.

En el equipo de la alcaldesa han coincidido no pocos frikis que también tienen sus ocurrencias. Sumadas a las de la propia Carmena el número de ellas ya es considerable. Algunas han sido sonadas. Como la contrata a cooperativas de madres para la limpieza de los colegios, idea que abandonó ante el revuelo. Uno se esperaba el paso siguiente: cooperativas de vecinos para limpiar las calles. O la creación de un banco público, medida estrella del programa de Ahora Madrid; quedó en nada; acaso porque Carmena reconoció que no tenía programa electoral sino un “conjunto de sugerencias”. O el cambio masivo, y en muchos casos esperpéntico, de nombres de calles; se aplaza. O los tiras y aflojas respecto a Zapata el de los tuits:  que si sería presidente de la Comisión de Cultura, que si portavoz… mientras recibía la complacencia y la comprensión de la alcaldesa. O el buen rollito de Carmena que evitó criticar otro muestrario de tuits aberrantes como los de Soto, el Guillotina, y García, el Empalador. Y luego las nuevas tasas anunciadas, desmentidas y resucitadas.  Y últimamente lo de “Madrid VO” que si sí, que si no… Aquellas “sugerencias”, que no programa, de la alcaldesa han sido tan disparatadas como el rastro de algunos de sus colaboradores en las redes sociales.

Carmena tiene una tienda de ropa para bebés en Malasaña. Es un establecimiento solidario. La mayoría de sus productos son de lana. “De lana de oveja merina, la traemos de Alemania”, aclara la dependienta a quien se interesa por el asunto, que de inmediato pregunta con sorpresa: “¿De Alemania? ¿Pero si España es de las mayores productoras de lana merina del mundo? Además, les saldría más barata”. Silencio de la dependienta. Ni el apoyo al producto español ni la racionalización de costes parecen importar. Carmena ya irá sabiendo que gestionar una tienda, por muy solidaria que sea, no es gestionar una gran ciudad.

En esta historia panchovillesca la protagonista es la alcaldesa pero uno de los papelones menos airosos es el que representa, mantengo que a su pesar, mi amigo Carmona. Cada día a la espera de nuevas ocurrencias.

Como en tiempos de Quevedo, que si se mordía la lengua se envenenaba, circula por los mentideros de la Villa y Corte esta cuarteta: “Con aires de comadrona / nos desgobierna Carmena / con ayuda de Carmona. / ¡No estamos de enhorabuena!”.

Anuncios

Los errores de Sánchez

28 mayo 2015 by

El resultado de las elecciones del pasado día 24 ha supuesto un vuelco pero en cierto modo no una sorpresa. Es obvio que las medidas adoptadas por el Gobierno de Rajoy para salvar el desastre económico que dejó Zapatero, hasta ahora el peor presidente de la democracia, han sido duras aunque necesarias. España estaba al borde del rescate, con una prima de riesgo de 632 puntos a mediados de 2012 y creciendo, y con una consideración exterior infumable. Había que salir del túnel. Ocurre que el pueblo español, los votantes que apoyaron mayoritariamente al PP en 2011 para que sacara al país de la crisis, en buena medida han entendido, pasados algo más de tres años, que remontar la crisis era gratis y su percepción parece haber sido que estaba bien que el común de los españoles se apretasen el cinturón pero no ellos mismos ni su gremio.  Pensaban que debían apretarse el cinturón los demás. En este contexto no es sorprendente que el PP haya recibido un castigo en las urnas y se haya producido un vuelco.

¿Qué ha ocurrido con el PSOE? Si se leen algunos periódicos y se escucha a Pedro Sánchez parece que los votantes han favorecido a los socialistas, pero no es así; es una falacia. El PSOE ha sido la tercera, la cuarta, incluso la quinta fuerza política en importantes ayuntamientos en los que el PP ha sido la primera. Ha perdido casi 600.000 votos en el conjunto de España, 400.000 de ellos en grandes ciudades, y en muchas circunscripciones ha cosechado los peores resultados de su historia. El que no se conforma es porque no quiere. Que un partido que ha gobernado en un tiempo difícil y tomando medidas duras y a menudo lógicamente impopulares pierda 2.500.000 votos desde 2011 que consiguió casi 11.000.000, resulta comprensible. Que un partido que no ha gobernado, que supuestamente no tenía que haber sufrido desgaste porque se ha opuesto a todas y cada una de las medidas y reformas propuestas por el Gobierno, haya perdido cerca del 10% de sus votos de 2011, que fueron 6.900.000, es preocupante.

Sánchez dijo -ay, el poder de las hemerotecas y las videotecas- que nunca pactaría con Podemos ni con el populismo ni en el más modesto ayuntamiento, ahora se pone meloso con Pablo Iglesias y con sus damas Manuela Carmena, de profesión juez, en Madrid, y Ada Colau, de profesión activista, en Barcelona. Sánchez quiere “protagonizar el cambio” y lo ve no sólo posible sino seguro. Además ha decidido hacerlo echándose en los brazos de Podemos. El optimismo de Sánchez contrasta con la reacción de la Bolsa y las declaraciones de grandes empresarios españoles y de inversores extranjeros que ven el avance del populismo como un peligro cierto para la estabilidad y el crecimiento económico. Podemos  se ha presentado a las elecciones con diversas marcas a lo largo y ancho del país para jugar al despiste. Esa variedad de disfraces electorales supone, en cierto modo, un fraude al votante, pero ya sabemos que se atribuye a Maquiavelo, aunque es anterior, la sentencia “el fin justifica los medios”; puro leninismo.

Sánchez tiene prisa y está políticamente demasiado verde. Mientras el líder del PSOE se las promete felices en sus mieles pactistas, Pablo Iglesias asegura que Podemos fagocitará al PSOE al que le ocurrirá como al PASOK en Grecia. No es la primera vez que se establece esa comparación. En febrero pasado el semanario británico “The Economist” se refería a esta cuestión en un artículo titulado “¿Pueden?”, que llevaba el antetítulo “España y Podemos”. Hablaba de la inestabilidad que amenazaba -entonces- no sólo a Andalucía sino también a España. En eso estamos en mayo de 2015.

El primer error de Sánchez es haber optado por convertirse en un segundo Zapatero en lugar de en un segundo Felipe González. El primer presidente socialista del Gobierno centró el PSOE, lo convirtió en un partido preferido por las clases medias, obvió el viejo recelo que entonces  no pocos tenían a las siglas, superó las partes más oscuras de su historia, y consiguió la mayoría electoral más contundente de la democracia. Zapatero apostó por la división de los españoles, resucitó el guerracivilismo, representó un radicalismo trasnochado, y por sus torpezas favoreció el nacimiento y fortaleza del populismo aupado por televisiones afines que él había propiciado, aparte de dar oxígeno a un independentismo catalán hasta entonces más o menos encauzado. Sánchez es un Zapatero en caricatura, de segunda, que no ha hecho otra cosa que conducir al PSOE hacia la irrelevancia. Viene a serla la caricatura de una caricatura. Su gran opción, Ángel Gabilondo en Madrid, sólo consiguió un diputado más que el denostado Tomás Gómez en 2011, que entonces fue y ahora es el peor resultado socialista en toda la democracia. Y Carmona ha llevado al PSOE a su más baja cota de las conocidas en unas municipales madrileñas.

Tras manifestarse repetidamente contra los pactos con el PP, confundiendo al adversario a ganar con el enemigo a destruir, y coincidiendo en ello con Podemos, Sánchez ha cometido un segundo error: no calibrar que dejarse abrazar políticamente por Pablo Iglesias supondrá condenar al PSOE a ser absorbido por Podemos. Condenar a la irrelevancia a un partido centenario. El populismo ya ha fagocitado a IU en las municipales y autonómicas y en las generales aspira a hacerlo con el PSOE. Y así será por la ceguera de Sánchez al que no preocupa quebrar la estabilidad y con ella el camino hacia el desarrollo y la bonanza económica. Podemos confunde la gobernación de una nación europea con el manejo de una asamblea de facultad o la dirección de una comunidad de vecinos. España por los errores de Sánchez puede perder su credibilidad y peso dentro de la Unión Europea porque con recetas bananeras y utopías añejas ya fracasadas en el mundo, no se sale de ningún túnel sino que se vuelve a él. Y la crisis desembocará en algo peor: pobreza, desabastecimiento, huida de inversiones, recesión… Que Sánchez crea que el PSOE será quien fagocite a Podemos es sencillamente un sueño. Las señales contrarias son muy claras.

El momento obliga a decisiones valientes como las que se viven con normalidad en otras naciones europeas. Grandes pactos de Estado que garanticen la gobernabilidad desde la moderación y el realismo. Lo que debería haber hecho el líder socialista es fortalecer fórmulas para salir de la crisis no para profundizarla. Parón a las reformas, más gasto público, menos apoyo empresarial, congelación de proyectos que suponen empleo y dinamización económica… No son soluciones sino problemas. Sánchez no es precisamente un estadista y no lo ve. Allá él y su responsabilidad. Lo peor es que no sólo enterrará al PSOE; también perjudicará gravemente al conjunto de los españoles que cuando -cada uno según su saber y entender- se arrepientan de haber dado su voto al radicalismo, será muy tarde. Acaso ya no habrá posibilidad de macha atrás. En Venezuela, por ejemplo, lo saben bien para su desgracia. Del aplauso confiado a Chávez se ha pasado a las cartillas de racionamiento y a las colas un día determinado a la semana para hacer la compra de lo que hay. Y a la violencia política, a los medios de comunicación amordazados o cerrados y, en esa vía, a elecciones viciadas porque sin libertad de opinión no existen procesos electorales libres. ¿Por qué, pese a lo que prometió, Sánchez ha olvidado todo esto?  Desdecirse también es un error y una cierta desvergüenza política porque votantes de su partido -muchos o pocos- acaso no lo hubieran  sido si no miente  sobre su apoyo a Podemos.

El estallido de la irrelevancia

12 febrero 2015 by

Escribo en la madrugada del 12 de febrero, y no quiero que se tome este comentario como una interferencia en las decisiones libérrimas de un partido que no es el mío. Soy respetuoso con las decisiones de los demás. Sencillamente es eso: un comentario de actualidad escrito por quien durante decenios ha ejercido y ejerce como  comentarista político.

César Luena, secretario de organización del PSOE, la persona elegida por Pedro Sánchez para anunciar el cese al completo del órgano dirigente del Partido Socialista de Madrid y el nombramiento de Rafael Simancas como presidente de la Comisión Gestora, es nuevo en la política nacional, y fue un oscuro diputado de los de apretar el botón del voto hasta que lo llamó a su lado Pedro Sànchez en 2014.

El propio Pedro Sánchez era un diputado prácticamente desconocido hasta su encumbramiento democrático a la secretaría general de los socialistas en el XXXIX Congreso Extraordinario Federal de julio de 2014 tras la dimisión de Rubalcaba. Había sido concejal del Ayuntamiento de Madrid por renuncia de quien le precedía en la lista municipal.  Entre 2004 y 2009 fue miembro de la Asamblea General de Caja Madrid, a propuesta del PSOE del Ayuntamiento de la capital, función que le han recordado en la prensa, con indudable malicia, en alguna ocasión. En 2009 llegó al Congreso por renuncia de Pedro Solbes y en 2013 volvió a ser diputado en la vacante de Cristina Narbona. Nunca perteneció ni a la Ejecutiva ni al Comité Federal del partido. Su promesa ante los congresistas cuando fue elegido secretario general fue “desterrar el paro, la pobreza, la desigualdad y el independentismo de España”, además de “derogar la reforma laboral y romper los acuerdos con la Santa Sede”, entre otros aparatosos anuncios.

Desde la oposición no ha podido desterrar la pobreza ni la desigualdad, pero sí nos ha dado su fórmula para el destierro del independentismo. Su as en la manga es una reforma constitucional que supuestamente contentaría los delirios de Artur Mas y sus acólitos, a cambio de lanzar ese trágala al resto de las Comunidades Autónomas, de modo que para que se encontraran cómodos los catalanes independentistas tendrían que pasar por el aro de esa reforma las demás regiones que no sienten ahora ninguna incomodidad. Pedro Sánchez debe pensar que España es un sofá. En cuanto a la derogación de la reforma laboral, supongo que Sánchez se lo estará pensando; su compañero Renzi ha promovido en Italia una reforma en la misma línea que la afrontada por Rajoy en España, que pone como ejemplo. Y Valls en Francia sigue la vía de la austeridad -que en España llaman recortes- de modo que los ingresos y los gastos traten de estar equilibrados.

La primera gran decisión de Pedro Sánchez como líder del PSOE fue no respetar el acuerdo firmado por Rubalcaba  con los partidos socialistas del Europarlamento para votar al luxemburgués  Jean-Claude Juncker como presidente de la Comisión Europea, como contrapartida a que el centro derecha votara al socialista alemán Martin Schulz para presidir el Parlamento Europeo. Fue un error que comenzó a desplegar desconfianza en Europa sobre el rigor del nuevo referente del socialismo español. Es  extraño que Pedro Sánchez no valorase cómo se reciben en Bruselas esas traiciones a la palabra dada (y en este caso firmada) ya que Sánchez, cuando contaba 26 años, trabajó bastante tiempo como asesor en el Parlamento Europeo con la eurodiputada socialista Bárbara Dührkop.

Decía Felipe González que el socialismo madrileño empezó sus ansias cainitas ya en tiempos de Pablo Iglesias -el fundador, no el de la coleta- y hasta ahora no lo ha dejado. Cualquier observador más o menos de primera fila ha visto de todo, y las navajas cachicuernas han lanzado tajos acá y allá de unas a otras familias de un PSOE madrileño en el que parece obligada la cota de malla. Pero Pedro Sánchez, puesto a renovar, ha incorporado un nuevo elemento: la defenestración desde arriba, en lo que es probablemente un virtuosismo de los tiempos nuevos. Hasta ahora cuando desde Ferraz decidían el retiro del secretario de una federación regional, le citaban, le leían la papela y el afectado salía cabizbajo y con la dimisión presentada. El caso de Tomás Gómez ha sido distinto. Citado que fue en la planta noble de Ferraz y maliciándose el recado, no acudió, esperó a enterarse por los medios de comunicación, y montó una comparecencia airada sin pelos en la lengua. La primera fase de la “operación Sánchez” había zozobrado.

Tomás Gómez, al que he citado no poco en este blog durante los últimos años, me pareció un mal alcalde de Parla, un pésimo candidato a la autonomía madrileña que en cada elección conseguía superarse a sí mismo en pérdida de votos, y me parece un contradictorio y sectario político de una izquierda de catón, radicalizada y antigua. Pero los afiliados lo habían elegido y las formas en política cuentan. Las formas de Sánchez en el manejo de la navaja cachicuerna no son de recibo. Cuando se habla tanto de democracia interna hay que respetarla. Uno, desde la veteranía, sabe que las primarias socialistas son a menudo una fantasmagoría. ¿En qué primarias fueron elegidos candidatos al Ayuntamiento Trinidad Jiménez o Miguel Sebastián? ¿Cuánto tardaron en podarle el césped bajo los pies a Borrell que ganó con holgura las primarias a Almunia, y al final el candidato a la presidencia del Gobierno fue el perdedor?

Pedro Sánchez fue el muñidor electoral de Trinidad Jiménez cuando se presentó contra Tomás Gómez en el Partido Socialista de Madrid. Tenían cuentas pendientes. Hasta pocas horas antes de la decisión letal de Sánchez sobre Gómez, cualificados dirigentes del PSOE aseguraban públicamente que el secretario general de los socialistas madrileños contaba con el apoyo de Ferraz pasase lo que pasase (se referían al costoso invento del tranvía de Parla). Y no ha sido así. ¿Otra decisión improvisada de Sánchez? Este hombre que un día tuvo la ocurrencia de anunciar que si gobernaba suprimiría el Ministerio de Defensa, parece que a veces emite los primeros mensajes que se le ocurren. Creo que en el tema de Gómez su decisión ha sido meditada.

Ha lanzado un dardo envenenado a Susana Díaz y en un momento inoportuno: a pocas semanas de sus elecciones autonómicas. Si él da un puñetazo en la mesa y descabalga al secretario general de una organización tan tradicionalmente poderosa como la de Madrid, que además le apoyó para conseguir  la secretaría general, y antes de que caiga sobre él imputación alguna, es obvio que la lideresa andaluza no queda bien al mantener el statu quo de Griñán, Chaves y sus compañeros de Gobierno y colaboradores arrasados por los ERE y los cursos de formación, un agujero de varios miles de millones de euros.  Susana Díaz, que no sabía los planes de Sánchez, balbuceó unas palabras evasivas, y Chaves no quiso decir ni pío. A Griñán no lograron encontrarle los periodistas.

La política da muchas vueltas y a gran velocidad. Resulta que a fecha de hoy el paisaje electoral madrileño, en cuanto a candidaturas autonómicas, es singular. El PSOE no tiene candidato confirmado, IU tampoco, el PP ídem, e incluso se da el caso de una presunta candidata sin partido: Tania Sánchez, que no se sabe si se presentará por una Unidad Popular, una Plataforma de Izquierdas, una Agrupación Ciudadana o un Frente Popular… No lo ha decidido todavía Pablo Iglesias -el de la coleta,  no el fundador-. Estas dudas no son demasiado extrañas. Quien no sabía que en casa de su señor padre estaba residenciada una empresa que recibió más de un millón de euros de dinero público con su voto como concejal de Rivas, y que esa empresa era de su señor hermano ¿Cómo va a saber sin que se lo diga alguien qué partido, coalición o agrupación de electores va a encabezar? El único candidato confirmado a esta fecha es el de UPyD: Ramón Marcos Allo, cuyo nombre no dirá demasiado al común de los electores.

Y una curiosidad: Tania Sánchez, hoy candidata  de la nada, va a ponerse políticamente de largo el día 18 de febrero en un desayuno sobre las alfombras del Ritz, en la tribuna del Fórum Europa. En junio de 2014 esta tribuna, por la que han pasado los más empingorotados personajes, recibió en su bautismo político de cara a la España de los poderosos a Pablo Iglesias. En esta ocasión el desayuno con Tania lo patrocinan las mismas empresas que patrocinaron el desayuno de Pablo: Asisa, BT y Red Eléctrica de España.

Asisa es un gigante de la sanidad privada con una presencia muy importante  en el sector; la sanidad privada es una de las bestias negras de Tania Sánchez y también de  Pablo Iglesias. BT es una empresa británica que opera en España desde hace veinte años, dedicada a los servicios de Comunicaciones y Tecnología de la Información, entre cuyos clientes se encuentran 28 de las 35 empresas del IBEX 35, y 2.000 de las 5.000 mayores empresas españolas. Red Eléctrica de España transporta la energía eléctrica en alta tensión, y lo hace como transportista único, en régimen de exclusividad. La SEPI (Sociedad Española de Participaciones Industriales) tiene una participación en R.E.E. como socio mayoritario. El presidente de la SEPI es nombrado por el Consejo de Ministros, a propuesta del Ministro de Hacienda y Administraciones Públicas. Desde 2012 lo es Ramón Aguirre, ex diputado del Partido Popular. El presidente de R.E.E. es José Folgado, antiguo director del Departamento de Economía de la CEOE que luego ocupó tres secretarias de Estado consecutivas en el Ministerio de Economía y Hacienda en los gobiernos de Aznar, fue diputado del Partido Popular, y hasta su nombramiento para la presidencia de R.E.E. fue alcalde popular de Tres Cantos.

En el desayuno de Pablo Iglesias los patrocinadores debieron colocarse tapones en los oídos, y supongo que harán lo mismo el día 18 en el desayuno de Tania Sánchez. Este doble patrocinio de una pareja política y sentimental confieso que, acaso ingenuamente, no sé bien a qué responde. ¿Masoquismo? ¿Buenismo? Un sentimiento parecido al de las cadenas privadas de televisión que llevan muchos meses aupando a Pablo Iglesias desde cierta amnesia que les impide recordar que entre los postulados del inquieto y contradictorio líder revolucionario figura la desaparición de los medios de comunicación privados porque “lo privado lleva siempre a la corrupción”. El país está cada vez más ciego, o contemporiza con quien lo utiliza, o sencillamente es cobarde.

Cuando concluyo este post circula el nombre de Ángel Gabilondo,  ex-ministro de Zapatero (que no es aval fiable) como sustituto de Tomás Gómez al frente de la candidatura autonómica del PSOE. La resurrección política de Gabilondo es para el PSOE una renovación. Qué cosas. ¿Otra ocurrencia de Pedro Sánchez o esta vez de Rubalcaba? Sin reunirse la Comisión de Listas y sin que haya empezado a ejercer la Comisión Gestora que preside Rafael Simancas, Ferraz ya ha elegido su candidato. Ángel Gabilondo es un profesor de Filosofía brillante en la cátedra y en el despacho pero inédito en la gestión política de calle Cuando ejercía de ministro llegó a tener un nivel de conocimiento menor al 40%. Si al final se confirma, prometo regalarle una cota de malla para salvar su docta piel de las navajas del socialismo madrileño. La va a necesitar.

Lo de Tomás Gómez era una muerte política anunciada. Tiene más poso por el barullo que por sus protagonistas. Ha sido el estallido de la irrelevancia.

“¡Vive la France!”, sin complejos

16 enero 2015 by

No es cierto que exista la sana envidia. La envidia es insana por naturaleza, al igual que no hay mentiras piadosas. En la práctica de la envidia o de la mentira nadie podría tirar la primera piedra de la inocencia. Desde los clásicos se dijo que uno de los pecados nacionales de los españoles es la envidia, y por eso en la simbología cromática se escribió que España es amarilla porque este color es precisamente el que corresponde a la envidia. Vaya usted a saber si hay algo cierto o es sólo una leyenda literaria.

Siento envidia por la reacción de la Jefatura del Estado francés, de los políticos franceses, de las Fuerzas de Seguridad francesas y de la sociedad francesa en su conjunto ante los sangrientos atentados de París.

Las Fuerzas de Seguridad respondieron con prontitud y contundencia a la acción terrorista. Las imágenes de la televisión evidenciaron que no se dejaron llevar por contemplaciones cuando se trató de salvaguardar la libertad y la seguridad de los ciudadanos y de responder a crímenes execrables, entre cuyas víctimas se encontraban compañeros suyos. Los tres terroristas resultaron muertos y el causante de la masacre de la tienda de productos judíos fue abatido ante las mismas cámaras de la televisión.

El Presidente de la República demostró inteligencia y altura de miras cuando convocó en el Elíseo a los diferentes líderes políticos, empezando por su antecesor y adversario Nicolás Sarkozy. Consiguió unidad de criterio y unanimidad en su respuesta al terror. Esa movilización nacional sin exclusiones se patentizó en sus comparecencias ante los franceses con un grito final reiterado: “¡Vive la France!”.

Los políticos franceses ofrecieron un ejemplo de solidaridad ante lo que debe considerarse una guerra, es cierto que no convencional, otro tipo de guerra, pero por ello no menos temible y devastadora. El canto unánime de “La Marsellesa” en el Pleno de la Asamblea Nacional fue una prueba de unión y solidaridad ante el terror.

La sociedad francesa respondió con una movilización sin precedentes. No hubo reproches ni condenas salvo a los terroristas. No coincido con muchas de las actitudes y opiniones del semanario “Charlie Hebdo” que no ha cambiado de línea ideológica desde su fundación, pero esos carteles de “Je suis Charlie” que se multiplicaban en las calles de París desde los primeros momentos de conocerse los atentados suponen un mensaje solidario y positivo y no sólo en defensa de la libertad de expresión que había sido sangrientamente atacada sino, además, de la libertad y seguridad de los valores de un espectro mucho más amplio: la forma de vida y la cultura occidentales, sus principios, sus libertades.

Confieso que tengo envidia de la dimensión y el rigor de esas respuestas al terror que hemos reconocido en la Francia de estos días. Cierro los ojos y sueño despierto en la realidad que hubiésemos vivido en España ante un hecho similar. Desgraciadamente tenemos el precedente trágico y durísimo del 11-M.

En Francia a nadie se le ha ocurrido acusar al Gobierno de responsabilidad alguna por participar en numerosas misiones militares exteriores contra el terrorismo yihadista; no ha habido acosos, como los hubo en España, a las sedes del partido gubernamental desde la logística del “Pásalo”, aquella vulneración de la jornada de reflexión de la que no hace mucho se declaraban autores, y pugnaban por quién era el iniciador del invento, los que ahora forman Podemos y el PSOE; no se ha utilizado con fines partidistas una manifestación solidaria contra el terror; en Francia el Gobierno socialista ha tenido el total apoyo de la principal formación de la oposición, la UMP. Todo eso me produce envidia.

Es obvio que las circunstancias son distintas. En once años, desde aquel trágico 11-M,  ha pasado el agua bajo los puentes y el yihadismo ha atacado en varios países europeos. Nadie duda de que estamos expuestos a ataques terroristas sin necesidad de que alguien se invente “guerras ilegales”; ya padecemos una guerra sin declaración previa y sin frentes de combate.  La guerra está allá donde decide un fanático con una bomba o un arma automática.  Por eso el Gobierno de Valls ha sacado a las calles de sus ciudades hasta 10.000 soldados.

Vuelvo a mi sueño: ¿Qué hubiese ocurrido en España ante una tragedia similar? No es difícil aventurarlo. Cierta izquierda estaría pidiendo comparecencias parlamentarias y comisiones de investigación ante la sospecha de que la muerte de los tres terroristas (insisto: uno de ellos fue abatido de varios disparos por un policía ante las cámaras de televisión) fuese una acción desproporcionada e innecesaria, y de ello no responsabilizarían a los agentes del orden sino a sus jefes políticos y al ministro del Interior. Cierta izquierda hubiese pedido una investigación poniendo en duda que los cuatro rehenes muertos fueran abatidos durante el asalto policial o antes por el terrorista.  Cierta izquierda hubiera acusado de exagerada la masiva movilización policial y militar, y es probable que se hubiese vuelto a la pugna seguridad-libertad como si no fuesen valores complementarios e inseparables. Cierta izquierda hubiese acusado al Gobierno de falta de previsión al no tener información sobre la cédula terrorista que cometió los atentados y se habría repetido mil veces que los yihadistas fueron identificados por el descuido de uno de ellos al perder el documento de identidad en el coche que abandonaron, no por el celo de las Fuerzas de Seguridad… Nada de esto ha ocurrido en Francia pero ya sabemos, como en los viejos reclamos turísticos, que España es diferente.

Entre otras, hay dos cuestiones para mí importantes en nuestro no lejano pasado que, como amante y estudioso de la Historia, no he entendido y acaso nunca vaya a entender. La primera: Por qué razón el presidente del Gobierno de entonces no convocó a los diferentes líderes políticos en la tristísima mañana del 11-M, cuando en los primeros momentos hasta líderes significados del nacionalismo vascos creyeron (aunque luego tuviese otra autoría) que el atentado había sido obra de ETA, sobre todo cuando pocas semanas antes se había detectado una caravana terrorista etarra que trasladaba explosivos a Madrid para atentar en trenes, según se dijo. Hubiese sido conveniente buscar la unanimidad en la reacción. La segunda cuestión que no entiendo: Por qué el Gobierno no aclaró en su día (la documentación de la ONU está en Internet desde antes de 2009, que es cuando yo la leí) que España no intervino en la segunda guerra de Irak, la de 2003; la primera fue la llamada guerra del Golfo, de 1990-1991.

España envío un contingente militar acudiendo al llamamiento de la ONU en su Resolución 1483, ampliada en la Resolución 1511. La ONU declaró acabada la guerra con el derrocamiento de Saddam Hussein y desde entonces consideró la situación como la existencia de “acciones violentas terroristas”. En la documentación de la ONU se enumeran los Estados que participaron en la guerra y en la lista no figura España que sí forma parte de los Estados que intervinieron “no en misión de guerra sino para garantizar la estabilidad como paso previo a la aprobación de una nueva Constitución y la celebración de elecciones democráticas libres, y todo ello bajo el control del Consejo de Seguridad”.

No alcanzo a entender los motivos por los que aquel Gobierno consintió, desde un silencio franciscano, que se abriese paso la falacia de que estábamos en guerra, que en todo caso resultaba imposible porque cuando se declara una guerra se sigue el procedimiento que señala la Constitución (Artículo 63.3), y que era una guerra no respaldada por la ONU, lo que tampoco era cierto en sentido estricto, ya que había medio centenar de Resoluciones vigentes  (1990-2003), entre la primera Resolución, la 660, y las últimas, la 1510 y la 1511. La segunda guerra del Golfo, o guerra de Irak, era una continuación de la primera y por ello mantenía el mismo respaldo de la ONU, ya que se debía al incumplimiento por parte de Saddam Hussein de las condiciones del alto el fuego de 1991.

En la línea de los paralelismos: ¿Qué reacciones torticeras se hubiesen producido si un Presidente de Gobierno español concluye un mensaje al país con el grito de “¡Viva España!”? Sin embargo, discursos solemnes de responsables de dos Comunidades Autónomas de singular peso concluyen con “¡Visca Catalunya!” o “¡Gora Euskadi!”, y ello se recibe, como es lógico, con naturalidad. Que cada cual reflexione. A menudo tenemos un complejo pusilánime y aldeano. En Francia gritar “¡Viva Francia!” no sorprende ni inquieta ni acompleja a nadie. Ya digo: somos diferentes. Es probable que por falta de franceses. Y todo esto me da mucha envidia.

En manos de los jueces

3 enero 2015 by

Adelanto mi respeto y acatamiento a todas las decisiones judiciales; pero ese respeto y ese acatamiento no implican compartirlas siempre. Estamos en manos de los jueces, y esa realidad en un Estado de Derecho supone una garantía, pero España es un país -no me consta que el único pero aquí sí ocurre- en el que cuando un ciudadano se ve ante un juez por un asunto más o menos delicado, lo primero que pregunta a su abogado es “¿Quién es el juez?”, “¿Qué juez nos ha tocado?”  El españolito de a pie malicia que el resultado de su litigio dependerá del juez, de sus ideas, de sus actitudes personales, aparte de las razones legales. No será así (no quiero creerlo), pero  muchos usuarios de la Justicia, que es un servicio esencial, así lo creen.

Se decía que los jueces sólo opinaban a través de sus sentencias. Desde que aparecieron los llamados “jueces estrella” el dicho ha caído en desuso. Los jueces opinan y a algunos les gusta más aparecer en los medios de comunicación de lo que sería conveniente y prudente. No es ningún secreto que los ciudadanos piensan, con razón o sin ella, que no pocas veces quienes tienen la alta responsabilidad de sentenciar se dejan influir por la opinión publicada. Hay casos sonoros que parecen avalarlo.

Algunas sentencias y decisiones sobre casos referidos a medidas de las Administraciones  públicas incluyen argumentos que no son estrictamente jurídicos, sino que van más allá. Por ejemplo, la célebre decisión de prolongar, al parecer “sine die”, el bloqueo del proceso de externalización de servicios en ciertos hospitales de la Comunidad de Madrid. No se sentenciaba sobre el fondo de la cuestión pero se paralizaba de nuevo el proceso haciéndolo, de hecho, inviable, y el Tribunal opinaba sobre si era bueno o malo desde el punto de vista de la  Hacienda, asunto que en todo caso compete a los órganos del Ejecutivo Autonómico que son quienes han de dar cuenta de su gestión a los ciudadanos, que lo refrendarán o no con sus votos. Máxime cuando esa fórmula ya venía empleándose desde hace años en varios hospitales de la Comunidad de Madrid, a plena satisfacción de los usuarios, y en otras Comunidades  Autónomas. Reitero que respeto esa decisión judicial que, además, queda ya atrás; la propia Comunidad de Madrid decidió dar carpetazo a la externalización de aquellos servicios hospitalarios.

Podrían recordarse numerosos ejemplos, pero me referiré a uno actualísimo. El español de origen magrebí Jamel Herradi, que el pasado viernes día 2 amenazó con explosionar un artefacto en un tren en la estación de Atocha, al grito de “¡Por Alá me suicido¡” haciendo cundir el pánico, provocando cuatro heridos por fortuna leves, y activando la circular 50 del protocolo antiterrorista, ha sido puesto en libertad por el juez, sin medida cautelar alguna, con la imputación de desórdenes públicos. Herradi se encuentra en tratamiento psiquiátrico desde 2013, y tiene un antecedente reciente por amenazas y violencia de género, con orden de alejamiento.

Como respuesta a la por fortuna no confirmada amenaza terrorista fueron desalojados la estación y los trenes de AVE y Cercanías, se cortó al tráfico la glorieta de Atocha, se desviaron los autobuses y el Metro, se  movilizaron los servicios de emergencias, y los especialistas en desactivación de explosivos, Tedax, comprobaron que no había materiales peligrosos. Es obvio que todo ello produjo innumerables incomodidades, sin duda alguna con consecuencias, en muchos ciudadanos que no pudieron cumplir sus planes. Está ya en la calle un maltratador, con orden de alejamiento, y además en tratamiento psiquiátrico. Sin medida cautelar alguna. ¿Cuándo y dónde repetirá su actuación? ¿Está en riesgo la vida de la mujer a la que maltrató? ¿Quién garantiza el pago del cuantioso dinero público que generó la activación de la circular 50 del protocolo antiterrorista?

No hace tanto tiempo, a mediados de diciembre, trece magistrados del Tribunal Supremo, dirigieron un escrito a su Presidente y del Poder Judicial, Carlos Lesmes, manifestando su desazón por unas declaraciones periodísticas del ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, en las que consideraba “lamentables” las excarcelaciones de etarras, entre ellos el sanguinario Santi Potros.  Esas afirmaciones pudieron ser oportunas o  no, pero los magistrados firmantes del escrito consideraron que este tipo de declaraciones “provocan falta de confianza en las instituciones”. Desgraciadamente, según no pocos ciudadanos, la confianza en las instituciones no atraviesa su mejor momento, responda o no esa percepción a la realidad.

Rafael Catalá, ministro de Justicia, defendió que el titular de Interior fue “absolutamente respetuoso” en sus declaraciones sobre las excarcelaciones de etarras por la Audiencia Nacional, y se refirió al derecho a la libertad de expresión de los miembros del Gobierno, dentro del “respeto a la división de poderes” establecida por la Constitución. Catalá añadió que, a su juicio, esas decisiones judiciales “fueron comentadas desde la política” y deseó del Tribunal Supremo una doctrina “común” que impida que existan “resultados paradójicos” en relación con las excarcelaciones de etarras a raíz del acuerdo marco europeo que permite descontar a los presos españoles las penas que hayan cumplido en otros países de la UE. No me consta, por eso no insisto en ello, si ese “permitir” equivale en este caso a un mandato o sólo a una posibilidad que ha de decidirse en cada situación. En definitiva si ha de convertirse o no en un coladero generalizado.

Resulta curioso que los miembros de un Gobierno, de  cualquier Gobierno, pudieran ser los únicos ciudadanos que no gocen del derecho a la libertad de expresión. Puede decirse, que en cierto modo y en ese aspecto, el país está enfermo. Todos recordamos que ha habido jueces que consideraron que unos energúmenos que insultan al Rey o queman su fotografía están amparados por el derecho a la libertad de expresión, y no pasa nada, mientras quienes discrepan de determinadas decisiones judiciales, aunque las respeten y acaten, por más que puedan escandalizar a muchos ciudadanos, no gozan de ese derecho.

Estamos en manos de los jueces, más propiamente dicho: de la Ley, y dentro de la división de poderes, es lo  deseable y normal.  Pero el factor humano cuenta. Para bien y para mal.  No invento nada; es lo que piensa el ciudadano de la calle. Y lo escribo desde mi sacrosanta libertad de expresión. Faltaría más.